LIBRO OCTAVO

by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4)

myth transformation dark Ages all ages 10582 words 47 min read
Cover: LIBRO OCTAVO

Adapted Version

CEFR A1 Age 5 180 words 1 min Canon 20/100

King Nisus lived in a far-off land. It was a big land. He had a very special secret. A red hair grew on his head. This hair was magic. It kept his city safe. The city was strong. King Minos wanted to take the city. He wanted the city for himself. King Nisus was worried. He was very worried.

King Nisus had a daughter. Her name was Princess Scylla. She was a young girl. She stood on the city wall. She looked at King Minos. King Minos was a strong leader. He looked brave. Princess Scylla liked him very much. She liked his looks. She watched him each day. She watched him from the wall.

Princess Scylla liked King Minos so much. She had a bad idea. A very bad idea. She thought Minos would like her. She wanted him to stop fighting. She wanted peace. King Nisus slept in his bed. He was fast asleep. Princess Scylla went to him. She had small scissors. She cut his special red hair. It was a secret. No one saw her. It

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LIBRO OCTAVO.

ARGUMENTO.

Despues que Minos puso sitio y tomó á Megara, Niso fue transformado en gavilan y Escila en cogujada. Desde aqui aquel volvió á Creta, donde estaba el Minotauro encerrado en el laberinto. Habiendo muerto á este Teseo, y volviendo con Ariadna á su patria, la abandonó en el camino. De aqui la llevó Baco, y colocó su corona en el cielo. Queriendo Icaro volar en pos de su padre de la isla de Creta, cayó y se ahogó en el mar; y cuando estaba aquel haciéndole las exequias, fue visto por Perdix, en que poco antes habia sido transformado Acalo su sobrino. Llamado Teseo para matar el jabalí de Calidonia, murió Meleagro, y fueron transformadas sus hermanas en aves, llamadas de su nombre Meleágrides. Despues, hospedado por Aqueloo, vió á las Náyades convertidas en las islas Equinades. La posibilidad de estos hechos la prueba Lelex con el egemplo de Baucis y Filemon transformados en árboles, su casa en templo, y su aldea en laguna. Finalmente añade Aqueloo las transformaciones de Proteo y Metra, y las suyas, de que habia usado en otro tiempo cuando se vió oprimido de Hércules por causa de Deyanira.


(82) La enamorada Escila es despreciada de Minos por traidora.

FÁBULA PRIMERA.

MINOS PONE SITIO Á MEGARA.

Luego que el lucero de la mañana, ahuyentadas las tinieblas de la noche, restituyó el claro dia, dejó de soplar el solano, y las nubes llovedoras se iban levantando, el suave austro facilita la navegacion á los soldados de Eaco y á Céfalo, quienes habiéndose hecho á la vela, arribaron felizmente á Atenas en menos tiempo que lo que creian. Entre tanto Minos, tomadas y asoladas las playas de Megara, dirigió la fuerza de su egército contra esta ciudad, en que reinaba Niso,[1] cuya suerte y seguridad del reino consistia en un cabello encarnado[2] que tenia en medio de las canas. Ya habia seis veces la luna llenado su redondez,[3] y aun duraba el sitio, sin que la fortuna, que entre los dos volaba, se hubiese declarado por ninguno de los dos partidos. Era el Real palacio de Megara una torre edificada sobre sus muros armoniosos, en los cuales se cuenta que Apolo dejó depositada su dorada lira, y que su sonido se comunicó á las piedras. Escila[4] en tiempo de paz solia subir muchas veces á esta torre, y entretenerse en hacer resonar las piedras de los muros, tirando á ellos algunas piedrecillas. Durante el sitio iba tambien por ver desde alli los ataques y encuentros sangrientos de Marte que se daban al rededor de la ciudad. Como hacia mucho tiempo que el enemigo estaba acampado, ya conocia por sus nombres á los principales oficiales, sus armas, caballos, y modo de pelear. Especialmente habia observado á su capitan[5] con mas atencion de la que era menester para su tranquilidad. En su opinion Minos si cubria su cabeza con el morrion soberbio, con su penacho era gallardo; si tomaba el refulgente escudo, le caia bien; si lanzaba el asta con sus brazos, alababa sus fuerzas y destreza, y juraba que Apolo no era mas diestro en disparar del arco las saetas. Cuando se quitaba el morrion para montar á caballo,[6] y sujetarle haciendo egercicio, salia fuera de sí, y llamaba dichoso al dardo que él manejaba, y venturosas á las riendas que tocaba con la mano. La venian ímpetus (si la fuera decente) de salirse á pasear entre el egército enemigo, y arrojarse de lo alto de la torre por caer en el campo de su amante; en fin estaba dispuesta á abrirle las puertas de bronce de la ciudad, ó á egecutar otra cualquiera cosa que fuese en favor de Minos. Sentada en lo alto de la torre, y tendiendo la vista al pabellon Real de su enamorado: „No sé, decia, si debo alegrarme ó entristecerme con esta deplorable guerra: siento á la verdad que Minos sea enemigo de quien le ama; pero si no hubiera guerra ¿cómo yo le pudiera conocer? ¡Oh! ¡si quisiera terminarla aceptándome á mí en rehenes, y que siendo yo prenda de la paz me llevase consigo! Gallardo Minos, Príncipe el mas hermoso de todos, si la que te dió á luz[7] fue tan hermosa como tú, con razon se enamoró Júpiter de ella. Seria yo muy feliz si conducida en alas por los aires pudiese volar á tu campamento, y manifestándome á tí, y confesándote mi amor, preguntarte qué querrias te diese por ser mio, que todo seria otorgado, con tal que no pidieses el reino de mi padre. Porque mejor quisiera perder las esperanzas de mi amor, que conseguirlas por una traicion. Aunque muchas veces sucede que la clemencia del vencedor hace mas suave la condicion de los vencidos. La guerra que Minos hace para vengar la muerte de su hijo[8] es justa; y puesto que la razon y fortuna estan de su parte, no podremos dejar de ser vencidos; y si este fuese el fin y la suerte de esta ciudad, ¿para qué ha de allanar Marte los muros, pudiendo hacerlo mi amor? De este modo podrá vencer sin muertes, sin dilacion, y sin exponerse á recibir ninguna herida. ¡Ay de mí! Mucho temo, querido Minos, la suerte que rezelo, y es que alguno sin conocerte te hiera; digo sin conocerte, porque ¿quién será tan cruel que sabiendo quién eres, se atreva á dirigir su lanza contra tí? Elijo y me resuelvo á entregarme, dando mi patria en dote, y poner asi fin á esta guerra; pero de nada sirve el estar resuelta á ello: las puertas de la ciudad estan cerradas, y mi padre tiene las llaves; á él solo temo; solo él retarda mis deseos. ¡Ojalá permitieran los Dioses que me hallara sin padre! Pero cualquiera se figura que es un Dios; la fortuna se burla de los vanos ruegos. Cualquiera otra, abrasada en un amor tan grande, ya hubiera vencido todos los obstáculos que se opusiesen á su pasion; y ¿qué? ¿tendré yo menos valor para vencerlos, aunque me sea necesario pasar por entre el fuego y el hierro? Pero no tengo necesidad de exponerme á tantos riesgos; solo necesito del cabello de mi padre. Él será para mí mas precioso que el oro; hará mi felicidad, y pondrá colmo á mis deseos.”

Estando Escila revolviendo en su imaginacion estos pensamientos, sobrevino la noche, y las tinieblas, tan propias para fomentar nuestras inquietudes, aumentaron su atrevimiento. Apoderábase ya el primer sueño de los cuerpos fatigados con los trabajos del dia, y he aqui la ocasion en que entrando esta pérfida sin ser sentida en el aposento de su padre, le corta (¡oh atrocidad!) el fatal cabello. Ufana la Princesa con este precioso depósito, á quien el crímen daba nuevo atrevimiento, sale de la ciudad apresurada; y atravesando el campo enemigo, llega á la tienda de Minos, á quien, sorprendido de verla, habló de esta manera: „Príncipe, no te admires de ver á la hija de Niso, que viene á entregarte su patria y Dioses: el amor ha sido el consejero de esta maldad. Toma este purpúreo cabello, prenda de mi amor, y no eres dueño de él solo, sino de la vida de mi padre; solo tu corazon te pido por premio de un servicio tan importante.” Minos, turbado con la idea de tal maldad, rehusando recibirle, la dijo: „¡Deshonra de nuestro siglo, los Dioses te destierren de su reino, y te nieguen el beneficio de la tierra y el mar[9] Ciertamente yo no consentiré que la isla de Creta,[10] en que Júpiter tuvo su cuna, y que es mi reino, admita en su recinto á quien cometió tal atrocidad.”

