LIBRO TERCERO
by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4)
Adapted Version
Once upon a time, a brave boy named Cadmus had a very important job.
Cadmus was a brave boy. His father was a king. Cadmus had a sister. Her name was Europa. Europa went away. The king was sad. He asked Cadmus for help. "Find your sister," the king said. "Bring Europa home." Cadmus loved his sister. He said, "Yes, I will find her." Cadmus left his home. He went to look for Europa. It was a big job. Cadmus walked for many days. He looked in many places. But he did not find Europa. Europa was far away. Cadmus felt a little sad. He still wanted to help.
Cadmus did not know where to go. He needed help. Cadmus went to a wise place. A wise person lived there. Cadmus asked the wise person, "What can I do?" The wise person gave him a plan. "You will see a cow," the wise person said. "This cow is special. No one has ridden this cow. No one has used this cow for work. Follow this cow. It will walk slowly. It will stop in a special place. Build your new home there."
Cadmus thanked the wise person. He found the special cow. Cadmus had friends with him. They followed the cow. The cow walked slowly. It walked for a long time. The friends were thirsty. They needed water. Some friends went to find water. They went to a spring. A big, scary dragon lived there. The dragon was angry. It made loud sounds. Cadmus heard the sounds. He knew his friends needed help.
Cadmus ran to the spring. He was very brave. He saw the big dragon. Cadmus fought the dragon. The dragon did not like Cadmus. The dragon went away. It flew far away. Cadmus was safe. His friends were safe. A kind helper came to Cadmus. "Plant these magic seeds," the helper said. Cadmus planted the seeds. Little people grew from the seeds. They were strong. They were kind. They wanted to help Cadmus.
Cadmus and the little people worked together. They built a new city. It was a happy city. They called it Thebes. Cadmus lived in Thebes. He was happy there. He did not find Europa. But he made a new home.
Many years passed. A wise man lived in Thebes. His name was Tiresias. Tiresias saw a boy named Narcissus. Narcissus was very handsome. Tiresias said, "Narcissus must be kind to others. He must not only love himself."
A girl named Echo liked Narcissus. She wanted to talk to him. But Narcissus did not see Echo. He only looked at himself. Echo became very quiet. She was sad. She went away. Only her soft voice stayed. It repeated sounds in the air.
Narcissus went to a clear pond. He saw his face in the water. He loved his face. He loved it so much. He stayed by the water. He did not play with friends. He did not eat food. He just looked at his face. He looked and looked. Then, a magic change happened. Narcissus became a beautiful flower. It grew by the water. The flower still looked at its reflection.
Later, King Pentheus ruled Thebes. He was Cadmus's grandson. King Pentheus did not listen to wise Tiresias. He did not like Bacchus. Bacchus was a happy god. Bacchus liked music. Bacchus liked dancing. King Pentheus said, "No music! No dancing!"
King Pentheus put a man in jail. His name was Acetes. Acetes liked Bacchus. Acetes told a story in jail. "Some naughty sailors were mean to Bacchus," Acetes said. "Bacchus made them turn into happy dolphins! They swam in the blue sea."
But magic happened! Acetes's chains fell off. The jail door opened. Acetes was free! King Pentheus was still angry. He did not believe in Bacchus's magic.
King Pentheus wanted to see Bacchus. He went to the forest. He saw Bacchus there. Bacchus was with his friends. They were singing. They were dancing. They were very happy.
Bacchus saw King Pentheus. Bacchus made magic music. The music was so happy! King Pentheus felt happy too. He saw Bacchus was a kind god. King Pentheus learned a lesson. He learned to listen to wise people. He learned to be kind. He learned to let people be happy.
Original Story
LIBRO TERCERO.
ARGUMENTO.
Agenor manda á Cadmo buscar á su hija; ocupado en buscarla, le sucede que quita la vida á sus compañeros el dragon de Marte, á quien él mató despues, y de sus dientes naciéron algunos hombres, con cuya compañía edificó á Tebas. Tuvo este hombre primeramente la sensible desgracia de ver despedazado á su nieto Acteon por sus propios perros, lo que le ocasionó Juno por el aborrecimiento que tenia á Semele; por cuya causa, acercándose á ella baxo la figura de Beroe, su ama de cria, la aconsejó simuladamente su muerte. Poco despues, disputando Júpiter y Juno qual de los dos sexôs participaba mas de las delicias de Vénus, eligiéron por juez á Tiresias, que habia probado de ámbos. Se vió este privado de la vista, por haber dado la sentencia contra Juno; pero Júpiter le dió la ciencia de adivinar. El primero en quien se viéron realizados sus vaticinios fué en Narciso; pues despues de haber despreciado á todas las muchachas, y entre éstas á Eco, que por la impaciencia de su amor se convirtió en voz, se mudó en flor, consumido por el amor de sí mismo. Sin embargo de esto, Pentéo se reía de este adivino, aunque le habia pronosticado cosas verdaderas; porque quando se celebraban las Orgias de Baco, puso en prision á cierto criado que asistia á los sacrificios de este Dios, despues que supo de él que unos marineros se habian convertido en peces. Últimamente Pentéo fué despedazado por las Bacantes, cosa que grangeó á Tiresias una fama inmortal.
(39) Agenor manda á Cadmo vaya á buscar á su hermana Europa robada por Júpiter.
FÁBULA PRIMERA.
CADMO VA Á BUSCAR Á EUROPA.
Volvióse Júpiter á su antigua figura, deponiendo la forma de toro; y habiendo arribado á la isla de Creta, se habia dado á conocer á Europa. Á este tiempo Agenor, padre sensible é inhumano en un mismo hecho, manda, ignorante del hurto, buscarla á su hijo Cadmo, desterrándole para siempre del suelo patrio si no le devuelve la hija. Despues de haber discurrido Cadmo inútilmente por todo el mundo en busca de su perdida hermana (porque ¿quién será capaz de descubrir los hurtos de Júpiter?) evitó con un destierro voluntario los efectos de la cólera de su padre. Prófugo, y en tierra extraña, ruega al oráculo de Apolo le diga en qué pais podrá fixar su domicilio: „Hallarás, le responde Febo, en los solitarios campos una becerra, que nunca ha experimentado el yugo al cuello, ni tirado el arado; sigue sus pasos, y en el pasto que se pare funda una ciudad, á que llamarás Beocia.” Apénas Cadmo habia salido de la cueva de Apolo, quando vió una novilla, de nadie custodiada, y que caminaba á paso lento: ninguna señal de yugo tenia en su cerviz, y reconociendo á Febo por protector de su viage, la va siguiendo poco á poco. Habia ya atravesado el rio Céfiso y los campos de Panopea, quando se para de repente la becerra, y levantando la cabeza al cielo, llena el ayre de bramidos; pero despues que vió á Cadmo y sus compañeros venir tras sí, se echó en un prado muy hermoso. Cadmo da gracias á Apolo por tan feliz presagio, besa la tierra, saluda á los montes y campos, y queriendo hacer un sacrificio á Júpiter, envia á sus compañeros á buscar agua de fuente perennal para el efecto.
(40) Cadmo da muerte al Dragon que despedazó á sus Compañeros cerca de la fuente.
FÁBULA II.
LOS COMPAÑEROS DE CADMO DEVORADOS POR UN DRAGON.
Habia en las inmediaciones de aquel sitio una antigua selva no tocada del hierro, y en medio de ella una cueva cercada de zarzas y mimbres muy espesos, cuya entrada formaba un humilde arco de piedra, pero muy abundante de agua. Habitaba en medio de estas ondas el dragon de Marte, monstruo horrible, cuya cabeza cubierta de escamas amarillas brillaba como el oro: centelleaban sus inflamados ojos: su cuerpo parecia estar hinchado de veneno: tenia en la boca tres órdenes de dientes en extremo agudos, y tres lenguas, que meneaba con una rapidez increible.
