LIBRO NONO
by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4)
Adapted Version
Long, long ago, a river god lived. His name was the river god. He lived by a flowing river. He had a secret sadness. He felt very lonely. One day, Theseus came. Theseus was a brave hero. He saw the river god. The river god looked very sad. One horn was missing. His hair was messy. Reeds were in his hair. Theseus felt curious. He asked, "Why are you sad?" He asked, "Where is your horn?" The river god sighed. It was a deep sigh. He said, "It is a sad story. I will tell you. The strong man won a big fight. He was very strong. He took my horn."
The river god said, "The girl was very pretty. Many men wanted to marry her. I loved her very much. The strong man loved her too. Her father was King Oeneus. We both went to King Oeneus. We asked him for the girl's hand. King Oeneus listened to us. The strong man said he was strong. I said I was a river god. Other men left. Only the strong man
Original Story
LIBRO NONO.
ARGUMENTO.
Deyanira envió á Hércules el vestido con el cual perdió la vida, y fue trasladado al cielo despues de haber convertido á Licas en una roca. Entonces Alcmena partió adonde estaba Yole, y la contó como Galantis habia sido transformada en comadreja, y Yole la refirió que una hermana suya habia sido convertida en árbol. Durante esta conferencia se les presenta Yolao despues de haber recobrado su juventud por medio de Hebe. Y Júpiter con el egemplo de Eaco demuestra que esto no podia suceder á todos. Mileto, huyendo de Júpiter, se retiró al Asia, y procreó á Biblis y Cauno, por cuyo amor consumida aquella, se transformó en fuente. Lo que hubiera causado mayor admiracion á todos, á no ser por Ifis, que poco antes y en el mismo dia de sus bodas se habia convertido en varon.
FÁBULA PRIMERA.
COMBATE DE AQUELOO.
Habiendo preguntado Teseo á Aqueloo la causa de su lamento, y de faltarle una de sus astas, el rio, que tenia ceñidas sus sienes y sus descompuestos cabellos con una guirnalda de cañas, le respondió en estos términos: „Me pides ciertamente una cosa que sirve para entristecerme; porque ¿quién habrá que habiendo sido vencido quiera acordarse y hacer relacion de la pelea? Con todo la contaré por el órden con que sucedió, puesto que no fue tan vergonzoso el ser vencido, como decoroso el haber peleado. En mi desgracia tengo el consuelo de haber sido Hércules mi vencedor. Tú sin duda habrás oido hablar de Deyanira, hermosísima doncella. Ella fue la esperanza y el motivo de envidia de muchos pretendientes. Entre ellos fuí yo á la corte de Calidonia para pedirla á su padre Oeneo. Habiéndola Hércules pedido igualmente, propusimos ambos á su padre que nos recibiese por yernos; en vista de lo cual los demas pretendientes se retiraron, cediendo todos el campo á Hércules y á mí.
(90) Aqueloo se transforma en Toro para combatir con Hércules.
(96) Hércules, esclavo de la hermosura de Onfale, se deja desarmar é hila con ella.
„Aquel alegaba por mérito que era hijo de Júpiter; la fama que habia adquirido por sus trabajos, y el haber concluido gloriosamente todas las empresas en que le habia empeñado Juno. Yo en contra de esto (teniendo por una cosa vergonzosa el que mi deidad se rindiese en la pretension á un mortal, pues Hércules aun no era Dios)[67] oponia mis méritos y cualidades, diciendo á Oeneo: „Mírame como á Rey y director de las aguas, y que con mucho rodeo llevo mi corriente por el medio de tu reino: no seré yo un yerno que haya venido de regiones extrangeras, sino uno de tu mismo pueblo, y que soy y compongo una parte de él. No se me puede echar en cara que Juno me tenga aborrecimiento como á Hércules,[68] ni me haya impuesto la pena de avanzar á tantos trabajos y empresas. No debes tú, Hércules, alabarte de haber nacido de Alcmena, porque en ello debes confesar ó que falsamente te atribuyes por padre á Júpiter, ó que si verdaderamente lo fue, lo consiguió por medio de un delito. Aplicándote esta distincion, marcas á tu madre con la nota de adúltera. Escoge lo que mas te acomode, ó no es verdad que Júpiter sea tu padre, ó si lo es, ha sido tu nacimiento afrentoso.” Cuando yo decia estas cosas me miraba Hércules con ojos airados, y sin poder contener el ardor de su ira me respondió en estos términos: „Yo tengo mas expeditas las manos que la lengua. Con tal que te venza peleando, nada importa que me hagas ventaja en el hablar.” Al acabar de pronunciar esto me acometió con ferocidad; y como yo habia hablado con tanta arrogancia, me pareció indecoroso el dejar de admitir el combate.[69] Arrojé mi verde vestido, opuse mis brazos, encorvé algo mis manos hácia el pecho, y preparé todos mis miembros para la pelea.
Hércules me tiró algunos puñados de polvo,[70] y yo tambien le puse amarillo con la arena que le tiré. Unas veces me acometia por la cerviz, otras por las rodillas para ver si podia asirme, y en fin me acometia por todas partes. Mi peso y mole me defendia, y en vano intentaba sujetarme. No de otro modo me defendia yo que una roca, á quien combaten las olas con grande ímpetu y ruido, y ella se está inmóvil y defendida con su propio peso. Nos separamos un poco; pero inmediatamente entramos en el combate. Estuvimos invencibles, y resueltos á no ceder. El pie del uno oprimia al del otro, el pecho al pecho, los dedos á los dedos y la frente á la frente. No de otra manera pelean los fuertes toros cuando el premio del vencedor es una pujante novilla de las que se apacientan en el bosque: quédanse mirándolos las demas reses llenas de pavor, ignorando cual será el vencedor. Hércules inútilmente pretendió tres veces desembarazarse de mí; á la cuarta lo consiguió, y al punto (confieso ingenuamente la verdad) me apartó impelido de su mano, y se cargó sobre mi espalda. Si se me cree (porque no busco gloria con narraciones falsas), me pareció que tenia encima una montaña. Apenas podia jugar mis brazos por el mucho sudor que por ellos me corria, y por mas esfuerzos que hice no pude desprenderme de él; apretábame mas y mas sin dejarme respirar ni volver á recobrar mis fuerzas, y de este modo se enseñoreó de mi cuello y cabeza. Entonces, arqueando algo el cuerpo, y afirmando las rodillas sobre la tierra, solo me faltaba levantar la cabeza, pero como el peso me oprimia, la tenia pegada al suelo, pegándose las arenas á mis labios. Viéndome inferior en fuerzas, recurro á mis astucias;[71] y transformándome en una larga culebra, me deslicé y desprendí de Hércules, el cual viendo que me enroscaba, y que esgrimiendo mi lengua de tres puntas, daba fuertes y espantosos silbidos, en lugar de intimidarse soltó la risa burlándose de mi estratagema, y dijo: „El vencer y despedazar las culebras es una hazaña que no me era desconocida cuando aun estaba en la cuna.[72]
(95) Hércules ahoga á Anteo que se oponia á su transito para África.
Aunque tú fueses mayor que los demas dragones, ¿cómo te podrias comparar con la Hidra de Lernea?[73] Era esta fecunda, y se multiplicaba con las heridas, pues de cien cabezas que tenia ninguna le corté sin que al instante le renaciesen en su lugar otras dos. Yo domé á este monstruo, que crecia y se multiplicaba con la mutilacion, y cuyas cabezas se ramificaban con las que renacian en lugar de las cortadas, y por último la vine á dar muerte, y acabé con todas sus cabezas. En comparacion de aquel monstruo ¿qué piensas eres tú, que convertido en una aparente culebra, te vales de armas agenas, y te ocultas en una figura prestada?” Apenas dijo esto cuando me apretó con sus manos y enlazados dedos lo mas estrecho del cuello. Veíame comprimido como si me apretasen la garganta con unas tenazas, y procuraba en vano desasirla de entre sus dedos. Viéndome vencido, y que solo me quedaba el recurso de mudar tercera figura, me transformo de repente en un toro feroz, y en esta forma me pude desprender de mi enemigo. Él me echó sus brazos, y me asió por el lado izquierdo; y aunque yo huia, me seguia sin desprenderse, hasta que cogiéndome por las astas, las abatió hasta el suelo, y me tendió sobre la arena. No paró aqui mi desgracia, sino que con la fuerza que hacia me arrancó una de las astas. Las Náyades la llenaron de frutas y flores olorosas, y la dedicaron á la abundancia, significada en la cornucopia.”[74] Luego que Aqueloo acabó esta relacion se presentó una Ninfa con el cabello esparcido y el vestido arregazado como Diana, la cual traia en esta cornucopia las mas sazonadas frutas del otoño, y cubrió con ellas la mesa para que sirviesen de postres.
(91) Deyanira es robada por el Centauro Neso.
FÁBULA II.
RAPTO DE DEYANIRA.
