LIBRO PRIMERO

by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4)

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CEFR A1 Age 5 192 words 1 min Canon 15/100

Long, long ago, there was no world. All of it was just a big, messy mix. It was a jumble of things. Land was not land. Water was not water. Air was not air. Nothing had a shape. It was all as one. No sun shone in the sky. No moon made light. It was a very big, dark place. No sea had a shore. No earth was solid. No air was clear. It was a big, all mixed soup. The world was dark. The world was quiet. It was a very strange place. It was empty. There was no life. No plants grew. No animals walked. But then, a very good thing happened! A big wonder came.

A special power came. Or maybe it was the gods. They made things neat. They made things right. They put the sky up high. The sky was blue. Clouds floated there. They put the earth down low. The earth was brown. It was solid ground. Water filled the seas. The seas were blue. Fish swam in them. Air filled the space. The air was clear. Birds flew in it. Each thing had its own

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LIBRO PRIMERO.

ARGUMENTO.

Se divide el caos en los quatro elementos, y luego que cada especie de animales ocupó el lugar que le pertenecia, fué formado el hombre de agua y tierra. Síguense las quatro edades, acomodadas á las costumbres de sus vivientes. Maldad y castigo de los Gigantes. Nacen de su sangre hombres entregados á todo género de maldad. Licaon es convertido en lobo; y todo el orbe de la tierra sumergido en las aguas. Solo se libran Deucalion y Pirra: arrojan estos piedras, de las que nacen hombres, y todo el universo se repara. Nacen los demas animales de la tierra, y entre ellos la serpiente Piton. Mátala Apolo, y se establecen los juegos Pitios en memoria de esta victoria; en los que coronaban de hojas de encina á los vencedores, porque no exîstia el laurel, hasta que Dafne fué transformada en este árbol; por cuyo suceso concurren todos los rios ó á dar el parabien ó á consolar á su padre Penéo, faltando solo Inaco, que se hallaba desconsolado por la pérdida de su hija Iö, á quien transformó Júpiter en Vaca: la entrega Juno á la custodia de Argos. Este es muerto por Mercurio; sus ojos adornan la cola del Pavo real, é Iö es adorada entre los Egipcios por diosa con el nombre de Isis. Epafo, hijo suyo, tiene una contienda con Faeton, hijo del Sol. Acude éste á su madre, quien le aconseja camine al palacio del Sol su padre, para que le asegure de su legitimidad.


INTRODUCCION.

He tomado la resolucion de escribir en versos las transformaciones que ha habido de los cuerpos en nuevas formas. Favoreced ¡ó Dioses! mi intento, supuesto que vosotros habeis sido los autores de ellas, y haced con vuestro influxo que salga un Poema tan completo, que en él no se eche ménos nada desde el principio del mundo hasta estos últimos tiempos.


FÁBULA PRIMERA.

DEL CAOS Y DE LA CREACION DEL MUNDO.

El mar, la tierra y el cielo, que por todas partes les sirve de bóveda, no eran ántes otra cosa que un aspecto uniforme de la naturaleza[1] en todo el universo, al que los antiguos llamáron caos; porque era una masa tosca é informe, y un peso inerte, en que los principios de todos los seres estaban encerrados y confundidos. Aun no alumbraba Titan[2] con su luz al mundo; ni Febe[3] renovaba progresivamente los cuernos en su creciente.[4] Ni la tierra, sostenida en su misma gravedad, mantenia el equilibrio en medio de los ayres.[5]

(3) Dios desenvuelve el Chaos, saca de él los Elementos y coloca cada cosa en su lugar.

Ni Anfitrite[6] extendia sus brazos[7] hasta la extremidad de la tierra, y por donde habia tierra habia tambien agua y ayre. De este modo ni la tierra era sólida, ni el agua fluida: al ayre faltaba la luz; y en suma, ningun elemento tenia aun su propia figura. Los unos servian de obstáculo á los otros; pues en cada uno de ellos[8] la frialdad chocaba con el ardor; la sequedad hacia resistencia á la humedad; la dureza á la blandura, y la levedad á la pesadez. Hasta que últimamente Dios, ó la Naturaleza[9] mas probida, puso fin á todas estas desavenencias, separando el cielo de la tierra; esta de las aguas, y el ayre mas raro[10] del mas denso. Desenvuelto el caos en esta forma, colocó á cada uno de los elementos en el lugar que le pertenecia, y los enlazó á todos en amigable concordia, bien que colocados en diversos lugares. Resplandeció aquella parte de fuego mas sutil y ligera del arqueado cielo, y fixó su asiento en el lugar mas eminente: el ayre es á este el mas inmediato en ligereza y situacion: la tierra, mas densa que estos, se apropió las partes mas crasas, y quedó en el centro equilibrada en su propio peso; y el agua que la ciñe ocupó el lugar último, coartando y penetrando la dura redondez de la misma tierra.


(4) Prometheo forma al Hombre de Tierra y Agua.

FÁBULA II.

DE LA CREACION DEL HOMBRE.

Luego que aquel Dios,[11] quien quiera que sea, dividió aquella masa, y así dividida la distribuyó en sus partes; hizo redonda primeramente la superficie de la tierra á modo de un grande globo, para que su superficie quedase por todas partes á igual distancia del centro. Extendió los mares, y ordenó se embraveciesen con la rapidez de los vientos, y que circundasen las riberas de la tierra ceñida por todas partes de las aguas. Las distribuyó tambien en fuentes, estanques y lagunas; enfrenó en sus tortuosas márgenes á los rios, de los quales, aunque colocados en diversos lugares, parte embebe la tierra, y parte van á desaguar al mar; en donde teniendo un espacio de agua mas dilatado, hallan anchas riberas en lugar de las limitadas que ántes tenian. Tambien mandó á los campos extenderse, á las selvas cubrirse de hojas,[12] á los escarpados montes elevarse, y á los valles abatirse. Y así como dos zonas dividen por la derecha al cielo, otras dos por la izquierda, y en el centro está colocada la quinta, que es la mas ardiente; del mismo modo la providencia de aquel Dios dividió la tierra baxo la misma disposicion. La zona del medio es inhabitable,[13] á causa de su excesivo calor: las de los dos extremos estan siempre endurecidas con el rigor de la nieve y del hielo; pero las otras dos son templadas con la agradable alternativa de calor y frio. Sobre ellas está el ayre, que es tanto mas pesado que el fuego, quanto el peso del agua es mas leve que el de la tierra: en él[14] determinó que habitasen las nieblas, las nubes, los truenos, que atemorizan al hombre, y los vientos, que forman el rayo y el granizo. Pero el Criador del mundo no permitió á estos enseñorearse á su arbitrio alternativamente de los ayres, pues á pesar de tener cada uno sus límites, con mucho trabajo se les contiene, para que no destruyan al mundo:[15] ¡tan grande es la discordia que reyna entre estos hermanos! El Euro fixó su asiento en el pais de la Aurora, y reyna comunmente hácia la Arabia, la Persia y otros pueblos del Oriente. El lucero de Vénus, y las templadas riberas donde el sol se oculta, cupiéron por suerte al Céfiro. El terrible Boreas se apoderó de la Escitia, y de los helados climas del Septentrion; y la region contrapuesta[16] á este se humedece con las continuas nubes, y el viento meridional. Colocó sobre estos el éter mas puro y ligero, que nada tiene del ayre denso que nos rodea, y apénas habia prescrito á todos estos seres límites fixos, quando los astros, que habian estado ocultos en la masa comun del caos, empezáron á brillar por todo el cielo; y para que á ninguna region faltasen sus propios animales, las estrellas y los Dioses[17] ocupáron el cielo: los plateados peces habitáron las aguas, las fieras[18] pobláron la tierra, y las aves el ayre. Faltaba aun en el mundo un animal mas perfecto que todo esto, el qual, dotado de un espíritu mas sublime, fuese capaz de mandar á los otros. Fué hecho el hombre, sea que le formase de su divina semilla el Autor de la Naturaleza, orígen de mundo mas excelente[19], ó que la nueva tierra, separada poco ántes del sublime éter, encerrase dentro de su seno algunas partículas del cielo, nacido al mismo tiempo que ella; y Prometeo[20], amasándola con las aguas de los rios, la dió una forma semejante á los Dioses que todo lo gobiernan. Porque quando los demas animales llevan siempre inclinada la cabeza á la tierra, á este concedió el semblante erguido, y le mandó contemplar el cielo, y dirigir á las estrellas sus elevadas miradas. De este modo la tierra, que ántes era una masa informe y sin expresión, recibió con esta mudanza las figuras que ántes no eran conocidas.


FÁBULA III.