Entráron los compañeros de Cadmo en aquella triste mansion, y metiéron las vasijas en el agua: despierta con el ruido el cerúleo dragon, y sacando la cabeza de la cueva, da grandes y horribles silbidos. Dexan caer los cántaros de las manos, hiélaseles la sangre, y un temor repentino ocupa sus yertos miembros. El dragon se torcia y enroscaba con flexibles nudos, y con los saltos que daba se encorvaba á modo de un arco, y lanzando al ayre la mitad de su cuerpo, registraba el bosque por todas partes. Su cuerpo era de tanta magnitud, quanta, si se echan bien las cuentas, ocupa el dragon que hay entre las dos Osas.[183] Se arroja sin detenerse sobre los desgraciados Fenicios, que ó ya se le preparaban á la defensa ó á la fuga, si bien el miedo de que estaban poseidos no les dexaba hacer ni lo uno ni lo otro: á estos despedaza á bocados, á aquellos con los golpes de su cola, y á otros quita la vida empozoñándoles con su veneno, sin que pudiese escapar ninguno. Poca sombra hacia ya el sol,[184] quando Cadmo, maravillado de la tardanza de sus compañeros, va á buscarlos siguiendo sus huellas. Se arma de una piel de leon, lanza y dardo, que eran sus armas ordinarias; pero lleva consigo su valor, superior á toda arma. Entró en el bosque, y luego que vió aquel espantoso dragon sobre los cuerpos de sus fieles compañeros lamiendo su sangre y heridas: „Cadáveres de mis amigos, les dice, ó yo os he de vengar, ó he de morir aquí con vosotros.” Apénas dixo esto, quando toma una gran piedra, y la arroja con tanta impetuosidad sobre el monstruo, que bastára á derribar las murallas y torres mas fuertes; pero quedó sin herida la serpiente, que defendida con las escamas, como con una cota de malla, y de la dureza de la piel, rechazaba con ella los golpes mas fuertes; mas no pudo su dureza resistir el dardo que le clavó en el espinazo, y que penetró hasta las entrañas. Embravecido el Dragon con el dolor, retuerce la cerviz sobre su espalda, mira la herida, muerde de rabia la lanza que tenia clavada, y se esfuerza á arrancarla; pero solo saca una parte, y el hierro queda en su cuerpo. La reciente herida aumentaba mas su saña natural; las venas de su garganta se hinchan con el veneno que corre en abundancia por ellas; sale de su emponzoñada boca una espuma blanquecina; resuena la tierra con el ruido de sus escamas, y se inficiona el ayre con el aliento que exhalaba. Ya se enrosca con mil vueltas y revueltas: ya extendiéndose se pone mas derecho que una viga; y ya como un rio, engrosado con los continuos aguaceros, cae con impetuosidad derribando los árboles que encuentra. Descansa Cadmo por un rato, sostiene sus ataques con la piel del leon, é impide se le acerque, presentándole la punta de su lanza. Este movimiento redobla la rabia del monstruo; emplea en vano sus crueles mordeduras sobre el hierro, y clava su boca en la punta: inmediatamente empieza á salirle una sangre venenosa que tiñe la tierra; pero aun era muy ligera la herida, pues retirándose y revolviéndose de diversos modos, impedia que le penetrase mas la lanza que tenia clavada en su boca; pero Cadmo, estrechándole cada vez mas, le sigue con mucho valor, hasta que detenido el monstruo por una gruesa encina, fué su fuerza tanta, que le cosió la cerviz en el árbol: encorvóse este, y sintió su tronco ser mil veces azotado con la punta de la cola. Consideraba el héroe la corpulencia enorme de la serpiente que acababa de vencer, quando oye una voz, y sin saber de donde, que le decia: „Hijo de Agenor ¿por qué contemplas así esa serpiente? Pronto te verán baxo la misma figura.” Quedó espantado por algun tiempo; pierde el color y voz, y sus cabellos se erizan. Pero su protectora Palas desciende repentinamente del Olimpo á consolarle, y le manda sembrar los dientes del dragon, asegurándole que naceria de ellos un nuevo pueblo. La obedece Cadmo; descubre el surco con el arado, y esparce en la tierra los dientes, como se le habia mandado, y que eran semillas de hombres. Algun tiempo despues (parece cosa increible) los terrones empiezan á moverse, y aparecen primero sobre la tierra puntas de lanzas, despues almetes adornados de plumas, y seguidamente las espaldas, los pechos y brazos armados de aquellos nuevos hombres: en fin, vió crecer insensiblemente esta extraña cosecha de combatientes. Del mismo modo van saliendo las figuras de una decoracion, que se desplega en un teatro; pues al principio aparecen las cabezas, despues el resto del cuerpo, y por último los pies que tocan en tierra. Espantado Cadmo á la vista de los nuevos enemigos, toma sus armas para defenderse; pero uno de aquellos nuevamente nacidos, sosiégate le dice, y no tomes partido en una guerra civil. Al acabar de oirse estas palabras, atraviesa con una espada á uno de sus hermanos: y él mismo es herido y muerto por un dardo que otro le tira; pero el que le mató no le sobrevivió mucho tiempo; perdió luego una vida que acababa de recibir. Un furor igual empezó entónces á animar toda la tropa, y los desgraciados hermanos se mataron unos á otros, manchando con su sangre la tierra que los habia formado: solo cinco de ellos quedáron con vida. El uno, que decian Equion, dexó las armas por mandado de Palas, y metió paz entre sus hermanos, prometiéndose una mutua fidelidad; y Cadmo los tuvo por compañeros en la construccion de la ciudad, que el oráculo de Apolo le habia mandado fabricar.
Estaba ya edificada la ciudad de Tebas: tu destierro, Cadmo, era el orígen de tu felicidad: tenias por suegros á Marte y Vénus: y ademas de un enlace tan ilustre, tu esposa te habia dado muchos hijos é hijas; y á tu vista florecian tus nietos, todos muy amadas prendas; pero es preciso esperar el último dia de la vida del hombre para juzgar de su felicidad; porque hasta el fin nadie es dichoso.
(41) Bañándose Diana con sus Ninfas la ve Acteon á quien transforma en Ciervo.
FÁBULA III.
DIANA EN EL BAÑO.
En el mismo seno de la felicidad tu nieto Cadmo, convertido en ciervo, y devorado por sus propios perros, fué la primera causa de tus desgracias: mas el motivo de esta triste aventura, si se indaga, se ha de atribuir al acaso, y no á ningun delito personal; porque ¿qué crímen puede causar un error? Habia matado muchas fieras en el monte Citeron; y el sol estaba en medio de su carrera, quando llama á sus compañeros, que aun corrian por medio del bosque, y les dice: „Nuestras redes y dardos estan teñidos de la sangre de los muchos animales que hemos cazado; debemos estar contentos con la caza que tenemos: mañana, quando la aurora se asome por el oriente, repetirémos nuestro exercicio. Febo está á igual distancia de oriente y de occidente;[185] sus calores hienden la tierra; dexad el trabajo; recoged las nudosas redes.”