Despues que hubo dicho estas palabras se hizo dueño de la ciudad, impuso leyes á los vencidos,[11] y mandó dar la vela á sus naves forradas de cobre. Viéndose Escila tan cruelmente despreciada, se entrega á todos los transportes de su ira; y dando rienda á su furia, con el cabello desgreñado y las manos extendidas, exclama diciendo: „¿Adónde huyes, ingrato? ¿Por qué no llevas contigo á la que te ha procurado la victoria? ¿Tú sabes, oh pérfido, que te he preferido á mi padre y patria, y sin embargo me abandonas con tanta vileza? ¿Qué? ¿no pudieron moverte ni mi amor, ni el fatal presente que te hice, ni el colocar en tí todas mis esperanzas? ¡Desgraciada de mí! ¿Adónde me volveré ya desamparada? ¿Á mi patria? Ya no existe para mí; y aunque existiera, mi perfidia me ha desterrado para siempre de ella. ¿Á la vista de mi padre, que sacrílega te entregué? Los ciudadanos dignamente me aborrecen; los comarcanos se horrorizan de un egemplo semejante, y con razon temerian que egecutase con ellos igual vileza. Me he desterrado de toda la redondez de la tierra por solo la isla de Creta. ¿Y tienes valor para impedirme la entrada en ella? ¿Asi me desamparas, ingrato? No, no eres hijo de Europa, sino nacido quizá en alguna de las Sirtes,[12] ó de una tigre de Armenia, ó de Escila,[13] que ocasiona mil naufragios. No, no eres hijo de Júpiter, como presumes, convertido en toro para robar á tu madre, porque esto es solo una vana ficcion que inventaron para darte un orígen ilustre. El toro á quien debes tu nacimiento era mucho mas que fiero, y nunca conoció los efectos de amor. ¡Oh padre mio, dame el castigo que merezco! ¡y vosotros muros que poco há he vendido, regocijaos al verme sufrir con razon tantos males! Confieso que los merezco, y que soy digna de morir; pero ya que muera sea á manos de aquellos á quienes he ofendido. ¿Por qué tú que venciste con mi delito quieres ahora tomar venganza de él? El crímen que yo he cometido ha sido en beneficio tuyo, y contra mi padre y patria. ¡Oh! ¡y qué digna es de tenerte por marido aquella que concibió por un toro un amor detestable, y que dió á luz al monstruo Minotauro[14] ¿Pero mis tristes lamentos llegan acaso á tus oidos? Los vientos se llevan mis vanas palabras, del mismo modo que impelen y esparcen tus naves. Ya, ya no me admiro de que tu muger Pasifae antepusiese un toro á tu amor. Mas fiero eras tú que él. ¡Ay infelice de mí! ¡Cuán alegre se aleja el ingrato surcando las olas, que impelen los remos causando tan grande ruido! Pero en vano procuras alejarte de mí; te seguiré á todas partes, y asida á la popa de tu nave, atravesaré los anchurosos mares.” Apenas acabó de decir esto cuando se arroja al mar, é infundiéndola fuerzas el amor, llega nadando hasta la nave de Minos, en la que se detiene á pesar suyo. Niso, su padre, que ya se habia transformado en gavilan, la vió desde el medio de los aires, sostenido en ellos con sus alas rojas, y arrojándose sobre ella, procura despedazarla con su encorvado pico; pero ella con el temor deja la popa, y en vez de caer al mar se sostiene en el aire bajo la forma de aquella especie de cogujada, que trae su nombre del cabello que cortó á su padre.


FÁBULA II.

TESEO MATA AL MINOTAURO.

Minos luego que desembarcó en Creta hizo á Júpiter el sacrificio de cien toros que le tenia ofrecido, y colgó en su palacio los despojos y trofeos[15] de su victoria. Entre tanto crecia de dia en dia el Minotauro, monstruo de dos formas, y oprobio de la casa de este Príncipe. Era fruto del loco amor de Pasifae. Minos determinó tener oculta esta afrenta de su casa, encerrándole en el laberinto que edificó Dédalo, famoso arquitecto, con unas calles intrincadas, en que se perdia el tino con sus vueltas y revueltas.[16]

(83) Teseo mata al Minotauro y sale del laberinto de Creta.

No de otra manera que el precipitado Meandro gira en los campos de Frigia, y fluye y refluye con retorcida corriente,[17] y saliéndose á sí mismo al encuentro como si quisiera ver correr sus aguas caudalosas, unas veces se vuelve hácia su nacimiento, y otras hácia el mar, sin que se pueda formar idea de su incierto curso; asi Dédalo habia intrincado el laberinto con tantas calles que se cruzaban y volvian á encontrar unas en otras, que apenas pudo él mismo hallar la salida. ¡Tan enmarañada como esto estaba aquella morada! En este laberinto pues fue donde se encerró el Minotauro; este monstruo se habia saciado dos veces con la sangre de los jóvenes y doncellas que los atenienses pagaban en tributo cada nueve años; pero le domó uno de los que salieron en el tercer sorteo, que fue Teseo, el cual con un hilo que ató á la entrada del laberinto, y que al efecto le habia dado Ariadna, hija de Minos, salió de él felizmente despues de haber muerto al Minotauro, y se llevó robada á la Princesa á la isla de Naxos, en donde desentendido de cuanto la debia, tuvo la crueldad de dejarla abandonada. Viéndola en esta triste situacion, y compadecido Baco de su suerte y de sus quejas, la dió sus brazos, la consoló, y la ayudó. Con la idea de hacer inmortal la memoria de una Princesa tan amable, este Dios la quitó de la frente la corona que la adornaba, y la tiró y colocó en el cielo. Cuando volaba por los aires las piedras de la corona se convirtieron en estrellas, y en una constelacion que conserva la especie y figura de una corona, y se halla en medio de la que se llama Dragon.


DÉDALO HACE ALAS PARA SÍ Y SU HIJO ICARO.

Dédalo entre tanto, fastidiado de Creta, y del largo destierro que en ella sufria, se dejó arrebatar del amor de su patria; y como por todas partes estuviese cercado del mar, dijo: „Aunque la tierra y las olas me estan cerradas por el tirano,[18] no podrá este cerrarme el camino de los aires. No se extenderá su imperio hasta esta region, aunque sea señor del mundo entero, y yo sabré abrirme paso por ella para mi patria.”

Apenas dijo esto empezó á meditar un proyecto, que nadie hasta entonces habia imaginado. Tomó algunas plumas, y las puso en órden, empezando por las pequeñas, y concluyendo por las mayores, imitando las alas de las aves que se crian en los montes, á la manera que una rústica zampoña se compone de cañas desiguales. Ató con lino las grandes, y pegó con cera las pequeñas, y en esta disposicion las encorvó en aquella proporcion que se observa en las alas naturales. El muchacho Icaro, que estaba con Dédalo su padre, ignorando que trabajaba para su ruina, ya con rostro alegre recogia las plumas que el viento habia arrebatado, ya ablandaba entre sus dedos la cera que debia unirlas; tambien algunas veces con sus juegos sencillos estorbaba la admirable obra del padre. Luego que esta se concluyó hizo Dédalo la prueba tomando vuelo, y se elevó con el movimiento del aire.


(84) El calor del Sol derrite la cera que pegaba las alas de Icaro, y cae al mar.

FÁBULA III.

ICARO CAE AL MAR.