LA EDAD DE ORO.

Principió la edad de oro, y en ella se echaban de ver naturalmente la fidelidad y la justicia, sin que hubiera leyes que las hiciesen observar, ni jueces que las vindicasen. No se conocian ni el castigo ni el temor: ni se grababan en bronce las leyes amenazadoras; ni delinqüente alguno se miraba temblando en la presencia del juez; porque vivian todos seguros sin necesidad de quien los defendiese. No habia entrado en los mares árbol alguno cortado de los montes para descubrir tierras extrañas;[21] ni el hombre conocia otro pais que aquel en que habia nacido. Aun no ceñian las ciudades fosos ni murallas; los clarines marciales, trompas, morriones y las espadas no se conocian en este tiempo; pues sin la defensa del soldado vivian los hombres tranquilos en los brazos de la dulce paz. La tierra libre, y no tocada de los rastrillos, ni hendida con el arado, producia todo género de frutos, y sus habitantes, contentos con sus naturales producciones, se alimentaban de madroños, fresas, cerezas, y de la bellota, que sazonada caia de las copadas encinas.

(5) La edad de Oro y la de Plata en que reynaron la Inocencia y la Justicia.

La primavera era continua: los blandos céfiros mansamente agitaban con suaves soplos las flores que nacian sin ser plantadas. Tambien la tierra producia trigo sin el cultivo del arado, y el campo, sin renovarle, se ponia blanco con las granadas espigas: ya corrian rios de leche, ya de néctar, y el verde sauce destilaba menudas gotas de la miel mas regalada.


FÁBULA IV.

*LA EDAD DE PLATA CON LAS QUATRO

ESTACIONES DEL AÑO.*

La edad de plata, inferior á la de oro, pero superior á la del pálido bronce, apareció sobre la tierra, luego que Júpiter precipitó en el obscuro Tártaro á su padre Saturno,[22] y se apoderó del imperio de la tierra. Acortó Júpiter la duracion de la antigua primavera, y dividió el año en quatro estaciones, que son el invierno, el estío, el inconstante otoño, y la corta primavera. Desde entónces se calentó el ayre abrasado con los ardorosos calores del estío; y se sintió la escarcha formada con los helados vientos del invierno. Entónces se viéron precisados los hombres á buscar donde guarecerse; pero sus primeras casas fuéron las cuevas, los espesos árboles, y las ramas entretexidas en los troncos.

(6) La Primavera, Estacion en que lo reproduce todo la naturaleza.

(7) El Estío, estacion risueña, y tan útil como hermosa.

(8) El Otoño, Estacion en que triunfa Baco.

(9) El Invierno estacion que aunque útil á la Naturaleza la priva de sus bellezas.

Entónces la semilla de Ceres[23] fué envuelta por la primera vez en los surcos que prolongó el arado, y quando gimiéron los novillos oprimidos baxo el pesado yugo.


FÁBULA V.

LA EDAD DE BRONCE Y DE HIERRO.

Á las edades de oro y plata sucedió la de bronce, mas áspera que aquellas por la crueldad de los vivientes, y pronta para las horribles armas; pero no del todo viciada. La última edad fué la de hierro; é inmediatamente se originó de ella toda maldad con un siglo de peor vena.[24] Desapareciéron el pudor, la verdad y la lealtad; y en su lugar se entrometiéron el engaño, la traycion, la violencia, y la insaciable codicia. El piloto se entregaba á los vientos sin conocerlos; y las naves, que por tanto tiempo habian sido el decoro de los encumbrados montes, fuéron abandonadas á la furia de las olas no tratadas: ya se hizo indispensable que el diestro agrimensor señalase límites á la tierra, comun ántes á todos, como lo eran la luz y el ayre; y no contentos con las abundantes cosechas que producia, iban á extraer de sus entrañas las riquezas[25] que escondia, y habia depositado en el infierno,[26] y que despues fuéron el orígen de innumerables males.

(10) La edad de bronce y la de hierro en las que se manifestó la ferocidad del género humano.

Ya estaba descubierto el nocivo hierro[27] y el oro aun mas perjudicial,[28] quando se apercibe la guerra á lidiar con ámbos,[29] y hace resonar por todas partes el estruendo de las armas con mano[30] sanguinaria. Vivíase del hurto, y el huésped arriesgaba su seguridad. El suegro no estaba seguro del yerno, y apénas los hermanos vivian en paz. Velaba el marido por quitar á su muger la vida, y esta al marido: la desapiadada madrastra hacia uso del veneno, y los hijos ántes de la muerte de sus padres averiguaban los años que podian vivir. La piedad estaba en el olvido, y la doncella Astrea[31] abandonó la última de los Dioses la tierra, contaminada ya con la sangre de los malos.


FÁBULA VI.

*LOS GIGANTES DESTRUIDOS

POR EL FUEGO DE LOS RAYOS.*

Y porque el sublime cielo no estuviese mas seguro que la tierra de estas atrocidades, cuentan que los Gigantes[32] le acometiéron tambien, y para escalarle pusiéron montes sobre montes hasta acercarse á las estrellas. Entónces Júpiter, vibrando el fuerte rayo, derribó el monte Olimpo, y destruyó al Pelion, aplanando tambien el Osa; quedando destruidos con su propio peso aquellos enormes cuerpos. Tambien dicen que se humedeció la tierra empapada con la sangre que habian derramado sus propios hijos, y que la reanimó estando aun caliente, para que produxese nuevos hombres, y se conservasen algunos indicios de una generacion tan bárbara y descomunal; porque esta generacion fué menospreciadora de los Dioses, ansiosa de muertes y de crueldades. Por la sangre se puede venir en conocimiento de tales hijos.

(11) Los Gigantes que intentaban escalar el Cielo son destruidos por el rayo de Júpiter.


(12) Júpiter convoca á los Dioses y les propone la destruccion del Universo.

FÁBULA VII.

LA ASAMBLEA DE LOS DIOSES.

Gimió Júpiter luego que observó esta tropelía desde su encumbrado alcázar, y considerando los crueles convites de la mesa de Licaon,[33] no divulgados por lo inaudito de la atrocidad, determina tomar una venganza digna de su persona; y para esto convoca á los Dioses, los quales concurriéron sin tardanza. Hay un camino muy elevado nombrado la via lactea,[34] fácil de observarse por su extremada blancura, quando está el cielo sereno. Por él se encaminan los Dioses al suntuoso palacio del gran Júpiter: por su derecha é izquierda se freqüentan las casas de los principales Dioses: los inferiores habitan diversos sitios; pero los mas nobles y mas poderosos fixáron su asiento á la entrada de la misma via lactea. Este es el lugar, al qual, si me es permitido, me atreveré á llamar el alcázar del alto cielo. Habiéndose pues sentado cada uno de los Dioses en una pieza interior fabricada de mármol, Júpiter, ocupando un asiento mas elevado, y apoyado en su cetro de marfil, sacudió tres y quatro veces la terrible melena de su cabeza, con cuyo movimiento hizo estremecerse la tierra, el mar y el cielo; y lleno de indignacion prorumpió en estas expresiones:

„Jamas me vi tan apurado y solícito para conservar el imperio del mundo, como ahora me veo, quando los dragones de los Gigantes, cada qual con sus cien robustos brazos, quisiéron hacerse dueños del cielo; porque aunque era poderoso y fiero el enemigo, la suerte de la guerra dependia de sola una multitud de hombres mancomunados, estimulados todos de una sola causa; pero hoy he de destruir al género humano por toda la redondez de la tierra, que baña Nereo, por hallarse atestada de maldades; lo juro por los rios infernales que corren baxo la tierra, por las selvas de la Estigia:[35] he procurado los medios posibles para salvarle; pero la parte incurable se ha de cortar, para que no inficione los miembros sanos. Tengo Semi-Dioses,[36] Ninfas, Faunos, Sátiros y Silvanos de los montes; á quienes permitiremos habitar las tierras que les hemos señalado, pues no les juzgamos aun dignos de entrar en el cielo. ¿Pero creeis, Dioses, que podrán vivir estos seguros entre los mortales, quando intentó quitarme la vida la conocida fiereza de Licaon; á mí, á cuya disposicion estan el rayo, y vosotros mismos, á quienes gobierno?” Se horrorizáron todos, y pidiéron con ardientes deseos la venganza de un delito tan horrendo. Del mismo modo se llenó de pasmo el género humano, y de horror todo el orbe, quando las manos parricidas quisiéron extinguir el nombre romano con la sangre de César. No os fué ménos grato, ó Emperador augusto, el zelo de vuestros conciudadanos, que á Júpiter el de los Dioses en esta ocasion; y despues que apaciguó con palabras y acciones el murmullo que habia excitado su discurso, calláron todos; y sosegado que fué el clamor, contenido por la gravedad del presidente, continuó hablando en estos términos:

„Ya queda castigado el delinqüente, no os altereis; pero os referiré su delito, y la pena que le he impuesto. Noticioso de los desórdenes á que los hombres se habian entregado, y deseando fuese falsa la noticia, baxo del Olimpo, y ocultando mi divinidad en forma humana, recorro todo el universo. Me detendria mucho si os dixese las abominaciones que en todas partes se cometian; porque el mal excede á todas las ponderaciones de la narracion.”