Sus compañeros le obedecen, y dexan el trabajo. Habia cerca de allí un valle con el nombre de Gargafie: lugar poblado de pinos y cipreses, y consagrado á Diana. Ocultaba en lo interior una cueva sombría y obscura, que aunque formada por sola la naturaleza, se podia tener fácilmente por obra del arte. Veíase en ella un nativo arco de rocallas y piedras pomez, á cuya derecha corria con apacible murmullo una fuente de agua clara entre las dos orillas cubiertas de yerbas. Á este agradable arroyo venia á bañarse la Diosa de los bosques quando se hallaba fatigada del exercicio de la caza. Aquel dia, inmediatamente que llega allí, da á una de sus Ninfas las flechas, arco y aljaba: otra la desnuda: dos de ellas la descalzan, miéntras que Crocale, hija del rio Ismeno, que era la mas diestra, la ataba el cabello, que estaba destrenzado por su espalda, aunque tambien ella le tenia desatado. Niféa, Hiale, Ranis, Pseca y Fiale sacaban agua en los vasos, y bañaban á su Señora. Á este tiempo Acteon, que despues de haber interrumpido su caza andaba sin cautela por aquel monte, llega guiado por su mala ventura al lugar en donde se bañaba la Diosa: apénas se acercó á la fuente, quando las Ninfas, viéndose desnudas á la vista de un hombre, hinchen de clamores todo el bosque, se hieren sus pechos, y se ponen á la redonda de Diana para ocultarla; pero sobresalia la cabeza de la Diosa, que les excedia en la estatura. Qual suelen parecer las nubes quando el sol las hiere con sus rayos, ó la rosada aurora despues de ocultarse las estrellas, tal pareció el rostro de Diana al verse desnuda en presencia de un hombre. Aunque estaba rodeada de sus Ninfas, no dexó de apartar su vista y ocultar su hermoso rostro. Y así como hubiera lanzado contra él sus flechas á haberlas tenido, del mismo modo se sirve de las aguas, y arrojándolas á la cara de Acteon, pronuncia estas palabras, funesto presagio de su desgracia: „Ahora, si eres hombre, di que has visto bañarse á Diana; y cerró sus labios.”
FÁBULA IV.
ACTEON TRANSFORMADO EN CIERVO.
En el mismo momento la cabeza de Acteon se cubre de astas de ciervo, su cuello y orejas se aumentan, sus manos se truecan en pies, los brazos en piernas largas y delgadas, y todo su cuerpo se cubre de un manchado pelo. Se llena de pavor; huye este héroe, y tan ligero, que se causa admiracion á sí mismo. Luego que vió su figura y cuernos en la sombra de un arroyo, ¡ah, que desgraciado soy! hubiera querido decir; pero le faltaba ya la voz; y en su defecto los suspiros y lágrimas, que corrian por agenas mexillas, declaraban toda su pena, porque conservaba aun su conocimiento: confuso, no sabe qué hacer, si emboscarse en la selva, ó volverse al palacio de su padre: el pudor le impide aquello; y esto el temor; y en medio de esta duda le descubren sus perros.
(42) Acteon transformado en Ciervo es despedazado por sus perros.
Melampo, excelente perro de Creta, y el Espartano Icnobates, diéron señales por sus ladridos, que estaban sobre la senda; los demas los siguiéron con una velocidad, que igualaba á la del viento; Panfago, Dorcéo, Oribaso, naturales de Arcadia, el valiente Nebrofono, Teron, tan furioso como Lelape, el ligero Peterelao, Agre, que tenia una delicada nariz, Hiléo, que poco tiempo ántes habia sido herido con la dentellada de un jabalí, Nape, hija de un lobo verdadero, Poemenis, que en otro tiempo guardaba ganados, Harpia con sus dos hijos, Ladon, excelente perro agalgado de Sicion, Dromas, Canacho, Sticte, Tigre, Alce, el blanco Leucon, el negro Asboló, Lacon, el mas fuerte, y Aëlo, el mas ligero de toda la turba, Thoo, Licisce con Ciprio su hermano, el negro Harpalos, que tenia una señal blanca en la frente, Melanéo, Lachne con el pelo erizado, Labros y Agriodos, cuyo padre fué traido de Creta y la madre de Laconia, Hilactor, gran ladrador, con otros muchos que seria molesto nombrar; y todos, con deseos de coger la presa, le siguen con ardor, atravesando montes, rocas, y aun lugares inaccesibles donde no habia ninguna señal de camino. El desgraciado Acteon huye de sus canes por los mismos parages en que tantas veces habia cazado. ¡Ah! ¡el amo huye de sus criados! Quisiera hablar y decirles: yo soy Acteon; reconoced vuestro amo; pero su mala suerte ya le habia privado del uso de las palabras para poderse explicar. Entre tanto resuena el ayre por todas partes con los ladridos de los perros. Melanchete fué el primero que le mordió en la espalda, Therodamas le hirió casi en el mismo sitio, y Oresitrofo en los riñones; estos tres perros, aunque habian salido los últimos, llegáron primero que los demas, porque atajáron por las montañas. Despues que le detuviéron, toda la turba se echó sobre él, y fué tan maltratado, que no quedaba ya en su cuerpo parte alguna en que pudiesen hacerle nuevas heridas. Acteon gime, y hace que se escuche una especie de voz ménos articulada á la verdad, que la de un hombre, pero mas distinta que la de un ciervo. Las cercanas montañas, donde tantas veces habia cazado, resonaban con sus gritos y quejas; inclina las rodillas, y como queriendo pedir la vida á sus compañeros, les mira tristemente, no pudiendo tenderles los brazos: mas ellos azuzan á los perros contra su amo, que en vano buscan y llaman, como si estuviese muy distante. Al oirse nombrar, levanta el miserable la cabeza: ellos sienten amargamente no verle, y que no asista al espectáculo de la presa: él quisiera ciertamente hallarse ausente: quisiera asistir al espectáculo; pero no ser él mismo la víctima. Rodéanle todos sus perros, y aplicando los hocicos despedazáron á su amo baxo la figura de ciervo; pero no se sació la ira de Diana, aunque terminó su vida acribillado de innumerables heridas.
FÁBULA V.
JÚPITER Y SEMELE.
Opináron con variedad los Dioses de la accion de Diana: á unos parecia demasiado cruel: á otros justa y digna de una Diosa severamente casta: cada uno apoyaba su opinion con buenas razones. Sola Juno ni aprueba ni vitupera la accion, como que tenia complacencia en qualquiera desgracia acaecida á la familia de Cadmo. El odio que tenia á Europa, la hacia aborrecer toda su prosperidad. Una nueva causa de zelos acababa de aumentar su desesperacion contra esta familia. Viendo, á pesar suyo, que Semele estaba preñada de su marido, desata su lengua en oprobios: „¿Qué me aprovecha, dice, reñir tan sin fruto con mi esposo? Á ella en derechura dirigiré mis tiros; morirá, si es que verdaderamente soy llamada la gran Juno: si me es propio empuñar el precioso cetro, si soy Reyna, hermana y muger de Júpiter, á lo ménos sé que soy hermana. ¿Pero acaso esta belleza se habrá ocupado en una simple galantería, sin haber deshonrado mi lecho?
(43) Júpiter desciende con toda su magestad al palacio de Semele y su resplandor le incendia.