Acomodó tambien otras alas á su hijo, diciéndole de esta manera: „Procura, Icaro mio, guardar un buen medio cuando vueles por los aires, porque si vas muy bajo se entorpecerán las plumas con los vapores del agua, y si muy alto el calor del sol puede abrasarlas. Camina entre estos dos extremos, y te mando que no mires á Bootes,[19] ni te acerques á la Osa helada ni al Orion:[20] sígueme siempre á mí como á tu guia.” Le instruye en las reglas del vuelo, y acaba de ajustar á sus hombros las alas: temblábanle las manos al viejo, y le caian las lágrimas por las mejillas al tiempo de acomodárselas y de darle sus consejos. Últimamente, despues de haberle besado por la última vez, emprendió su vuelo delante para mostrarle el camino, cuidadoso siempre del hijo, y con su egemplo le exhorta á que le siga, enseñándole el nuevo y dañoso arte: asi como el ave cuando saca á volar desde el alto nido sus tiernos hijuelos, ni mas ni menos Dédalo movia sus alas, é iba siempre mirando á las de su hijo. Se pasman viéndolos volar el pescador que tenia echada á los peces su trémula caña, el pastor que se apoyaba en su cayado, y el labrador en su esteva, creyendo y teniendo todos por Dioses á los que volaban por los aires. Ya Dédalo é Icaro habian dejado á su izquierda la isla de Samos, tan célebre por el culto de Juno, la de Delos y Paros, y miraban á su derecha las de Lebinto y Calimne, tan fecunda en miel, cuando el jóven Icaro empezó á alegrarse temerariamente con el vuelo, y abandonó á su guia por elevarse mas alto, arrebatado del deseo de volar hasta el cielo: en esta disposicion el calor del cercano sol ablandó la cera que sujetaba las plumas, y derritiéndose y deshaciéndose las alas, ya volaba con los desnudos brazos, careciendo de remos con que sostenerse sobre el aire; y llamando en vano á su padre, cayó en el mar, que se llamó Icaro de su nombre. „Icaro, Icaro, exclama su desgraciado padre (aunque habia dejado de serlo), ¿donde te hallas? ¿En qué pais te buscaré, hijo mio?” Cuando pronunciaba estas tristes palabras vió en las aguas las plumas. Despues que maldijo la destreza de su arte, hizo las exequias á Icaro, dándole sepultura en la isla cerca de la cual habia perdido la vida, y que se apellidó despues con su nombre.


FÁBULA IV.

PERDIX CONVERTIDO EN AVE.

Mientras Dédalo daba sepultura[21] á su desgraciado hijo le vió desde las ramas de una encina la parlera perdiz, única y no vista ave hasta aquel tiempo, y en la que poco antes habia sido convertido Perdix ó Acalo, sobrino de Dédalo: empezó á sacudir las alas, y á manifestar con su canto la alegría de que Dédalo pagase asi su delito, y la injuria que le habia hecho, porque Acalo, siendo de doce años y de una índole acomodada para aprender, su madre, hermana de Dédalo, se lo habia confiado para que le enseñase é instruyese en las artes, no sabiendo lo que de ello habia de resultar. Observando cierto dia con alguna atencion la espina que los peces tienen en medio, trabajó sobre este modelo un pedazo de hierro, y habiendo hecho una sierra, tuvo la gloria de haber sido el inventor de un instrumento utilísimo.

(85) Perdix es precipitado por su envidioso tio, pero Minerva le transforma en Perdiz.

Él fue tambien el primero que unió dos hierros iguales, de modo que el uno quedase inmóvil en tanto que el otro daba vuelta á la redonda, y fue de este modo el inventor del compas. Dédalo, envidioso de los progresos que hacia el jóven, lo despeñó de lo alto de la torre de Minerva,[22] é hizo correr la voz que habia caido por acaso; pero felizmente no pereció,[23] porque Minerva, que siempre ha favorecido á los ingenios, lo cubrió de plumas, transformándole en ave. La eficacia antigua de su veloz ingenio se comunicó á sus pies y alas, y conservó su mismo nombre. No obstante, como se acuerda aun de su caida, no se atreve á remontar mucho el vuelo,[24] ni á hacer sus nidos en los árboles; vuela cerca de la tierra, y pone sus huevos en los vallados.

Ya Dédalo habia llegado á Sicilia, donde su benigno Rey Cócalo le defendió á fuerza de armas del poder y persecucion de Minos: y ya el reino de Atenas por la hazaña de Teseo[25] se habia libertado del vergonzoso tributo que hasta entonces habia pagado á Creta, y en reconocimiento de ello se ofrecian sacrificios á Minerva y á Júpiter:[26] los templos estaban magníficamente adornados; el incienso ardia en ellos, y corria la sangre de las víctimas.


(86) Meleagro presenta á Atalanta la cabeza del Jabalí de Calidonia.

FÁBULA V.

MELEAGRO MATA EL JABALÍ DE CALIDONIA.

La fama de este Príncipe[27] de tal modo se habia extendido por todas las ciudades de la Grecia y Peloponeso,[28] que de todas partes acudian en sus grandes necesidades á implorar su auxilio; y aunque la ciudad de Calidonia tenia la gloria de poseer á Meleagro, imploraba rendida el favor del jóven con solícitos ruegos. Un monstruoso jabalí, ministro de la venganza de Diana, irritada contra los de Calidonia, asolaba sus campos, y esta era la causa de su solicitud. Oeneo, Rey de esta desgraciada ciudad, queriendo dar gracias á los Dioses por una abundante cosecha que le habian dado, ofreció las primicias de los granos á Céres, las del vino á Baco, y las del aceite á Minerva. Todos los demas Dioses, empezando desde los agrestes, tuvieron parte en estos donativos y ofrecimientos: solo de Diana no se hizo aprecio; y mientras el incienso ardia en todos los otros templos, el suyo quedó olvidado. Tambien los Dioses se dejan llevar de la ira;[29] y Diana poseida de ella: „No quedará impune esta accion, dijo entonces; y ya que se publique el no habérseme tributado el debido honor, no se dirá que lo he sufrido sin tomar venganza;” y por este desprecio que de ella se hizo envió á los campos de Calidonia un jabalí, que excedia en magnitud á los mayores toros de la herbosa Epiro, tanto cuanto estos exceden á los de Sicilia. Centelleaban los ojos de este monstruo con la sangre y fuego que en ellos se traslucian; su espantosa cerviz estaba áspera y horrorosa con las espesas cerdas que á manera de puas formaban como un vallado ú haz de lanzas apiñadas. De su boca caia y corria por los lados una herviente espuma, que de ella hacia salir un ronco gruñido; los colmillos eran iguales á los dientes de los elefantes; arrojaba rayos por la boca, y el centelleante aliento que exhalaba agostaba las yerbas y flores. Unas veces destruia los sembrados cuando apenas habian nacido, otras cuando estaban maduros y sazonados, sacando las lágrimas de los ojos á los míseros labradores. Las eras y trojes quedaban sin el grano que esperaban. Desgajaba el monstruo los sarmientos con sus racimos, y los ramos de las siempre verdes olivas cargados de fruto. Tambien se enfurecia contra los rebaños, sin que bastasen á defenderlos los pastores ni los perros, ni á las vacadas los fieros toros. Todas las gentes huian, y nadie se contemplaba seguro sino encerrado dentro de las murallas. En este conflicto Meleagro, y los jóvenes que para el efecto escogió, se enardecieron con el deseo de adquirir fama. Eran estos los gemelos Castor y Polux,[30] sobresalientes el uno en la pelea de los cestos, y el otro en la ecuestre; Jason,[31] inventor de la primer nave que se vió sobre el mar; Teseo con su amigo Piritoo; los dos hijos de Tetis, Toxeo y Plexipo; Linceo, hijo de Afareo; el ligero Idas, y Ceneo, que habia mudado el sexo; el feroz Leucipo, y Acasto, certero en las saetas; Drias, y Fenix, hijo de Amintor; los dos hijos de Actor, Eurito y Cleto, y Fileo, que habia venido de la Elide; Telamon, y Peleo, padre del grande Aquiles, con Admeto, hijo de Feretis; Yolas, Beocio de nacion; el diligente Eurition, y Equion, invencible en la carrera; Lelex, de la ciudad de Locris; Panopeo, Hileo, el feroz Hipaso, y Nestor,[32] que se hallaba entonces en la flor de la juventud, con otros que Hipocoonte envió de la antigua Amicla; Laertes, padre de Ulises, el Parrasio Anceo, el sagaz Ampicides, y Anfiarao,[33] á quien aun no habia vendido su muger; y últimamente Atalanta, hija de Speneo, hermosísima doncella, honor del bosque Liceo, y natural de Texea, en Arcadia. Llevaba recogida con una hebilla la extremidad de su vestido, y su cabello con un solo nudo. De su hombro izquierdo pendia una aljaba de marfil, y el arco en la mano izquierda: en esto consistia todo su adorno; y su rostro reunia la belleza y donaire gentil de una doncella, y virginal de un jóven. El verla Meleagro, el desearla, y el encenderse en un oculto amor, fue todo á un tiempo; pero no tenia á su favor el Dios de esta pasion. Decia pues entre sí: „Feliz aquel que sea su esposo.” No tuvo tiempo de decir mas, ni se atrevia á hablarla, porque instaba y urgia el dar principio á la caza del jabalí.