(13) Júpiter castiga á Licaon Rey de Arcadia transformandole en Lobo.

FÁBULA VIII.

LICAON TRANSFORMADO EN LOBO.

Despues de haber pasado el espantoso monte Menalo, por ser habitado de diferentes fieras, los helados pinares del Licéo, con el Cileno, llegué al anochecer á la Arcadia, y entré en el cruel palacio del tirano Licaon, dando señales de que era un Dios. El pueblo principió á venerarme; mas Licaon, despreciando los religiosos cultos, pronto veré, dice, con una infalible experiencia, si este es un Dios, ó un mortal, de modo que no me quedará duda. En efecto, determinó (por este medio queria descubrir la verdad) matarme improvisamente quando durmiera. No contento con esto degolló á uno de los que tenia en rehenes de la nacion Molosa, y coció parte de sus palpitantes miembros, y parte asó: apénas me presenta en la mesa tal manjar, quando destruyo con vengadora llama su palacio, para que le sepultase entre sus ruinas con sus dignos penates. Licaon huye espantado quando ve abrasarse su casa; y llegando á un solitario campo, principia á dar fuertes ahullidos, haciendo vanos esfuerzos para hablar: la rabia se traslada de su corazon á la boca, y exerce en los ganados su acostumbrada carnicería; deleytándose aun entónces en derramar sangre. Sus vestidos se convierten en pelos, los brazos en piernas, y él en lobo; pero sin embargo de esta transformacion conserva señales de su misma figura, las canas son las mismas que ántes tenia, la misma fiereza en el semblante, el mismo fuego en sus ojos, y todo su cuerpo es un retrato vivo de la crueldad.


(14) El Diluvio Universal.

FÁBULA IX.

EL DILUVIO UNIVERSAL.

Pereció en verdad una casa; pero no es sola la que debe arruinarse: por todo el mundo reyna la impiedad y el furor; y parece que se han comprometido todos los hombres con un sacrílego juramento para practicar la maldad. „Ea, paguen todos prontamente su merecido.” Esta es la sentencia que fulminó. Parte de los Dioses aprueba de palabras el parecer de Júpiter, y le estimulaban mucho para que se executase: otros daban con gestos y acciones señales suficientes de su consentimiento; pero á todos era sensible la pérdida del género humano; y preguntaban á Júpiter, ¿cómo se encontraria la tierra no quedando en ella un linage tan ilustre? ¿Quién ha de ofrecer sacrificios al pie de los altares? ¿Acaso piensas abandonarla á la ferocidad de las bestias? Queda de mi cargo todo, responde el Rey de los Dioses á los que le preguntaban esto: no paseis pena por nada, que yo os prometo una generacion desemejante al pueblo primero, nacida de un modo maravilloso. Ya estaba para vibrar sus rayos sobre la tierra; pero se detuvo, temiendo que tanto fuego como era necesario para asolarla subiese hasta el cielo, y abrasase los exes en que se sostiene. Acordóse asimismo que estaba escrito en el libro de los destinos,[37] que vendria tiempo en que arderian el mar, la tierra, y aun los sagrados alcázares del cielo, y que padeceria mucho la costosa máquina del universo. Dexa los rayos que los Cíclopes[38] acababan de fabricar; forma el contrario designio de destruir á los hombres entre las aguas, y enviar de todo el cielo copiosas lluvias. Encierra al punto en las grutas de Eolo[39] al Aquilon, y demas vientos que disipan las nubes, dexando en libertad al del mediodia. Vuela este con húmedas alas, cubierto el rostro de una nube obscura, y la barba poblada de nieblas. Las nubes hacen asiento en su frente; sus alas y vestidos despedian un continuo rocío; y apénas este tempestuoso viento oprimió con sus manos las nubes suspendidas por toda la extension del ayre, se oyó un gran ruido, y el agua principió á caer fuerte y copiosamente. Iris,[40] mensagera de Juno, adornada de diversos colores, trae nuevas aguas, y va renovando la humedad de las nubes. Abátense las mieses; quedan sin efecto las súplicas de los labradores, y en un momento perece el trabajo de todo un año. No se aplaca la ira de Júpiter con las aguas que despide desde el cielo; acude su hermano Neptuno á socorrerle con las aguas de su cargo. Convoca en su palacio á los rios, y luego que se le presentan: „No hay necesidad de muchas palabras, les dice: dad libre curso á vuestras aguas, esto es necesario: abrid vuestras urnas;[41] y apartando qualquier obstáculo, soltad las riendas á sus torrentes.” Apénas les habia dado esta órden, quando se retiran los rios á sus mansiones; y quitando todo impedimento á las fuentes, corren con precipitado curso por la dilatada llanura de los campos.

El mismo Neptuno hirió la tierra con su tridente, con cuyo movimiento tembló esta, y abrió paso á las aguas que ocultaba en sus senos. Los rios, fuera de sus madres, inundan los espaciosos campos, destruyen los sembrados, los árboles, los ganados, los hombres, las casas, y aun los mismos templos; y si alguna cosa pudo resistir á tanto mal sin arruinarse, la sobrepuja enteramente el agua, y las torres mas altas quedan sepultadas debaxo de las corrientes. Ya no habia diferencia alguna entre el mar y la tierra: todo era un dilatado mar, y este no conocia ya sus antiguas riberas. Unos huyen al collado: otros se sientan en la cóncava barca, y reman por el mismo sitio que acababan de arar: estos navegan sobre sus mieses, ó sobre las alturas de su aldea ya anegada: aquellos hallan peces en la altura de los olmos. Si alguno echa casualmente el áncora, se clava en el verde prado: los baxeles reman sobre las viñas; y donde poco ántes paciéron las hambrientas cabrillas, descansan las monstruosas focas:[42] las Nereydas se admiran de ver debaxo de las aguas las grandes casas, las ciudades y los bosques: los delfines habitan las selvas, corren por las altas ramas, y sacuden los agitados robles: el lobo nada entre las ovejas: las olas arrastran tras sí á los leones y tigres. De nada sirven al jabalí sus fuerzas poderosas como las de un rayo, ni al arrebatado ciervo su ligereza para libertarse del naufragio. Caen al mar las aves, despues de tener sus alas cansadas, buscando inútilmente tierra en que descansar. Ya la inundacion cubria las montañas, y las nuevas olas batian en sus cumbres. Los mas de los mortales perecieron entre las olas, y los que no fuéron sumergidos en ellas viniéron á fenecer á los impulsos de la hambre.

La Fócida, que divide la Beocia del Ática, pais fértil quando era tierra, se convierte en un brazo de mar, y en un dilatado campo de agua.[43] Hay en ella un monte llamado Parnaso, que se eleva hasta el cielo por sus dos extremos, y cuya altura se empina hasta mas allá de las nubes. Luego que Deucalion con su muger llegáron conducidos de una pequeña barca á este sitio, que era el único á quien habian dexado descubierto las aguas, adoráron á las ninfas Corycidas,[44] á las deidades de aquel monte,[45] y á Temis, que entónces pronunciaba los oráculos. No hubo hombre mejor ni mas amante de la justicia que Deucalion; ni muger mas virtuosa y temerosa de los Dioses que Pirra.


(15) Neptuno sosiega las olas y manda á Triton que toque su Concha.

FÁBULA X.

NEPTUNO AMANSA LAS AGUAS.