No, hállase preñada, y solo me faltaba este agravio: el estado en que se halla prueba hasta la evidencia su delito; ella quiere tener hijos de Júpiter, cosa que á mí sola no ha cabido mas que una vez; ¡tanta es la vanidad de su hermosura! pero esta misma ha de acarrear su ruina, porque no he de ser hija de Saturno, si el rayo de su amante no la precipita de cabeza en el Tártaro.” Despues que la Diosa acabó de hablar, levántase de su trono, y desciende al palacio de Semele cubierta de una nube, y no salió de ella, sino despues de haberse dexado ver en la forma de una vieja. Cúbrese la cabeza de canas, arrúgase la cara, camina con paso vacilante, y habla con voz cascada: en fin, se transforma en la misma Beroe, nodriza de Semele. Despues que habláron cosas indiferentes, enderezó Juno de tal modo la conversacion, que hizo recayese sobre Júpiter, y suspirando: „¡Oxalá, dice, que sea el mismo Júpiter el que te ama! Pero yo temo lo contrario: ¡quantas mugeres han sido engañadas por simples mortales que tomaban el nombre de algun Dios! Pero no basta que él diga que es Júpiter, es menester que te dé pruebas seguras de su amor, y si es el verdadero, ruégale, que te reciba en sus brazos como le recibe Juno; y que tome, para asegurarte, todas las insignias de su grandeza.” Persuadida la hija de Cadmo por este discurso, cuyas miras no alcanzaba, pidió á Júpiter una gracia sin decirle qual era. „Puedes pedir, la responde, todo lo que quieras, segura de que nada te negaré, y para que mas lo creas lo juro por la Estigia, Dios tan temible para todos los demas, de quienes es el Soberano.” Alegre Semele con el mal, confiada de su poder, é ignorando que habia de ser su ruina el obsequio de su amante: „Quando vengas á verme, le dice, preséntate con la misma magestad que te enlazas con Juno en calidad de esposo.” Quiso el Dios cerrarla la boca, para impedirla acabar su demanda; pero la voz precipitada ya habia subido por los ayres.[186] Suspiró profundamente; pero ya ni podia evitar la peticion de Semele, ni el desdecirse él del juramento que le habia hecho. Sube, pues, al cielo lleno de tristeza: junta los nublados, la lluvia, los truenos, los relámpagos y los rayos, cuyos tiros siempre son certeros.
(44) Júpiter da á luz á Baco. Ino le cría en secreto y lo confía á las Ninfas de Nisa.
FÁBULA VI.
NACIMIENTO DE BACO.
Procuró Júpiter quanto pudo enervar la fuerza de los formidables rayos: no quiso tomar de aquellos con que quitó la vida á Tifon el de cien manos, por parecerle demasiado terribles: hay otros rayos mas leves, que fabrican los Cíclopes, y que tienen ménos ardor, ménos fuego, y ménos actividad; á estos llaman los Dioses rayos de segunda especie. Toma de estos, y baxa con toda su magestad al palacio de Semele. No pudo sufrir un mortal cuerpo el aparato acelerado del cielo, y así es que fué abrasado con los conyugales dones.[187] Estaba preñada Semele, y Júpiter sacó el imperfecto niño del vientre de su madre; y, aunque parece cosa increible, le introduxo en su muslo, donde cumplió el tiempo que le faltaba de su madre:[188] su tia Ino[189] le recibió secretamente en la primera cuna, y despues le entregó á las Ninfas Niseidas para que le ocultasen en sus cuevas, y en ellas le alimentáron con leche.
Miéntras sucedia esto en la tierra, por el fatal destino que arregla todos los sucesos, y estaba segura ya la vida del dos veces nacido Baco,[190] dicen que habiendo bien bebido un dia Júpiter, y dexado los graves cuidados que le ocupaban, se divertia con Juno, estando ociosa y de buen humor, y entre otras cosas la dixo: „Yo me inclino á creer que las mugeres tienen mas placer que los hombres en el comercio del amor.” Juno le respondió que no era de su opinion; y para determinar esta contienda, concertáron que la juzgase el sabio y justo Tiresias, que habia gustado de los placeres del amor baxo los dos sexôs; porque hallando cierto dia en un bosque dos serpientes que estaban engendrando, las hirió con su báculo, y al momento (¡cosa admirable!) fué transformado en muger, y vivió siete años con vida tan penosa. Al octavo, volviendo á encontrar estas mismas dos serpientes, asimismo ligadas y juntas, si es tanto el poder de vuestra herida, dixo, que á quien os hiere dais contrario sexô, os heriré tambien ahora. Apénas lo habia executado, quando adquiere la primera forma y figura con que habia nacido. Nombrado este por juez en una causa jocosa, confirma el parecer de Júpiter. Sentida Juno mas de lo justo, y de lo que la cosa merecia, castigó al juez, privándole para siempre de la vista; pero Júpiter por esta pérdida (porque un Dios no puede deshacer lo que otro ha hecho) le concedió el don de conocer lo futuro, compensando de este modo el daño que Juno le habia originado.
Tiresias se habia ya hecho célebre en toda la Beocia por los infalibles oráculos que daba á los pueblos que iban á consultarle. La cerúlea Liriope fué la primera que experimentó la certeza de sus respuestas. Enamorado de ella el rio Céfiso, la encerró un dia en sus ondas; la forzó, y la hizo madre de un niño tan hermoso, que desde entónces podia ya ser amado de las Ninfas. Narciso le pusiéron por nombre. Habiendo ido su madre á consultar á Tiresias sobre el destino de este niño, le preguntó si llegaria á una edad avanzada: „Sí, la responde el adivino, con tal que no contemple su hermosura, viéndose á sí mismo.” La respuesta fué tenida en mucho tiempo por vana; mas el suceso, el modo con que Narciso perdió la vida, y la singularidad de su pasion, la hiciéron ser creida. Habia llegado ya á la edad de diez y seis años, y podia pasar por muchacho y jóven[191] á un mismo tiempo. Muchos jóvenes, muchas doncellas le solicitáron; pero su hermosura le hizo tan altanero y orgulloso, que no permitió tocarse ni de unos ni de otros.
(45) La Ninfa Eco, procurando divertir á Juno para engañarla, es convertida en voz.
FÁBULA VII.
ECO TRANSFORMADA EN VOZ.
Vió á Narciso, obligando á los ciervos á dar en las opuestas redes, Eco, Ninfa vocinglera, que ni podia callar, quando otro hablaba, ni hablar la primera. Todavía era cuerpo Eco y no solo voz:[192] aunque capaz de hablar, no tenia otro uso su voz que el que ahora tiene, y es repetir las últimas silabas de las palabras. De este modo la habia castigado Juno, porque quando esta Diosa queria sorprehender á Júpiter en los montes con alguna de las Ninfas, Eco la detenia con agradables discursos hasta que estas se retiraban. Conociendo la hija de Saturno el engaño: „yo haré, dice, que tenga corta potestad esa lengua de que abusas para engañarme, y el uso de tu voz sea muy limitado.” Siguióse la execucion á la amenaza; y Eco, desde este tiempo, no podia articular sino los últimos acentos de las palabras que oía. Luego, pues, vuelvo á decir, que vió por las inaccesibles selvas á Narciso, y se vió cautiva de su hermosura, rastrea ocultamente sus pasos, y quanto mas le sigue, tanto mas se acrecienta la llama en que se abrasa, del mismo modo que arden las extremidades de las teas untadas con azufre activo. ¡Ó quantas veces quiso llegarse á él con cariñosas palabras, manifestarle su amor, y aun rogarle! pero lo repugna su naturaleza, no la concede empezar, y solo le permite que se disponga á repetir las últimas palabras que escucha. Separado por ventura el jóven de la muchedumbre de sus fieles compañeros, ¿quién está aquí? dixo; y está aquí, respondió Eco. Se pasma, y mirando á todas partes, llégate, clama con el mayor esfuerzo: y ella llama á quien la llama:[193] vuelve á mirar con mas atencion, y como no se acercaba nadie, ¿por qué huyes de mí, dice? y oye repetir las mismas palabras. Se para, y engañado de aquella voz articulada alternativamente: juntémonos aquí, dice, y como á nada podia responder Eco mas gustosa, juntémonos, le responde. Comprueba con los hechos sus palabras; y saliendo de las selvas con la ansia de echar los brazos al deseado cuello, huye él impidiendo así los brazos, diciéndola: apártate de mí, que estoy dispuesto á morir ántes de reducirme á ser tuyo: nada le responde ella, sino ser tuya. Se oculta vergonzosa entre las selvas, y desde entónces, cubriendo su ruboroso rostro de hojas, habita solo en las cavernas, conservando sin embargo su amor, que se aumenta con el sentimiento de verse repudiada. Los vigilantes cuidados tienen extenuado su cuerpo miserable, la flaqueza arruga su piel, y toda la sangre de su cuerpo se convierte en ayre; no quedó de ella otra cosa sino la voz y los huesos; pero solo la voz se conserva, porque los huesos fuéron trocados en piedras. Desde este tiempo se esconde entre las selvas; pero no se dexa ver en monte alguno: todos la oyen, porque solo el sonido vive en ella.
