LIBRO SEGUNDO
by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4)
Adapted Version
Phaeton was a young boy. Other boys teased him. They said his father was not Phoebus. Phaeton felt sad. He wanted to know his true father. He went to find Phoebus. Phoebus lived in a big palace. The palace was very high. It had tall gold columns. Shiny jewels were all around. The roof was made of white stone. Silver doors shone bright. Inside, there were pictures. They showed the sea and the land. They showed the sky too. Sea gods were there. Nymphs sat on rocks. They dried their wet hair. Land gods were there. Beasts and trees were there. The sky had stars. Phaeton saw Phoebus. Phoebus sat on a bright throne. It was green gem. Phoebus wore purple clothes. Days and months stood near him. Seasons stood near him. Spring had flowers. Summer had corn. Autumn had grapes. Winter had white hair. Phoebus was very bright. Phaeton stood far away. He could not stand too close. Phoebus saw Phaeton. He asked, "Why here?" Phaeton said, "Are you
Original Story
LIBRO SEGUNDO.
ARGUMENTO.
Faeton injuriado por Epafo, el qual se atrevió á decirle que Apolo no era su verdadero padre, sube al alcázar del Sol, y le pide gobernar por un solo dia su carro en prueba de su legítimo nacimiento. Habiendo logrado su gusto, abrasa toda la tierra por no saber dirigirle, y los Etíopes se vuelven Negros. Es herido Faeton por un rayo, que le quita la vida; y despues de llorar algun tiempo esta desgracia sus hermanas y su pariente Cicno, aquellas son transformadas en árboles, y este en cisne. Con esta ocasion baxa Júpiter á recorrer todo el universo; y habiéndole vuelto á su antiguo estado, se enamora de Calixto, y la viola tomando la figura de Diana. Llena de ira Juno por esta accion, transforma á Calixto en Osa, y la hubiera quitado la vida su hijo Arcas, si Júpiter no lo estorbara, colocando á ámbos entre las estrellas. Quejándose Juno de este suceso al Océano, fué llevada al cielo en hombros de pavos reales, que poco ha estaban adornados de varios colores; así como hacia poco tiempo que el cuervo habia sido mudado de blanco en negro, por haber descubierto temerariamente el adulterio de Coronis, por no hacer caso de los consejos de Cornice, que le habia referido su transformacion en corneja, y la de Nictimene en lechuza. Ociroe es transformada en yegua, por haber pronosticado las aventuras de Esculapio. Quiron, padre de ella, invocó en vano el auxilio de Apolo; porque este Dios, hecho pastor en los campos de Mesena, no haciendo caso ya de las vacas, se ocupaba en otra cosa, lo que dió ocasion á Mercurio para que se las hurtase; cuyo robo no le vió sino Bato, á quien por su perfidia convirtió Mercurio en piedra de toque. Despues entrando en Ática se enamoró de Herse, hija de Cecrope, de quien teniendo envidia su hermana Aglaura, fué convertida en peñasco. Últimamente Júpiter, habiendo mandado que la vacada de Agenor fuese conducida á la playa, tomando forma de toro, llevó á Europa por el mar á la isla de Creta.
(24) Faeton sube al Palacio del Sol y pide á su Padre le permita gobernar por un solo dia su carro.
FÁBULA PRIMERA.
FAETON SUBE AL PALACIO DEL SOL, Y CONSIGUE GOBERNAR SU CARRO POR UN DIA.
El palacio del Sol era elevado por sus altas colunas, insigne por el oro que brillaba en él por todas partes, y por el carbunclo que centelleaba. Su techo estaba cubierto de marfil bruñido, y las puertas resplandecian con el brillo de la plata: la obra excedia á la preciosidad de la materia; porque Vulcano[78] habia esculpido en ella los mares que rodean la mitad de la tierra; la redondez de esta, y el cielo que la sirve de bóveda; en el agua estaban cinceladas sus divinidades; el sonoro Triton;[79] el desconocido Proteo;[80] Egeon[81] oprimiendo con sus brazos monstruosas ballenas; Doris[82] con sus hijas, unas nadando, otras sentadas en las rocas como enxugando sus mojados cabellos, y otras conducidas por los mismos peces. Estas Ninfas no tienen el mismo semblante, aunque no es tan desemejante que no se las pueda conocer por hermanas. La tierra tenia de relieve los hombres, ciudades, selvas, fieras, rios, Ninfas y demas Deidades del campo. Sobre todo esto estaba puesta la brillante esfera del cielo y los doce signos del Zodiaco,[83] seis á las puertas de la derecha, y seis á las de la izquierda. Luego que Faeton llegó al palacio por un árduo camino, y entró en la casa de su dudoso padre, inmediatamente se dirige á su presencia; bien que se quedó algo distante porque no podia sufrir mas de cerca su resplandor. Estaba sentado Febo, vestido de púrpura, sobre un trono resplandeciente con brillantes esmeraldas: tenia á sus costados los dias, los meses, los años, los siglos, y las horas dispuestas á igual distancia. La Primavera estaba allí coronada de flores: el Estío desnudo con corona de espigas: el Otoño sucio en accion de pisar las uvas; y el erizado Invierno con su cabellera plateada. El Sol, colocado en medio de esta corte, vió con aquellos ojos con que todo lo registra al jóven Faeton, que estaba atónito con la novedad de todas aquellas maravillas, y le dice: „¿Qual es la causa de tu venida? ¿Qué buscas en este alcázar, Faeton, hijo querido de tu amante padre? ¡Ó luz comun de todo el mundo! responde el jóven: ¡ó padre Febo! si me permites usar de este nombre, y si Climene no oculta su culpa con mentidas apariencias, te suplico me des pruebas seguras que hagan conocer á todo el universo que soy tu hijo, y desvanece esta duda de mi corazon.” Habia dicho esto el jóven, quando el padre, deponiendo los resplandecientes rayos que rodeaban su cabeza, le mandó acercarse mas, y abrazándole: „No mereces, le dice, que yo niegue que eres mi hijo: Climene te ha dicho tu verdadero nacimiento; y para que no te quede duda alguna, pídeme la gracia que quieras, seguro de conseguirla: y tú, formidable laguna,[84] por quien juran los Dioses, y que mis rayos jamas han descubierto, sé testigo de mis promesas.” Apénas habia acabado de hacer este juramento, quando Faeton le pide que le permita manejar su carro, el mando y señorío de los alados caballos por solo un dia. Se arrepintio el padre de haber jurado; y moviendo tres y quatro veces la venerable cabeza, dixo; „He sido un temerario en concederte lo que me has pedido. ¡Oxalá pudiese no cumplir lo prometido! lo confieso, hijo: esto solo te negaria; pero aun me es permitido disuadirte. Tu deseo es arriesgado: grandes cosas pides, Faeton; y unos dones superiores á tus fuerzas y á tus cortos años. Tu condicion es mortal; lo que deseas es permanente;[85] é ignorante solicitas lo que no es permitido á los Dioses mismos conseguir. Estos podrán confiar de sí mismos quanto quieran; pero el conducir el ardiente carro que alumbra al mundo, está reservado á mí solo. El mismo Júpiter, siendo el que gobierna todo el universo, y que arroja los rayos con su terrible diestra, no le podrá manejar; ¿y quién es superior á Júpiter? Es tan áspero el principio del camino, que aun á mis caballos, quando salen de refresco por la mañana,[86] les es dificultoso superarlo; y es altísima la bóveda del cielo, desde donde me da miedo muchas veces mirar á la tierra y al mar, y me palpita el corazon de sobresalto. El fin de la jornada está cuesta abaxo, y por esta causa se necesita de un mas diestro y especial manejo; y este peligro es tan grande que aun la misma Tetis,[87] que me recibe en sus ondas,[88] suele temer no me precipite. Á todo esto has de juntar el continuo movimiento con que el cielo es arrebatado, y arrastrando consigo las mas altas estrellas[89] las hace dar vuelta aceleradamente: yo, aunque con algun esfuerzo, tomo un movimiento contrario, y no me lleva tras sí el ímpetu que á los demas; ántes bien hago un rumbo del todo opuesto á la rapidez del orbe. Figúrate que te he confiado la direccion de mi carro; ¿qué harás? ¿Tendrás fuerzas para resistir á los volubles polos,[90] y evitar que te arrebate su precipitado exe?