Llegó el siguiente dia, y al comenzar el sol á dorar las cumbres de los montes partieron Teseo y sus compañeros, sin esperar á que el rio se aplacase y enfrenase su corriente. Aqueloo se metió en el agua para ocultar en ella su cabeza despojada de una asta. Esta pérdida era lo único que le afligia y afeaba, porque en lo demas no padeció menoscabo alguno; sin embargo, la disformidad de su cabeza la reparaba ocultándola con una guirnalda de sauces ó cañas verdes.
Tambien al feroz Centauro Neso le sentó mal su ardiente amor á la bella Deyanira, y le costó el haber perdido la vida á la violencia de una flecha que le disparó Hércules, con la cual le traspasó todo el cuerpo por las espaldas. Fue el caso que regresando Hércules á su patria en compañía de su nueva esposa, llegó á la ribera del rápido Eveno,[75] que engrosado con las aguas del invierno iba mas caudaloso que nunca, y no podia pasarse por sus frecuentes remolinos. Viéndole Neso determinado á pasar, y que le detenia el cuidado de su muger, y la imposibilidad de atravesar con ella el rio, se llegó á él, y jactándose de la valentía de su cuerpo, y de que tenia bien conocidos y experimentados los vados, le dijo: „Yo me encargaré de poner á Deyanira en la otra orilla: tú procura usar de tus fuerzas, y pasar el rio á nado.” Aceptó Hércules, y entregó al Centauro á Deyanira llena de sobresalto, y que se resistia á ello, rezelándose tanto del Centauro como del rio. En seguida asi conforme estaba vestido de su piel de leon, y armado con la aljaba (pues la clava y el arco los habia tirado á la contrapuesta orilla), dijo: „Ya que he empezado la empresa enviando delante á mi esposa, atraviese yo tambien el enfurecido rio.” Sin detenerse mas se arrojó á la corriente sin buscar el vado, ni por donde aquella fuese mas mansa, dejándose llevar del ímpetu de las aguas.
Luego que Hércules llegó á la otra orilla, al tiempo de recoger su clava y arco oyó los gritos que daba su muger, porque el Centauro intentaba robarla. „¿Adónde, exclamó, ó ladron, te arrebata la vana confianza de la ligereza de tus pies?[76] Á tí hablo, Neso, monstruo de dos formas, atiéndeme, y no me robes lo que es mio. Si el respeto que me debes no te mueve, á lo menos la rueda donde tu padre está atado[77] debia contenerte en lo que te está prohibido; pero no te me escaparás, pues aunque confias en la ligereza de tus pies de caballo, te alcanzaré, no con mis pies, sino con mis flechas.” Asi lo verificó, pues al concluir estas últimas palabras disparó una, con la que le atravesó por las espaldas en medio de su carrera. La corva lengüeta penetró hasta el pecho, y salió algo fuera de él. Despues que el Centauro se sacó la flecha, su sangre, mezclada con el veneno de la Hidra[78] de Lernea, saltó con ímpetu por ambas heridas. Procuró recogerla el Centauro; y viéndose ya cercano á espirar, dijo entre sí: „Á lo menos no moriré sin vengarme;” y dió á Deyanira la camisa en que habia empapado su sangre, haciéndola creer que era un regalo, del cual se podria servir contra el olvido de su marido, y para que este siempre la amase.
(92) Hércules se tiende sobre la pira, y Filoctetes la prende fuego.
FÁBULA III.
MUERTE DE HÉRCULES.
Mucho tiempo pasó desde este suceso, y las hazañas del valeroso Hércules se habian ya extendido por todo el mundo, asi como se habia divulgado el odio de Juno; y este héroe vencedor de la Oechalia preparaba á Júpiter un sacrificio para darle gracias por las victorias que habia conseguido, cuando la fama vocinglera, que se complace en confundir lo verdadero con lo falso, y que abultando los objetos, hace monstruos de las cosas mas pequeñas, informó á Deyanira que su marido estaba enamorado de Yole.[79] El amor es crédulo: Deyanira, penetrada de dolor con la nueva, apeló al principio á las lágrimas, y la desdichada disminuia asi su dolor con el llanto. Mas despues reflexionando un poco: „¿De qué me aprovechan, dijo, estas lágrimas inútiles, en que quizá se complacerá la adúltera? Ella llega, y es menester anticiparme, é impedir que ocupe mi tálamo nupcial. ¡Miserable de mí! ¿qué partido he de tomar? ¿Manifestaré mis quejas, ó las guardaré en silencio? ¿Me volveré á Calidonia, ó me detendré en este pais? ¿Saldré de casa, ó ya que no pueda otra cosa la impediré la entrada? ¿Qué habrá que extrañar, ó Meleagro, si al considerar que soy tu hermana me preparas á una accion varonil, y sacrificando á la adúltera, hago ver á la posteridad de qué es capaz una muger ofendida?”
Despues de haber revuelto en su imaginacion mil diferentes ideas, Deyanira con el designio de atraer á su marido, y volver á encender su amor hácia ella, prefirió el medio de enviar la vestidura que estaba empapada con la sangre de Neso,[80] la cual al efecto entregó á Licas, sin prever que lo que enviaba seria la causa de su llanto y su dolor: al darle la vestidura le encargó se la entregase á su marido en su nombre con expresiones y voces llenas de blandura y de cariño. Recibió Hércules la camisa de Deyanira emponzoñada con la sangre de la Hidra de Lernea, y se la vistió para hacer con ella el sacrificio, y al tiempo de quemar el incienso, y de derramar el vino sobre el ara,[81] se avivó con el calor la fuerza del veneno, y encendiéndose en llamas, se difundió por todo su cuerpo. Mientras pudo reprimió con su acostumbrada fortaleza los gemidos; pero despues de vencida la paciencia con el mal, desamparó el altar y sacrificio, é hizo resonar el monte Oeta con sus clamores. Hizo los mayores esfuerzos para rasgar la mortal camisa; pero cuando tiraba de ella rasgaba y se arrancaba la piel, á la que aquella estaba asida fuertemente; y por lo mismo (causa horror el referirlo) con las diligencias de quitarse la camisa descubria sus despedazados miembros, y hasta sus huesos, y la sangre que salia rechinaba á la manera de un hierro encendido cuando se mete en agua fria, y hervia aquella con el calor del veneno. Las voraces llamas le consumian las entrañas: un negro sudor corria por todo el cuerpo: los nervios medio abrasados sonaban, y las medulas se derretian con la oculta podre. Entonces, levantando las manos al cielo, exclama: „Cruel Juno, regocíjate ahora con mis calamidades; regocíjate mirando desde lo alto esta peste que me consume; ceba bien tu fiero corazon, y por último, si se ha de tener misericordia aun de los enemigos (pues yo lo soy tuyo), quítame esta vida aborrecida y destinada á trabajos y sufrimientos, y que no miro ya sino con horror. La muerte será para mí un beneficio, y tal que sea decente y conveniente á una madrastra. ¿No soy pues aquel Hércules que vengó á los Dioses del cruel Busiris,[82] que profanaba sus templos con la sangre de sus huéspedes? ¿No soy yo el que venció al fiero Anteo,[83] á pesar del socorro que le prestaba la Tierra su madre? ¿No soy yo á quien no espantaron el monstruoso Gerion ni el Cancerbero, aquel de tres formas, y este de tres cabezas?[84] ¿Mis brazos no sujetaron las astas de aquel fiero toro que asolaba la Creta?[85] ¿No experimentaron su valor la Elide,[86] el lago de Estinfale[87] y el bosque de Partenia?[88] ¿Mi valor no concluyó la empresa de conquistar y traerme el tahalí[89] bordado de oro de la Reina de las Amazonas, y las manzanas de las Hespérides, guardadas por un dragon que nunca dormia? ¿Pudieron resistirme los Centauros, ni el fiero jabalí que destruia toda la Arcadia, ni aprovechó á la Hidra el aumentar sus fuerzas, ni redoblar para mas daño suyo sus cabezas? Pero ¿qué me aprovecha todo esto, ni el haber acometido á los caballos de Diomedes, mantenidos con sangre y carne humana, cuyos pesebres estaban llenos de destrozados miembros, y haberlos dado muerte, quedando envuelto en la misma desgracia su señor? Á la violencia de estos mis brazos yace vencido y muerto el espantoso leon de Nemea: con mis hombros sostuve el cielo, y defendí á los Dioses.[90] Últimamente la cruel Juno mas pronto se cansó en mandarme imposibles que yo en vencerlos y egecutarlos; pero ahora me veo acometido de una nueva calamidad, á la cual no puede resistir ni mi valor ni mis armas. En lo íntimo de mis pulmones anda errante un fuego consumidor, que se difunde y ceba en todos mis miembros. Con todo esto, y cuando yo me abraso, tiene y goza salud Euristeo:[91] á vista de esto, y de que tal se permite, ¿habrá quien pueda creer que hay Dioses?” Al acabar Hércules de decir esto echó á correr por las alturas del monte Oeta, á la manera que un toro cuando se ve herido llevando clavada la flecha, y ha huido el que le hizo la herida: unas veces se le veia dar gemidos, otras temblando, otras intentando arrancarse todos sus vestidos, otras derribando los árboles é irritándose contra los montes, ó levantando las manos al cielo, é implorando el socorro de su padre. En este estado vió á Licas temblando, que procuraba ocultarse en la concavidad de un peñasco; y como tenia toda su rabia reconcentrada por el gran dolor, le dijo: „¿Eres tú pues, desgraciado, el que me ha traido este fatal don? ¿Eres tú el autor de mi muerte?” Trémulo y pálido Licas, tímidamente se excusaba; pero al tiempo que se disponia á pedir misericordia, Alcides lo coge por medio del cuerpo, sin embargo de que se le resistia, y despues de haberle volteado muchas veces, lo arrojó al mar de Eubea con mas violencia que una piedra disparada de una honda. El cuerpo de este desgraciado se endureció en el aire, como las gotas de agua que el frio Aquilon congela y convierte en nieve ó granizo; y helándose la sangre con el miedo, fue convertido en aquel pequeño peñasco que aun hoy se ve en el mar Eubeo con las señales de figura humana, al cual no se atreven los marineros á pisar, como si lo hubiera de sentir, y le llaman Licas.