Se burló Narciso de aquella infeliz, del mismo modo que se habia burlado de otras Ninfas, ya de los rios, ya de los montes, é igual befa habia hecho de muchos hombres quando era muchacho. Hubo alguno, que resentido de los desprecios y arrogancia de este jóven, ¡oxalá, dice, levantando las manos al cielo, que él ame sin ser correspondido de su amada! Oyó su justa peticion la Diosa Nemesis.[194] En un apacible valle habia una fuente, á cuyas aguas, tan claras como la plata, jamas habian tocado los pastores ni ganados. Ninguna ave, ninguna fiera, ningun ramo caido de los árboles la habian enturbiado. Estaba revestido de yerba, á la que conservaba fresca el agua inmediata, y la densidad de la selva no permitia que el Sol calentara con sus rayos aquel sitio.
(46) Narciso se ve en una Fuente y se enamora de sí mismo.
FÁBULA VIII.
NARCISO TRANSFORMADO EN FLOR.
Cansado Narciso de la caza, y fatigado del ardor del Sol, se reclinó al pie de aquella fuente atraido de la amenidad y hermosura del sitio; pero intentando aplacar su sed en las cristalinas aguas, le sobreviene otra de nuevo.[195] Porque transportado, al beber, de la imágen de una hermosura[196] que veia retratada en ellas, ama una esperanza sin efecto, teniendo por verdadero cuerpo lo que era una sola ilusion. Su misma hermosura suspende á Narciso; se queda inmoble, sin alterársele el semblante, como una estatua hecha de mármol de Paros. Contempla, tendido, sus dos ojos, que parecian estrellas, sus dedos dignos de Baco, y sus cabellos merecedores de Apolo, sus impúberes mexillas, aquel cuello, que parecia de marfil, la delicadeza de su boca, y el carmin que cubria á su candor extremado. Se admira de quanto en él es admirable. Asimismo se desea imprudente, y es alabado el mismo que alaba: quando desea, es de sí propio deseado; y á un mismo tiempo despide fuego, y se abrasa. ¡Quantas veces besó inútilmente la engañada fuente! ¡y quantas, lanzando los brazos en el agua, para asirse al cuello que veia, no se encontraba á sí mismo! No conoce lo que está viendo; pero con su vista se abrasa, y el error que seduce sus ojos enciende mas su pasion. ¿Para qué procuras, crédulo,[197] unas fugaces sombras? En ninguna parte está el ídolo de tu deseo. Retírate de esa fatal fuente, y perderás lo que amas. Lo que ves, es solo una sombra que reflexa en el agua. Nada tiene suyo, tú llevas, y en tí permanece todo su encanto; y se separará contigo, si es que puedes de aquí separarte. Pero ni la necesidad de comer, ni el cuidado del descanso le pueden arrancar de allí, ántes tendido en la umbrosa yerba, contempla aquella falaz figura, sin poder dar satisfaccion á su vista. Sus mismos ojos causan su ruina, y se incorpora un poco, tendiendo sus brazos á las selvas inmediatas: „¿Quién, selvas, exclama, ha amado con mas crueldad? Bien sabeis, y yo sé, que muchos os fiáron sus secretos; ¿pero os acordais en los largos años que teneis, haber visto á un amante, que como yo se haya consumido? Me lisonjeo con ver el objeto de mi pasion; pero quando me agrada y le veo no puedo tocarle: ¡qué error tan grande está apoderado de este miserable amante! y para mi mayor tormento, ni el vasto mar, ni un dilatado camino, ó una ciudad cercada de murallas, nos separa; la simple superficie del agua prohibe nuestra union. Él mismo desea enlazarse conmigo, pues quantas veces dí ósculos á las líquidas aguas, otras tantas quiso besarme. Es tan corta la distancia que prohibe nuestra union, que puede creerse que podemos tocarnos; y tú jóven, qualquiera que seas, sal; ¿por qué, pues, eres el único que me burlas? ¿Adónde huyes quando te llamo? Mi edad ni mi hermosura no es para que me desprecies: hasta las mismas Ninfas me amáron. No sé qué esperanza me promete tu amigable semblante. Quando yo te alargo mis brazos, me correspondes voluntariamente: ries quando yo me rio: tambien fui testigo de tus lágrimas, quando yo las derramaba: apruebas las señales de afecto que te hago devolviéndomelas; y á lo que advierto, por el movimiento mismo de tus delicados labios, despides palabras que no llegan á mis oidos. Ya conozco que yo soy á quien amo; no me engaña mi imágen. Me abraso en amor de mí mismo: yo alimento y sufro esta llama. ¿Qué haré? ¿seré suplicado, ó rogaré? Pero ¿qué pediré? En mí está lo que anhelo. En medio de la abundancia soy miserable. Oxalá pudiera yo separarme de mi propio cuerpo: quisiera que estuviese léjos de mi lo que amo; deseo pocas veces visto en un amante. El dolor ya me debilita las fuerzas; no me queda mucho tiempo de vida, y voy á morir en la flor de mi edad. Pero no me es sensible la muerte, puesto que han de terminar con ella todas mis penas; quisiera sí, que viviese largo tiempo mi amado: mas ¡ay! que ahora morirémos en un alma con unos mismos deseos.” Dixo esto, y casi demente vuelve á mirar la misma imágen: con el llanto enturbia las aguas, y con su turbacion desapareció aquella hermosura. „¿Adónde huyes? clama, luego que se habia ocultado: vuelve, y no desampares cruel á un amante: permítaseme verte, ya que no tocarte, dando de este modo pábulo á un furor miserable.”[198] Rasga sus vestidos de alto abaxo con la vehemencia del dolor, y hiere su desnudo pecho con aquellas blancas manos, poniéndole colorado con los golpes, y con el mismo color que tienen las manzanas, quando de un lado estan blancas, y del otro rubicundas, ó el que suele tener la uva en varios racimos quando todavía no ha acabado de madurar: luego que el infeliz vió así su pecho en el agua ya serenada, no pudo resistir mas; y así como suele derretirse la roxa cera con lento fuego, y el rocío de la mañana con el calor del sol, del mismo modo se va ya consumiendo, extenuado con el amor, y acabándose el ardor que ocultaba su pecho. Habia perdido ya aquella blancura natural, el vigor y las fuerzas le faltan, y desaparece aquello que tanto encantaba con ser visto. Ya no exîste aquel cuerpo, que habia sido otro tiempo el objeto del amor de Eco, quien, aunque airada y resentida de sus desprecios, hizo gran sentimiento quando le vió; y quantas veces el miserable jóven ¡ay! exclamaba, otras tantas le correspondia con las mismas voces; y tambien hacia resonar movimientos de repercusion, quando él se golpeaba el pecho con sus manos. La última voz que despidió, mirando al agua como solia, fué: ¡ay, jóven en vano amado! y las mismas palabras repitió aquel lugar:[199] y diciendo vale; vale respondió Eco. Dexó caer su cansada cabeza sobre la verde yerba, y la muerte cerró aquellos ojos, que admiraban la hermosura de su Señor. Y aun en la laguna Estigia se contemplaba atentamente, luego que fué recibido en el Imperio de Pluton. Le lloráron las Nayades[200] sus hermanas, y le ofreciéron los cabellos que se habian cortado sobre su sepulcro. Lloráron tambien las Driadas,[201] y Eco corresponde á su llanto. Disponian ya la hoguera, la leña hecha rajas, y el féretro; pero en ninguna parte encuentran el cadáver, y en su lugar halláron una flor roxa, ceñida de unas hojas blancas.