[91] ¿Acaso imaginas, que hallarás en este camino bosques, ciudades, casas y templos? No es así, porque el camino está lleno de asechanzas, y de figuras de horribles fieras. Y aunque sigas el camino sin extraviarte, es forzoso que pases por entre los cuernos del contrapuesto Toro, por los arcos Hemonios,[92], por la boca del furioso Leon, por entre el Escorpion, que encorva sus nocivos brazos ocupando un largo espacio, y por el Cancer, que tuerce los suyos de distinta manera. Por otra parte no será fácil que tú puedas gobernar mis fogosos caballos, que siempre ardientes arrojan fuego por boca y narices. Apénas se sujetan á mí quando llegan á acalorarse, y se resisten al freno. Así que, hijo mio, no pretendas que yo te conceda una gracia tan perjudicial: muda de designio, supuesto que aun tienes tiempo. Tú me pides señales ciertas que te aseguren ser mi hijo; no puedo darte otras mas infalibles que el temor que me inspira el riesgo á que quieres exponerte. Con un temor paternal te pruebo ser tu padre. Mira, observa mi semblante; ¡y oxalá que pudiesen tus ojos penetrar mi corazon, para que vieses en su interior los sobresaltos paternales! Por último, hijo mio, exâmina todo lo mas exquisito que hay en el mundo, y pide lo mas apreciable que en sí contienen la tierra, el mar, y el mismo cielo, seguro de obtenerlo; solo una cosa te prevengo, y es que esto mas seguramente es castigo que honor: una pena pides por gracia, Faeton. ¡Ah! ¿para qué me abrazas con tanto cariño, ignorante? Tendrás lo que pides, no lo dudes; lo he jurado por la Estigia; pero tú, hijo mio, sé mas cuerdo en tus peticiones.” Con esto dexó de reconvenirle; pero Faeton no mudó por lo tanto de resolucion; y oponiéndose á todas las razones de su padre, se mantiene en su propósito, y arde en deseos de conducir el carro. El padre, pues, deteniéndose quanto pudo, lleva á su hijo al sitio en donde estaba el carro, que era obra de las manos de Vulcano. El exe, la lanza y las ruedas eran de oro, y los rayos de plata: los crisólitos y piedras preciosas colocadas con simetría, daban nuevo resplandor al reflexo de Febo. Miéntras se admira de todo el animoso Faeton, y registra aquella magnífica obra, he aquí que la vigilante Aurora abre las purpúreas puertas del Oriente, y sus atrios sembrados de rosas.[93] Desaparecen las estrellas[94] que recogió el lucero de Vénus,[95] retirándose el último. Pero el Sol, viendo que la tierra y el mundo se ponian roxos, y que la Luna se iba retirando, mandó á las veloces horas[96] que unciesen los caballos. Lo executan prontamente las Diosas, y sacan de los altos pesebres á estos exhalando fuego, satisfechos de ambrosía, y les ponen los frenos resonantes. Entónces el padre ungió el rostro de su hijo con sagrado ungüento, llenándole de fortaleza, para que no le incomodasen las llamas; ciñó su cabeza con los rayos; y repitiendo en su solícito pecho muchos suspiros, como presagios del llanto, le habló de esta manera: „Si puedes someterte á lo ménos ya á los últimos consejos de tu padre, no uses ¡ó jóven! de espuelas; maneja fuertemente las bridas, porque ellos por sí mismos se adelantan; la dificultad consiste en refrenar su fogosidad. No camines por alguna de las cinco zonas[97] por estar derechas; hay allí una senda obliqua[98] cercada de tres círculos, y que se aparta de los polos Árctico y Antárctico, que está junto al Aquilon. Por ella has de ir, como podrás observarlo en las señales que las ruedas han dexado estampadas. Y para que el cielo y la tierra participen igualmente del calor, es necesario que ni baxes ni subas demasiado el carro. Haciendo lo primero quemarás el cielo, y con lo segundo abrasarás la tierra: irás mas seguro por el camino del medio; y para que ni la rueda de la derecha te lleve hácia el dragon torcido,[99] ni la de la izquierda te guie á la ara oprimida,[100] camina entre estas dos constelaciones. Todo lo demas lo dexo á la fortuna, la que te deseo favorable: y quiero que tenga mas cuenta contigo, que tú la tienes de tu propia persona. Pero miéntras hablo, la noche ha terminado su carrera en la playa Hesperia;[101] no puedo detenerme mas, porque soy llamado. La Aurora resplandece ya, disipadas las tinieblas: toma las riendas en la mano; y si aun tu corazon puede mudarse, prefiere mis sabios consejos al deseo de conducir mi carro; todavía puedes, y aun te hallas en lugar seguro, y puesto que no oprimes los exes, que temerariamente deseas, dexa que yo alumbre la tierra, que tú puedes mirar seguro.” Faeton, sin escuchar las advertencias de su padre, ocupa el carro, ligero con un cuerpo tan liviano; se sienta en él, y gozoso de tomar las riendas en la mano, le da gracias de un favor que contra su voluntad le habia concedido.
Entre tanto los quatro alados caballos del Sol, Piroó, Eóo, Eton y Flegon, llenan el ayre de ardientes relinchos, é inquietos sacuden con los pies el pavimento de las caballerizas. Luego que los arrojó Tetis, sin prever la triste suerte de su nieto, y se manifestó todo el universo, tomáron velozmente el camino, y moviendo sus pies por los ayres, separan las nieblas que se les oponian; y sostenidos de las alas, pasan los Euros,[102] que nacian de la misma parte. Pero la carga era demasiado ligera, tanto que los caballos del Sol no la podian sentir, por carecer del yugo de su acostumbrado peso; y á la manera que las corvas naves, que no tienen el lastre suficiente, andan vacilantes por las olas, del mismo modo salta en el ayre el carro, falto de la acostumbrada carga, y se levanta en alto como si estuviera vacío. Luego que los caballos sintiéron esto, saltan y dexan el camino ordinario, corriendo desordenadamente. Se atemoriza Faeton; desconoce el manejo de las riendas que le habia entregado su padre, y el camino por donde debia guiarles, y aun quando lo supiera, no sabia como gobernarles. Entónces se abrasáron primeramente los helados Triones,[103] y tentáron en vano sumergirse en el Océano, donde no les es permitido entrar; y el Dragon, vecino al helado polo,[104] siempre entorpecido de frio, y á quien nadie habia jamas temido, sintió los efectos del calor, y se enfureció con sus ardores. Dicen que tú tambien huistes turbado, Bóotes,[105] aunque eras tardo, y tu carro te detenia. Luego, pues, que el infeliz Faeton vió desde el alto cielo la tierra, descubierta por una y otra parte, se explayó en su rostro la palidez, y de repente empezáron á temblarle sus rodillas, y á cubrirle sus ojos las tinieblas nacidas de tanta luz.[106] Ya quisiera no haber tocado los caballos de su padre; ya le pesa haberle conocido, y haber alcanzado lo que le pidió; y ya finalmente quisiera llamarse hijo de Merope. Es llevado así como la nave arrebatada del furioso Boreas, cuyo piloto ha desamparado el timon, dexándola encomendada á los ruegos y á los Dioses. ¿Qué haria en tal situacion? Mucha parte del cielo dexaba ya á las espaldas; pero era mayor la que tenia ante los ojos; mide en su interior estos dos espacios: unas veces mira al ocaso, adonde no le permiten llegar los Hados, otras, por último, mira al Oriente; y sin saber que hacer, se pasma, no suelta las riendas, ni puede refrenarlas, ni se acuerda de los nombres de los caballos; y ve tambien, trémulo, cosas estupendas á cada paso esparcidas por el cielo, y los simulacros de las grandes fieras.