Despues de esto, ó Hércules, cortas muchos árboles del monte Oeta, con los que construyes una pira; y dando tu arco, aljaba y flechas á Filoctetes para que las llevase á la guerra de Troya, te vales de su ministerio para que pusiese fuego á la pira, y antes que las voraces llamas llegasen á apoderarse de toda ella, subes á lo mas alto, tiendes la piel del leon de Nemea, y poniendo la clava por cabecera, te recuestas en la hoguera con tanta serenidad y con semblante tan apacible, como un convidado que coronado de una guirnalda de flores se sienta á una mesa abundante de viandas y de vasos llenos de vino.
(93) Hércules sube al cielo, y Júpiter le coloca entre los Dioses.
FÁBULA IV.
APOTEOSIS DE HÉRCULES.
La hoguera estaba ya encendida, y la llama sonaba por todos lados, y abrasaba el cuerpo de Hércules, que la miraba con serenidad, cuando los Dioses temieron por el vengador de la tierra; lo cual viendo Júpiter (que conoció la pena que tenian), les habló con alegre semblante de esta manera: „Ese temor, ó Dioses, es un deleite para mí, y me alegro, porque soy gobernador y padre de un reconocido pueblo, y porque mi hijo tambien está seguro con vuestro favor:[92] pues aunque esto se le da por sus grandes hazañas, no obstante yo os quedo obligado. Pero porque los corazones fieles no teman con vano miedo, ningun cuidado tienen que daros esas llamas del monte Oeta, porque el que todo lo venció tambien saldrá triunfante del fuego, y no le sentirá sino en lo que por parte de madre tiene de mortal, porque lo que tiene de mí es eterno, inmortal é incombustible. Luego que se purifique de lo mortal determino recibirle en el cielo, y confio que esta disposicion mia será agradable á todos vosotros; y si alguno no obstante siente que Hércules sea Dios, y quiere negarle el premio que yo le doy, debe hacerse el cargo de que le tiene merecido, y forzosamente lo aprobará.” Todos los Dioses se conformaron con la resolucion de Júpiter; y la misma Juno al parecer todo lo aprobó menos las últimas palabras, que le parecieron duras, y se la notó que las oyó con algun sentimiento. En tanto habia consumido la llama cuanto Hércules tenia de mortal:[93] no le quedó cosa que pudiese conocérsele de su anterior figura, ni de lo que tenia de la semejanza de su madre; solo conservó aquello en que se parecia á Júpiter, su padre. Al modo que la renovada culebra, dejada la piel, suele remozarse y resplandecer con las nuevas escamas, asi Hércules, despues de haber perdido lo que tenia de terrestre, tomó vigor en su mejor parte, y empezó á parecer mayor, y á hacerse digno de veneracion por su augusta gravedad; al cual arrebatando Júpiter en una carroza tirada de cuatro caballos entre las demas nubes, lo colocó en el número de los Dioses.
(94) Lucina aterra á Galantis y la transforma en Comadreja.
FÁBULA V.
LUCINA RETARDA EL PARTO DE ALCMENA.
Atlante se resintió con el nuevo peso[94] que cargaba en el cielo que sostenia sobre sus hombros. Pero Euristeo aun no habia depuesto su antigua ira, y conservaba en los hijos de Hércules el odio atroz que habia tenido al padre. Mas Alcmena, natural de Argos, entrada ya en años, se hallaba fatigada con continuos cuidados, y solo tenia á Yole para consuelo de su vejez: esta la sufria las impertinencias de su ancianidad, y con ella comunicaba sus desgracias, y la referia los trabajos de su hijo Hércules, públicos y notorios á todo el orbe. Hilo, hijo de Hércules, cumpliendo con lo que le dejó encargado su padre, recibió á Yole por su muger con todo amor y cariño. Llegó el tiempo de que esta se hizo embarazada; y estando cercana al parto, la habló Alcmena de esta manera: „Los Dioses te sean favorables, y te concedan una hora pequeña cuando llegue el caso de que, acometida de los dolores del lance que esperas, invoques á Lucina,[95] auxiliadora de las que paren con timidez, y no te suceda lo que á mí, que la tuve contraria por el odio y precepto de Juno, pues cuando ya se acercaba el dia del nacimiento de Hércules, y habia yo entrado en el décimo mes,[96] el peso me extendia y abultaba el vientre en tal manera, que solo con verle podrias conocer que solamente Júpiter podria ser el autor de una cosa tan grande como la que ocultaba en él. Ya no podia tolerar mas las molestias que me causaba mi embarazo: aun ahora cuando te lo estoy contando se apodera de mis miembros un frio temblor que me hace estremecer, y el acordarme de ello es una reliquia de los dolores que entonces padecí. Siete noches y otros tantos dias estuve luchando con ellos, y ya cansada de padecer, levantando mis brazos al cielo, invocaba á gritos á Lucina para que me socorriese en la dificultad de mi parto. Ella es verdad que vino, pero mal impresionada, pues queria quitarme la vida por complacer á la implacable Juno. Luego que oyó mis lamentos se sentó ante la puerta; y poniendo la rodilla derecha sobre la izquierda, y entrelazando sus dedos unos con otros,[97] pronunció con voz baja algunas palabras mágicas para dilatarme el parto. Yo me esforzaba, y como loca me desahogaba en vanas injurias contra Júpiter, llamándole ingrato: yo deseaba morir, y daba unos gritos y gemidos capaces de mover á las duras peñas. Las matronas tebanas, que habian acudido á mi socorro, hacian por mí inútiles votos, y procuraban consolarme en mi dolor. Galantis, una de mis criadas, de mediana esfera, que tenia el cabello rojo, y era muy pronta en hacer lo que se le mandaba, á quien yo amaba por su buen servicio, entendió no sé qué hacia la contraria Juno;[98] y mientras entra y sale muchas veces de mi aposento, vió á la Diosa sentada en el umbral de la puerta, que tenia los brazos sobre las rodillas, enlazados los dedos. „Tú, quien quiera que seas, la dijo, alégrate, que mi ama acaba de parir, y se han cumplido sus votos.” Levántase espantada la Diosa que preside los partos, y separó las manos, que hasta aquel punto habia tenido juntas y cruzadas, y al instante, quitado este impedimento, se facilitó y verificó mi parto. Aseguran que Galantis se rió por haber engañado á la Diosa. Esta, viéndose asi burlada, asiéndola por los cabellos la arrastró; y al tiempo que queria levantarse de la tierra la convirtió en comadreja. Galantis, bajo esta transformacion, no perdió su antigua agilidad ni color; la cual, por haber favorecido á la parturienta con una mentira, pare por la boca sus hijuelos, y frecuenta como antes las casas.”
(97) Driope corta unas flores de Lotos, ninfa convertida en árbol, y sufre igual suerte.
FÁBULA VI.
DRIOPE CONVERTIDA EN LOTOS.
Concluyó Alcmena su narracion con un suspiro, que la hizo arrancar la memoria de su antigua criada, y su nuera, viéndola afligida, la habló de esta manera: „Cuando te aflige y conmueve, ó madre mia, la transformacion de una persona extraña, ¿qué harias si yo te contase las desgracias de una hermana mia? Habré de referírtelo, aunque las lágrimas y el dolor me embargan el uso de la lengua. Driope, la mas distinguida en Oechalia por su hermosura, fue hermana mia solo de padre, é hija única de distinta madre. Despues que Apolo la privó con violencia de su virginidad, la recibió Andremon por su esposa, y los dos vivian en un consorcio feliz.
„Hay un lago que presenta la figura de una playa cuesta arriba, con una orilla cuesta abajo, cuya cumbre está coronada de mirtos. Vino aqui Driope ignorante de su suerte lastimosa; y para que mas te lastime el suceso, habia venido con la idea de ofrecer coronas de flores á las Ninfas de este sitio. Ella traia en sus brazos un niño, que aun era de pecho, y no habia cumplido un año. No lejos del lago habia un pomposo lotos, cubierto de flores que imitaban el color de la púrpura, y ofrecian esperanza de copioso fruto. Driope habia cortado de él unas flores, que para diversion dió á su hijo; y yo queria hacer lo mismo (porque me hallaba con mi hermana), cuando ví que destilaban gotas de sangre las flores, y que las ramas del árbol se movian con trémulo horror. En fin, segun hoy refiere la ignorante gente del campo, una Ninfa llamada Lotos, huyendo del infame Priapo, fue transformada en este árbol.