Viendo Júpiter el mundo reducido á líquidas lagunas, y que de tantos millares de hombres solo sobrevivia uno, y una muger de otras tantas; ámbos justos, ámbos adoradores de los Dioses, disipó las nubes, y arrollándolas con la impetuosidad del Aquilon, descubrió las tierras al cielo, y el cielo á la tierra. La ira del mar se aplaca; y Neptuno, deponiendo su tridente, amansa las aguas, y llama al cerúleo Triton,[46] que está siempre sobre ellas con sus brazos cubiertos de natural púrpura: le manda tocar la concha, y á los rios y olas que vuelvan á sus lugares, luego que se haga la señal. Toma la cóncava concha, bocina torcida hácia un lado, que va ensanchándose desde el principio, y que quando se toca en medio de la mar hace oirse de polo á polo. Luego que la llegó á su boca este Dios, mojada con la humedad de la barba, y promulgó, inflada, los preceptos que le habian dado, fué oida de todas las aguas, tanto de las de la tierra, como de las de la mar, y reduxo á sus antiguas márgenes á todas las que la oyéron. El mar vuelve á tener riberas, y los rios á correr dentro de su propia madre: báxanse estos, y parece que empiezan á salir los collados: la tierra se descubre poco á poco, y segun baxaban las aguas, iban creciendo los lugares. Las selvas, ocultas tanto tiempo entre ellas, presentan sus cumbres desnudas, y sus árboles cubiertos de cieno.


(16) Deucalion y Pyrrha vuelven á poblar la tierra siguiendo el oráculo de Themis.

FÁBULA XI.

DEUCALION Y PIRRA.

Restituido á su ser antiguo el universo, libre ya de la inundacion, vió Deucalion la tierra enteramente desierta, y que se hallaba en un profundo silencio. Entónces afligido, y derramando muchas lágrimas, habló á Pirra en estos términos. „¡Ó hermana! ¡Ó amada esposa! ¡Ó muger la única que ha sido preservada de la desgracia de las demas, con quien la naturaleza, el deudo de primos, el lecho conyugal, y ahora unos mismos peligros me enlazan! nosotros dos somos los que quedamos ilesos de tanta multitud de hombres como habia de Oriente á Occidente: de todas las demas cosas es dueño el mar; pero ni aun ahora está segura nuestra vida: aun ahora abaten mi ánimo las nubes. Di, muger digna de compasion, ¿cómo se hallaria tu espíritu, si por decreto de los hados hubieras sido sola libre de la inundacion sin mi compañía? ¿Cómo podrias tolerar sola esta pena? ¿Quién te consolaria en tu desgracia? Porque yo te aseguro, querida esposa, que si las aguas te hubieran arrebatado, no podria sobrevivir á tu pérdida, y las mismas olas me servirian de sepulcro. ¡Oxalá que yo poseyera el secreto de mi padre Prometeo, para poder renovar el género humano, animando, como él lo hizo, un poco de barro! ¡Solo á nosotros dos ha quedado reducido el universo! Así lo quisiéron los Dioses, y nosotros solos somos los exemplares de los demas hombres.”

Habia dicho esto Deucalion, y seguian entrambos derramando lágrimas: resolviéronse á implorar el socorro del cielo, y á consultar los oráculos, y nada les detiene. Baxan á las orillas del Céfiso,[47] cuyas aguas, aunque turbias aun, tenian sus conocidas márgenes. Despues que se purificáron, derramando sobre sus cabezas y vestidos agua de este rio,[48] se dirigen al templo; se postráron en tierra, y llenos de temor besáron aquella yerta piedra, y dixéron estas palabras: „Si las Deidades se aplacan con justos ruegos, si los Dioses deponen su ira, te suplicamos Temis,[49] que nos digas de qué modo, ó con qué industria se podrá reparar el daño del género humano: concede generosa tu proteccion al universo sumergido.” Se movió á compasion la Diosa, la qual le responde en estos términos: „Salid del templo, cubrios la cabeza, desplegad vuestras vestiduras, y caminad esparciendo tras las espaldas los huesos de vuestra gran madre.” Admirados de lo que acababan de oir, guardáron un profundo silencio por algun tiempo, el que rompió Pirra la primera diciendo: „Que no debia cumplirse la órden de la Diosa; y con voz temerosa pide que la perdone, y teme turbar el alma de su madre, arrojando de aquel modo sus huesos.” Entre tanto meditan entre sí las palabras del obscuro enigma, que envolvia la respuesta dada, y procuran descubrir su verdadero sentido. Por último Deucalion consuela á Pirra con estas agradables palabras: „Ó yo me engaño, la dice, ó el oráculo de la Diosa está lleno de piedad, y ninguna maldad persuade. La gran madre es la tierra; y juzgo que las piedras son en ella los huesos de su cuerpo, y estos los que se nos mandan arrojar tras las espaldas.” Aunque este discurso inclinó á creerlo al espíritu de Pirra, quedó no obstante dudosa: ¡tan desesperanzados estaban el uno y el otro de los mandatos celestiales! ¿Pero qué daño puede originarse en hacer la experiencia? Con efecto, apartándose del templo, cubren sus cabezas, desplegan sus vestiduras, y arrojan detras de sus huellas las piedras, como Temis lo habia ordenado. Estas[50] (¿quién lo creeria, á no autorizarlo la antigüedad?) empezáron á ablandarse poco á poco, depuesta su natural dureza y rigor, y á tomar una nueva disposicion. Despues que se fuéron aumentando, y se les introduxo una forma mas suave, observóse, aunque confusamente, cierta semejanza de hombres; pero como si se fueran formando de mármol, y muy parecidas á unas toscas estatuas. Sin embargo, las partes humedecidas con algun xugo, y que tenian mas de tierra, se convirtiéron en carne; las mas duras en huesos, y las venas permaneciéron con el mismo nombre. De este modo en poco tiempo, por voluntad de los Dioses, las piedras que arrojó Deucalion tomáron la forma de hombres, y las mugeres se reparáron con las que arrojó Pirra. De aquí proviene la dureza del hombre, y el aguante que tiene en el trabajo, y en esto demostramos el orígen de que nacimos.

La tierra produxo de suyo á las demas especies de animales, despues que los rayos del sol calentáron el humor primero; y se entumeciéron el lodo y las húmedas lagunas con el calor: creciéron tambien las semillas de las cosas criadas formadas de la criadora tierra, como en el vientre de la madre, y con el tiempo empezáron á tener alguna forma. De este modo luego que el Nilo, dexando los húmedos campos, volvió sus corrientes á sus antiguas márgenes, y el sol calentó el cieno reciente, halláron los labradores muchos animales envueltos en los terrones, y entre ellos notáron unas cosas como empezadas al tiempo mismo que nacian, otras imperfectas y defectuosas en sus partes, y muchas veces se advertia que un mismo cuerpo era en parte viviente, y en parte una porcion de tierra crasa.


FÁBULA XII.

LA SERPIENTE PITON.

Porque despues que la humedad y el calor se atemperáron, concibiéron todas las cosas, puesto que no tienen otro principio que estas dos qualidades; y aunque el fuego sea contrario al agua, sin embargo el fuego, mezclado con el vapor húmedo, cria todas las cosas, y esta encontrada concordia es muy á propósito para la generacion. Calentada la tierra, que estaba cenagosa con el reciente diluvio, con los ardores del sol, produxo innumerables especies: á muchas restituyó su antigua figura, y crió asimismo nuevos monstruos. Á tí tambien te crió contra su voluntad, disforme Piton, que aterrabas á los nuevos pueblos: serpiente nunca vista, ¡quán grande espacio de monte ocupabas! Apolo,[51] Dios insigne por el arco, y que jamas habia usado de tales armas sino contra los gamos y cabras monteses, quitó la vida á esta espantosa serpiente, acribillándola á flechazos, despues de haber gastado casi todas las saetas que llevaba en su aljaba, haciéndola vomitar por ellas el negro veneno.

(17) La Serpiente Piton muerta á flechazos por Apolo.

Y porque la antigüedad no pudiese borrar la memoria de un hecho tan admirable, instituyó con célebre certámen los sagrados juegos Pitios, así llamados por el nombre de la serpiente muerta. Qualquiera jóven que vencia en ellos, en la lucha, en la carrera ó en el carro, llevaba una corona de hojas de encina, porque entónces aun no habia laurel, y el mismo Febo adornaba sus sienes con las hojas de qualquier árbol.


FÁBULA XIII.

DAFNE CONVERTIDA EN LAUREL.

El primer objeto del amor de Apolo fué Dafne, hija del rio Penéo; pasion que no fué efecto del acaso, sino una venganza del amor irritado contra él. Orgulloso Delio[52] por la victoria que acababa de conseguir sobre la serpiente Piton, viendo al hijo[53] de Vénus, que estiraba su arco, le dice: „¿Qué pretendes hacer, jóven afeminado, con esas poderosas armas? Esas insignias son propias de mis hombros, y solo de mí, que puedo dar certeras heridas á las fieras, y dirigir acertados tiros á mis enemigos. Acabo de matar con innumerables heridas á la serpiente Piton, cuyo enorme cuerpo cubria muchas yugadas[54] de tierra. Tú, conténtate con que tus flechas provoquen á un no sé qué de amores; pero no hagas tuyas mis alabanzas.”