Hay un lugar donde el Escorpion[107] doblega sus brazos en dos arcos semejantes, y los extiende por todo el espacio de dos signos[108] que forma, encorvando la cola y brazos por una y otra parte. Quando el jóven Faeton vió á este monstruo cubierto del negro veneno que exhalaba, y que amenazaba herirle con la punta de la cola, perdió enteramente el sentido, y afloxó las riendas con un frio temor; luego que estas tocáron las anchurosas espaldas de los caballos, se separan; y viéndose sin conductor, se van por los vientos de desconocida region: se precipitan desordenadamente por donde el ímpetu los lleva; y se remontan hasta las estrellas, que estan fixadas debaxo del alto cielo, arrebatando por extravíos al carro: unas veces caminan por las alturas, otras por lugares baxos y caminos pendientes, ó mas inmediatos á la tierra. La Luna se admira de ver correr los caballos de su hermano por el orbe inferior al suyo, y las nubes abrasadas empiezan á despedir humo. La tierra mas encumbrada se quema con las llamas, y dividida, hace aberturas, secándose con la falta de humedad. Los pastos se ponen roxos, los árboles se queman con sus hojas, y las áridas mieses dan materia á su daño; pero todo esto es nada. Las ciudades perecen con sus muros, y el incendio reduce á cenizas todas las gentes con sus pueblos: arden las selvas y montes: arde el Atos, el Tauro de Cilicia, el Tmolo, el Oeta, el monte Ida, ahora seco, y ántes célebre por sus fuentes; el virgíneo Helicon, el Hemo, que aun no habia visto á Orfeo.[109] Arde inmensamente el Etna[110] con el fuego interior y exterior, el Parnaso con sus dos cumbres, el Erix, el Cintio y el Otris; el Rodope, que vió entónces derretirse sus nieves, el Mimas, el Didimo, el Micale y el Citeron, hecho para los sacrificios. De nada sirven á la Escitia sus frios: arde el Cáucaso y el Osa con el Pindo, arde el Olimpo, superior á entrambos, los encumbrados Alpes, y el Apenino cubierto de nubes. Entónces mira Faeton al universo encendido por todas partes: no puede sufrir tanto ardor; percibe con el aliento el aura encendida como quando sale de un profundo horno; siente que su carro se quema; ya no puede resistir las cenizas y pavesas que saltaban de todas partes; ya se halla rodeado de ardiente humo; y cubierto de una negra obscuridad, no sabe donde está, ó adonde vaya, y es arrebatado al arbitrio de los alados caballos. Creese que los pueblos de los Etíopes traen el color negro de la sangre que entónces salió á la superficie del cuerpo. Entónces fué tambien quando la Libia se volvió árida, consumida su humedad con el calor, y las Ninfas, con los cabellos sueltos, lloráron la pérdida de las fuentes y lagos. La Beocia lamentó á Dirce, Argos á Antimon, Corinto á las ondas Pirenidas. Tampoco los rios, que lográron riberas distantes de este sitio, quedan exêntos: humeó el Tanais en medio de sus aguas, el viejo Penéo, el Teutrantéo, el Caico, el ligero Ismeno y el Erimanto, como igualmente Xanto,[111] que habia de arder segunda vez. El roxo Licormas, el Meandro, que se divierte en las torcidas ondas, el Melas, que corre en Mygdonia, el Eurotas, vecino del Tenario, el Eufrates,[112] que atraviesa por Babilonia; ardió el Oroste, el ligero Termedon, el Ganges,[113] el Fasis y el Danubio. Hierve Alseo, arden las riberas del Esperquio, y con el fuego corre el oro que el Tajo[114] arrastra en sus arenas. Se quemáron en el Caistro los cisnes, que con su dulce canto habian hecho célebre las riberas Meonias. Huye amedrentado el Nilo á las extremidades del mundo, y ocultó su cabeza, que aun ahora se desconoce.[115] Sus siete bocas quedáron reducidas á siete valles secos, y llenos de polvo. Toca la misma suerte al Hebro y Estrymon,[116] que riegan la Tracia, y á los rios occidentales, Rhin,[117] Ródano, Po y Tibre, á quien se le habia concedido el imperio del mundo.[118] Es hendida la tierra por todas partes; y la luz que penetró por las brechas que abrió hasta los infiernos, amedrenta á Pluton y Proserpina. El mar se estrecha, y se hace un campo de arena lo que poco ántes era agua: los montes, que cubrian las olas, se viéron entónces, y aumentáron el número de las apartadas Cicladas.[119] Se van á lo profundo los peces: y no se atreven los delfines á levantarse á los vientos sobre la superficie del mar, como acostumbraban. Nadan exânimes sobre las aguas los cuerpos de las Focas.[120] Aseguran tambien que aun el mismo Nereo, Doris, y sus hijas, se escondiéron en los cálidos retretes. Y que Neptuno, con cruel semblante, tres veces intentó sacar los brazos de las aguas, y otras tantas el ardor del ayre le obligó á esconderlos.
No obstante la sagrada Tierra, como estaba rodeada del mar entre las aguas del Piélago, y las fuentes que se habian congregado de todas partes para ocultarse en su seno, levantó seca hasta el cuello su cabeza, que tan fecunda era en otro tiempo: se puso la mano en la frente, é infundiendo en todas las cosas un horroroso temblor, se sentó un poco, y se halló mas abaxo de lo que solia estar, y con voz santa habló de este modo: „Si esta es tu voluntad, supremo Dios, y yo lo he merecido; ¿para qué cesan tus rayos? Permítaseme, si he de perecer á la fuerza del fuego, que perezca con el tuyo, y aliviaré mi desgracia, recibiéndola de mano de mi Autor.” Apénas pudo abrir la boca para articular estas solas palabras, porque el calor habia desecado sus fauces. „Mira mis cabellos tostados, mis ojos cubiertos de humo, y mi rostro de cenizas. ¿Es este el fruto que espero? ¿Esta recompensa me das en premio de mi fertilidad, y del servicio que hago en sufrir las hendiduras que me hace el corvo arado y los rastrillos, viéndome combatida todo el año? Esta es la recompensa de suministrar pastos á las bestias, al hombre frutos, y alimentos suaves, y á vosotros el incienso. Haya yo merecido en hora buena esta destruccion; pero ¿en qué la han merecido las aguas? ¿en qué mi hermano?[121] ¿Por qué se disminuyen los mares que le tocáron en suerte, y estan mas distantes del cielo? Pero si no te conmovemos mi hermano y yo, á lo ménos compadécete de tu cielo. Mira á una y otra parte, y verás humear ámbos polos; y si el fuego llegare á apoderarse de ellos, vendrá á ser reducido á ceniza tu mismo palacio. Mira padecer al mismo Atlante,[122] y que apénas puede sostener en sus hombros el ardiente cielo. Si perecen el mar, la tierra y los cielos, serémos confundidos en el antiguo caos: si ha quedado aun alguna cosa, líbrala de las llamas, y mira por el universo.” Este fué el discurso de la Tierra; y no pudiendo resistir mas el calor, ni seguir hablando, ocultó su cabeza en su centro hasta llegar á las cavernas mas inmediatas al profundo infierno.
(25) Júpiter hiere á Faeton con un rayo para evitar un incendio universal.
FÁBULA II.
FAETON ES HERIDO DE UN RAYO.
Pero el Padre omnipotente, haciendo ver á los Dioses, y al mismo Febo que le habia entregado el carro, que iban á arruinarse todas las cosas, segun el fatal hado, si no se acudia con prontitud al socorro, subió á lo mas alto del Olimpo, de donde suele enviar las nubes á la tierra, y de donde hace resonar los truenos, y arroja los rayos; pero no teniendo entónces nubes que enviar, ni lluvias que poder arrojar del cielo, truena y arroja contra el Cochero[123] un rayo vibrado con todo el impulso de su brazo poderoso, con que le quita la vida, y á un mismo tiempo el carro, matando de este modo un fuego con otro fuego. De este modo se apagó el fuego con el mismo fuego. Se espantan los caballos, y dando un salto hácia atras, sacan el cuello del yugo, dexando las riendas rotas. Aquí quedan los frenos, allí el exe apartado de la lanza, en otra parte los rayos de las ruedas hechas mil pedazos; y finalmente por todas partes quedáron esparcidos despojos del derrotado carro. Cae de cabeza Faeton, abrasándole las llamas sus rubios cabellos, y es llevado por los ayres un dilatado trecho, así como muchas veces lo es una exhalacion, que, estando el cielo sereno, nos parece haber caido, aunque en realidad no cae. El Erídano le recibió en una region muy distante de su patria,[124] y le lavó su rostro cubierto de espuma.
(26) Cerca del Sepulcro de Faeton fueron transformadas sus hermanas en Álamos y el Rey Cicno en Cisne.
FÁBULA III.
LAS HERMANAS DE FAETON TRANSFORMADAS EN ÁRBOLES, Y CICNO EN CISNE.
Las Ninfas de la Hesperia[125] dan sepultura al cuerpo, que aun humeaba con la llama de tres puntas, entallando en su sepulcro este epitafio.
AQUÍ YACE FAETON, COCHERO DEL CARRO DE SU PADRE, QUE AUNQUE NO LE RIGIÓ CON FELICIDAD, LO EMPRENDIÓ SIN EMBARGO CON ARROGANCIA JUVENIL.
Entre tanto su miserable padre habia inundado su rostro con el triste llanto;[126] y si se ha de creer la tradicion, no hubo sol un dia, y el mismo incendio sirvió de luz al mundo, hallándose de este modo alguna utilidad en medio de tanta desolacion. Pero Climene,[127] despues de prorumpir en todo lo que es propio de una madre sitiada de semejantes penas, recorre todo el mundo, llorosa, loca, rasgando sus vestidos y seno. Buscaba primeramente los miembros muertos de su hijo, y despues eran sus cuidados los huesos, que halló por último casualmente sepultados en tierra extraña. Sentóse en aquel sitio, y leyendo el nombre que estaba grabado en el mármol, le regó con sus lágrimas, calentándole despues con su desnudo pecho. Lúgubres llantos tributan á la muerte tambien las Heliadas;[128] consolándose de este modo vana é inútilmente, é hiriéndose el pecho con las manos, llaman de dia y noche á Faeton, que ya no puede escuchar sus compasivas quejas, y permanecen postradas sobre su sepulcro. Quatro veces habia iluminado la luna toda su redondez, uniendo sus puntas brilladoras,[129] y ellas continuaban sus lamentos (pues el uso se habia trocado ya en naturaleza) quando Faetusa, que era la mayor de las hermanas, queriendo sentarse en tierra, se quejó de habérsele endurecido los pies. Fué detenida, al ir á socorrerla la blanca Lampecia, con raices nacidas repentinamente; la tercera arranca hojas con sus manos, quando solo intentaba arrancarse los cabellos. Una se queja de que sus piernas se transforman en troncos: otra de que sus brazos se vuelven ramas; y miéntras estan admiradas con este prodigio, empiezan á cubrirse los muslos de corteza, que por grados ocupa el vientre, pecho, hombros y manos; solo les falta por cubrir la boca con que llaman á su madre. ¿Pero qué habia de hacer esta desdichada sino discurrir por acá y acullá como una loca, y miéntras puede, juntar sus labios amorosos con los de las hijas? No se contenta con esto, se empeña en arrancar sus cuerpos de las raices, y dividir con las manos las tiernas ramas; pero en vano, porque manan de ellas gotas de sangre, como de una herida. No hagas eso, madre, claman ellas heridas. Madre, rogámoste no lo hagas, porque nuestro cuerpo es despedazado en el árbol con los esfuerzos que haces. Quédate ya con Dios. Á estas últimas palabras acabó de cubrirse su boca con corteza. Corren lágrimas de estos árboles;[130] y el ámbar,[131] que destilan sus ramas, se endurece con el sol; la cristalina corriente le recibe, y lleva para uso de las matronas Romanas.