„Ignoraba esto mi hermana, la cual, como quisiese atónita volver atras, y retirarse despues de haber venerado á las Ninfas, sintió que sus pies se habian fijado con raices, é intentando arrancarlos, no podia de ninguna manera mover sino lo alto, creciendo la corteza desde abajo, y poco á poco llega á cubrirla las ingles. Luego que esto advirtió quiso arrancarse los cabellos; pero se llenó la mano de hojas, de las cuales estaba ya cubierta su cabeza. Mas el infante Anfiso (á quien su abuelo Eurito le puso este nombre), poniéndose á mamar, advirtió que se habian endurecido los maternos pechos, y que no sacaba leche por mas que chupaba. Yo era testigo del cruel suceso sin poder favorecer á mi hermana; y teniéndola abrazada, retardaba cuanto podia al tronco y las ramas que creciesen. Y confieso que entonces deseé quedar cubierta dentro de la misma corteza.
„Habiendo llegado á este tiempo mi padre y Andremon, me preguntaron por Driope: „Vedla aqui,” les dije, mostrándoles el lotos; besan el tronco, que aun estaba caliente, y se llegan postrados á la raiz de un árbol. Ya nada tenia mi hermana que no fuera árbol sino el rostro, y sus lágrimas corrian por las ramas y hojas que la rodeaban. Como su boca la tenia aun libre, tuvo tiempo de herir nuestros oidos con estas quejas: „Si algun crédito se debe dar á los infelices, juro por las Divinidades que yo no he merecido este castigo: sin culpa padezco esta pena: inocente he vivido; y si miento, produzca secas las hojas de que me veo vestida, y cortada con aguda segur, venga á ser pasto de las llamas. No obstante quitadme allá este niño, y entregadlo á una nodriza; haced que mame muchas veces á la sombra de este árbol, y que juegue debajo de él; y cuando pueda hablar haced que salude á su madre, y con tristes acentos diga: „Mi madre se oculta dentro de este tronco.” Pero no obstante que huya de los lagos, y que no coja flores de ningun árbol; que juzgue que cualquiera oculta debajo de la corteza alguna deidad. Quedaos con Dios, esposo querido, hermana y padre; y si alguna piedad teneis, no permitais que la hacha cortante llegue á las ramas de este árbol, ni que los ganados roan sus hojas; y como ya no me hallo en estado de hacer el menor movimiento para abrazaros, llegaos vosotros mismos á darme esta última prueba de mi amistad, y acercad á mi hijo para que le bese por la última vez. Quedad con Dios, que ya no puedo hablar mas, porque la corteza me llega hasta el cuello, y soy toda árbol hasta la coronilla de la cabeza. No os empeñeis en cerrarme los ojos con vuestras manos.[99] Sin que vosotros hagais conmigo este último oficio, la corteza me los oculta y cierra ya.” Al decir esto dejó á un mismo tiempo de ser y de hablar, y despues de su transformacion los ramos se mantuvieron calientes por mucho tiempo.”
Mientras Yole contaba este desgraciado suceso, Alcmena, llorando igualmente, limpiaba con sus manos las lágrimas que derramaba Yole, y un nuevo suceso les templó toda su tristeza, porque Yolao, hermano de Yole, entró en el cuarto en que estaban casi vuelto niño, á quien apuntaba el bozo en las mejillas, y restituido el rostro al estado en que le habia tenido en sus primeros años.[100]
Hebe, hija de Juno, le habia concedido este beneficio, obligada de los ruegos de su marido; y como estuviese resuelta á hacer juramento de que en adelante no haria á ninguno otra semejante gracia, no se lo permitió Temis, diciéndola en tono de vaticinio lo siguiente:[101] „Ten entendido, ó Diosa, que la ciudad de Tebas ya empieza á encenderse en guerras de discordias: Capaneo no podrá ser vencido sino por los rayos de Júpiter: los dos hermanos[102] se acometerán y darán muerte á un mismo tiempo: abriéndose la tierra se tragará al vaticinador Anfiarao,[103] que bajará vivo á ver sus manes: su hijo[104] vengará la muerte de su padre con la de su madre, en cuyo hecho será á un mismo tiempo piadoso y delincuente;[105] y atónito con sus propios males, privado del juicio, y desterrado de su casa, será agitado con la presencia de las Furias y con la sombra y figura de su misma madre, hasta que su muger[106] le pida el fatal collar de oro que le habia prometido, y hasta que yendo á recobrarle de la que antes habia tenido y abandonado, le den muerte sus cuñados, hijos de Fegeo, por cuya causa, y para vengarla Calirroe, su segunda muger, pedirá con instancias al gran Júpiter que aumente los años á sus dos tiernos hijos, y este, movido de sus ruegos, se apropiará la gracia y habilidad de su nuera é hijastra Hebe, y convertirá de repente en varones perfectos á los niños hijos de Alcmeon para la referida venganza.”[107]
Despues que Temis, présaga de lo futuro, acabó de proferir el anterior vaticinio, todos los Dioses movian entre sí varias conversaciones, y murmuraban ¿por qué no habian de tener los demas la potestad de trocar las edades como la tenia Hebe? La Aurora se quejaba de que eran muchos los años de su marido,[108] y necesitaba remozarse. Céres se entristecia al ver que se envejecia su amado Jasion.[109] Vulcano quisiera ver remozado á su hijo Erictonio, y Venus á Anquises. En fin cada uno de los Dioses tenia de quien cuidar, y la tumultuosa sedicion crecia con el favor de los que tomaban partido por los quejosos, hasta que Júpiter se explicó en estos términos: „Si algun respeto me teneis, ¿adonde os precipitais? ¿Está acaso alguno persuadido que puede frustrar la disposicion de los hados? Por el destino se ha remozado Yolao, y los hijos de Calirroe por los hados, y no por ambicion ni por la fuerza deben ser transformados en hombres desde la edad de niños. Para que vosotros lleveis esto con mas conformidad, sabed que yo tambien estoy sujeto á los hados; y si tuviera facultad para trocar sus disposiciones, no estaria Eaco mi hijo consumido de vejez, y Radamanto disfrutaria de la perfecta flor de su edad con mi hijo Minos,[110] que se ve hoy despreciado por el funesto peso de los años, los cuales son causa de que no reine con el órden que antes.” Las razones de Júpiter convencieron á los Dioses, é interrumpieron sus quejas, viendo cargados y oprimidos de la vejez á Radamanto, Eaco y Minos, el cual en su edad florida habia sido espanto de las grandes naciones, que temblaban de solo su nombre. Ahora debilitado con la vejez, le causa miedo y rezelo Mileto,[111] ensoberbecido con el vigor y fortaleza de la juventud, y con ser hijo de Apolo; y aunque rezeloso de que se le pueda rebelar y quitarle el reino, no se atreve á desterrarle de él.
FÁBULA VII.
BIBLIS TRANSFORMADA EN FUENTE.
Espantado, ó Mileto, de un sueño, te retiras voluntariamente, y surcando el mar Egeo en una ligera nave, entras en el Asia, donde, despues de haber edificado una ciudad, á la que pones tu nombre, conoces á la bella Ciane,[112] hija de Meandro, de quien tuviste un hijo llamado Cauno y una hija llamada Biblis, mellizos, y de singular hermosura. Biblis puede servir de egemplo y escarmiento para que las doncellas no tengan otras pasiones que las lícitas, pues encendida y abrasada en el amor de su hermano Cauno, traspasó los límites del cariño fraternal; no le amaba como hermana á hermano, ni se contenia en el modo con que debia amarle. Es cierto que ella no conoció al principio que era fuego de amor su vehemente inclinacion á Cauno, y creia que no pecaba en besarle y abrazarle repetidas veces: engañada mucho tiempo con la falaz sombra de piedad,[113] poco á poco crecia su amor, y ya no visitaba al hermano sin presentarse bien engalanada, deseando con vivas ansias ser tenida por hermosa; y si alli habia alguna que la llevase ventaja, tenia envidia.
(98) Biblis, buscando á su hermano, es transformada en fuente.