(47) Baco llega triunfante á Grecia y resuenan los campos con el ruido de sus fiestas.
FÁBULA IX.
LAS FIESTAS DE BACO.
La noticia de este suceso hizo memorable á Tiresias en toda la Acaya, y fué causa de que cobrase mucha fama. Á pesar de esto le despreció Pentéo, hijo de Equion, el mayor despreciador de los Dioses, riyéndose de los pronósticos del viejo, y echándole en cara las tinieblas y su ceguedad: mas Tiresias, moviendo su cabeza ya llena de canas: „qué feliz fueras, le dice, si tú tambien te vieses privado de la vista, y no pudieses ver las fiestas de Baco. Llegará, pues, el dia (y sé que no está muy léjos) que anuncio, y en que un nuevo Baco,[202] hijo de Semele, se presentará aquí; y si no le honrares en los templos, te verás destrozado en mil parages, y contaminarás con tu sangre á las selvas, á tu madre y sus hermanas.[203] Vendrá; no le honrarás, y sentirás que haya yo visto tanto, sin embargo de estar cercado de tinieblas.” El hijo de Equion impide al buen viejo proseguir su discurso. Él corresponde á sus palabras, y tienen efecto los pronósticos del agorero. Preséntase Baco, y los campos resuenan con los alegres aullidos.[204] Corre la turba, y las madres y nueras mezcladas entre los varones, corren á unas fiestas desacostumbradas. „¿Qué furor, hijos de serpiente, descendientes de Marte, qué furor, dixo Pentéo, os hace dar en tantas locuras? ¿Qué? ¿tanto poder tienen los metales tocados con el metal? ¿Tanto la trompeta de cuerno corvo? ¿Tanto las artes mágicas? ¿Qué? ¿á quienes no ha intimidado la belígera espada, ni la trompeta, ni los esquadrones con relumbrantes armas puedan conmover unas voces afeminadas, el furor causado por el vino, una tropa de hombres llenos de torpeza, y unos inútiles tambores? Me admiraré de vosotros, ancianos, que venidos por largos mares desde Tiro fundasteis aquí vuestra ciudad, y colocasteis vuestros prófugos Dioses en esta tierra, al veros ahora dexaros sorprehender sin entrar en batalla.[205] ¡Ó de vosotros, jóvenes, á cuya edad mas robusta y próxîma á la mia convenia mas tomar las armas que los Tirsos,[206] cubrirse del morrion, y no de hojas! Recordad, por vida vuestra, qual es vuestra prosapia. Revestíos del aliento de aquella serpiente, que sola quitó á tantos hombres la vida.[207] Ella murió defendiendo su fuente y lago. Triunfad vosotros por vuestra fama: ella quitó la vida á unos hombres esforzados: venced vosotros á unos hombres entregados á la molicie. Conservad el honor que habeis adquirido de vuestros padres; y si los hados decretan el exterminio de Tebas, ¡no os tuviera mas cuenta que arruinasen nuestras murallas las militares máquinas y hombres aguerridos, y resonase el fuego y hierro por todas partes! pereceríamos infelices sin delito, y nuestra suerte seria digna de lástima, pero no de ocultarse: y podrian correr en tal caso nuestras lágrimas sin vergüenza. ¡Y que ahora se apodere de Tebas un jóven sin armas, que no se precia de guerras, ni de dardos, ni del manejo de caballos, sin otras insignias que el pelo rociado de mirra, coronas afeminadas, la púrpura y el oro entretexido en sus vestidos de varios colores! Pero yo le obligaré al instante, con tal que vosotros no estorbeis mis designios, á confesar qual es su verdadero padre, y por que ha instituido estas fiestas. ¿No tuvo bastante ánimo Acrisio para despreciar á una Deidad vana, y cerrarle la entrada en Argos? ¿y podrá aterrar un extrangero á Pentéo y á todos los Tebanos? Id próntos, dice á sus criados, id y traed atado á este Capitan; no os detengais.” Reprehéndenle su abuelo Cadmo, Atamante, y la demas multitud de los suyos; y en vano trabajan por detenerle. Se endurece mas con los consejos; se irrita y crece su rabia represada, y los esfuerzos de los ancianos eran mas perjudiciales: así como corre con mas suavidad y moderado estrépito un rio que no encuentra impedimento; pero si le sirven de embarazo en algun sitio las maderas ó las piedras amontonadas le irrita y ensoberbece mas este obstáculo, llenándole de espuma y ardor. Vuelven descalabrados sus criados; y preguntándoles si habian visto á Baco: no le hemos visto, dixéron; pero hemos preso á un Tirreno, que es su compañero y fámulo, y ha celebrado en otro tiempo los sacrificios de este Dios, presentándosele maniatado; y luego que le miró Pentéo con aquellos ojos iracundos, aunque difiere con repugnancia el tiempo del castigo: „Tú que has de morir pronto, le dice, y servir á otros de escarmiento con tu muerte, dime tu nombre, el de tus padres y tu patria, y la causa por qué freqüentas estos nuevos sacrificios.” Él, sin temor alguno, „mi nombre es Acetes, le responde, Meonia mi patria, y mis padres de humilde descendencia. No me dexó mi padre campos que cultivasen los robustos bueyes, ni ganado mayor ni menor. Fué tambien pobre, y pasó su vida pescando: esta era la industria que le mantenia; y enseñándome este oficio, recibe, me dixo, las riquezas que tengo, mi sucesor y heredero; y no me dexó al morir mas patrimonio que las aguas: esto solo puedo llamar herencia de mi padre. Yo luego, no contentándome con ser pescador entre peñascos, aprendí á gobernar la nave con mi diestra, y observé con mis ojos la lluviosa estrella de la Cabra Olenia,[208] á Taigete,[209] las Hiadas,[210] y Arctos,[211] las moradas[212] de los vientos, y los puertos acomodados para las naves. Caminando á Delos, fui llevado por casualidad á las costas de la isla de Naxos; y tendiendo los remos me acerqué á la playa, y con toda felicidad salté en tierra. Pasada ya la noche, empezó á rayar la aurora; me levanto, y exhorto á mis compañeros á que vayan á buscar agua dulce, enseñándoles el camino que guia á las fuentes: yo mismo exâmino desde una altura los vientos que soplaban: llamo á mis compañeros, y me vuelvo á la nave. Aquí estamos, dice Ofeltes, el primero de ellos: y como si hubiera conseguido una presa en aquel despoblado, trae un jóven tan hermoso como una doncella. Parecia que él titubeaba, como quien está poseido del vino y del sueño, y que con dificultad podia seguirlos. Observo su compostura, semblante y pasos, y no veia cosa que pudiese considerarse mortal: lo conocí, y dixe á mis compañeros: No sé qué Deidad habite en este cuerpo; pero en la realidad él es un Dios: y tú, quien quiera que seas, favorece y protege nuestros desvelos, otorgando primero á estos[213] el perdon. Dexa de rogar por nosotros, le dice Dictis, hombre el mas ligero de ellos para subir á las antenas, y para dexarse caer asido de un cable: lo mismo dicen Libio, y el roxo Melanto, que gobernaba la proa. Esto aprueban Alcimedon, y el incitador de los ánimos Epopéo, quien gobernaba y arreglaba con su voz á los remeros. Esto en fin aprueban todos. Tal era la codicia que producia aquella presa. No permitiré, les dixe entónces, que esta nave sea violada con un peso sagrado; tengo aquí mucho derecho: en la misma entrada de la nave me pongo á impedirlo. Se llena de furor Licabas, el mas atrevido de todos, quien, desterrado de la ciudad de Tusco, pagaba con el destierro el castigo que merecia por un homicidio cruel. Este, al ver mi resistencia, rompe con fuerte golpe mi garganta, y me hubiera precipitado al mar á no haberme asido, aunque sin sentido, á una cuerda. Aprueba el hecho la multitud impía: entónces, pues, Baco (el Dios Baco era efectivamente) como quien despierta del sueño con la gritería, y despues de una embriaguez vuelve á recobrar sus sentidos: ¿Qué haceis? les dice: ¿qué gritería es esta? ¿con qué socorro me he hallado aquí, marineros? ¿adonde intentais llevarme? Depon el miedo, responde el que dirigia la proa, y di á qué puerto quieres arribar, que yo te pondré en la tierra á que te dirijas. Llevadme á Naxos, dixo Baco: ella es mi patria, y allí tendreis una tierra favorable. Juran aquellos embusteros por el mar y todos los Dioses hacerlo así, y me encargan dirija las velas de la pintada nave. Estaba á la derecha Naxos, y hácia esta parte en efecto me dirigia: ¿qué haces insensato? ¿qué locura te agita? me dixo Ofeltes y todos los demas: unos me dicen por señas que camine á la izquierda, otros me significan al oido sus deseos. Me llené de pasmo, y no queriendo ser instrumento de una traycion y un delito; tome el que quiera, dixe, la direccion de la nave. Todos me reprehenden: la multitud murmura; y Etalion, ¿te parece, me dixo, que en tí solo se cifra nuestro remedio? Sube, ocupa mi oficio, y dexando á Naxos, camina á un pais contrario.