Presenció este prodigio Cicno, hijo de Esteneleo, quien, aunque estaba unido á Faeton, por el parentesco materno, lo estuvo mas por la amistad. Este Príncipe, Señor de muchas poblaciones de Liguria,[132] y de populosas ciudades, dexando sus Estados, se fué á las riberas del Erídano, y las llenaba de quejas, como igualmente á las selvas aumentadas por las hermanas de Faeton, quando la voz se le disminuye, y sus cabellos se le mudan en blancas plumas; del pecho le sale el cuello largo, y la juntura liga á los roxos dedos; y un pico redondo ocupa la boca; en una palabra, Cicno se transforma en cisne, ave nueva; pero acordándose del fuego, que tan injustamente arrojó Júpiter, no mira al cielo, ni á aquel; habita los estanques y espaciosos lagos, eligiendo por su morada á los rios, cosa contraria al fuego, que tanto aborrecia.[133]
Entre tanto Febo, desaliñado y privado de su hermosura, como quando se ve eclipsado, se aborrece á sí mismo, á la luz y al dia: se entrega á la tristeza; con ésta aumenta su ira, y no quiere alumbrar al mundo: bastante, dice, he trabajado desde el principio de él, y estoy pesaroso de un no interrumpido trabajo, que no me sirve de honor. Gobierne qualquiera otro el carro que lleva la luz; y si no hay ninguno, y confiesan todos los Dioses que no pueden, gobiérnele el mismo Júpiter, para que á lo ménos, y miéntras maneja mis riendas, dexe los rayos, que han de privar á los padres de los hijos. Pues quando vea por la experiencia el ímpetu de los ardientes caballos, conocerá que no fué digno de muerte el que no los gobernó bien. Á estas palabras rodean al sol todos los Dioses, y con rendidas voces le suplican no quiera introducir en el mundo las tinieblas. Tambien Júpiter se disculpa de haber arrojado el rayo, é imperiosamente añade las amenazas á los ruegos. El Sol recoge los caballos furiosos, y aun sobresaltados del terror, y castigándolos con la espuela y el látigo, se enfurece, y les da en rostro con la suerte desventurada de su hijo, imputándoles su muerte.
FÁBULA IV.
CALIXTO ENGAÑADA POR JÚPITER.
Pero el Padre omnipotente recorre el grande ámbito del cielo, y registra si hay alguna cosa maltratada de la violencia del fuego que amenace ruina; y viendo que todas estaban en su vigor, vuelve la vista á la tierra, y á los trabajos de los hombres.[134] Sin embargo tiene particular cuidado de su Arcadia;[135] renueva sus fuentes y rios, que no se atrevian aun á correr. Hace que la tierra produzca yerbas; viste los árboles de hojas, y manda que reverdezcan las selvas destruidas. Miéntras discurre por acá y acullá, fixó su atencion en la doncella Nonacrina,[136] y el amor que le causó su vista, le penetró hasta los huesos. Esta hermosa Ninfa no se ocupaba en hilar, ni en componerse los cabellos, sino que despues que recogia con un cíngulo sus vestidos, y con una blanca cinta sus desaliñados cabellos, echaba mano unas veces del ligero venablo, y otras del arco; era compañera de Diana, y no tuvo otra Menalo,[137] que mas agradase á Trivia,[138] pero ningun poder hay durable.
(27) Júpiter toma la figura de Diana para hacerse querer de la Ninfa Calisto.
Ya habia pasado el sol del medio dia, quando ella entra en un espeso bosque, al que ningun contratiempo habia destruido. En él se quita de los hombros la aljaba, afloxa el flexîble arco, y se recuesta en el suelo entapizado de yerba, sirviéndola de almohada la pintada aljaba. Viéndola Júpiter cansada, y sin guarda: „mi muger, dice, seguramente ignorará este hurto, y si lo supiere, poco importa, son burlas, ¡oh! ¡son burlas de mucho precio!” Toma inmediatamente la figura y vestido de Diana; la dice: „Ó doncella, única parte de mis compañeras, ¿en qué collados has cazado hoy?” Ella, levantándose prontamente, „Dios te guarde, dixo, Deidad, á mi parecer, mayor que Júpiter, aun quando él me esté escuchando.” Oyelo, y se rie, alegrándose de que le prefiera á sí mismo; la da ósculos poco castos, y ménos dignos de una vírgen. Quando se disponia á contar en qué selva habia cazado, se lo impide abrazándola, y no se descubre, sino intentando un delito. Se resiste ella, y se defiende con quantos medios puede una muger. ¡Oxalá lo hubieras visto, hija de Saturno,[139] pues serias mas compasiva! Defiéndese en efecto; ¿pero qué muchacha ó mortal podrá vencer á Júpiter? Sube este al cielo despues de su victoria. Calixto aborrece aquel bosque y aquella selva, testigo de su delito, de donde al retirarse, casi se olvidó de recoger la aljaba con las flechas y el arco que habia colgado de un árbol.
(28) Las Ninfas descubren á Diana la preñez de Calixto.
FÁBULA V.
CALIXTO ARROJADA DE LA COMPAÑIA DE DIANA.
He aquí á Diana, acompañada de su coro, que entra por el alto Menalo, orgullosa con las fieras que habia cazado; ve á Calixto, y la llama; pero ella huye, temiendo que Júpiter estuviese aun transformado en Diana; mas despues que conoció que las Ninfas andaban igualmente, se acerca á ellas persuadida á que no habia engaño. ¡Ah! ¡quán difícil es que no salga á la cara un delito! No se atreve á levantar los ojos del suelo; no va al lado de la Diosa, ni la primera de todas sus compañeras, como ántes solia; al contrario, guarda un profundo silencio, y con el rubor da señales de su pudor perdido. Diana, á no ser vírgen, hubiera conocido su culpa por muchos indicios; pero aseguran que las Ninfas la conociéron. Ya la Luna iba caminando á llenar por la nona vez su plateado rostro,[140] quando la Diosa cazadora, fatigada del calor de su hermano,[141] entró en un fresco bosque, del que baxaba un resonante arroyo, y corria por las golpeadas arenas. Despues que alabó aquel sitio, tocó con el pie la superficie de las aguas; y alabándolas igualmente, no hay testigo, dice, que nos vea: bañémonos en sus cristalinas corrientes. Se cubre Parrasia[142] de rubor: las demas Ninfas se desnudan, y ella sola busca dilaciones. Desnúdanla al verla dudosa, y su delito quedó luego patente. Atónita ella, y queriendo tapar el vientre con las manos, sal de aquí, la dixo Diana, y no contamines estas sagradas aguas; y la mandó apartarse de su compañía.
(29) Arcas va á matar á su madre Calixto transformada en Osa por Juno.
FÁBULA VI.
CALIXTO TRANSFORMADA EN OSA CREYÓ SER MUERTA POR SU HIJO.