Sin embargo no conocia aun el estado de su corazon, y no formaba ningun deseo; pero interiormente se quemaba: ya le llama señor; ya aborrece el nombre de pariente; ya quiere mas que Cauno la llame Biblis que hermana. No obstante despierta no se atreve á poner en su ánimo esperanzas obscenas; pero dormida se le representa muchas veces lo que ama; y tambien le parece que tiene al lado á su hermano, y se avergüenza de esto, aunque yace dormida. Despedido el sueño calla por algun rato, y despues vuelve á recordar lo que ha soñado; y dudosa en el partido que debe tomar, habla entre sí de este modo: „¡Infeliz de mí! ¿Qué quiere decir lo que he soñado esta noche? Si yo no quisiera que se verificase, ¿cómo ó por qué me acometen estos sueños? Es cierto que Cauno parece bello aun á los ojos de sus enemigos. Él me gusta, y lo amaria apasionadamente si no fuera mi hermano, porque le contemplaria digno de mi tálamo; pero me perjudica el ser yo su hermana. Solo pueden adoptarse y tener entrada en mi corazon estas ideas como cosa de un sueño; pero tal que nunca llegue á verificarse, ni yo á intentarlo. En esta forma y por via de sueño repítase muchas veces en mi imaginacion la dulzura de él, pues en él no hay testigo alguno, y sí un agradable placer. ¡Ó Venus! ¡Ó alado Cupido! ¡Cuán suave seria para mí semejante sueño! ¡Qué complacencia tan grande tendria! ¡Cómo me rendiria y se rendirian mis medulas á la dulzura de él! ¡Qué impreso se quedaria en mi memoria! ¡cuán breve su duracion! y ¡cuán ligera y pequeña la noche, como envidiosa de mi placer! ¡Ó, si no fueras mi hermano, y pudiera casarme contigo, qué bien pudiera ser nuera de tu padre! ¡Y qué bien, ó Cauno, podrias ser yerno del mio! ¡Ó si los Dioses dispusiesen que todas las cosas nos fuesen á los dos comunes fuera de los padres y abuelos! Yo desearia que tú fueses de mas generosa estirpe que yo, y que no tuviésemos unos mismos progenitores. Ignoro pues cual será la dichosa que se case contigo, pues para mí por desgracia tengo los mismos padres que tú, no puedes ser otra cosa que mi hermano, y tendremos los dos solo aquello que nos estorba y perjudica. Pero ¿por ventura han sido vanos y no significan algo mis sueños? ¿Qué eficacia tienen estos? ¿No suelen ser anuncio de la verdad? Mejor órden hay entre los Dioses, pues ellos se casaron con sus hermanas. Saturno tuvo por muger á su hermana Opis, el Océano á Tetis y Júpiter á Juno; pero siendo estos derechos y privilegios de las Deidades, ¿de qué me sirve el comparar los usos humanos con los celestiales, y los enlaces de los hombres con los de los Dioses? El partido que debo tomar es ó expeler de mi corazon este ilícito amor, ó, si esto no puedo conseguir, desear la muerte, dejarme en efecto morir, y que me pongan amortajada en el féretro, en el cual recibiré algunos ósculos de mi hermano. Pero aunque yo me decida á no abandonar el amor que me abrasa, para llevarle al complemento se necesita la voluntad de los dos. Enhorabuena que esté pronta la mia; pero la suya se resistirá, imaginándolo una maldad. Los hijos de Eolo no se detuvieron en casarse con sus hermanas; pero ¿de donde me han venido á mí estas noticias? ¿Por qué me valgo de estos egemplos? ¿Adónde voy á parar? Apartaos de mí, llamas obscenas, y no ame yo á mi hermano de otro modo que el que conviene y es lícito á una hermana. Pero si él se hubiera enamorado primero de mí, ¿acaso tendria yo inconveniente en ser indulgente y condescendiente á su amor? Luego si yo no llevaria á mal que él se me descubriese, y no despreciaria sus solicitudes, me hallo autorizada para descubrirme á él, y manifestarle las mias. ¿Mas cómo podré hablar y confesarle mi amor? Este me precisará á ello; sí, podré hacerlo; y si me detuviese el pudor, un billete misterioso será el medio para declararle mi pasion.” Resolvióse pues á ello, y esta determinacion aquietó su ánimo vacilante. Incorporóse pues un poco; y apoyándose sobre el codo siniestro, dijo: „Vea Cauno lo que ha de hacer, pues yo resuelvo descubrirle mi loca pasion. Pero ¡ay de mí! ¿adonde me precipito? ¿Qué fuego es este que se alimenta de mi imaginacion?” Tomando en la diestra la pluma, y en la siniestra la tabla encerada,[114] empezó á disponer con su mano trémula las voces y palabras que detenidamente meditaba. Al empezar ya duda; escribe, y condena lo escrito; vuelve á escribir, y lo borra;[115] muda, tilda y aprueba; unas veces omite, otras vuelve á poner lo omitido. En fin no sabe lo que quiere ni lo que aprueba, y todo lo que iba á escribir la desagrada, asomándosela al rostro el color del pudor[116] mezclado con el de la osadía. Tenia ya escrito hermana, y desaprobó y borró esta voz, y por último se resolvió á escribir lo siguiente: „Tu amante te envia la salud que ella no tendrá si tú no se la das, pues se avergüenza de manifestar su nombre. Si me preguntas lo que quiero, desearia podértelo decir sin manifestar quien soy, y que no supieses que soy Biblis antes de haberme asegurado la esperanza de conseguir mis deseos. Mi languidez,[117] mis ojos muchas veces húmedos, mis suspiros nacidos de una causa oculta en mi interior, mis repetidos abrazos y besos, que si los notaste no podian parecer de hermana, pudieron serte indicios de que mi pecho estaba poseido de tu amor. No obstante, aunque mi corazon estaba gravemente herido, aunque el fogoso furor estaba dentro de mí, hice[118] todos los esfuerzos que pude (los Dioses me son testigos) para tranquilizarme. ¡Ay triste! peleé mucho tiempo para huir de las violentas armas de Cupido: padecí mucho mas de lo que puedes imaginarte en la resistencia de una jóven. En fin he quedado rendida, y me veo obligada á confesarlo, y á pedirte condesciendas á mis tímidos deseos. Tú solo puedes conservar ó perder á esta amante. Elige cual de estas dos cosas quieres egecutar. No te ruega esto tu enemiga, sino la que estando muy emparentada contigo, solicita estarlo aun mas, y unirse con unos vínculos mas estrechos que los de la sangre. Quédese para los ancianos el examen de las leyes, y el inquirir qué sea ó no lo lícito y lo honesto: y qué es lo que aquellas permiten ó prohiben: el inconsiderado amor es propio de nuestros años. Todavía ignoramos lo que sea lícito; creemos que todo lo es, y en esto imitamos los egemplos de los grandes Dioses: á nosotros no nos pondrán impedimento ni el cruel padre, ni el temor ni la reverencia de la fama: no nos dejamos asustar de vanas fantasmas. Ocultaremos nuestro amor bajo el nombre de hermanos. Yo tengo libertad de hablar contigo en secreto y en público, y como hermanos nos son permitidos los ósculos y los abrazos. ¡Qué poco falta para que seamos felices! Apiádate de la que te confiesa su amor, y de la que no lo hiciera si no fuera precisada del último extremo á que ha llegado su amoroso ardor. Y no quieras que se escriba en mi triste sepulcro la causa de mi muerte.”[119]
Habia ya llenado todo el billete, y aun tuvo que poner á la márgen las últimas palabras. Inmediatamente envolvió y cerró lo que delincuentemente habia escrito, sellándolo con su anillo,[120] al que para ello humedeció con sus lágrimas, porque la lengua se le habia quedado absolutamente sin saliva. Vergonzosa llamó á uno de sus criados, y despues de haberle halagado le dijo: „Lleva, ó fidelísimo, este billete á mi... y despues de largo rato añadió hermano.” Al darle al criado se le cayó de las manos. Turbóse con el agüero;[121] pero sin embargo lo envió. Valiéndose el criado del tiempo y ocasion oportuna, llega y entrega el cerrado billete. Luego que Cauno leyó los primeros renglones fue tan grande su sorpresa, que le sobrecogió, y sin querer continuar en la lectura le arrojó con ira, y conteniendo con dificultad sus ímpetus de dar de bofetadas al criado, que estaba temblando, le dijo: „Perverso apoyador de una maldad prohibida y execrable, retírate al punto de mi presencia, pues si con quitarte la vida no ofendiera mi propio pudor,[122] aqui mismo pagarías tu atrevimiento muriendo á mis manos.”