El bosque donde se juntaron estos jóvenes, como nunca se habia cortado, estaba muy enmarañado y espeso; la falda empezaba llana, y elevándose poco á poco, era una atalaya de los campos. Luego que estuvieron juntos en él todos los de la empresa, unos tienden las redes, otros quitan las cadenas á los perros, y otros siguen el rastro y huellas del jabalí, con deseos de ojearlo, sin que les desanime el peligro. Alli se descubria un valle, y en lo mas profundo de él una laguna, á la que iban á desaguar algunos arroyos engrosados con las lluvias, y sus márgenes estaban coronadas de sauces, juncos, cañas y otras plantas palustres. Excitado el jabalí, que se ocultaba en esta espesura, se lanzó como un rayo hácia los cazadores. Por donde pasaba iba destrozando el monte, y causando un espantoso ruido. Los resueltos jóvenes comenzaron á gritar, y le presentaron el venablo para detenerlo; pero pasó todas las barreras, y apartó á fuerza de dentelladas á los perros, que se oponian á su veloz carrera. Erró el golpe Equion, que fue el primero que le disparó un dardo, que vino á dar ya flojo en un árbol. Jason hubiera acertado si hubiera tirado el suyo con menor violencia; pero por la fuerza que llevaba se pasó de largo sin herirle. Ampicides, invocando entonces á Febo, le hizo esta súplica: „Astro del dia, si la veneracion que siempre te he rendido, y te continúo tributando, ha sido de tu aprobacion, concédeme acertar el tiro al blanco á que nos dirigimos.” Apolo oyó su ruego en cuanto pudo: el dardo tocó al jabalí; pero sin herirle, porque Diana le habia despojado del hierro en el camino.[34] Sin embargo el golpe acrecentó el furor de la fiera, y vibró de sus ojos y boca un fuego semejante al de un rayo; y cual máquina[35] que bate con impetuosidad los muros de una ciudad, ó una torre llena de soldados, asi el monstruo se arroja con furor en medio de los cazadores. Eupalamon y Pelagon, que estaban á la derecha, fueron derribados, y sus cuerpos retirados por sus compañeros. No pudo evitar un golpe mortal Enesimo, hijo de Hipocoonte, pues de una dentellada le desbarató á tiempo que temblando se disponia á salvarse huyendo. Nestor hubiera perecido antes de ir á la guerra de Troya; pero se libró apoyando su lanza en el suelo, con la cual saltó á un árbol que estaba inmediato, y desde él se estuvo mirando seguro al jabalí de quien habia huido. Este, habiendo afilado sus dientes en el tronco de una encina, confiado en sus nuevas armas, amenaza de muerte á los que le perseguian, y dió á Oritia una gran dentellada en un muslo. Los dos hijos de Tíndaro,[36] que aun no habian sido recibidos en el número de los Dioses, montados en dos soberbios caballos, mas blancos que la misma nieve, blandiendo ambos las lanzas, le hubieran herido si no se hubiese metido en un lugar del bosque tan espeso, que era impenetrable no solo á los caballos, sino aun á los mismos dardos. Telamon,[37] que quiso perseguirlo con demasiado ardor, tropezó en la raiz de un árbol, y cayó inclinado; y mientras Peleo su hermano lo levantaba, Atalanta de un flechazo hirió al jabalí debajo de la oreja, aunque levemente. No se alegró menos que ella Meleagro de este suceso. Se dice que fue el primero que vió correr la sangre de la herida, y la mostró á sus compañeros; y dirigiéndose á esta Princesa: „Conseguirás, la dijo, el honor que has merecido por tu valor.” Avergonzáronse con esto los varones que estaban presentes; se acaloraron unos á otros por medio de grandes gritos, y arrojaron sobre la bestia una lluvia de dardos; pero con tal desórden, que la misma multitud impedia acertar el golpe.

El Arcadio Anceo, que iba armado con una hacha de dos cortes, picado de este mal suceso y del discurso de Meleagro, habló á los que le acompañaban de este modo: „Vais á ver, ó jóvenes, cuanta ventaja lleva el brazo del hombre al de la muger: aunque la misma Diana defendiese á este monstruo con sus propias armas, á pesar suyo será mi diestra el instrumento de su muerte.” Despues que pronunció este soberbio y temerario discurso tomó su hacha con ambas manos, y levantándose sobre las puntas de los pies para dejarla caer con mas impetuosidad, iba á herirle; pero el jabalí le ganó la accion, y dirigiéndose adonde era mas segura y pronta la muerte, le rasgó las ingles de una dentellada. Cayó con la herida, y sus entrañas desprendidas caian entre la sangre que regaba la tierra. Teniendo Piritoo su venablo en la mano, iba á arrojarse sobre el espantable monstruo, cuando Teseo, asustado del riesgo que corria, le dijo desde lejos: „Detente, mitad de mi vida,[38] y á quien yo estimo mas que á mí mismo: no conviene á tu valor alejarte mucho de nosotros; el arrojo imprudente de Anceo ha causado su ruina.” Dijo esto, y tiró al jabalí su dardo con tanta fuerza y destreza, que seguramente le hubiera herido, si la rama de un árbol no lo hubiese estorbado. Jason, que le disparó el suyo, en vez de herir la fiera atravesó á un perro de parte á parte, y lo cosió con la tierra.

Meleagro le disparó dos, uno despues de otro; pero con suerte muy diferente, pues el uno se clavó en la arena, y el otro hirió al jabalí en medio de la espalda; y mientras se enfurece, dando mil vueltas á la redonda por arrancarse el dardo de la herida, y vomita rios de espuma mezclada con sangre con un ruido espantable, preséntase el autor de la herida, y le atraviesa el venablo por medio del cuerpo. Todos sus compañeros manifiestan su alborozo con una gran gritería, y se apresuran á tocar con sus manos las del vencedor. Maravillados á la vista del monstruo, cuyo cuerpo cubria un espacio considerable de tierra, aun no se juzgan seguros para acercarse; pero no obstante cada uno ensangrienta en él su dardo. Meleagro, teniendo el pie sobre la cabeza para cortársela, habló á Atalanta en estos términos: „Toma este despojo que de derecho me toca, y participa de la gloria de esta victoria.”[39] Al punto que acabó de decirlo la dió por despojo la áspera piel con las punzantes cerdas y cabeza del jabalí, de cuya boca salian los agudos colmillos. Atalanta quedó contenta con el presente, y prendada del que lo hacia; pero todos los demas cazadores tuvieron envidia, y se pusieron á murmurar, de los cuales los dos hijos de Testio, extendiendo los brazos, clamaron altamente: „Ea pues, muger, deja esos despojos; no nos quites la gloria que nos es debida; no te dejes alucinar de tu hermosura por este mérito, ni te expongas á perder y á alejar para siempre de tí al que enamorado de ella te hace este regalo;” y diciendo esto la arrebatan la piel de las manos, quitándole á él con esta accion el derecho que á ella tenia. No se acomodó á consentirlo Meleagro, y montando en cólera les dijo: „Aprended, ladrones de la honra agena, la diferencia que hay de los hechos á las amenazas.” Despues de estas pocas palabras atravesó con su espada el pecho de Plexipo, que no rezelaba tal cosa; y hallándose Toxeo dudoso en resolverse, pues por una parte deseaba vengar á su hermano, y por otra temia igual desgracia, se vió sorprendido y atravesado con la misma espada, caliente todavía con la sangre de Plexipo.