Hacia tiempo que sabia esto la muger del gran Tonante, y habia diferido el castigo para el tiempo conveniente. Pero no hay ya motivo de dilacion, quando habia ya nacido de la adúltera el niño Arcas, cosa muy dolorosa á Juno: luego que viéron á este niño sus airados ojos: „solo, dixo, me faltaba, muger adúltera, ver que fueses fecunda, y que con el parto se hiciera pública mi injuria, y se testificase la infamia de mi marido. No te quedarás sin castigo; yo te quitaré, muger odiosa, la hermosura con que te complaces, y que ha sido de tanto atractivo para Júpiter.” Dixo esto, y asiendo sus cabellos por la parte anterior de la cabeza, la hizo dar con la cara en tierra: ella le tendia los brazos pidiéndole perdon, quando empezáron á ponérsele horrorosos con negro vello, á torcerse las manos, y á crecerle en corvas uñas para servirle de pies; el rostro, recreo de Júpiter en otro tiempo, se para disforme con un largo hocico; y porque á nadie puedan mover á compasion sus ruegos y ociosas palabras, pierde tambien el uso de la habla, y solo la queda una voz iracunda, amenazadora y llena de terror, que sale de la ronca garganta. No obstante, aunque convertida en osa, conserva su antiguo entendimiento, y expresando sus sentimientos con continuos gemidos, levanta las que en otro tiempo fuéron manos al cielo y á las estrellas, é interiormente conoce ingrato á Júpiter, ya que no puede llamárselo. ¡Ah! ¡quantas veces, no atreviéndose á descansar sola en los desiertos bosques, se reclinaba delante de su casa, y en los campos en otro tiempo suyos! ¡Quantas veces se vió obligada á correr entre los peñascos estimulada de los ladridos de los perros! Huye amedrentada de los cazadores, habiendo sido cazadora: muchas veces se ocultó de las fieras que veia, olvidándose de lo que era; y aunque osa, se amedrentaba de los osos que habia en los montes, y temia igualmente á los lobos, no obstante que su padre estaba entre ellos. Preséntase aquí Arcas, descendiente de Licaon, y de quince años de edad, sin saber la desgracia de su madre; y quando persigue á las fieras, quando elige aptos bosques para el intento, y rodea las selvas de Erimanto con texidas redes, encuentra con su madre, que se detiene apénas le ve, dando á entender que le conocia. Él retrocede, é ignorante teme á la que sin cesar clavaba en él los ojos sin moverlos, y no se atreve á llegarse mas cerca. Hubiera traspasado su pecho con el penetrante venablo; pero lo impidió el Padre omnipotente, y separó de allí juntamente á ellos, é impidió la maldad;[143] y arrebatándolos con un rápido viento por los ayres, los colocó en el cielo, é hizo estrellas cercanas. Luego que vió Juno á la adúltera lucir entre las estrellas, se llenó de ira, y se presentó en el mar á la blanca Tetis, y al viejo Océano, á quienes dan mucho honor los Dioses; y al preguntarla la causa de su venida: „¿Quereis saber, les dice, por qué la Reyna de los Dioses se halla aquí abandonando los alcázares del cielo? Otra en mi lugar le ocupa. Tenedme por embustera, si quando la noche obscurece todo el orbe, no viereis honradas en lo alto del cielo á estas estrellas, deshonor mio, en la misma parte en que el último y mas pequeño círculo[144] rodea con su espacio al extremo del exe. ¿Habrá, pues, quien sienta ofender á Juno, y la tema ofendida, quando solo entre los Dioses hago bien, causando daño?[145] ¡Oh quánto he hecho! ¡quán vasto es mi poder! La privé de ser muger,[146] y la he hecho Diosa: así castigo á los culpados: de este modo es mi poderío engrandecido. Vuélvala Júpiter su antiguo semblante, quítele la figura de fiera, como lo hizo en la Argólica, hermana de Foronéo.[147] ¿Por qué no se casa con ella, repudiando á Juno, la coloca en mi tálamo, y hace á Licaon su suegro? Pero si en vosotros hace mella el desprecio de vuestra alumna ofendida, no concedais á los Septentriones las cerúleas aguas; apartad de ellas á estas estrellas, trasladadas al cielo en castigo del estupro, para que no se bañe en el puro mar una adúltera.” Concediéron los Dioses del mar su solicitud; sube á los rápidos ayres la hija de Saturno en su ligero carro, tirado por pintados pavones, tan poco ha estrellados con la muerte de Argos, como, loquaz cuervo, que súbitamente vestias alas negras, habiéndolas tenido ántes blancas; porque esta ave fué antiguamente tan blanca con nevadas plumas, que igualaba á todas las mas blancas palomas. No cederia ni á los patos, que estaban constituidos guardas del capitolio por su voz vigilante, ni al cisne amante de las aguas. Le dañó la lengua, haciendo su loquacidad que el color, que era blanco, fuese ahora contrario á lo blanco. No hubo otra mas hermosa en toda la Tesalia que Larisea Coronis. Agradote ciertamente, Délfico númen,[148] miéntras que, ó fué casta, ó estuvo sin guardas; pero la febéa ave conoció el adulterio; y para manifestar como centinela inexorable el oculto delito, caminaba á su Señor; síguele la parlera codorniz, batiendo las alas para indagarlo todo; y habiendo oido la causa de su viage, „inútil es tu camino, le dice: no desprecies los presagios de mi lengua.”
FÁBULA VII.
CORONIS TRANSFORMADA EN CORNEJA.
Atiende á lo que fui y á lo que soy, pregunta por qué lo he merecido, y hallarás que la fidelidad fué mi ruina; porque en otro tiempo habia cerrado Palas á Erictonio, hijo criado sin madre, en una cesta texida de mimbres de Ática; confiando su custodia á las tres hijas de Cecrope de dos formas;[149] pero con condicion de que no registrasen sus secretos. Yo, oculta entre las ligeras hojas, observaba sus operaciones desde un espeso olmo. Las dos hermanas Pandrosa y Herse guardaban sin fraude lo que se les habia confiado; solo Aglaura llama á las tímidas hermanas, y rompiendo los nudos con sus manos, ven un niño y un dragon puesto junto á él. Doy cuenta á la Diosa de este hecho, por lo que me da una paga tal, que se dice de mí haber sido abandonada de la tutela de Minerva, y pospuesta á la ave nocturna;[150] mi castigo sirva de exemplo á las aves, para que no busquen el peligro en su lengua.
(30) Coronis perseguida por Neptuno y convertida en Corneja por Minerva.
Pero si acaso piensas, que no solo me desechó por esto, sino porque no fui digna de su compañía, te digo que ella me hizo su compañera contra mi voluntad, y sin pedir yo tal gracia. Pregúntaselo, si no lo crees, á la misma Palas, pues aunque ahora está contra mí airada, no te negará esto su enojo. La historia que te cuento es bien sabida; porque nací del ilustre Coronéo en la region de Fócida: yo era una rozagante doncella (¡ah! no me desprecies), y solicitada de ricos pretendientes. La hermosura fué mi daño; porque paseándome un dia con lentos pasos, como tenia de costumbre, sobre la arena, vióme el Dios del mar, y muy enamorado de mí, despues de haber gastado inútilmente el tiempo en blandas caricias, quiso valerse de la fuerza, y me persigue: yo huyo, y dexo la densa playa; pero en vano corro sobre la blanda arena; y no teniendo otro remedio, imploro la proteccion de los Dioses y de los hombres: á ninguno de estos mueve mi voz; y solo la Diosa de la virginidad[151] se condolió de mí por ser vírgen, y me prestó su socorro: pues quando levantaba yo los brazos al cielo, empezáron estos á ennegrecerse con ligeras plumas. Quando queria arrojar el vestido de los hombros, era ya pluma, y se habia arraygado profundamente en la piel. Quando intentaba herir mi desnudo pecho con las manos, no tenia ya ni uno ni otro. Corria, pero la arena no detenia ya mis pies como ántes, sino que me levantaba sobre la tierra; luego soy elevada por los ayres, y hecha, sin ser culpada, compañera de Minerva. ¿Pero de qué me aprovecha todo esto, quando goza del honor mio Nictimene, hecha ave por un exêcrable delito?[152]
(31) Nictimene convertida en Buho por el incesto con su Padre Nictéo.
FÁBULA VIII.
NICTIMENE CONVERTIDA EN LECHUZA.
Porque ¿quién ignora la cosa mas sabida por toda Lesbos? que Nictimene violó el lecho de su padre. Ella ciertamente es ave; acordándose de su culpa, huye de la vista y luz, encubriendo su pudor con las tinieblas, y todas la aves la persiguen en la vasta region del ayre. Al estar diciendo esto, la responde el cuervo, „por vida tuya, que estos agüeros te sean perjudiciales, que yo, por mi parte, los desprecio como vanos.” Dichas estas palabras, sigue su camino, y da parte á su señor de haber visto á Coronis acostada con el jóven Hemonio.[153] Tanta fué la turbacion de Apolo al oir el delito de su amante, que se le cae la corona de laurel, se le demuda al mismo tiempo el semblante, dexa caer el plectro, pierde el color, é hirviendo su pecho en ira, toma las armas acostumbradas,[154] doblega el flexîble arco por las dos puntas, atraviesa con el inevitable dardo aquel pecho tantas veces unido al suyo. Gimió herida,[155] y sacando el hierro de la herida, tiñó con la roxa sangre sus blancos miembros. „Pude, Febo, dixo moribunda, pagarte mi culpa; pero bien podia haber parido ántes, y no que ahora morimos dos[156] juntamente.” No habló mas, y perdió la vida al mismo tiempo que la sangre. Un frio mortal se apoderó de su cuerpo ya sin alma. Se arrepiente su amante; pero ¡ah! tarde, de un castigo tan cruel, y se aborrece á sí mismo por haber dado oidos al cuervo, y haberse así enfurecido. Maldice al ave que le obligó á saber el delito y la causa de su dolor. Maldice la cuerda, arco y mano con que tiró las saetas, armas temerariamente manejadas. Procura socorrerla despues de haber caido; solicita vencer el hado con un tardo socorro, y se vale inútilmente de sus artes médicas. Mas luego que conoce que todos sus esfuerzos eran ya inútiles; que se preparaba la hoguera, y que sus miembros habian de arder en el último fuego, suspira y se queja de lo mas íntimo de su corazon (porque no era decoroso á un Dios derramar lágrimas) del mismo modo que lo hace la novilla quando ve matar su ternerillo delante de sus ojos. Mas luego que derramó en el pecho de su amada los tristes ungüentos, la abrazó, é hizo las no debidas exêquias, segun costumbre; no permitió que su descendencia pereciese en las mismas llamas; y para librar al hijo[157] le extraxo del vientre de su madre, y le entregó á Quiron[158] de dos formas; y al cuervo, que esperaba la recompensa de su lengua veraz, le despojó de la pluma blanca que ántes tenia.