Al oir esto se retiró lleno de pesar, y fue derecho á contar á Biblis la desdeñosa repulsa de Cauno, y el fiero enojo con que le respondió y amenazó. Al oirlo Biblis mudó de color, y un frio mortal se apoderó de todo su cuerpo. Luego que recobró su sentido se volvió á encender su pasion, y tan agitada estaba, que apenas pudo articular estas palabras: „¡Bien empleada me está la repulsa que he sufrido ¿Cómo pues me arrojé á la inconsiderada temeridad de descubrir mi pasion? ¿Cómo tan prontamente tuve la ligereza de confiar á un billete las expresiones que debia reservar y ocultar en mí? Yo me tengo la culpa, pues antes debí valerme de expresiones ambiguas para explorar su ánimo y parecer, y si seguiria y se acomodaria ó no á mis intentos é inclinacion. Yo deberia haber notado cual era el viento que corria y soplaba, soltando solo una vela para engolfarme con alguna seguridad, y no haberlas desplegado todas de golpe á los vientos no conocidos. No es extraño pues el haber dado en los escollos, y verme sumergida en lo profundo del mar, sin que mi rumbo pueda ya retroceder.[124] ¿Cómo no me contuvo el ver que se oponian á mi amor y resolucion los presagios nada equívocos, y que cuando iba á dar el billete al criado, mandándole que le llevase, se me cayó de las manos, como anticipándome el mal éxito de mis esperanzas? ¿No hubiera sido mas acertado esperar á mejor coyuntura, ó desistir de mis deseos y retractar mi voluntad, ó mas bien que todo dilatar mi resolucion para otro dia y tiempo mas oportuno? El mismo Dios del amor me lo aconsejaba asi, y me daba ciertos indicios del mal suceso, los que yo pude haber advertido si mi pasion no me hubiese tenido fuera de mí.[125] Yo debiera haber preferido el medio de no confiarme á un billete, sino haberle hablado por mí misma, y boca á boca haberle descubierto mi amor. Entonces hubiera visto, y tal vez le hubieran conmovido mis lágrimas: hubiera visto el semblante de su amante. Pudiera haberle dicho muchas mas cosas que las que contenia el billete. Pudiera haber echado mis brazos á su cuello, aunque él lo hubiese querido resistir: haberme asido á sus pies, y postrada á ellos pedirle se condoliese de mi triste vida; y si me hubiese repelido, haber fingido un desmayo que me pusiese á punto de espirar. ¡Ojalá hubiera hecho todas estas cosas! pues aunque cada una de por sí no fuese suficiente, todas juntas quizás hubieran podido ablandar la dureza y resistencia de su corazon. Acaso estaria la culpa en el criado, que no fue en oportuna ocasion, y creo no supo elegir la conducente coyuntura, ni escoger una buena hora en que su ánimo estuviese tranquilo y de buen humor. Todas estas cosas sin duda me perjudicaron; porque Cauno no es persona que haya nacido de alguna tigre, ni su corazon es de pedernal, ni de hierro ni de diamante, ni mamó la leche de alguna leona.[126] Por consiguiente él se rendiria á mi amor, y lo que conviene es volverle á atacar, y no desistir yo de mi empresa mientras que no me desampare este aliento vital. Si los hados me permitiesen revocar lo que está hecho, primero y mas conveniente seria no haberlo empezado; pero ya emprendido es preciso continuarlo, y tratar de llevarlo adelante hasta la consecucion del fin;[127] porque (aunque yo desista de mis deseos) él no podrá olvidarse de que me atreví á manifestarle mi inclinacion, y tendrá por una veleidad mi amor si ve que desisto de mi empresa, ó quizás le juzgará por una asechanza y ardid para calumniarle, ó que me descubrí á él vencida no del amor que abrasa mi pecho, sino de un deseo libidinoso. Últimamente ya no puedo dejar de resolverme á tomar cualquiera arbitrio, aunque sea pérfido y delincuente. Ya cometí el exceso de escribirle y manifestarle mis deseos; y aunque no prosiga á mas, esto basta para que no pueda conceptuarme ni llamarme inocente. Lo que falta hasta conseguir mis intentos es mucho; pero muy poco lo que resta hasta envolverme y complicarme en un sinnúmero de delitos.” Acabó Biblis con esto su razonamiento, y era tanta la agitacion fiera de su ánimo, que al paso que se arrepentia de haberse descubierto, le agradaba el proseguir su empresa; y atropellando por toda moderacion, repitió sus importunaciones, con las que la infeliz no adelantó mas que recibir nuevos desprecios.
Viéndose Cauno expuesto y perseguido de su hermana, y que esta nunca desistiria ni pondria fin á su pasion, determinó abandonar su patria[128] y el riesgo de incurrir en la maldad; y retirándose á otra region extraña, edificó en ella una ciudad de su nombre.[129] Dicese que Biblis, afligida con la noticia de la ausencia de su hermano, quedó como fuera de sí. Empezó á rasgarse sus vestidos hasta descubrirse el pecho, y darse furiosa golpes en él y en los brazos; y últimamente paró en hacer pública su locura, en confesarse á voces desesperanzada de poder conseguir el prohibido amor de Cauno, y en dejar su casa y patria, y salir en busca y seguimiento de su prófugo hermano. Las mugeres de Caria la vieron ir dando gritos por sus campos como loca, no de otro modo, ó hijo de Semele, que tus Bacantes de Tracia, cuando agitadas con el tirso tuyo celebran cada tres años las orgias. Biblis, dejando estas regiones, atravesó la de los guerreros Lelegas, la Licia con su monte Cragon, la ciudad de Limires y la corriente del rio Xanto, y últimamente la cima del famoso monte de la Chimera,[130] y su volcan que está en medio de su cumbre, cuyo pecho y rostro eran de leona y la cola de dragon. Ya no hallaba mas selvas ni campos que correr, y fatigada de andar se dejó caer en el suelo, y reclinando su cabeza sobre la dura tierra, se entregó á un profundo silencio, y puso su boca sobre las marchitas hojas que caian de los árboles. Las Ninfas que habitaban en el pais de los Lelegas intentaron muchas veces el incorporarla con sus tiernos y delicados brazos: otras muchas la persuadieron que moderase su amor; pero ella no admitia ningun consuelo; se hacia sorda á las persuasiones; permanecia postrada sin hablar, arrancando con sus uñas las verdes yerbas, y regándolas con el arroyo de lágrimas que de sus ojos corria. Se dice que las Náyades hicieron brotar debajo de ella un manantial que nunca pudiera secarse; y á la verdad ¿qué mayor beneficio podian hacerle para aumentarla sus lágrimas? Inmediatamente, asi como destila la goma del tronco del árbol que se acaba de cortar, ó el tenaz betun mana de la hinchada tierra, ó el agua que se congeló con el frio se derrite con el sol á la venida del suave céfiro; del mismo modo Biblis, consumida con sus lágrimas, se transforma en fuente, la cual aun ahora conserva el nombre de su señora en aquellos valles, y brota al pie de una espesa y oscura encina.
(99) Ifis es transformada en varon por la Diosa Isis para que se case con Yanta.
FÁBULA VIII.
IFIS TRANSFORMADA EN VARON.
La noticia de este nuevo prodigio hubiera acaso admirado á las cien ciudades de Creta, si en esta region no hubiera sucedido otro portento bien semejante con la transformacion de la doncella Ifis. En la ciudad de Festo, que está confinando con el reino de Creta, habia un hombre poco conocido que se llamaba Ligdo, el cual era de lo mejor de la plebe, y su hacienda no era mayor que su nobleza; pero era fiel y de una vida irreprensible. Estando su muger embarazada y ya cercana al parto, la habló de esta forma: „Dos cosas son las que deseo, y por las que dirijo mis votos á los Dioses; la una que tengas un parto feliz, y la otra que sea varon lo que des á luz; porque si es hembra, es mas gravosa para mí, y la naturaleza me negó riquezas para poder dotarla; y si esto sucediese, y parieses hembra, lo cual los Dioses no permitan, mando y dispongo, aunque con mucha repugnancia (perdóneme el paternal amor), el que se la dé la muerte.” Esto dijo, y ambos prorumpieron en lágrimas, que les corrian y lavaban el rostro, tanto del que lo mandaba como de la que recibia el precepto. Sin embargo Teletusa[131] importunaba á su marido con inútiles ruegos, suplicándole no pusiese su esperanza en tal apuro; pero Ligdo se mantuvo inflexible en su resolucion. Apenas ella podia ya sostener la gravedad de su vientre por estar muy adelantada, cuando á media noche Isis,[132] acompañada de su pompa ordinaria, en apariencia de sueño se pone ante su lecho, ó á lo menos asi le pareció que la veia. Tenia en su frente una media luna y una real diadema de espigas, semejantes en el color al oro refulgente, á la cual acompañaban el Dios Anubis[133] en figura de perro, la Diosa Diana, Apis,[134] vario en colores, y el Dios que tiene el dedo en la boca,[135] símbolo del silencio: habia tambien sistros;[136] y se hallaba alli Osiris,[137] nunca bastantemente buscado; y tambien un aspid, serpiente peregrina en la isla de Creta, llena de soporífero veneno. La Diosa, hablando con Teletusa como si estuviese despierta, la dijo: „Ó Teletusa, que eres una de las que me dan culto, depon tu cuidado y temor, y procura engañar á tu marido. Cuando se verifique tu parto no te detengas en criar lo que nazca, sea varon ó hembra. Yo te soy una deidad propicia, y movida de tus ruegos te dispenso mi socorro. No tendrás que quejarte de que diste culto á una Diosa desagradecida.” Despues que Isis le hubo aconsejado esto desapareció. La cretense Teletusa despertó con la alegría, se levantó de la cama, se arrodilló, y alzando