(48) Penteo despedazado por su madre y demas Bacantes.
FÁBULA X.
PENTÉO DESPEDAZADO POR SU MADRE.
Entónces pues, el Dios, encubierta su magestad, como si en efecto acabase de conocer el engaño, tiende la vista al mar desde la corva popa, y aparentando llorar: Marineros, les dice, no me habeis prometido estas riberas: no es esta la tierra á que os pedí me conduxéseis: ¿qué os he hecho yo para merecer este castigo? ¿qué gloria adquiris con engañar unos hombres á un jóven, y muchos á uno? Hacia ya tiempo que lloraba: la multitud impía se rie de las lágrimas, y surca las aguas moviendo ligeramente los remos. Por él mismo juro (porque no hay otro mas favorable) que digo la verdad, aunque parezca superior á todo encarecimiento. Se paró en el mar la nave del mismo modo que si estuviera en tierra. Ellos, llenos de admiracion, usan de los remos con doble fuerza, despliegan las velas, é intentan navegar á vela y remo. Hacen estorbo las hojas de yedra[214] á los remos, enroscándose en ellos con retorcidas vueltas, llenando las velas de sus pesados racimos. Baco, rodeada su frente de una guirnalda de racimos, blandea su asta[215] cubierta de pámpanos: aparecen á su lado tigres, espectros vanos de linces pintados, y los crueles cuerpos de panteras. Arrójanse al mar aquellos hombres, ó ya poseidos de locura, ó de temor: Medon empieza á ennegrecerse el primero de todos, y á doblegarse su espalda, despues de habérsele disminuido el cuerpo. ¿En qué monstruo, dice á este Licabas, te conviertes? Mas quando hablaba, su boca se le habia agrandado, su nariz aplanado, y una dura escama cubria su piel. Libis, queriendo agitar los remos que se le oponian, vió que sus manos se le achicaban en poco tiempo; y que poco despues no se podian llamar manos sino aletas. Otro, deseando asir sus brazos á las torcidas cuerdas, se halló sin ellos, y encorvándose, saltó al mar, truncado el cuerpo.[216] La cola tiene la figura de una hoz, como demuestran los cuernos de la luna en su creciente. Saltan por todas partes; esparcen agua como si fuera un rocío. Vuelven á salir otra vez, y de allí á poco vuelven á zabullirse: retozan juntos á manera de una multitud de hombres, tienden sus juguetones cuerpos, y arrojan el agua por las corvas narices. Solo yo restaba de veinte que llevaba la nave; pero pavoroso y helado en un cuerpo lleno de temor: el Dios me alienta, aunque con dificultad, diciéndome: Desecha de tu corazon el miedo, y sigue tu derrota á Dia.[217] Luego que llegué allí me hizo sacerdote de sus sacrificios, y ahora me ocupo en las ceremonias de Baco.”
„He atendido, dice Pentéo, á tu dilatada historia, para que con esta dilacion pudiese disminuir sus fuerzas mi ira. Criados, arrebatad á este hombre prontamente, y despues de atormentar cruelmente su cuerpo, enviadle con la muerte á la laguna Estigia.” El Tirreno Acetes, arrebatado inmediatamente, es encerrado en fuertes prisiones; é ínterin se preparan los crueles instrumentos de la muerte, segun se habia mandado, el acero y fuego, se cuenta que naturalmente se abriéron las puertas, y las cadenas cayéron de los brazos sin quitarlas ninguno. Pero obstinado Equionéo,[218] no manda ya ir á sus criados, sino que él va en persona adonde el Citeron,[219] preparado para celebrar las fiestas de Baco, resonaba con los cánticos y voces de las Bacantes. Al modo que relincha el brioso caballo, y desea entrar en la batalla, quando la belicosa trompeta da la señal con el metal sonoro,[220] de la misma manera el ayre, herido con los resonantes alaridos de las Menades,[221] conmovió á Pentéo, y volvió á encenderse su ira luego que oyó la gritería.
Casi en medio del monte hay un lugar sin árbol alguno, cuyas extremidades estan rodeadas de selvas, y que puede mirarse por todas partes. Su madre le vió la primera mirar con profanos ojos los sacrificios: ella fué la primera que se movió contra él corriendo precipitadamente: la primera que hirió á Pentéo disparándole el tirso: ella clama, venid mis dos hermanas, yo tengo de herir aquel soberbio jabalí, que vaga en nuestros campos; toda la turba corre enfurecida contra uno solo, todas se reunen, y todas le siguen ya tímido, ya articulando palabras ménos vehementes, ya condenándose á sí mismo, y ya confesando haber pecado. Sin embargo, herido clama: Tia mia Autonoe, ampárame, muevan tu corazon las sombras de Acteon: ella no conoce quien es Acteon, y arranca la mano derecha del que la suplicaba: Ino arrebató la otra; y queriendo extender los brazos á su madre, no tenia brazos el infeliz que alargar; pero mostrándole el cuerpo truncado, divididos los miembros: mira, madre, le dice; mas Agave aulla como un lobo al mirar aquel espectro, impelió el cuello, y tremoló sus cabellos por el ayre; y asiendo con sus ensangrentadas manos la cabeza arrancada: ¡vitor compañeras! clama: esta victoria es obra de mis manos. No arrebata tan pronto el viento las hojas heridas del frio del otoño, y que apénas pueden sostenerse en el árbol, como dividiéron los miembros de Pentéo aquellas sacrílegas manos. Instruidas con este exemplo las Isménides,[222] celebran con freqüencia los nuevos sacrificios, tributan incienso, y adoran las sagradas aras.
Story DNA
Moral
Defying the gods or fate leads to inevitable and often tragic consequences.