(18) Dafne perseguida de Apolo y convertida en laurel por su padre.

„Tu arco, Febo, respondió á este el Amor, hiera á quantos te agrade; mas tú no has de poder huir del mio: y así tu gloria es menor que la mia en razon de lo inferiores que son á un Dios los animales que matas.” Esto dixo, y volando ligero surcó batiendo las alas el ayre, y se paró en la umbrosa cumbre del Parnaso. Allí sacó de su carcax dos flechas, cuyos efectos son tan contrarios, que la una enciende el amor, y la otra le apaga. La que enciende el amor es dorada y puntiaguda, y la que le apaga embotada y con la punta de plomo. Con esta tiró Cupido al corazon de Dafne, hija del rio Penéo, y con la otra hirió á Apolo, traspasándole hasta los huesos. Al punto este ama, y aquella huye hasta del nombre del amante; y queriendo imitar á Diana, tiene sus delicias en lo oculto de las selvas, y en las pieles de las fieras que cazaba. Se ataba desaliñadamente los cabellos con una cinta. Muchos la habian pedido por muger; pero ella despreciándoles, pasea impaciente, y libre de marido, los escabrosos bosques, sin cuidarse de qué cosa sean himeneo, amor y casamiento. Su padre repetidas veces la dixo: Hija mia, debes darme un yerno: debes darme algunos nietos. Mas ella, aborreciendo la tea nupcial[55] como un delito, y cubriendo sus mexillas un modesto rubor, se arroja á los brazos de su padre, y le habla de esta manera: „Concédeme, padre mio, guardar perpetua virginidad: esta gracia ha concedido ya ántes Júpiter á Diana.” Otorga su padre la peticion; pero tu hermosura, añade, repugna á tus deseos, y es un obstáculo para verificarlos. Apolo la ve, la ama, y desea poseerla: él lo espera; pero sus oráculos le engañan. Y así como arden las livianas pajas quitadas las aristas, ó se quema un vallado, al que el caminante aplica demasiado la tea, ó la dexa junto á él por descuido al rayar el dia, del mismo modo arde en llamas aquel Dios; así se abrasa el corazon de Febo; y con la esperanza va dando fomento á un amor vano y estéril. Mira los cabellos de la Ninfa, que sin adorno alguno caen por su cuello, y dice: ¿qué seria si estuviesen rizados? Ve sus ojos tan resplandecientes, que se asemejaban á las estrellas: observa su delicada boca; pero no se contenta con verla: alaba sus dedos y manos y los brazos medio desnudos; pero aun le parece mejor lo que oculta. Ella huye mas ligera que el ayre, ni se detiene siquiera á estas palabras que la dirige Apolo. „Espera, la dice, te suplico, bella Ninfa de Penéo, detente; no te sigo como enemigo. Aguarda Ninfa: así huye del lobo la oveja, del leon la cierva, y del águila la sencilla paloma, agitando tímidamente sus alas: todo animal huye de sus enemigos; pero á mí me obliga á seguirte el amor. ¡Ay desdichado de mí! Temo no sea que inclinada caygas sobre las espinas, y estas hieran tus rodillas, que no merecen ser maltratadas, y entónces sea yo la causa de tu dolor. Ásperos son los lugares por donde discurres; te suplico no corras tan precipitadamente, que yo moderaré el ardor con que te sigo. Considera sin embargo á quien ha sorprehendido tu hermosura. No habito yo en el monte; no soy pastor; no guardo aquí desaliñado ganados y rebaños. Ignoras, temeraria, ignoras de quien huyes, y esta es la causa de tu fuga. La tierra de Delfos, de Claros, Ténedos y los Reynos Patareos me rinden los debidos honores. Júpiter es mi padre; por mí se declara lo presente, pasado y venidero; á mí se debe el ingenioso arte de unir la voz al son de la lira; soy diestro en tirar las flechas; pero ¡ah! aquel que con la suya me hirió el corazon, libre de todo amor, es mucho mas que yo: mia es la invencion de la medicina, y el universo me mira como un Dios auxîliador y benéfico: conozco la virtud de las plantas; pero ¡ay de mí! no hay ninguna que pueda curar el amor; y mis inventos, tan favorables á todos, no pueden aprovechar al inventor.” Apolo quisiera hablar mas, quando Dafne, redoblando temerosa su paso, le interrumpe, y le dexa con las palabras á medio pronunciar. Parece mas hermosa con la precipitacion de la fuga. Los vientos descubren su cuerpo,[56] y los soplos contrarios tremolan sus vestidos: el ayre echa sus cabellos con una graciosa descompostura sobre las espaldas, y quanto mas huia, tanto mas se acrecentaba su belleza. Pero el jóven Dios ya no puede sufrir producirse en inútiles cariños; y segun le aconsejaba el amor, sigue sus huellas con precipitados pasos. Y á la manera que el galgo quando ve á la liebre en campo raso solicita la presa, al tiempo que ella su libertad, fiados ámbos en la ligereza de sus pies, y aquel como si estuviera cerca espera ya cogerla, y acelera sus pasos alargando el hocico, y ésta dudando estar cogida escapa de las mordeduras, y dexa burlada la boca que le va á los alcances; del mismo modo corrian Apolo y la hermosa Dafne; aquel ligero con la esperanza, y ésta con el temor. Parece que vuela Apolo animado de las alas del amor; y sin tomar descanso la va ya tan á los alcances, que hace mover con su aliento los cabellos esparcidos sobre los hombros de la fugitiva Ninfa. Fatigada ésta de tan veloz carrera, ve en fin que sus fuerzas la abandonan, y mirando las olas de Penéo con rostro pálido: „Amado padre, le dice, si es cierto que los rios gozan del privilegio de divinidades, socórreme: ó tú, tierra, en donde tanto agradó mi hermosura, recíbeme en tu seno, ó haz que yo pierda esta figura tan encantadora que tanto mal me causa.” Apénas habia concluido la súplica, quando todos los miembros se la entorpecen, sus entrañas se cubren de una tierna corteza: los cabellos se convierten en hojas: los brazos en ramas: los pies, que ántes eran tan ligeros, se transforman en retorcidas raices: ocupa finalmente el rostro la altura, y solo queda en ella la belleza.[57] Este nuevo árbol es no obstante el objeto del amor de Apolo; y puesta su mano derecha en el tronco, advierte que aun palpita el corazon de su amada dentro de la nueva corteza; y abrazando las ramas como miembros de su cariño, besa aquel árbol, que parece rehusa sus ósculos. Por último la dice: „Pues veo que ya no puedes ser mi esposa, á lo ménos serás un árbol consagrado á mi deidad. Mis cabellos, mi lira y mi aljaba se adornarán de laureles. Tú ceñirás las sienes de los alegres Capitanes, quando el alborozo publique su triunfo, y suban hasta el capitolio con los despojos que hayan ganado á sus enemigos. Serás fidelísima guarda de las puertas de los Emperadores, cubriendo con tus ramas la encina que está en medio;[58] y así como mis cabellos se conservan en su estado juvenil, tus hojas permanecerán siempre verdes.” Luego que Apolo dexó de hablar, hizo demostracion el laurel de aceptar la oferta, moviendo sus nuevas ramas; y como si tuviera cabeza, meneó tambien su erguida copa.


(19) Júpiter cubre la Tierra de nubes para gozar de Iö.

FÁBULA XIV.

JÚPITER ENAMORADO DE IÖ.