sus manos al cielo, hizo una deprecacion para que se verificase su sueño. Llegó la hora de que le acometiesen los dolores y se verificase el parto, en el cual dió á luz una hembra, que la madre mandó criar ocultándolo al padre, al que persuadió ser varon: él lo creyó, y este secreto estuvo reservado entre la madre y el ama de leche. Ligdo cumplió las promesas que habia hecho á los Dioses por que fuese varon, y puso á la prole el nombre de Ifis, que era el de su abuelo: la madre se alegró del nombre, porque cuadraba bien á ambos sexos: el artificio proseguia disfrazado, y servia para ocultarlo piadosamente al marido: el vestido que le puso era de niño; y el rostro tan acomodado á varon y hembra, que parecia hermosamente ambas cosas. Habiendo cumplido la edad de trece años, su padre prometió á Ifis por esposo á Yanta, hija de Telesto, la mas hermosa de todas las doncellas de la ciudad: ambas eran de una edad é iguales en belleza, y habian recibido de unos mismos maestros las primeras instrucciones. De aqui resultó el apoderarse el amor del incauto corazon de entrambas, y la herida fue igual á una y á otra, pero desigual la esperanza. Yanta espera regocijada el tiempo de las bodas estipuladas, creyendo y teniendo por hombre á Ifis, y que habia de ser su marido. Ifis ama lo que no espera poder gozar, y esto mismo le aumenta su ternura, y arde una doncella en el fuego de otra; y deteniendo apenas las lágrimas, dice: „¿Qué fin es el que puedo prometerme en un amor tan prodigioso, tan nuevo, y que en el mundo no tendrá egemplar? Hubiera sido piedad el que los Dioses me hubieran privado de la vida, y si no querian quitármela ni destruirme, á lo menos debieron haberme dado un amor natural, y de la clase acostumbrada y correspondiente. No ama ardientemente una vaca á otra, ni una yegua á otra yegua: el carnero enamora á la oveja; la cierva sigue al ciervo; por este órden se aman las aves, y entre todos los animales ninguna hembra se inclina á otra hembra. Para verme en este apuro mas bien quisiera no haber nacido. Pero Creta parece el teatro de todas las monstruosidades: Pasifae se enamoró de un toro, es verdad; mas eran los dos de distintas especies; y si vale decir la verdad, mi amor es mas desatinado que el de aquella, pues en el de Pasifae hubo esperanza de verificarse y tener efecto, como le tuvo con el engaño de tomar la artificiosa figura de una vaca, y alli habia un amante que fuese engañado. Pero aqui y en mi amor, aunque se reunan á favorecerme las astucias de todos los hombres, aunque el mismo Dédalo vuelva volando con sus alas enceradas, ¿qué podrá adelantar? ¿Por ventura podrá transformarme en varon por medio de la destreza de sus artes? Ó cuando á mí no me vuelva, ¿podrá transformar á Yanta para que asi pueda verificarse nuestro enlace?” Despues, reconviniéndose á sí misma, decia: „Ifis, ¿por qué no entras en acuerdo contigo, y por qué no apartas de tí unos deseos tan necios y desnudos de consejo? Reflexiona que has nacido muger; y si no te engañas á tí misma, desea solo lo que te es lícito desear, y ama lo que debe amar una muger. La esperanza es el orígen y el alimento del amor, y esta me la quita y destruye la imposibilidad del caso. Para abrazar á mi amada Yanta no tengo el inconveniente de las centinelas, ni el rezelo de un sospechoso marido, ni la aspereza de un padre, ni ella se niega ni resiste á mis instancias. Mas con todo no puedo verificar mis deseos, ni puedo ser feliz, aunque todas las cosas se reunan en mi favor, ni aunque los hombres y los Dioses se desvelen en idear medios de proporcionarlo. Es cierto que ninguna cosa de cuanto puedo desear de las que conducen al complemento del amor me hace falta, y los Dioses propicios me concedieron y facilitaron cuanto pudieron para fomentarle. Lo mismo que yo quiero quiere ella, lo quiere su padre, y lo quiere tambien el mio; pero no lo quiere ni lo permite la naturaleza, que tiene mayor eficacia y poderío que todos ellos; y esta es sola la que tengo en contra mia. Ya se acerca el deseado tiempo y el dia de nuestras bodas, y en él será mia Yanta; pero de ningun modo será mia, y ambas nos abrasaremos de sed en medio de las aguas. Tú, Juno, y tú, Himeneo, ¿de qué aprovechará que asistais á unas bodas, en las cuales no habrá marido, y seremos ambas novias?” Calló con esto la desgraciada Ifis: Yanta por su lado no estaba menos enardecida y deseosa de que llegase con celeridad el dia del himeneo. Teletusa, temiendo que las bodas descubriesen el engaño, unas veces propone dilaciones, otras finge indisposicion, muchas recurre á los pretextos de suponer que habia tenido agüeros y sueños infaustos; pero ya llegaron á apurársele los pretextos y ficciones de que se valia, y se acercaba el tiempo, que hasta alli habia podido retardar, de celebrar las bodas, para las que solo faltaba un dia, y en este apuro y afliccion se quitó y quitó á su hija la cinta que recogia sus cabellos, y con ellos sueltos[138] se encaminaron al templo de Isis, y asida al ara pronunció con el mayor fervor esta deprecacion: „Divina Isis, que eres reverenciada en Paretonio,[139] en los campos Marcóticos, en la isla de Paros y en el Nilo dividido en siete bocas, suplícote que me favorezcas y proporciones remedio á nuestro temor. En otro tiempo te ví, ó Diosa, con las mismas insignias que te veo ahora; todas las conocí, como igualmente á tus compañeras, las antorchas y el sonido de los sistros. Yo cumplí la órden que me diste, y por haberla observado ve mi hija la luz;[140] y si yo no he sido castigada por no haber obedecido á mi marido, es un efecto de tu bondad y proteccion. Apiádate de estas dos infelices, y ayúdalas con tu auxilio.” Esta súplica fue acompañada de un torrente de lágrimas. Pareció que la Diosa habia movido su altar, y con efecto lo habia conmovido. Las puertas del templo empezaron á temblar. La media luna que la Diosa tiene en la cabeza se vió resplandecer, y se oyó la armonía del sonoro sistro. Teletusa, alegre con tan felices presagios, aunque no del todo segura, se echó fuera del templo. Ifis la seguia con mas acelerado paso que el que acostumbraba. Su rostro habia perdido algo de su blancura; se sentia con aumento de fuerzas; su semblante era menos afeminado; sus cabellos mas cortos y ensortijados; se siente mas vigoroso que cuando era muger: en una palabra, queda hecho varon la que antes fue hembra. Cumplid ¡ó agraciados! los votos que ofrecisteis[141] á estos templos, y en buena hora regocijaos ya sin sobresaltos. Efectivamente se desempeñan de la obligacion en que estaban, grabando alli esta breve inscripcion: Ifis, mudada en varon, cumplió exactamente las promesas que tenia hechas cuando era muger. Cuando los dorados rayos del sol alumbraban ya al mundo el dia siguiente, Venus, Juno é Himeneo se congregan á celebrar las bodas de los dos consortes, é Ifis transformada en hombre se desposa con su querida Yanta.
Story DNA
Plot Summary
The story begins with Achelous recounting his battle with Hercules for Deyanira, where he transformed into a snake and a bull before Hercules tore off his horn, which became the cornucopia. The narrative then shifts to the tale of Ifis, a girl raised as a boy by her mother Teletusa to escape her father's decree to kill a female child. Ifis falls deeply in love with her betrothed, Ianthe, but despairs over her female identity. On the eve of their wedding, Teletusa and Ifis pray to the goddess Isis, who miraculously transforms Ifis into a man, allowing the two lovers to marry happily.
Themes
Emotional Arc
suffering to triumph
Writing Style
Narrative Elements
Cultural Context
Ovid's Metamorphoses is a foundational text of Roman mythology, retelling Greek myths with a focus on transformations. The stories reflect ancient Roman and Greek societal values, religious beliefs, and heroic ideals.
Plot Beats (15)
- Theseus asks Achelous about his missing horn, and Achelous begins his story.
- Achelous describes his rivalry with Hercules for Deyanira's hand, each presenting their claims to Oeneus.
- Hercules, impatient with words, challenges Achelous to a fight.
- They wrestle, and Achelous, being outmatched, transforms into a snake.
- Hercules mocks Achelous's snake form, recalling his defeat of the Lernaean Hydra.
- Achelous transforms into a bull, but Hercules seizes him by the horns and tears one off.
- The broken horn is consecrated by the Naiads as the cornucopia, symbolizing abundance.
- The story shifts to Ligdus and Teletusa, who is pregnant, and Ligdus vows to kill a female child.
- Teletusa, distraught, prays to Isis, who appears in a dream and instructs her to raise the child regardless of sex.
- Teletusa gives birth to a daughter, Ifis, and successfully raises her as a boy, keeping the secret from Ligdus.
- At thirteen, Ifis is betrothed to Ianthe, and both girls fall deeply in love.
- Ifis despairs over her identity, lamenting the impossibility of their love and comparing it to Pasiphae's unnatural desire.
- Teletusa, running out of excuses to delay the wedding, takes Ifis to Isis's temple for a final desperate prayer.
- Isis responds with divine signs, and as they leave the temple, Ifis feels her body changing, transforming into a man.
- Ifis, now a man, marries Ianthe, and the gods bless their union, with an inscription commemorating the transformation.