FÁBULA IX.
OCIROE TRANSFORMADA EN YEGUA.
Se hallaba alegre el Semifiera con tener por alumno á un Dios, y preferia este honor al trabajo de educarle: quando he aquí que se le presenta con los hombros cubiertos de sus rubios cabellos su hija, á quien la Ninfa su madre puso por nombre Ociroe, habiéndola parido en las riberas del rápido rio Caico.[159] No se contentaba esta con haber aprendido las artes de su padre, sino que vaticinaba los secretos de los hados. Un dia pues, concibiendo en su mente los fatídicos furores, y cobrando vigor con el espíritu divino que tenia encerrado en su pecho, miró al infante,[160] y le dixo: „Crece ¡ó niño! que traes la salud al orbe:[161] muchas veces te deberán la vida los cuerpos de los mortales.
(32) Ociroe anuncia á su padre Quirón el destino del niño Esculapio.
Se te permitirá volver á dar la vida; pero sabe, que aunque lo harás una sola vez[162] contra la voluntad de los Dioses, no se te permitirá otra vez, por el fuego de tu abuelo,[163] que te quitará la vida: despues de haber sido Dios, quedarás un cuerpo muerto; y el que poco ha eras cuerpo, volverás á ser Dios, y renovarás dos veces tus hados. Tú tambien, padre caro, no mortal, sino criado para ser eterno, desearás poder morir, quando te atormente la sangre de la venenosa serpiente, introducida por los miembros heridos. Los Dioses te harán de eterno mortal; y las tres Diosas[164] cortarán el hilo de tu vida.” Aun le quedaba algo que decir sobre el destino de su padre,[165] quando suspira de lo profundo de su pecho, y empieza á derramar copiosas lágrimas diciendo: „El destino se vuelve contra mí; no puedo hablar mas, y se me impide la articulacion de la lengua. No debian haberme sido tan apreciables las artes,[166] que me han acarreado la ira de Dios. ¡Oxalá hubiera ignorado lo futuro! Ya parece que se me quita el semblante humano; ya me agrada la yerba por comida; ya tengo deseo de correr por los dilatados campos; ya me convierto en yegua, y en unos pechos de quienes no degenero.[167] Pero ¿por qué soy mudada toda, puesto que mi padre es de dos formas?” Al decir esto, se le entendian ya muy poco sus últimos lamentos, y se confundiéron sus palabras. No pareció aquel primer sonido de yegua sino del que la imita: á poco tiempo prorumpe en claros relinchos, y aplica sus brazos á la yerba.[168] Entónces se juntan los dedos, y la ligera uña liga las cinco con un eterno casco. Se extiende su rostro y cuello. Se convierte en cola la mayor parte del prolongado manto; y como los sueltos cabellos se tendian por el cuello, se convirtiéron en hermosas crines, y á un mismo tiempo se innovó la voz y semblante, y tomó el nombre de aquel monstruo.
(33) Apolo guarda los ganados de Admeto en los campos de Mesene.
FÁBULA X.
APOLO CONDUCE REBAÑOS.
Lloraba Filerio[169] la pérdida de su hija; y en vano imploraba tu socorro, ¡ó Apolo! porque ni podias inmutar los decretos del poderoso Júpiter, ni te hallabas entónces presente aunque pudieras: habitabas en Eli y campos Misenios; aquel era el tiempo en que vestias la piel pastoril, y en que el báculo de la silvestre oliva servia de peso á tu mano derecha, y á la izquierda la flauta hecha de siete cañas desiguales; y quando el amor es tu cuidado, y la zampoña tus delicias, se dice que se pasáron las vacas por tu descuido á los campos Pilios. Las ve el hijo de Maya[170] y las oculta con su arte[171] en las selvas.
FÁBULA XI.
BATO TRANSFORMADO EN PIEDRA DE TOQUE.
Nadie supo de este hurto, sino un viejo conocido en aquel campo con el nombre de Bato. Guardaba este pastor los bosques y dehesas abundantes de yerba del rico Neleo, y los rebaños de las excelentes yeguas. Á este teme Mercurio; y llegándose á él disimuladamente le dice: „Huésped,[172] quien quiera que seas, si alguno por casualidad busca estos rebaños, dile que no los has visto, y para que no quedes sin recompensa, toma en premio una blanca vaca.” Se la da, y luego que el huésped la recibe, „ve seguro, le responde: primero publicará tu hurto esta piedra que te muestro.” Marcha el hijo de Júpiter, mas volvió pronto; y mudando de figura y de voz á un mismo tiempo: „villano, le dice, ¿has visto ir por este campo unas vacas? dímelo, y no me ocultes el hurto, que te daré en premio una vaca con su novillo.” El viejo, luego que vió doble la recompensa, „estarán dice, á la falda de aquellos montes;” y en efecto, baxo de ellos estaban.
(34) Mercurio transforma en piedra de toque al pastor Bato.
Se rió el nieto de Atlante, y le dice: „Pérfido, ¿me vendes á mí mismo?” y le convirtió en dura peña, que aun ahora se llama la señal, permaneciendo la antigua infamia en el peñasco, que no la merecia.
FÁBULA XII.
MERCURIO Y HERSE.
Se habia levantado de aquí Mercurio con próspero vuelo, y contemplaba por la region del ayre los Munichîos campos, la tierra agradable á Minerva,[173] y las arboledas del cultivado Licéo.[174] En este dia por casualidad llevaban las vírgenes á los sagrados alcázares de Palas sobre sus inclinadas cabezas (segun su costumbre) puros sacrificios en coronados canastillos. Las ve el alado Dios quando salian del templo, y no sigue su camino, sino que vuela á la redonda sobre aquel sitio. Así como el rapaz Milano, luego que ve las entrañas de las víctimas, temiendo á los Ministros del sacrificio miéntras estan presentes, discurre al rededor, no atreve á retirarse, y halaga su esperanza batiendo las alas: del mismo modo el ágil Cileno[175] inclina su curso á los Áticos alcázares, y rodea los mismos ayres.
(35) Mercurio, detenido sobre la Ciudad de Atenas, se enamora de Herse.
Quanto el lucero excede en resplandor á las demas estrellas, y quanto á este la dorada hermana de Febo;[176] tanto aventajaba en hermosura á las demas doncellas, Herse, que era el honor de la pompa y de sus hermanas. Sorprehendió su belleza al hijo de Júpiter, y pendiente del ayre, no se enardeció ménos que la honda Mallorquina quando dispara la bola; vuela, pero con la agitacion mas se enciende, y halla en las nubes el fuego que no tenia. Muda de rumbo, y baxa por fin á la tierra: no quiere usar de disfraces: ¡tanta confianza tenia en su hermosura! la que acrecienta con el cuidado, aunque era muy perfecta: peyna sus cabellos, y se compone el velo, para que cayga bien é igual sobre los dos hombros, y hace que campee la faxa y todo el oro, y la delicada vara que da y quita el sueño luzca en su diestra, y los talares en sus hermosas plantas. Tenia tres aposentos la parte interior del palacio de Cecrope adornados de marfil y concha. Pandrosa, tú habitabas el de la derecha, el de la izquierda Aglaura, y el del medio Herse. Vió venir á Mercurio la primera, la qual tenia el izquierdo; y se atrevió á preguntar á este Dios su nombre, y la causa de su venida. El nieto de Atlante y Pleyone le responde de este modo: „Yo soy el que rompiendo los ayres, llevo á todas partes los mandatos de mi padre, que es el mismo Júpiter. Ni tampoco te ocultaré la causa de mi venida; solo quiero seas fiel á tu hermana, y te contentes con llamarte tia de mis hijos. Por Herse he venido; ayuda, te suplico, á un amante.” Mírale Aglaura con la misma curiosidad con que poco ha habia descubierto los secretos[177] de la roxa Minerva: le pide por la mediacion que iba á hacer mucho oro; y en el ínterin le manda salir de su casa. Puso la vista en ella la guerrera Diosa, é iracunda suspira con tanta fuerza, que conmueve á un mismo tiempo su pecho y el escudo llamado Egida, que trae de él pendiente. Se acuerda que esta profanó con impía mano sus secretos, viendo contra la fe prometida al hijo del habitador de Lemnos criado sin madre, y que seria ingrata á un Dios y á su hermana, queriendo enriquecerse con el oro que codiciosamente habia pedido.