Altea iba á dar gracias á los Dioses por la victoria que su hijo acababa de alcanzar, cuando encontró los dos cadáveres de sus hermanos, que los llevaban á Calidonia. Sorprendida al verlos empezó á llorar, y á llenar de lamentos toda la ciudad, y se vistió de luto, dejando las galas. Pero luego que supo que su hijo era el homicida de sus dos tios, dejó de llorar, y sus lágrimas se convirtieron en deseo de la venganza.[40] Cuando parió á Meleagro, las tres Parcas[41] pusieron un tizon en el fuego, é hilándole la vida, dijeron: „Tanto tiempo damos á este recien nacido cuanto tarde en consumirse este tizon.” Retiráronse las Diosas despues de haber proferido la sentencia, y Altea quitó del fuego el fatal tizon que ardia, y apagándole con agua, le tuvo guardado mucho tiempo en lo mas escondido de la casa, y de este modo conservó y dilató la vida de su hijo. Sacó pues Altea el tal tizon, y mandando traer teas y otros combustibles, les puso fuego por su propia mano. Cuatro veces fue á poner el tizon en las llamas, y otras tantas se detuvo, vacilando entre el amor del hijo y el de los hermanos: el horror de tan gran delito la ponia pálida; un instante despues, ardiendo en ira, se le encendian los ojos y rostro;[42] unas veces le tenia cruel y amenazador, y otras manifestaba piedad y compasion; y aunque el fiero dolor de su ánimo la enjugaba algun tanto las lágrimas, con todo le corrian algunas: y á la manera que una nave, á quien opuestamente impelen hácia una parte el viento y hácia otra las corrientes, siente dos violencias, y unas veces se deja llevar de la una y otras de la otra; del mismo modo Altea fluctúa entre dos contrarios afectos: unas veces depone la ira, y otras se vuelve á enfurecer, y á empezar á ser mas bien hermana que madre, haciéndose piadosa con la impiedad para aplacar con la sangre de su hijo los manes de sus hermanos. Dejóse por último arrastrar de la ira, y volviendo á tomar el tizon: „Abrase, dijo, este leño fatal que tengo en mis crueles manos mis mismas entrañas;” y poniéndose inmediata á las tumbas de sus hermanos, prosiguió diciendo á las tres Furias:

„Diosas, que estais establecidas para castigar los delitos, sed testigos del sacrificio que voy á ofrecer: por vengarme incurro en una maldad; pero una muerte se ha de castigar con otra muerte; á un delito se ha de añadir otro delito, y á un funeral otro funeral: destrúyase esta impía casa por duplicados lutos. ¿Será razon que mi marido Oeneo goce con felicidad de su hijo vencedor, y que Testio mi padre quede sin sus dos hijos? Mejor es que ambos lloren á un tiempo por un mismo motivo; y vosotras, sombras de mis hermanos, almas queridas, que acabais de bajar á la mansion tenebrosa, experimentad los efectos[43] del oficio que os voy á dedicar, y aceptad las exequias que os preparo con el desgraciado fruto de mi vientre; pero ¡ay de mí! ¿adonde me arrebata este ciego furor? Hermanos, perdonadme que soy madre, y mis manos no se atreven á llevar adelante lo comenzado: confieso que mereció morir. Conozco que el delito de mi hijo es digno de muerte; pero no me atrevo, y rehuso castigar con ella al que le cometió. Y ¿qué? ¿ha de quedar impune, para que vencedor y engreido con su triunfo obtenga el reino de Calidonia? Y vosotros, queridos hermanos, ¿quedareis reducidos á un poco de ceniza y sombras heladas? No, no lo toleraré por vida mia; muera el delincuente, y lleve al sepulcro todas las esperanzas de su padre, el reino y la ruina de su patria. Pero ¡ah! ¿son acaso estos dignos sentimientos de una madre? ¿Qué? ¿me olvido de los piadosos deseos paternales y de los trabajos que pasé por su respecto diez meses? ¡Ojalá que se hubiera consumido al primer incendio del fuego que pusieron las Parcas, y ojalá que yo lo hubiera consentido! Hijo mio, tú has vivido hasta ahora por un beneficio mio, y ahora morirás por tu delito:[44] experimenta el castigo de tu iniquidad, y restitúyeme la vida que te he dado dos veces, la primera por haberte parido, y la segunda por haber separado del fuego el tizon fatal, ó mátame, y enviáme al sepulcro con mis hermanos. Deseo vengarles, y no puedo. ¿Á qué me resolveré en fin? ¿Qué haré? Por una parte se presentan á mis ojos las heridas de mis hermanos, y la imágen de sus crueles muertes; por otra el amor y nombre de madre me abaten el ánimo. ¡Desdichada de mí! Mal será que venzais; pero venced, hermanos, y despues que os haya hecho estas exequias, os seguiré tambien al sepulcro.” Luego que Altea acabó este razonamiento, volviendo el rostro y temblando,[45] echó con sus manos el funesto tizon en medio de las llamas.

El leño fatal al caer en ellas ó se resistió, ó á lo menos lo pareció, y comenzó á arder como contra la voluntad de la hoguera. Meleagro, aunque ausente y sin saberlo, se iba abrasando á proporcion que el tizon ardia, y sintiendo abrasársele las entrañas con un oculto fuego,[46] que procuraba sufrir y vencer con su valor. Afligíale el verse perecer con una muerte lenta y sin derramar sangre, y llamaba felices las heridas de que poco antes habia muerto Anceo peleando con el jabalí. Sus últimas palabras fueron clamar con gemidos á su anciano padre, á sus hermanos y hermanas, á su consorte, y acaso tambien llamaba á su madre. Crecian á un mismo compas el fuego en que ardia el tizon y el en que se abrasaba Meleagro: por falta de materia se iban empezando á apaciguar, y cuando acabó de arder el tizon acabó tambien la vida de Meleagro,[47] y su espíritu se exhaló como un leve vapor, quedando poco á poco el fuego reducido á una blanca ceniza. Con la noticia de un accidente tan funesto toda la ciudad de Calidonia se consterna en extremo; los jóvenes y viejos, los grandes y el vulgo se afligen. Por todas partes no se oyen sino llantos y gemidos; las mugeres vestidas de luto se arrancan los cabellos;[48] el desgraciado Oeneo, tendido en el suelo y cubierto de ceniza y polvo, se queja tristemente por haberse prolongado sus dias hasta este fatal momento: nada digo de Altea, su madre, quien no habiendo podido sobrevivir á la desesperacion á que le habia reducido un delito tan enorme, se atravesó el corazon con un puñal.

Pero aunque Dios me hubiera dado cien expeditas lenguas; aunque yo pudiera hacerlas hablar dignamente, y aunque yo solo poseyera todos los talentos de las Diosas que habitan el Helicon, no me seria posible pintar toda la afliccion y tristes ayes de las hermanas de este Príncipe. Vestidas de luto se golpean sus pechos cárdenos; y mientras el cadaver de su hermano está en el féretro, le calientan y vuelven á calentar, besando el cuerpo y el lecho donde yace, y despues de estar reducido á cenizas aplican tambien estas á su pecho. Tendidas delante de su sepulcro besan la losa en que su nombre estaba esculpido, regándola con sus lágrimas, continuando su dolor hasta que Diana, saciada en fin (si puede decirse asi) de las calamidades de la deplorable familia de Oeneo, las transformó en aves.[49] Los cuerpos de estas desgraciadas Princesas, exceptuando á Gorge y Deyanira, se cubren de plumas; sus brazos se truecan en largas alas, y la boca en duro pico, y asi transformadas hace que vuelen por los aires.


(87) El rio Aqueloo detiene á Teseo y le ruega descanse en su casa.

FÁBULA VI.

TESEO SE DETIENE EN CASA DE AQUELOO.