Hay en Tesalia un bosque llamado Tempe, á quien rodea por todas partes una eminente selva. El Penéo, que nace de las raices del Pindo, se desenvuelve por estos lugares con espumosa corriente. Con su precipitado curso levanta una especie de nubes, que causan ligeras nieblas; con cuyo rocío parece riega las encumbradas selvas, y su ruido se oye hasta en los sitios mas distantes. Esta es la casa, este el asiento, y estos los recintos del gran rio Penéo, que habita en una cueva tajada de peñascos, desde donde gobierna las aguas, y á las Ninfas que veneran las olas. Todos los rios de ménos nombre vecinos se juntáron en este sitio, dudosos de si habian de dar el parabien á Penéo, ó le habian de consolar por la pérdida de su hija. Viene el rio Esperquio, cuyas riberas estan cubiertas de álamos, el inquieto Enipéo, que tiene siempre sus aguas agitadas, el anciano Apidano, el blando Anfriso, el rápido Aeas, y últimamente todos los demas rios, que llevan al mar las aguas golpeadas con los grandes rodeos por donde el ímpetu los arrebata. Solo entre estos falta Inaco, que encerrado en su profunda caverna acrecienta las aguas con sus lágrimas. Este desgraciado padre llora la pérdida de su hija Iö: ignora si es viva ó muerta; pero no hallándola por ningun lado, se persuade que ya en ninguna parte exîste, siempre inclinado á sospechar los sucesos mas desgraciados. Habia visto Júpiter á Iö, que salia del gremio de su padre, y la dice: „Ó doncella, digna de ser amada del mismo Júpiter, y que con tu mano harás feliz á no sé quien de los mortales: busca las sombras ó en estos ó en aquellos bosques (la señalaba las de derecha é izquierda) para evitar el ardor del sol, miéntras está en lo mas alto del cielo;[59] pero si temes entrar sola en los albergues de las fieras, no temas; penetrarás segura hasta lo mas oculto de los bosques, pues te acompaña un Dios, y no de los vulgares, sino el que tiene en su poder el imperio del cielo, y vibra los rayos. Ni huyas de mí (porque ya empezaba á hacerlo).” Habia pasado las majadas de Lerna y los campos Lircéos, poblados de árboles, quando cubriendo Júpiter con una espesa nube la tierra, la hizo obscurecer, detuvo á Iö en su precipitada fuga, y la robó el pudor. Entre tanto dió Juno[60] vuelta á la tierra con su vista, y admirándose de que las nieblas hubiesen convertido en noche la claridad y resplandor del dia, conoció que estas no provenian ni de los rios, ni de las humedades de la tierra. Busca pues á su marido, como que ya sospechaba sus adulterios, en que le habia cogido tantas veces, y no hallándole en el cielo: „Ó yo me engaño, dixo, ó se me hace traycion.” Y baxando á la tierra, mandó retirar las nubes.


FÁBULA XV.

IÖ CONVERTIDA EN VACA.

Júpiter previó la llegada de su esposa, y al momento transformó á Iö en una blanca becerra; pero aun en esta forma mantenia su hermosura. Juno alaba, aunque con violencia, la belleza de aquella novilla, y pregunta á su marido, como si estuviese ignorante, de qué toro era cria, de dónde habia venido, y á qué vacada pertenecia. Júpiter, para evitar que supiese el dueño de quien era, la respondió que la Tierra la acababa de producir. Entónces Juno se la pide como una fineza. Júpiter no sabe qué partido tomar: desprenderse de su amada le es muy doloroso; negársela á Juno le hace con ella sospechoso: el pudor le mueve á entregársela, y el amor lo reprueba. El amor hubiera vencido al pudor; pero como la solicitud de su hermana y esposa era de tan pequeña entidad como una novilla, podia creer Juno que no lo era, y así aumentarse en ella las sospechas. Entregada la concubina por Júpiter á su esposa, aun no se tranquiliza ésta, y teme de su marido que se la robe: hasta que por último la entrega á Argos, hijo de Arestor, para que la guarde.

(20) Júpiter transforma á Iö en Vaca para ocultarla á la vigilancia de Juno.

Adornaban la cabeza de este cien ojos, y de estos, dos descansaban y dormian alternativamente, y los demas velaban y quedaban de centinela. En qualquiera parte que estuviese, jamas perdia de vista á Iö; y aun quando estaba vuelto de espaldas, siempre la tenia delante: de dia la dexaba pacer, y de noche la encerraba, y aherrojaba, lo que ella seguramente no merecia: se alimentaba de las hojas de los árboles y yerbas amargas:[61] la tierra, que no siempre está cubierta,[62] la servia de cama á esta infeliz, y el agua cenagosa era su ordinaria bebida; y quando intentaba suplicar á Argos con los brazos tendidos, veia que la faltaban para hacerlo; y haciendo esfuerzos para quejarse, solo se resolvia su voz en bramidos, cuyo eco la hacia temblar, causándola miedo su propia voz. Llegó tambien á las riberas del rio Inaco su padre, en donde acostumbraba muchas veces explayarse; pero habiendo visto en el agua los nuevos cuernos que tenia, se espantó, y queria huir de sí misma. Las Nayades sus hermanas ignoraban quien era, y aun su padre Inaco no lo sabia; pero ella seguia con docilidad á este y aquellas, de quienes se dexaba tocar, admirándose todos de su docilidad. El anciano Inaco la presentaba yerbas, que cortaba; y ella lamia y besaba sus manos, no pudiendo contener las lágrimas, y si la voz la ayudara,[63] le pediria socorro, le diria su nombre, y contaria sus desgracias: mas para suplir este defecto, le graba en la arena con el pie la triste historia de su transformacion: ¡ay desdichado de mí! exclamó el padre, pendiente de los cuernos y cerviz de la blanca novilla. ¡Ay desdichado de mí! ¿No eres tú, hija, la que he buscado por todas partes? No te hallé quando te buscaba, y te hallo ahora que no te busco: me causas mayor dolor que quando estabas perdida. ¿Por qué callas? ¿Por qué no respondes á mis palabras? Solamente arrancas suspiros de tu profundo pecho, y me contestas con bramidos, que es solo lo que puedes hacer. Yo, ignorando tu desgraciada situacion, te prevenia tálamo y teas, lisonjeándome con la esperanza de tener primero yerno y despues nietos. Pero ya tu marido y tus hijos serán del rebaño en que te hallas.[64] Esta es la ocasion en la que el ser Dios me es perjudicial, pues que siendo inmortal, ninguna esperanza me queda de que mis dolores tengan fin con la muerte; y así se prolongarán por una eternidad mis lágrimas. Quando Inaco se lamentaba de esta suerte con su hija, el estrellado Argos se la arrebata de su presencia, y la lleva á pacer por diversas partes: él ocupa á lo léjos la elevada cumbre de un monte, desde donde podia sentado registrarlo todo.


FÁBULA XVI.

SIRINGA TRANSFORMADA EN CAÑA.

No podia ya Júpiter sufrir los males á que veia expuesta á Iö; y para remediarlos, llamó á su hijo Mercurio, que es el que tuvo de Maya, y le mandó que diese muerte á Argos. No hubo en esto detencion; inmediatamente puso sus talares[65] en los pies: acomodó á sus sienes el petaso, y á su mano aquella misteriosa vara que tiene la virtud de adormecer. Luego que se acomodó en esta forma, baxó á la tierra desde el alcázar de su padre: en ella se quitó el sombrero, y dexó las alas, quedándose solamente con la vara; y baxo el disfraz de pastor guiaba las congregadas cabras por descaminados campos, tocando la flauta. Admirado Argos del sonido que oía, le habló en estos términos. „Tú, quien quiera que seas, puedes venir á sentarte conmigo en este peñasco, porque no hay un lugar mas fecundo de yerba para el ganado, y ves la sombra, que es tan regalada para los pastores.”

(21) Siringa, hija del Rio Ladon, perseguida de Pan y convertida en Caña.

Aceptó el nieto de Atlante[66] la oferta de Argos; y despues de haberle divertido todo el dia con varios discursos, y cantado con el acompañamiento de la flauta, procuró se quedase dormido. Mas él trabaja con todo cuidado para no dexarse vencer del sueño; y aunque unos ojos dormian, no obstante velaban otros; y así pregunta á Mercurio quál era el orígen de aquella flauta que hacia poco tiempo era conocida. Entónces Mercurio le habló de esta manera:

„En los bien frescos montes de la Arcadia hubo entre las Amadriades[67] una Nayade[68] muy celebrada, á quien las Ninfas llamáron Siringa. Muchas veces habia esta burlado á los Sátiros[69] que la perseguian, y despreciado los homenages que la tributaron todas las Deidades que habitan, ó en los umbrosos bosques, ó en la fértil tierra. Veneraba á Diana, y la imitaba en los mismos exercicios de la caza y en su virginidad; de modo que vestida con el trage de aquella, podia engañar á qualquiera, y ser tenida por la misma Diana,[70] si no fuera su arco de cuerno, y el de la Diosa de oro. Pero á pesar de esta diferencia, no dexaban algunas veces de equivocarse. Pan,[71] coronada su cabeza con hojas de pino, la encontró un dia que baxaba del monte Licéo, y la habló en estos términos: cede, bella Ninfa, á los deseos de un Dios que quiere ser tu esposo. Aun le quedaba que referir otras palabras; y la Ninfa, poco sensible á sus discursos, huyó por caminos extraviados hasta llegar al rio Ladon; pero hallándose detenida por las aguas, rogó á las Ninfas, sus hermanas, que la transformasen: tampoco refirió que Pan habia corrido tras ella, y que creyendo tenerla asida, se halló abrazado con unas cañas; y que miéntras él suspiraba, las agitó el viento, resultando un sonido muy parecido á los ayes de quien se queja: que entónces, habiendo quedado suspenso Pan con el nuevo arte y dulzura de aquella voz, dixo: ha de haber sin embargo entre nosotros una estrecha conexîon; y tomando algunas cañas desiguales, las unió con cera, y de ellas formó la flauta que se llama Siringa, conservando en ella el nombre de la Ninfa.”