(36) Palas manda á la Envidia que infunda celos á Aglaura de su hermana Herse.
FÁBULA XIII.
LA ENVIDIA SE APODERA DE AGLAURA.
Camina Palas inmediatamente al templo de la Envidia, cubierto de negra podre,[178] que es una casa oculta en lo mas profundo de una gruta, donde habita la tristeza y el frio, á quien es desconocido el fuego, y donde siempre reyna la mayor obscuridad. Luego que llegó á ella esta muger varonil, temible en la guerra, se paró á sus umbrales (porque no le era permitido entrar), y llama á las puertas con la punta de su lanza. Apénas las tocó, quando se abren: ve en su interior á la Envidia comiendo carne de víboras, único alimento de sus vicios; aparta su vista horrorizada de este espectáculo; mas ella se levanta perezosa, y dexando á medio comer los cuerpos de las serpientes, se dirige á Palas con lentos pasos; y viéndola tan hermosa y con tales armas, empezó á gemir, é hizo asomar á su semblante la tristeza que sentia en su interior. Habita en su rostro la palidez; presenta consumido todo su cuerpo; mira siempre de reojo, y tiene los dientes ennegrecidos con el sarro; reverdece con la hiel su pecho; la lengua está inficionada con el veneno. Jamas se rie, sino quando ve el mal ageno; no puede dormir movida de los vigilantes cuidados; ve con horror los prósperos sucesos de los hombres, y viéndolos se consume; de suerte, que á un mismo tiempo daña y es dañada, siendo ella verdugo de sí misma. Tritonia,[179] aunque la aborrecia, la dixo en pocas palabras: „Inficiona con tu veneno á una de las hijas de Cecrope, que así conviene á mis intentos: Aglaura es esta.” Desapareció sin hablar mas; y clavando su lanza en la tierra la hizo temblar. Ella, mirando por encima el hombro á la Diosa en su fuga, murmuró secretamente, pesándole de la prosperidad futura de los sucesos de Minerva: toma su báculo, compuesto de espinosos nudos, y cubierta de negras nubes, destruye los floridos campos por qualquiera parte que pasa: abrasa la yerba, y aniquila los mas altos montes; contamina con su aliento pueblos, ciudades y casas; y por último, mira la ciudad consagrada á Palas, floreciente en ingenios, riquezas, y amable paz. Detiene con dificultad las lágrimas, porque nada ve digno de llanto. Pero luego que entró en el aposento de la hija de Cecrope,[180] pone en execucion las órdenes de la Diosa: toca su pecho con envidiosa mano, y llena sus entrañas de ramosas espinas: le introduce nociva la ponzoña, llena sus huesos del pestífero veneno, y le esparce por sus pulmones. Y para que no tarde en probar su dolor, presenta á su imaginacion á la hermana su feliz casamiento, y al hermoso Dios. Todo se lo propone grande; con cuyos remordimientos, estimulada la hija de Cecrope, se ve atormentada ocultamente, y gime noche y dia llena de sobresaltos. Empieza á consumirse la infeliz, no de otra suerte que se derrite el hielo con la presencia del Sol ardoroso: se abrasa envidiosa de la felicidad de Herse, del mismo modo que las espinosas yerbas quando se les aplica fuego; porque sin levantar llama se queman lentamente. Algunas veces se deseaba la muerte por no presenciar esto, y otras pretendia descubrirlo á su padre como si fuera un delito.
FÁBULA XIV.
AGLAURA TRANSFORMADA EN PIEDRA.
En fin, viendo Aglaura á Mercurio acercarse, se sentó al frente de la puerta para impedirle la entrada; y al comenzar á hablarle con caricias, súplicas y halagos, „basta, le dice: yo no me he de apartar de aquí sin que te vayas.” Permanezcamos, dixo el ligero Cileno, baxo de este comun acuerdo: abrió las cinceladas puertas con su vara; pero queriendo ella levantarse, no pudo mover aquellas partes de nuestro cuerpo, que se encorvan estando sentados. Forcejea ella por levantarse derecha, pero se le endurecen las junturas de las rodillas; por sus uñas corre el frio, y se ponen pálidas sus venas por la falta de sangre; y así como el cancer, mal incurable, suele dilatarse lentamente, y viciar las partes sanas, del mismo modo se apodera poco á poco de su pecho aquel frio mortal, y le impide los movimientos vitales y respiracion.
(37) Mercurio entra en el aposento de Herse contra la voluntad de su hermana Aglaura.
No hizo esfuerzo para hablar; pero aunque lo hiciera no hubiera podido, porque ya el cuello era piedra, su boca se habia endurecido, y sentada parecia una estatua: ni aun la piedra era blanca, porque la habia inficionado su perverso corazon el veneno de la Envidia.
FÁBULA XV.
EUROPA ROBADA POR UN TORO.
Dexa la tierra, nombrada de Palas,[181] el nieto de Atlante, despues de haber castigado aquellas palabras y ánimo sacrílego, y batiendo sus alas, entra por fin en el cielo. Llámale á parte su padre,[182] y sin confesarle la causa de su amor: „hijo, le dice, fiel ministro de mis órdenes, no te detengas; y baxando con la ligereza que te es propia, camina á la provincia de Sidonia, y conduce á la ribera del mar una torada real, que verás paciendo en los montes.” Dicho esto, inmediatamente conduxo el ganado á las orillas que se le habian prescrito, y en las que acostumbraba divertirse la hija del gran Rey Agenor, acompañada de muchas jóvenes Fenicias. No se concilian bien, ni pueden de ordinario estar en un mismo sugeto la magestad y el amor. Aquel padre y rector de los Dioses, cuya diestra está armada de rayos, y á cuya voluntad se estremece todo, toma la figura de toro, y mezclado con los novillos, berrea, y se pasea hermoso por la tierna yerba.
(38) Júpiter transformado en toro roba á Europa y la lleva á la Isla de Creta.
Su color era tan blanco como la nieve, á la que ni ha manchado el duro pie, ni derretido el húmedo austro. El cuello sobresale con los hermosos músculos; cuelga de la garganta la papada: sus cuernos, aunque pequeños, parecian hechos á torno, y mas lucidos que una pura piedra preciosa. Ningun ayre amenazador se observaba en su frente, ni sus ojos eran crueles; la paz habitaba en su semblante. Se admira la hija de Agenor de su hermosura, y de verle tan pacífico y manso; pero temia al principio tocarle, aunque le veia tan dócil: mas ya despues se acerca, y presenta flores á su blanca boca. Se regocija el amante, y esperando el complemento de su voluptuosidad, besa sus manos: ¡ah! ¡ah! ¡con qué dificultad difiere sus intentos! Ya se divierte con su amada, y salta regocijado en la verde yerba: ya se echa de espaldas en la refulgente arena; y perdiendo poco á poco el miedo, unas veces presenta su pecho para que lo palpen aquellas manos virginales, otras los cuernos, para que los entreteja con nuevas guirnaldas. Atrevióse tambien la real doncella, no sabiendo á quien oprimia, á subir á las espaldas del toro; y entónces, dexando el Dios poco á poco la tierra y seca ribera, introduce sus mentidos pies en las aguas. De allí pasa mas adelante, y lleva la presa por medio de las olas. Se llena ella de temor; y viéndose robada, vuelve la vista á la playa que habia dexado, asiéndose con una mano al cuerno, y con la otra á la espalda; y sus vestidos se arrugan tremolados del viento.
Story DNA
Moral
null
Plot Summary
This book of Ovid's Metamorphoses recounts several tales of transformation and divine intervention. It begins with Phaeton, son of Apollo, who, to prove his lineage, demands to drive the sun chariot, leading to catastrophic global scorching and his death by Jupiter's lightning bolt. His mourning sisters turn into trees and his kinsman into a swan. The narrative then shifts to Jupiter's seduction of Callisto, her transformation into a bear by a jealous Juno, and her eventual placement in the stars with her son. Further stories include the raven's color change, Ocyrhoe's transformation into a horse, Mercury's theft of Apollo's cattle and the petrification of Battus, and the envious Aglaura's transformation into stone for obstructing Mercury's love for her sister Herse. The book concludes with Jupiter, disguised as a white bull, abducting Europa across the sea.