Characters
Deyanira
A woman of exceptional beauty, desired by many suitors, including the powerful Hercules and the river god Achelous. Her build is likely graceful and alluring, fitting her status as a highly sought-after maiden.
Attire: As a maiden sought by heroes and gods, her attire would be of fine Greek fashion, likely a peplos or chiton made of soft linen or wool, possibly adorned with simple, elegant embroidery. The story mentions 'el vestido con el cual perdió la vida' (the dress with which he lost his life), implying a significant garment, but no specific details are given beyond its role in Hercules' demise.
Wants: To marry a worthy suitor, though her personal preference is not explored in this segment.
Flaw: Her beauty inadvertently leads to conflict and tragedy for others, and ultimately for Hercules.
Her story arc is not detailed in this excerpt, but she is central to the conflict between Hercules and Achelous, and her actions (sending the poisoned robe) lead to Hercules' death.
Not explicitly detailed in this excerpt, but her role as a prize suggests she is valued for her beauty and perhaps her lineage.
Hércules
A man of immense strength and heroic build, fitting his reputation as a demigod who has completed many labors. He is described as having 'expeditas las manos' (ready hands) for fighting, indicating a powerful, muscular physique.
Attire: During the fight with Achelous, he is described as throwing 'su verde vestido' (his green garment), suggesting a simple tunic or cloak worn during travel or everyday activities, not his iconic lion skin, which is not mentioned here. He is also described as being 'esclavo de la hermosura de Onfale, se deja desarmar é hila con ella', implying a period where he wore women's clothing or was stripped of his usual heroic attire.
Wants: To win Deyanira, assert his superiority, and prove his strength. He is driven by a desire for glory and recognition, even from Juno, who opposes him.
Flaw: His pride and quick temper can lead him into direct confrontations. He is also susceptible to the charms of women, as seen with Omphale.
In this excerpt, he demonstrates his established heroic nature and immense power, overcoming a formidable opponent. His character is already fully formed as a powerful hero.
Proud, quick to anger, confident in his physical prowess, and dismissive of verbal arguments when he can resort to force. He is also capable of mockery and cunning, as shown when he laughs at Achelous's serpent form.
Aqueloo
A river god, capable of changing forms. In his human-like form, he is described as having 'ceñidas sus sienes y sus descompuestos cabellos con una guirnalda de cañas' (his temples bound and his disheveled hair with a garland of reeds). He possesses a 'peso y mole' (weight and mass) that makes him difficult to move. He is missing one horn, which is a source of his lament.
Attire: He wears a 'verde vestido' (green garment), likely a simple, flowing tunic or robe made of natural fibers, reflecting his connection to nature and the river.
Wants: To win Deyanira and assert his superiority over Hercules, especially as a local deity. He wants to maintain his dignity and power.
Flaw: His pride leads him to challenge a stronger opponent. His physical forms, though powerful, can be overcome by a truly superior force.
He begins as an arrogant contender, confident in his divine status. He is humbled by Hercules' superior strength, losing a horn in the process, which becomes a permanent mark of his defeat and a source of his sorrow.
Arrogant, boastful of his divine lineage and local power, but also cunning and resourceful when facing defeat. He is proud and sensitive about his missing horn.
Teseo
A Greek hero, implied to be strong and noble, as he is the one who questions Achelous. His build would be athletic and heroic, consistent with his legendary status.
Attire: As a hero and king (implied by his presence and interaction with a god), he would wear fine Greek attire, perhaps a chiton and a cloak, possibly with some armor or heroic accoutrements.
Wants: To understand the cause of Achelous's lament.
Flaw: Not shown in this excerpt.
He serves as a narrative device to prompt Achelous's story. No personal arc is shown in this excerpt.
Curious and respectful, asking Achelous about his sorrow.
Oeneo
King of Calydon and father of Deyanira. His appearance would reflect his royal status and possibly his age, as he is a father with a marriageable daughter.
Attire: Royal Greek attire, such as a richly embroidered chiton and a purple or crimson himation, possibly with a golden diadem or laurel wreath.
Wants: To secure a good marriage for his daughter, Deyanira.
Flaw: Not shown in this excerpt.
He serves as the arbiter for the contest between Hercules and Achelous. No personal arc is shown.
Prudent, as he considers the merits of powerful suitors for his daughter.
Ifis
Initially a young woman, raised as a boy. After transformation, described as having 'aumento de fuerzas' (increased strength), 'semblante era menos afeminado' (less effeminate countenance), 'cabellos mas cortos y ensortijados' (shorter and curlier hair), and feeling 'mas vigoroso que cuando era muger' (more vigorous than when a woman).
Attire: Raised as a boy, she would have worn male Cretan attire: a simple tunic (chiton) and perhaps a cloak (himation), likely in muted colors to avoid drawing attention. After transformation, she would continue to wear male attire, but with a newfound confidence. For the wedding, she would wear a groom's traditional Greek/Cretan attire.
Wants: To be with her beloved Ianthe, and to overcome the biological barrier preventing their union. Her ultimate motivation is to become a man so she can marry Ianthe.
Flaw: Her female biology, which prevents her from marrying Ianthe in the traditional sense, causing her immense emotional distress.
Ifis undergoes a profound physical and emotional transformation. She starts as a despairing young woman in love with another woman, facing an impossible situation. Through divine intervention, she is transformed into a man, allowing her to marry Ianthe and find happiness. Her arc is one of overcoming an insurmountable obstacle through love and divine grace.
Deeply conflicted, passionate, desperate, and ultimately hopeful. She is capable of profound love and despair over her impossible situation.
Yanta
A young Cretan woman, described as beautiful and desired by Ifis. Her physical appearance would be consistent with a maiden of marriageable age in ancient Crete.
Attire: As a young Cretan woman awaiting marriage, she would wear elegant Cretan attire, possibly a fitted bodice and a tiered skirt, made of fine linen or wool, perhaps with colorful embroidery.
Wants: To marry Ifis, whom she believes to be a man, and to begin her life as a wife.
Flaw: Her innocence and unawareness of Ifis's secret make her vulnerable to potential scandal.
She remains consistent in her love and desire for marriage with Ifis. Her arc is tied to Ifis's transformation, which allows their union to proceed happily.
Loving, eager, and innocent, unaware of Ifis's true gender or internal conflict. She genuinely loves Ifis.
Teletusa
Mother of Ifis, described as anxious and desperate. Her appearance would reflect her maternal care and the stress of keeping her daughter's secret.
Attire: As a Cretan woman, she would wear traditional attire, likely a chiton and himation. Her act of loosening her hair for prayer suggests a simple, unadorned appearance in her moment of crisis.
Wants: To protect her daughter Ifis from her husband's wrath and to ensure Ifis's happiness, even if it means divine intervention for an impossible love.
Flaw: Her fear of her husband and the societal consequences of her deception.
She begins as a mother burdened by a secret and facing an impossible situation. Through her desperate prayers, she facilitates her daughter's miraculous transformation, leading to a resolution of her anxieties.
Devoted, resourceful, anxious, and deeply loving towards her daughter. She is willing to defy her husband and deceive others to protect Ifis.
Isis
A powerful Egyptian goddess, described with specific 'insignias' (insignia) including a crescent moon on her head and sistrums. Her presence is marked by the trembling of her altar and temple doors.
Attire: As an Egyptian goddess, she would be depicted in traditional Egyptian divine attire, possibly a tight-fitting sheath dress, with elaborate headdress featuring the sun disk and cow horns, or in this context, specifically a crescent moon. Rich gold and lapis lazuli adornments would be appropriate.
Wants: To answer the fervent prayer of Teletusa and provide a solution to an impossible situation, upholding her divine authority and compassion.
Flaw: None shown; she is a powerful deity.
She acts as the divine agent of transformation, directly intervening to resolve the central conflict of Ifis's story.
Benevolent, powerful, and responsive to sincere prayer, especially from mothers in distress. She is a goddess of fertility, magic, and transformation.
Locations
Court of Calydon
The royal court of King Oeneus in Calydon, likely a grand hall or throne room where suitors would present their case.
Mood: Formal, tense, competitive, as Hércules and Aqueloo vie for Deyanira's hand.
Hércules and Aqueloo present their arguments to King Oeneus for Deyanira's hand in marriage, leading to their combat.
River Achelous (Aqueloo)
The physical river itself, where the combat between Hércules and Aqueloo takes place. Described as having a 'green garment' (referring to the river's banks or reeds) and sandy banks.
Mood: Intense, raw, powerful, as two mighty beings engage in a physical and shapeshifting battle.
The epic wrestling match and shapeshifting combat between Hércules and Aqueloo for Deyanira's hand.
Temple of Isis
A sacred place dedicated to the Egyptian goddess Isis, where Teletusa and Ifis go to pray for a miracle. The altar moves, the temple doors tremble, and the goddess's crescent moon headdress glows.
Mood: Desperate, hopeful, sacred, miraculous, filled with divine presence.
Teletusa prays to Isis for Ifis to be transformed into a man, and the miracle occurs, allowing Ifis to marry Ianthe.