Teseo, despues de concluida la caza comun de Calidonia, á que habia sido convidado, regresándose á Atenas, le cerró el camino y le hizo detener el rio Aqueloo, que iba fuera de madre con la abundancia de lluvias. „Entra en mi casa, ilustre y generoso Teseo, le dijo el Dios de este rio,[50] y no te expongas á la impetuosidad de las corrientes. Cuando como ahora se enfurecen, suelen arrastrar en su corriente troncos macizos, y voltear grandes piedras con un espantable ruido. Yo le he visto algunas veces derribar las casas mas sólidas, próximas á la ribera, y arrastrar los rebaños y sus apriscos, sin que la fuerza de los toros ni la ligereza de los caballos pudiesen salvarlos de la violencia de sus ondas. Muchas veces las nieves derretidas han formado torrentes impetuosos, que se han llevado á los jóvenes mas robustos. Mejor será sin duda que aguardes aqui, y descanses en mi casa hasta que el rio baje á las márgenes que le enfrenan.” „Yo acepto, dijo Teseo, tu hospedage y tus consejos, y me aprovecharé con gusto de ellos.” Despues de este cumplimiento se dirigieron á la habitacion de este Dios. Era una gruta hecha de rocallas y piedras pómez, cuya bóveda estaba hermoseada de conchas de varios colores, colocadas con mucho arte, y el pavimento bordado de musgo y cesped. Luego que llegó la hora de comer, Teseo y sus compañeros se sentaron en los lechos que les tenian preparados;[51] Piritoo estaba á un lado, y el Trecieno Lelex á otro.[52] Este héroe era entonces de bastante edad, y sus cabellos empezaban ya á emblanquecerse. Aqueloo, alegre con tener en su casa un huesped como Teseo, hizo sentar tambien á todos sus compañeros, que habia juzgado dignos de tal honor. Despues que estuvieron colocados, una porcion de hermosas Ninfas descalzas cubrieron la mesa de manjares; y concluida la comida y retiradas las viandas, sirvieron el vino en un vaso guarnecido de piedras preciosas. Entonces Teseo, tendiendo la vista á los mares que tenia presentes, dijo: „¿Qué lugar es aquel (señalándole con el dedo) que se divisa desde aqui? Te suplico nos digas el nombre de aquella isla, ó por mejor decir de todas las que estan en aquel parage, pues parece no ser una sola.” „Juzgas muy bien, le respondió Aqueloo, hay cinco islas en aquel sitio; pero estan tan inmediatas unas de otras, que á la vista parecen una sola; y para que te cause menos admiracion la venganza tan cruel que Diana tomó contra los de Calidonia, voy á referirte la historia de estas islas. En esta comarca habia en otro tiempo cinco Náyades, que habiendo sacrificado diez toros, convidaron al sacrificio á todas las deidades del campo,[53] y sin acordarse de mí tuvieron un festivo baile. Ofendido de este desprecio, engrosé las olas de mi rio, enfureciéndome tanto como en mi mayor creciente, terrible en el aliento y en las olas, arranqué selvas y campos enteros, y con ellos llevé hasta el mar las Ninfas que hasta entonces no se habian acordado de mí. Mis olas y las del mar dividieron este pequeño continente, y formaron de este modo las cinco Equinades[54] que ves.”

„Entre todas esas islas, continuó, ¿no observas la que está mas distante? Llámanla la isla de Perimela. Era una Ninfa á quien yo amaba, y á quien hice perder el nombre de doncella; lo que su padre Hipodamante llevó á mal, y en venganza arrojó á su hija á lo profundo del mar desde un alto escollo para que pereciese. Yo la recibí al caer, y llevándola sobre mí á nado: „Ó Neptuno, exclamé, Dios del mar, á quien tocó por suerte el cetro de la segunda porcion del mundo, y á quien todos los rios rinden homenage mezclando sus aguas con las que estan bajo tu poder, asiste aqui, y escucha apacible mis plegarias. Yo he causado la ruina de esta Ninfa, que ahora tengo sobre mis brazos; y si su padre fuera racional y justo, ó por mejor decir si no hubiera sido tan impío, sin duda se hubiera compadecido de ella, y á mí me hubiera perdonado: poderoso Dios, hágante mella mis lágrimas, y concede un lugar seguro á esta infeliz, precipitada á las olas por la inhumanidad de su padre; ó haz de modo que ella se convierta en el lugar de su habitacion, porque aun asi tendré el consuelo de circundarla con mis aguas.” Condescendió Neptuno inclinando la cabeza, á cuya insinuacion se retiraron todas las aguas de aquel sitio. Sin embargo continuaba nadando Perimela; yo mismo tocaba su pecho, que aun palpitaba con bastante timidez; y cuando me regocijaba con este tacto advertí que empezaba á endurecerse su cuerpo, y que sus entrañas se reconcentraban en la tierra, y cubriéndola enteramente quedó convertida en isla.”


FÁBULA VII.

FILEMON Y BAUCIS.

Despues de esta narracion calló Aqueloo, y todos se quedaron admirados de una cosa tan portentosa; pero Piritoo, hijo de Ixion, que no tenia respeto á los Dioses, y que era de ánimo feroz, se burló de la credulidad de sus compañeros. „Tú nos cuentas, dijo á Aqueloo, unas patrañas, y juzgas que los Dioses son todopoderosos, y quitan y ponen á las cosas sus figuras.” Todos se quedaron espantados, y ninguno aprobó semejantes blasfemias; y tomando la mano Lelex, grave ya en edad y prudencia, dijo asi: „Es inmenso y no tiene fin el poder del cielo, y los Dioses hacen todo lo que quieren; y para que menos lo dudes has de saber que en los montes de Frigia hay una encina inmediata á un tilo, cercada con un pequeño muro; yo mismo ví el parage cuando Piteo me envió á este pais, en que reinaba en otro tiempo su padre. Bien cerca hay un estanque, que antes fue tierra habitable, y ahora es una laguna frecuentada de cuervos marinos y cercetas. Júpiter en figura de hombre mortal vino al tal sitio, acompañado de su hijo Mercurio sin alas ni caduceo.

(88) Júpiter y Mercurio hallan hospitalidad en casa de Filemon y Baucis.