Themes
Emotional Arc
innocence to tragedy | desire to destruction | envy to petrification | seduction to abduction
Writing Style
Narrative Elements
Cultural Context
Ovid's 'Metamorphoses' is a foundational work of Roman literature, compiling and reinterpreting Greek and Roman myths, often focusing on themes of transformation. This book reflects the Roman understanding and adaptation of these ancient stories.
Plot Beats (17)
- Phaeton, insulted by Epaphus, travels to the Sun's palace to seek proof of his divine parentage from Apollo.
- Apollo, after confirming Phaeton's lineage, swears an oath to grant him any wish, which Phaeton uses to demand control of the sun chariot for a day.
- Despite Apollo's dire warnings about the dangers, Phaeton insists, and Apollo, bound by his oath, prepares the chariot.
- Phaeton, unable to control the powerful horses, drives the chariot erratically, scorching the earth, turning Ethiopians black, and drying up rivers and seas.
- Mother Earth cries out for help, prompting Jupiter to intervene by striking Phaeton with a lightning bolt, killing him and sending him plummeting to his death.
- Phaeton's sisters, the Heliades, mourn him and are transformed into poplar trees, weeping amber tears, while his kinsman Cygnus is transformed into a swan.
- Jupiter, after surveying the damage, restores the world and then seduces Callisto by impersonating Diana, leading to her pregnancy and eventual banishment by Diana.
- Juno, discovering Callisto's pregnancy, transforms her into a bear; later, Callisto's son Arcas nearly hunts her, but Jupiter places them both in the heavens as constellations.
- Juno complains to Oceanus and Tethys about Callisto's celestial placement, then returns to Olympus on peacocks.
- The story of the raven's transformation from white to black is recounted, due to its tattling on Coronis's infidelity to Apollo, despite the crow's warning.
- Ocyrhoe, Chiron's daughter, is transformed into a horse for prophesying Aesculapius's future.
- Mercury steals Apollo's cattle while Apollo is distracted by love, and turns the witness, Battus, into a touchstone for his perfidy.
- Mercury falls in love with Herse, but her envious sister Aglaura, corrupted by the goddess Minerva's command to Envy, obstructs Mercury.
- Envy, at Minerva's behest, infects Aglaura with intense jealousy for her sister's happiness and the god's affection.
- Aglaura attempts to block Mercury from Herse's chamber and is transformed into a stone statue, her heart's malice reflected in its dark color.
- Jupiter, disguised as a beautiful white bull, approaches Europa, daughter of King Agenor, on the seashore.
- Europa, charmed by the bull's gentleness, climbs onto its back, whereupon Jupiter carries her across the sea to Crete.
Characters
Phaeton
A youth of slender build, with the radiant glow of his divine father, though not as intense. His features are finely chiseled, reflecting a noble lineage.
Attire: Though not explicitly described, as the son of the Sun God and a mortal queen, he would likely wear fine, flowing garments. Perhaps a tunic of light linen or silk, possibly in shades of white, gold, or purple, befitting his visit to a divine palace.
Wants: To prove his divine parentage to the world and silence those who doubt him, specifically Epaphus. He seeks validation and glory.
Flaw: Overconfidence and lack of experience. His youthful ambition blinds him to the dangers of his request, leading to catastrophic consequences.
Starts as a proud youth seeking validation, achieves his wish to drive the sun chariot, but fails spectacularly due to his inexperience, leading to his death and transformation of the Earth. His arc is tragic, a cautionary tale of hubris.
Ambitious, naive, determined, somewhat reckless, proud.
Phoebus (Apollo)
A radiant and majestic deity, embodying the sun itself. His presence is so bright that mortals cannot approach him too closely. He is of powerful, divine build.
Attire: He is described as 'vestido de púrpura' (dressed in purple), sitting on a throne of shining emeralds. His attire would be of the finest, most luxurious divine fabric, perhaps embroidered with celestial motifs, reflecting his status as the Sun God.
Wants: To fulfill his divine duties as the Sun God. To acknowledge his son and, initially, to grant his wish, but then to protect him from his own folly.
Flaw: Bound by his oath, which he regrets, leading him to grant a dangerous request.
Remains largely unchanged, but experiences regret and sorrow over his son's fate, a consequence of his oath.
Majestic, powerful, initially generous, regretful, wise (in hindsight).
Aglaura
A woman whose beauty is marred by her inner corruption. Her physical appearance would reflect her envy, perhaps with a pale or sickly complexion as the poison takes hold.
Attire: As a daughter of Cecrops, she would wear the attire of an Athenian noblewoman. This would include a chiton or peplos, possibly of fine linen or wool, draped elegantly. The colors might be muted or dark, reflecting her personality, rather than vibrant.
Wants: Driven by intense envy of her sister Herse's happiness and relationship with Mercury. She wants to prevent Herse's prosperity.
Flaw: Her overwhelming envy, which consumes her and ultimately leads to her transformation into stone.
Starts as an envious sister, becomes increasingly consumed by the poison of Envy, and is ultimately transformed into a stone statue as punishment for her malice and obstruction.
Envious, malicious, stubborn, resentful, self-destructive.
Mercury (Cilenius)
A swift and agile god, with a youthful and athletic build. He is known for his speed and cunning.
Attire: He is described as 'el ligero Cileno' (the swift Cilenius), implying his characteristic winged sandals (talaria) and perhaps a traveler's cloak (petasos). His attire would be light and practical for travel, possibly a short tunic, in colors like blue, grey, or white.
Wants: To carry out Jupiter's commands (leading the cattle, later abducting Europa) and to pursue his own romantic interests (with Herse).
Flaw: Can be swayed by his desires, as seen in his pursuit of Herse.
Remains largely unchanged, acting as an agent of divine will and his own desires.
Cunning, swift, persuasive, determined, somewhat mischievous.
Europa
A royal maiden of Phoenicia, described as beautiful. Her build would be graceful and delicate, befitting a princess.
Attire: As the daughter of King Agenor, she would wear luxurious Phoenician garments. This would include a finely woven tunic or dress, perhaps of purple dye (Tyrian purple being famous), adorned with gold embroidery or jewelry. Her clothes are described as 'tremolados del viento' (fluttering in the wind) as she is carried away.
Wants: Initially, to enjoy leisure by the sea with her companions. Later, her motivation is to survive her abduction.
Flaw: Her innocence and trust, which make her vulnerable to Jupiter's deception.
Starts as an innocent princess enjoying her day, then becomes the victim of divine abduction, carried across the sea to Crete, marking a dramatic and involuntary change in her life.
Curious, gentle, innocent, fearful, vulnerable.
Jupiter (as a Bull)
A magnificent bull, as white as untouched snow, with powerful, muscular shoulders and a broad chest. His neck is strong, and a dewlap hangs from his throat. His horns are small, perfectly formed, and shine like polished gems.
Attire: None, as he is in animal form.
Wants: To abduct Europa, driven by his romantic desire for her.
Flaw: His insatiable lust, which often leads him to use deception and force.
Remains unchanged, successfully carrying out his abduction of Europa.
Cunning, deceptive, powerful, lustful, playful (in his disguise).
Locations
Palace of the Sun (Phaeton's Ascent)
An elevated palace with towering columns, gleaming with gold and carbuncles. The ceiling is polished ivory, and the doors shine with silver. The craftsmanship by Vulcan depicts the seas, the earth, and the sky. The sea features Triton, Proteus, Aegaeon with whales, and Doris with her daughters. The earth shows men, cities, forests, beasts, rivers, Nymphs, and field Deities. Above all, the sky's brilliant sphere displays the twelve signs of the Zodiac, six on the right door and six on the left. Inside, Phoebus sits on a throne of shining emeralds, dressed in purple, flanked by personifications of Days, Months, Years, Centuries, and Hours. Spring is crowned with flowers, Summer is naked with a crown of wheat, Autumn is stained from treading grapes, and bristly Winter has silver hair.
Mood: Awe-inspiring, majestic, divine, overwhelming in its splendor and power.
Phaeton arrives to claim his parentage and requests to drive the Sun's chariot.
Aglaura's Chamber / Cecrops' Daughter's Room
The private room of Cecrops' daughter, Aglaura. It is a place where she experiences intense emotional torment due to Envy's poison, consumed by jealousy over her sister Herse's happiness and the beautiful god Mercury. The atmosphere is one of internal suffering and slow decay.
Mood: Suffocating, melancholic, poisoned, desolate.
Envy poisons Aglaura's heart, leading to her slow transformation into stone as she tries to block Mercury.
Sidonian Seashore
A royal cattle herd grazes on the mountains near the seashore of Sidonia. The beach is a place where Europa, daughter of King Agenor, and other Phoenician maidens customarily amuse themselves. The sand is refulgent, and the grass is green. The sea is calm, with waves that carry Jupiter (in bull form) and Europa away.
Mood: Idyllic, playful, serene, but with an underlying sense of impending wonder and abduction.
Jupiter, disguised as a bull, abducts Europa from the shore and carries her across the sea.