FÁBULA XVII.

MERCURIO CORTA LA CABEZA Á ARGOS.

Al ir á referir todo esto Mercurio, observó que todos los ojos de Argos se habian quedado vencidos del sueño: al momento calla; y tocando suavemente los ojos con la vara inficionada, les adormece mas, y sin detenerse divide de su cuello con una corva espada la titubante cabeza, que arrojó bañada en sangre sobre un alto peñasco, contaminándole con la misma sangre. ¡De esta manera yaces Argos! ¡Así se extinguió toda la luz que en tantos ojos tenias! ¡Una sola noche[72] envuelve entre sus sombras tus cien ojos! Entónces Juno, condolida de la muerte de Argos, recoge todas aquellas lumbreras, y las coloca en las alas del Pavo real, ave que le era consagrada, esmaltando su soberbia cola con tan resplandecientes piedras preciosas.

(22) Argos guarda de lo adormecido por Mercurio que le corta la cabeza.


(23) Júpiter ruega á Juno mude la suerte de Iö.

FÁBULA XVIII.

JÚPITER APLACA Á JUNO.

No tardó Juno en encenderse en cólera por la muerte del fiel Argos, y no quiso diferir la venganza para otro tiempo. Presenta luego á la vista de su rival Iö una horrible furia, que la turbe su espíritu, é introduciéndola en el pecho ocultamente la rabia, la hace andar errante por todo el universo, llena de un anhelante terror: ¡tú solo, ó Nilo, no eras aun testigo de sus desgracias! Y luego que llegó á tus orillas se echó en la tierra fatigada, y puestas las rodillas en la márgen de las riberas con el cuello erguido, dirige sus miradas al cielo de la manera mejor que puede; y con gemidos, lágrimas y lúgubres bramidos, parece que se queja á Júpiter, y le pide que ponga fin á sus males. Júpiter, abrazando á Juno con semblante alegre, la ruega que finalice las penas de la desventurada Iö: „Cesen, la dice, tus rezelos, ésta no te causará en lo sucesivo ningun disgusto, y para crédito de la verdad, la Estigia nos será testigo de mis promesas.” Luego que se aplacó Juno por los ruegos de Júpiter, recobró Iö su perdida forma, y quedó como ántes: se cae el pelo de que estaba cubierta; desaparecen los cuernos; sus ojos se estrechan mas; la boca queda mas pequeña; los brazos y manos toman su primera figura; y dividiéndose la pesuña de los pies se convierte en cinco dedos: en una palabra, no conserva otra cosa de becerra sino la extremada blancura. Se levanta la Ninfa contenta, viendo que podia usar ya de solos dos pies; pero no se atreve á hablar, temiendo prorumpir aun en bramidos, como quando estaba convertida en becerra; y con bastante miedo repite entre sí las palabras que tanto tiempo tenia interrumpidas. Ahora es venerada por Diosa[73] de los que visten solo ropages de lino;[74] y se cree que esta es la madre de Epafo, á quien tuvo del gran Júpiter, tributándosele en todas las ciudades los mismos honores que á su madre.

Hubo un Faeton, hijo del Sol, que tenia la misma edad é inclinaciones que Epafo; mas este, ofendido de su presuncion, y de que se gloriaba igualarse á él, engreido de tener á Febo por padre, le habló de esta manera: „Tú neciamente crees á tu madre en todo quanto te dice, y así estás orgulloso con la opinion errada de un fingido progenitor.” Avergonzado Faeton, ocultó con el pudor su ira, é inmediatamente pasó á referir á su madre Climene[75] los oprobios que acababa de oir. „Y para que mas te muevas, ó madre, la dice: yo, aquel que soy tan atrevido y libre en hablar, callé por entónces. Es una mala vergüenza que haya habido atrevimiento para decirnos estos ultrajes, y que no hayamos podido contradecirlos. Por tanto, si es cierto que puedo gloriarme de tener á un Dios por padre, dame pruebas de mi nacimiento, y pon en claro que es celestial la sangre que corre por mis venas.” Luego que acabó de hablar, se abrazó al cuello de su madre, y la rogó por su vida, por la de Merope[76] su esposo, y por los casamientos de sus hermanas, le diese señales de su legítimo padre.

No sé si conmoviéron mas el corazon de Climene los ruegos de Faeton, ó la ira que agitaba su espíritu por un delito que se le imputaba; y así levantó ámbas manos al cielo, y dirigiendo la vista hacia el Sol: „Te juro, hijo mio, dixo, por este resplandor adornado de tan refulgentes rayos, que nos oye y ve, que tú eres hijo de este Sol que miras, de este Sol que gobierna todo el mundo. Él mismo me niegue sus luces, y sea este el dia postrero de mi vida si no te digo la verdad. Ademas que no te es muy difícil visitar los lares de tu padre: la casa de donde nace dista poco de nuestra tierra. Si te animas, ve y sabrás de él mismo tu orígen.” Luego que Faeton oyó este discurso de su madre, salió lleno de regocijo, y ya se creia estar dentro del cielo. Atraviesa la Etiopia y las provincias de los Indios,[77] que habitan debaxo del Sol, y llega con prontitud al claro y paterno Oriente.



Story DNA

Plot Summary

Ovid's 'Book One' begins with the creation of the world from chaos and the subsequent formation of man. It details the decline of humanity through the Four Ages and the gods' wrath, culminating in a great flood from which only Deucalion and Pyrrha survive to repopulate the earth. The narrative then shifts to the gods' interactions with mortals, including Apollo's slaying of the Python and his failed pursuit of Daphne, who transforms into a laurel tree. The book concludes with the extended tale of Jupiter's affair with Io, her transformation into a cow, her torment by Juno and the hundred-eyed Argos, Argos's death by Mercury, and Io's eventual restoration and deification, leading to the introduction of Phaeton's quest to confirm his divine parentage.

Themes

creationdivine interventiontransformationjustice and retribution

Emotional Arc

chaos to order | suffering to triumph | pride to humility

Writing Style

Voice: third person omniscient
Pacing: slow contemplative
Descriptive: lush
Techniques: invocation to muses, detailed descriptions of natural phenomena, genealogical explanations

Narrative Elements

Conflict: person vs supernatural
Ending: cyclical
Magic: divine creation, transformation of beings (humans to animals, humans to trees, giants to men), talking animals (implied through Io's communication), gods interacting directly with mortals, magical objects (Mercury's wand), personification of natural forces (winds)
the laurel tree (Daphne)the peacock's tail (Argos's eyes)the syrinx/panpipes (Syrinx)the cow (Io)

Cultural Context

Origin: Roman
Era: timeless fairy tale

Ovid's 'Metamorphoses' is a foundational work of Roman literature, compiling Greek and Roman myths of transformation. It reflects the Roman understanding and adaptation of Greek mythology, often with a focus on divine power and human frailty.

Plot Beats (15)

  1. The universe begins as a chaotic, undifferentiated mass.
  2. A divine power or Nature separates the elements, forming the sky, earth, sea, and air, and then creates man.
  3. The Golden Age, Silver Age, Bronze Age, and Iron Age describe the progressive decline of humanity's morality.
  4. Giants rebel against the gods and are defeated; from their blood, a new, wicked race of men is born.
  5. Jupiter, angered by human wickedness (exemplified by Lycaon's impiety and transformation into a wolf), decides to destroy humanity with a great flood.
  6. Deucalion and Pyrrha are the only survivors; they repopulate the earth by throwing stones behind them, which turn into people.
  7. The earth spontaneously generates new life, including the monstrous Python, which Apollo slays, establishing the Pythian games.
  8. Apollo falls in love with Daphne, who flees him and is transformed into a laurel tree to escape his pursuit.
  9. Jupiter seduces Io, daughter of the river god Inachus, and transforms her into a white heifer to hide her from Juno.
  10. Juno discovers the deception, demands the heifer as a gift, and places her under the guard of the hundred-eyed giant, Argos Panoptes.
  11. Jupiter sends Mercury to kill Argos; Mercury lulls Argos to sleep with stories and music, then decapitates him.
  12. Juno places Argos's eyes on the tail of her sacred bird, the peacock.
  13. Juno sends a gadfly to torment Io, driving her to wander across the world until she reaches Egypt.
  14. Jupiter pleads with Juno to end Io's suffering; Io is restored to human form and gives birth to Epaphus, becoming revered as the goddess Isis.
  15. Epaphus, son of Io and Jupiter, disputes with Phaeton, son of the Sun, about Phaeton's divine parentage, prompting Phaeton to journey to the Sun's palace to seek confirmation.