Plot Summary
Cadmus, searching for his sister Europa, slays a dragon and sows its teeth, giving birth to the Spartoi, with whom he founds Thebes. His family is plagued by tragedy, including his grandson Actaeon's transformation into a stag and death by his own dogs. The blind prophet Tiresias, gifted with foresight, foretells the tragic end of Narcissus, who falls in love with his own reflection and turns into a flower, and warns King Pentheus against defying the god Bacchus. Pentheus, disbelieving, attempts to suppress Bacchus's cult and spy on his rites, leading to his own gruesome death at the hands of his mother and aunts, who are in a Bacchic frenzy.
Themes
Emotional Arc
defiance to destruction
Writing Style
Narrative Elements
Cultural Context
Ovid's 'Metamorphoses' is a foundational work of Roman literature, compiling and retelling Greek and Roman myths, often focusing on transformations. This book explores themes of divine justice and the consequences of human pride and impiety.
Plot Beats (15)
- Agenor sends Cadmus to find Europa, threatening exile if he fails.
- Cadmus consults Apollo's oracle, which instructs him to follow a cow and found a city where it rests.
- Cadmus's companions are killed by the Dragon of Mars while fetching water for a sacrifice.
- Cadmus slays the Dragon and, advised by Pallas Athena, sows its teeth, from which armed men (Spartoi) spring up and fight each other until only five survive.
- Cadmus founds Thebes with the surviving Spartoi and marries Harmonia.
- Actaeon, Cadmus's grandson, accidentally sees Diana bathing and is transformed into a stag, then torn apart by his own hunting dogs.
- Jupiter and Juno argue about who enjoys love more; Tiresias, having experienced both sexes, judges in favor of Jupiter, leading to Juno blinding him and Jupiter granting him prophecy.
- Tiresias prophesies that Narcissus will live a long life if he never knows himself.
- Echo falls in love with Narcissus but is rejected; she wastes away until only her voice remains.
- Narcissus falls in love with his own reflection, pines away, and transforms into a flower.
- Pentheus, king of Thebes, dismisses Tiresias's prophecies and the new cult of Bacchus.
- Pentheus orders the imprisonment of Acetes, a follower of Bacchus, who recounts his story of Bacchus transforming impious sailors into dolphins.
- Acetes's chains miraculously fall off, and prison doors open, but Pentheus remains defiant.
- Pentheus goes to Cithaeron to spy on the Bacchanalian rites, where he is discovered by his mother Agave and his aunts.
- Agave, in a Bacchic frenzy, mistakes Pentheus for a wild boar and, with her sisters, tears him apart, fulfilling Tiresias's prophecy.
Characters
Cadmo
A man of sturdy build, accustomed to travel and hardship. His physique suggests strength and endurance from his extensive journeys.
Attire: Practical traveler's attire, possibly consisting of a simple tunic and trousers, made of durable linen or wool, in earthy tones. He wears a lion's skin as a protective garment over his clothing, indicating a warrior's readiness.
Wants: To find his sister Europa and fulfill his father's command, and later, to establish a new home as guided by the oracle.
Flaw: His unwavering obedience to his father's impossible command initially leads him to a voluntary exile, and his companions' vulnerability to the dragon.
Transforms from a desperate wanderer seeking his sister into a founder of a great city (Thebes) and a slayer of monsters, establishing his own destiny.
Loyal, determined, courageous, pious, resourceful.
Dragon of Marte
A monstrous serpent of immense size, with a body covered in hard, yellow-gold scales that shimmer like gold. Its eyes are inflamed and glow with a fiery intensity. Its body appears swollen with venom, and it possesses three rows of exceedingly sharp teeth in its mouth. Its tail is powerful and capable of striking lethal blows.
Attire: N/A (natural scales)
Wants: To guard its sacred spring and eliminate any intruders.
Flaw: Its physical body can be pierced by a sufficiently strong weapon, despite its tough scales.
Introduced as a formidable guardian, it is ultimately slain by Cadmo.
Ferocious, territorial, venomous, relentless.
Tiresias
An elderly man, blind, with the physical signs of advanced age. His blindness is a defining physical characteristic.
Attire: Simple, flowing robes, likely in muted colors, befitting a prophet or seer in ancient Greece. The fabric would be linen or wool, unadorned.
Wants: To deliver prophecies and guide mortals, fulfilling his divine gift from Jupiter.
Flaw: Physical blindness, which is compensated by his inner sight.
His prophecies are validated throughout the story, solidifying his reputation as a true seer.
Wise, prophetic, impartial (initially), revered, calm.
Pentéo
A young man, likely of athletic build, reflecting his royal status and active opposition to Bacchus. His appearance would be one of youthful vigor.
Attire: Royal Theban attire, perhaps a chiton and himation in rich, deep colors like purple or crimson, possibly with some gold embroidery, but not overly ornate to reflect his disdain for revelry.
Wants: To maintain order and control in his kingdom, to suppress what he perceives as disruptive and immoral religious practices (the Bacchic rites), and to assert his authority.
Flaw: His hubris, his refusal to believe in the gods, and his inability to recognize divine power.
His stubborn refusal to acknowledge Bacchus leads to his tragic downfall, being torn apart by his own mother and aunts.
Arrogant, impious, stubborn, cruel, skeptical.
Bacchus (Dionysus)
A youthful, effeminate-looking god, often depicted with a soft, almost delicate physique, contrasting with his immense power. His appearance is captivating and alluring.
Attire: Flowing, luxurious robes, often in purple or white, made of fine silk or linen, draped loosely. He is frequently depicted with a crown of grape leaves and ivy.
Wants: To establish his worship and be recognized as a god, to punish those who deny his divinity.
Flaw: His pride and demand for recognition, which can lead to cruel vengeance.
Asserts his divine authority and punishes those who resist his worship, particularly Pentéo.
Charming, powerful, vengeful (when scorned), playful, intoxicating, divine.
Acetes (Tirreno Acetes)
A seasoned sailor, likely with a weathered appearance from years at sea. His body would be lean and strong from physical labor.
Attire: Simple, practical sailor's attire of the ancient Mediterranean, such as a rough linen tunic and perhaps a short cloak, in muted blues or browns.
Wants: To survive the wrath of Bacchus, to warn Pentéo, and to serve his new god.
Flaw: Fear of divine power, which initially paralyzes him.
Transforms from a common sailor into a devout priest of Bacchus, becoming a living testament to the god's power.
Pious, observant, fearful (initially), loyal (to Bacchus), truthful.
Agave
A woman of mature age, but in a state of Bacchic frenzy, her physical appearance would be disheveled and wild, reflecting her madness. Her strength is amplified by divine possession.
Attire: Torn or disarrayed chiton, possibly adorned with ivy or animal skins, typical of a Maenad. The fabric would be linen, but now stained and ripped.
Wants: To participate in the Bacchic rites and, under divine madness, to punish Pentéo for his impiety.
Flaw: Her complete surrender to Bacchic madness, which leads her to commit infanticide.
Transforms from a queen into a frenzied Maenad, ultimately participating in the brutal murder of her own son.
Mad, savage, deluded, vengeful (under Bacchus's influence).
Locations
Cave of Apollo
A cave where the oracle of Apollo resides, providing guidance to Cadmus.
Mood: mystical, prophetic, solemn
Cadmus receives his quest to follow the heifer and found a city.
Sacred Grove and Dragon's Cave
An ancient, untouched forest (selva no tocada del hierro) with a hidden cave entrance formed by a humble stone arch, abundant with water and surrounded by thick brambles and willows. This is the lair of the monstrous dragon of Mars.
Mood: eerie, dangerous, primeval, foreboding
Cadmus's companions are killed by the dragon, and Cadmus slays the dragon.
Mount Cithaeron
A treeless clearing near the summit, surrounded by dense forests, offering panoramic views. This is where the Bacchic rites are celebrated.
Mood: wild, frenzied, sacred, terrifying
Pentheus spies on the Bacchanalian rites and is torn apart by his mother and the Maenads.