Characters

👤

Deucalion

human adult male

A man of sturdy build, likely weathered from survival, representing the last of humanity after the flood. His features would be strong and resilient, reflecting his role in repopulating the earth.

Attire: Simple, practical garments made of roughspun fabric, possibly tattered from the ordeal of the flood. Earthy tones like brown, grey, or undyed linen.

Wants: To survive the flood and repopulate the earth, guided by divine will.

Flaw: His initial despair at the loss of humanity.

From a survivor filled with despair, he becomes the patriarch of a new humanity, learning to trust in divine guidance.

His hand casting stones over his shoulder.

Resilient, pious, responsible, hopeful.

👤

Pyrrha

human adult female

A woman of sturdy build, reflecting her resilience and role as a survivor. Her features would be strong but also convey a sense of compassion.

Attire: Simple, practical garments made of roughspun fabric, similar to Deucalion's, in earthy tones. Perhaps a long, plain dress or tunic.

Wants: To survive the flood and help repopulate the earth, guided by divine will.

Flaw: Her initial despair and fear at the desolation of the world.

From a survivor filled with despair, she becomes the matriarch of a new humanity, learning to trust in divine guidance.

Her hand casting stones over her shoulder, mirroring Deucalion.

Resilient, compassionate, pious, hopeful.

✦

Apollo

god young adult male

A radiant and athletic young man, embodying youthful beauty and divine power. His physique is lean and muscular, indicative of a hunter and warrior god.

Attire: Typically depicted with minimal clothing, perhaps a chlamys (short cloak) draped over one shoulder, or a simple tunic, often in white or gold. He might wear sandals.

Wants: To assert his divine power, to be recognized for his achievements, to pursue his desires.

Flaw: His pride and impulsiveness, which often lead to tragic outcomes for those he pursues or punishes.

In this specific fable, he demonstrates his power by slaying Python and establishes the Pythian Games, but also experiences the frustration of unrequited love with Daphne.

His golden bow and arrows, or a laurel wreath on his head.

Proud, skilled, sometimes arrogant, vengeful when slighted, but also a patron of arts and healing.

✦

Daphne

nymph young adult female

A slender and agile nymph, with a graceful, almost ethereal build, reflecting her connection to nature and her desire for freedom.

Attire: Simple, light garments made of natural fibers, perhaps a short, flowing tunic in earthy tones or forest greens, allowing for swift movement. She would wear no jewelry.

Wants: To remain a virgin and live freely in the wilderness, avoiding the pursuit of men and gods.

Flaw: Her fear of love, which leads her to reject all advances, even divine ones.

Transforms from a fleeing nymph into a laurel tree to escape Apollo's pursuit, becoming a symbol of his eternal love and poetic inspiration.

Her body transforming into a laurel tree, with leaves sprouting from her limbs and hair.

Independent, chaste, fearful of love and marriage, determined to preserve her freedom.

✦

Io

human (transformed into cow) young adult female

Initially a beautiful young woman, later transformed into a snow-white heifer. As a cow, she is remarkably white, with large, expressive eyes that retain a human-like sorrow.

Attire: As a human: simple, perhaps a Greek chiton. As a cow: none, only her pure white hide.

Wants: To escape Juno's wrath, to regain her human form, to find peace.

Flaw: Her vulnerability to the gods' whims and jealousies.

Transforms from a human into a cow, endures immense suffering and wandering across the world, and is eventually restored to human form, becoming a revered goddess (Isis) in Egypt.

A pure white cow with large, sorrowful, human-like eyes.

Innocent, victimized, sorrowful, resilient, enduring.

✦

Juno

goddess adult female

A majestic and imposing goddess, with a regal bearing and powerful presence. Her physique is strong and mature, befitting the queen of the gods.

Attire: Rich, flowing robes of deep colors like royal blue or purple, often embroidered with gold. She would wear elaborate jewelry, including a diadem or crown.

Wants: To punish Jupiter's infidelity and his lovers, to assert her authority as queen of the gods.

Flaw: Her overwhelming jealousy and vindictiveness, which often lead her to cruel and disproportionate punishments.

Remains consistently vengeful and jealous throughout the story, driving Io's suffering until Jupiter intervenes.

Her regal diadem and the peacock, her sacred bird.

Jealous, vengeful, powerful, proud, unyielding, fiercely protective of her marriage vows.

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Argos Panoptes

giant/humanoid adult male

A large, formidable humanoid figure, notable for having one hundred eyes covering his entire body. His build is robust and powerful, designed for vigilance and strength.

Attire: Minimal, practical clothing that does not obscure his eyes, perhaps a simple loincloth or a short, rough tunic. His skin is the most prominent feature.

Wants: To faithfully guard Io (in cow form) for Juno.

Flaw: His susceptibility to music and storytelling, which can lull his many eyes to sleep.

Is lulled to sleep by Mercury's music and storytelling, then slain, with his eyes transferred to the peacock's tail.

A humanoid figure covered in one hundred eyes.

Vigilant, unwavering, loyal (to Juno), tireless.

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Mercury

god young adult male

A slender, agile, and youthful god, known for his speed and cunning. His physique is lean and athletic, built for swift movement.

Attire: A short chlamys (cloak), often in a vibrant color like red or gold, and winged sandals. He carries his caduceus.

Wants: To carry out Jupiter's will, often involving trickery or persuasion.

Flaw: His occasional overconfidence in his own cleverness.

Successfully carries out Jupiter's command to free Io by lulling Argos to sleep and slaying him.

His winged sandals and caduceus.

Cunning, clever, eloquent, mischievous, loyal (to Jupiter), persuasive.

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Phaeton

human young adult male

A proud and somewhat impetuous young man, with a lean build. His features would be striking, perhaps resembling his divine father, the Sun.

Attire: Fine, youthful garments, perhaps a chiton or tunic in bright colors, indicative of his noble (though disputed) lineage.

Wants: To prove his divine parentage and silence his detractors, especially Epaphus.

Flaw: His pride and insecurity, which make him susceptible to challenges and lead him to rash decisions.

Embarks on a journey to his father's palace to confirm his divine lineage, setting the stage for his tragic flight of the sun chariot.

His eager, youthful face, full of both pride and a hint of insecurity.

Proud, insecure, impetuous, determined, easily provoked.

Locations

The Primordial Chaos

transitional Chaotic, undefined elements

A uniform, tosca and informe mass, an inert weight where the principles of all beings were enclosed and confused. No light from Titan or Phoebe. Neither solid earth, fluid water, nor luminous air. Cold clashed with ardor, dryness with humidity, hardness with softness, and lightness with heaviness.

Mood: Confused, unformed, potential, discordant

The state of the universe before creation, where God/Nature separated elements.

uniform mass informe weight confused elements clashing forces

The Earth's Surface (Post-Creation)

outdoor Varies by zone; from excessive heat to snow and ice, and temperate conditions.

A newly formed, round globe with its surface equidistant from the center. Vast seas, agitated by winds, encircle the land. Rivers, springs, ponds, and lakes are distributed. Fields extend, forests are covered with leaves, craggy mountains rise, and valleys lower. Divided into five zones: an uninhabitable hot central zone, two frozen extreme zones, and two temperate zones.

Mood: Ordered, fresh, newly formed, vast

The setting for the creation of man and the subsequent ages, after the elements have been separated and ordered.

round globe vast seas rivers forests with leaves craggy mountains valleys five climatic zones

The Banks of the River Ladon

outdoor afternoon Implied pleasant weather for a chase, likely warm.

The edge of the river Ladon, where Daphne, fleeing Pan, found herself detained by the waters. It's a place where reeds grow, which Pan later gathers to form his syrinx.

Mood: Desperate, transformative, natural, musical

Daphne's transformation into a laurel tree, and Pan's creation of the syrinx.

river Ladon river banks reeds water

High Craggy Rock (Argos's Death Site)

outdoor Unspecified, likely temperate.

A high, craggy rock where Mercury throws Argos's severed head, staining it with blood.

Mood: Violent, desolate, somber

The death of Argos at the hands of Mercury.

high peñasco (craggy rock) bloodstains

The Banks of the Nile River

outdoor Warm, humid, characteristic of the Nile region.

The banks of the Nile River, where Io, exhausted from her wanderings, collapses. She kneels on the river's edge, lifting her neck to the sky, lamenting her fate.

Mood: Desperate, hopeful, sacred

Io's final lament before Jupiter intervenes, leading to her transformation back into human form and her deification as Isis.

Nile River river banks lush vegetation (implied by Nile)