„Despues que en muchas casas pidieron hospedage, y les fue negado, llegaron por último á una pequeña cabaña, cubierta de paja y cañas palustres, en la que los recibieron con mucho agasajo Filemon y Baucis su muger, anciana llena de piedad, como tambien su marido. Los dos de igual edad se habian casado muy jóvenes, y envejecido en aquella pobre choza. Pobres y sin bienes habian sabido con su virtud disminuir los riesgos de la indigencia. Ellos solos en esta cabaña eran los señores y criados, y componian toda la familia; ellos mismos daban las órdenes, y ellos las egecutaban. Luego que Júpiter y Mercurio entraron bajando la cabeza, porque la puerta era muy baja, Filemon les rogó que descansaran, presentándoles unos asientos, sobre los cuales Baucis puso un poco de paja para que estuviesen con mas comodidad: despues desenvolvió la caliente ceniza, y buscó entre ella algunas pequeñas brasas que habian quedado del dia anterior, y poniendo sobre ellas hojas y virutas secas, á fuerza de soplar con fatigado aliento estas concibieron llamas; y para cebarlas arrancó del techo de la choza algunos manojos y ramos menudos, y partiéndolos en trozos, los aplicó á un pequeño caldero que habia puesto con agua á la lumbre, y al mismo tiempo cortó y preparó unas verduras que su marido habia cogido en un pequeño huerto: él entre tanto alcanzó con una horquilla una espaldilla de tocino que estaba colgada en una negra viga, y cortando de ella una pequeña parte, la puso á cocer en el agua hirviendo del caldero. Para que á los Dioses no se les hiciese largo el tiempo que gastaban en disponer la comida, les entretuvieron con varias conversaciones. En un rincon pendia de una asa encorvada un barreño de haya, que Filemon llenó de agua para que se lavasen los pies.[55] Habia tambien en medio de la choza un tarimon ó lecho de madera de sauce con los pies de lo mismo, sobre el cual estaba un jergon rehenchido de suaves ovas, en el cual extendió la vieja Baucis una manta que solia servirles para los dias de fiesta, bien que vil y despreciable, y acomodada á la armadura de sauce. Sentáronse en él los Dioses, y Baucis arregazada y temblando de vejez puso la mesa; pero por desgracia tenia desigual un pie, y lo remedió poniendo debajo un pedazo de teja. Despues que la enderezó, limpió y cubrió con hierba buena, sirvió y puso sobre ella aceitunas aderezadas, cerezas, otras hierbas y raices conservadas y adobadas en vino, queso y algunos huevos asados en el rescoldo,[56] y todo servido en platos de barro. Un jarro de la misma materia, con unos vasos de haya bien encerados por dentro, componian toda la bajilla. Despues de esto sirvieron la comida condimentada,[57] y vino, que no era muy añejo, y por postres[58] nueces, higos pasos, sazonados dátiles, ciruelas, manzanas olorosas y uvas recien cogidas, todo en un canastillo, y en medio de todo ello un blanco panal. La comida era á la verdad frugal; pero dada con buen semblante, y lo que vale mas que todo con una sincera voluntad. Entre tanto las dos buenas personas advirtieron que el jarro se llenaba por sí cuando quedaba vacío, y que el vino se aumentaba en vez de disminuirse. Atónitos á la vista de este prodigio, se pasman, y levantan sus manos trémulas al cielo, pidiendo perdon á sus huéspedes de la comida y del poco aparato de ella. Quedábales aun un ganso que guardaba la cabaña, é iban á matarlo; pero como tenia alas, cansa á Baucis y Filemon, pesados con la edad, y los burla por mucho rato, y al fin huyendo de ellos se acogió á los mismos Dioses, quienes, despues que impidieron le matasen, se dieron á conocer, anunciándoles al mismo tiempo la justa venganza que querian tomar de toda aquella impía poblacion. „Vosotros, les dijeron, quedareis libres del castigo; abandonad al punto vuestra cabaña, y seguidnos: venid con nosotros á la cumbre del monte.” Filemon y Baucis obedecen la órden; y sostenidos en sus báculos, hacen esfuerzos para subir á la cima. No estaban ya de ella tan distante cuanto alcanza el tiro de una saeta, cuando vuelven la vista, y ven todo el pais anegado, excepto su casa. Pasmándose de ver este prodigio, y llorando la triste suerte de sus vecinos, advierten que su reducida cabaña se habia convertido en templo. Las rústicas vigas que la sostenian antes se volvieron columnas magníficas; la paja que la cubria se convirtió en oro, y el suelo estaba enlosado con riquísimos mármores, y la puerta adornada de escultura y bajos relieves; en una palabra, toda la mansion brillaba con el oro. Admirados estaban aun cuando Júpiter les habló en estos términos: „Justo anciano, y tú, digna esposa de un marido tan virtuoso, decidme lo que deseais, y podeis pedirlo con seguridad.” „Todos nuestros deseos, le respondió Filemon con Baucis, despues de haber consultado por un breve espacio con su muger, se limitan á ser los sacerdotes de este nuevo templo; y porque siempre hemos vivido en una perfecta union, quisiéramos tambien morir en un mismo dia: concédeme la gracia de no ver el sepulcro de mi esposa, ni que ella sobreviva á mi funeral.” Júpiter vino bien en otorgarles su peticion, y ellos sirvieron en el templo el resto de su vida. Luego que llegaron á una extrema vejez, un dia que se hallaban sentados en las gradas del templo, y que hablaban de sus extraños acaecimientos, Baucis advirtió de repente que el cuerpo de Filemon se cubria de hojas, y él observó que lo mismo sucedia á su muger. Viendo en seguida ambos que la corteza empezaba á llegar hasta la cabeza, prorumpieron mientras pudieron en estas mutuas expresiones: „Á Dios, querida esposa,” le dijo tiernamente Filemon; „Á Dios, querido esposo,” le respondió Baucis. Apenas pronunciaron estas palabras cuando sus bocas se cerraron para siempre. Un morador de Tiana muestra aun alli los troncos de estos dos árboles, el uno cerca del otro. Esta es, añadió Lelex, la historia que me han contado unos viejos dignos de que se les dé crédito, y que no tenian ningun interes en engañarme. Yo mismo he visto las ramas de estos árboles adornadas de ramilletes y guirnaldas, y aun algunas puse yo diciendo: „De este modo recompensan los Dioses la piedad, y honran despues de su muerte á los que les han dado culto durante su vida.”

Este discurso, pronunciado por un hombre tan sabio como Lelex, habia hecho mella en los ánimos, y especialmente en el de Teseo, quien manifestaba muchos deseos de saber los maravillosos hechos de los Dioses. Aqueloo, que lo notó, apoyado sobre su brazo le habló asi: „Hay muchos que han sido transformados conservando siempre su nueva forma, y hay otros que no la han conservado, sino que han ido transformándose en otras muchas figuras, como tú, ó famoso Proteo,[59] habitador del mar, que te has dejado ver algunas veces bajo la forma de un jóven, otras bajo la de un leon, de un furioso jabalí, de una culebra que causaba espanto, de un toro, de una piedra y de un árbol. Unas veces tomabas toda la fluidez del agua, y se hacia un rio, y otras se convertia en fuego, elemento contrario al agua.”


LA HAMBRE SE APODERA DE ERESICTON.

„No tenia menos poder y eficacia, prosiguió Aqueloo, para transformarse en varias figuras la hija de Eresicton,[60] muger de Autólico. Su padre era uno de aquellos impíos que desprecian á los Dioses, y que jamas les ofrecen sacrificios. Dicen de él que tuvo la temeridad de cortar con una segur una encina, y de destruir un bosque antiguo,[61] dedicados á Céres. Estaba aquella en medio del tal bosque, y casi le ocupaba ella sola; de cuyas ramas pendian cintas, guirnaldas y pinturas ofrecidas por votos, y promesas conseguidas de la divinidad de este lugar. Muchas veces habian danzado las Dríadas debajo de esta encina; y otras, asiéndose de las manos, rodearon lo grueso de su tronco, que tenia quince codos de circunferencia, y que excedia á los demas árboles en la misma proporcion que ellos exceden á la yerba. Mas nada de todo eso sirvió de estorbo á Eresicton para mandar á sus criados que cortasen aquel privilegiado árbol; y como viese que no se atrevian á obedecerle, quitando á uno de ellos el hacha: „No le valdrá, dijo, á este tronco para dejar de caer á tierra el estar dedicado á Céres, ni el que fuera la misma Diosa la que habitase en él.” Dichas estas palabras, empezó á darle los primeros golpes; pero apenas fue herido el árbol cuando se le vió temblar, y demostrar su sentimiento;[62] las hojas, las ramas y bellota de que estaba cubierto mudaron de color. Cortada la corteza, empezó á correr sangre en lugar de humor con tanta abundancia, como la de un grueso toro cuando se inmola como víctima al pie de los altares. Á la vista de este prodigio todos los circunstantes se pasmaron; y uno de ellos, despues de haber abominado la maldad que su amo iba á cometer, quiso quitarle la hacha; pero mirándole Eresicton con indignacion: „Recibe, le dijo, cortándole la cabeza con la misma hacha, el premio de tu piadoso corazon,” y continuó repitiendo los golpes en la encina. De lo interior del árbol salió una voz que articulaba estas palabras: „Yo soy una Ninfa querida de Céres, que habito este árbol; has cortado el hilo de mi vida, y en el momento de mi muerte pronostico las penas que estarán bien presto sobre tí por este hecho, y es el único consuelo con que rindo mi vida.” El impío Eresicton, poco asustado de la amenaza, continúa hiriendo el árbol; y viendo que ya se movia á fuerza de tantos golpes, tirado de un lazo cayó, y derribó muchos árboles con el peso. Atónitas las Dríadas con el daño del bosque y suyo, se visten de luto, y tristes se presentan á Céres, pidiéndola castigue una accion tan cruel. Manifestando la bellísima Céres por un movimiento de cabeza, que hizo temblar todos los campos y mieses de que estaban cubiertos, que les otorgaba su demanda, le traza un desgraciado castigo, si él fuera digno de que alguno le tuviera lástima por sus acciones, que era el despedazarlo por medio de una cruel hambre; la cual, porque no conviene á la Diosa (pues los hados no permiten que se junte Céres y la hambre),[63] habló á una de las Ninfas que habian ido á implorar su socorro en estos términos:

„En la extremidad de la helada Escitia hay un lugar triste y tenebroso, donde no se encuentran sembrados ni árboles.[64] Este horroroso clima, en que reina un frio eterno, es la mansion de la amarillez, del temblor y de la hambre. Parte y dile á esta de mi órden que se introduzca hasta el interior de las perversas entrañas del sacrílego Eresicton; que haga de modo que nada pueda saciarla, y que sean inútiles por su obstinacion en atormentarle todos los socorros que yo proporciono contra la hambre. Y porque no te amedrente lo largo del camino, he aqui te presento mi carro, y estos dragones[65] que te conducirán por medio de los aires.” Subiendo la Ninfa á él, llegó en poco tiempo á la Escitia sobre la cumbre del monte Cáucaso, donde encontró á la hambre en medio de un campo cubierto de piedras, que arrancaba algunas escasas yerbas con las uñas y dientes. Tenia el cabello erizado y desgreñado, los ojos hundidos y cárdenos, el rostro amarillo, los labios denegridos, los dientes podridos con el sarro, su piel acartonada y transparente, por la cual se le podian ver las entrañas, y los huesos sobresalian á las escasas carnes de sus lomos. Su pecho parecia que pendia, y que se sostenia de la textura del espinazo, y por vientre solo se veia el lugar donde debia estar colocado. Su gran flaqueza descubria sus músculos y nervios; y los huesos de sus rodillas y tobillos presentaban el aspecto de unos globos. Luego que la vió la Ninfa de lejos (porque no se atrevió á acercar), la intimó la órden de la Diosa. Á pesar de esta precaucion en el poco tiempo que tardó, y en el lugar distante en que se hallaba, se sintió penetrada de la hambre; y volviendo las riendas á los dragones de su carro, se restituyó por los aires á Tesalia.

La hambre, aunque muy contraria á Céres, cumplió sus órdenes. Conducida por los vientos llegó á la casa de Eresicton. Era de noche, y en medio del profundo sueño que tenia embargados sus sentidos todos, le estrecha entre sus brazos. Introduciéndose despues en sus entrañas la horrible Diosa, derramó su veneno en su boca, garganta y pecho, haciéndole circular por sus venas. Despues que cumplió la órden de Céres abandonó una tierra donde reinaba la abundancia, y se volvió al clima estéril que es su mansion ordinaria. Eresicton estaba todavía entregado á la dulzura del reposo, bien que ya remiso, cuando empezó á sentir los rigores de la hambre. En las fantasmas del sueño creia comer, y movia la boca y dientes como si verdaderamente hubiese comido, fatigando de este modo su garganta por la vana representacion de un manjar imaginario. Luego que despertó sintió devorar por la hambre mas cruel asi su famélica garganta como los senos de sus entrañas, y mandó buscar sin la menor dilacion los alimentos que producen el mar, la tierra y el aire. Cuando su mesa estaba cubierta con profusion, se quejaba de que no tenia con que saciarse, y en medio de la abundancia buscaba codiciosamente con que satisfacer la hambre que le devoraba. Lo que podia ser bastante para alimentar á ciudades y pueblos enteros no le era suficiente: cuanto mas comia tanto mas deseaba comer: asi como el mar, que recibe en su vasto seno todos los rios de la tierra sin que sus aguas rebosen; ó como el fuego, que devora toda la leña que se le arroja, y lejos de entibiar su ardor por la cantidad de las materias que consume, cobra nuevas fuerzas á proporcion de la cantidad.”


(89) La Hambre, por órden de Céres, esparce su veneno sobre Eresicton.

FÁBULA VIII.

METRA TOMA DIFERENTES FORMAS.

„Asi Eresicton, despues de haber engullido todas las viandas que le habian servido, pide otras: lo que come no hace sino acrecentar su hambre, y siempre queda en su vientre un vacío que no se puede llenar. Ya con ella habia consumido todos sus bienes; pero esta no se disminuia, y la llama de su voraz gula se aumentaba cada vez mas. En fin, despues de haberse metido en el vientre todo su caudal y riqueza, solo le quedaba una hija, á la que, digna por cierto de mejor padre, vendió. Metra (asi se llamaba), viéndose en la esclavitud, alargó sus brazos hácia el mar, que no distaba de la casa de su amo, é hizo esta súplica á Neptuno: „Ó Dios de las olas, á quien yo agradé en otro tiempo, líbrame del indigno estado en que me hallo; tú debes esta recompensa á una doncella que correspondió á tu amor.” Neptuno oyó la súplica de Metra, y á presencia de su amo, que la acompañaba, muda de figura en la de un pescador. Viendo el amo á su lado un hombre que tenia una caña en la mano, le dijo: „Quien quiera que seas, asi el mar te sea propicio como para enriquecerte la pesca, te ruego me digas si has visto y donde está una jóven mal vestida y desgreñada, que poco há estaba en esta playa: yo acabo de verla en la ribera, y por sus huellas infiero que no está muy lejos de aqui.” Metra, que conoció la utilidad que la resultaba ya de esta mudanza, se alegró de que su amo la preguntase sobre su situacion, y le respondió: „Siempre tuve la vista fija en estas aguas, y cuidadoso he estado aplicado á mi ministerio y egercicio; y para persuadirte mejor que lo que te digo es cierto, consiento que Neptuno haga mi pesca infructuosa, si ha habido en esta playa mucho tiempo há mas hombre ni muger que yo.” El amo, dándole crédito, se retiró con el engaño, y Metra recobró su primera forma. Viendo Eresicton que su hija tenia el poder de transformarse, la vendió á diferentes personas, y ya bajo la forma de vaca, ya bajo la de yegua, ave y ciervo, servia á mantener, aunque él no lo merecia, la insaciable hambre de su padre;[66] pero á poco tiempo se burlaba de los compradores escapándose; mas viendo que ninguno de estos socorros bastaban á satisfacer la cruel hambre que le atormentaba, tomó por último la desesperada resolucion de morderse sus propios miembros, sustentando el miserable su mismo cuerpo con los pedazos que de él se arrancaba.”

„Pero ¿por qué, continuó Aqueloo, he de contaros egemplos extraños, cuando yo mismo tengo el poder de transformarme en tres diferentes figuras? Unas veces parezco lo que ahora soy; otras me vuelvo en culebra, y otras en toro; y entonces consiste toda mi fuerza en las astas. Pero por desgracia ahora solo tengo una, como ves; la otra me la han arrancado.” Á cuyas tristes palabras siguieron los suspiros de su corazon.



Story DNA

Moral

Hubris and impiety against the gods lead to inescapable and often ironic punishments.

Plot Summary

Scylla, daughter of King Nisus, betrays her father by cutting his magical red hair, which guarantees his kingdom's safety, to win the love of Minos, the besieging enemy. Minos, disgusted by her treachery, rejects her, and she is transformed into a bird, eternally pursued by her hawk-transformed father. Later, the impious King Erysichthon cuts down a sacred tree, angering the goddess Ceres, who curses him with insatiable hunger. He consumes all his wealth and repeatedly sells his shape-shifting daughter, Metra, to buy food, eventually resorting to eating his own flesh to satisfy his unending craving. The story concludes with Achelous, a river god, recounting his own transformative abilities.

Themes

betrayaldivine retributioninsatiable desireconsequences of impiety

Emotional Arc

pride to suffering

Writing Style

Voice: third person omniscient
Pacing: moderate
Descriptive: lush
Techniques: vivid imagery, direct address to reader (implied), mythological allusions

Narrative Elements

Conflict: person vs supernatural
Ending: tragic
Magic: magical red hair, human-to-animal transformation, divine intervention, personification of Hunger, gods with powers (Ceres, Neptune, Achelous)
the red hair (symbol of power/fate)the sacred oak (symbol of nature's sanctity)Hunger (personification of insatiable desire/punishment)

Cultural Context

Origin: Roman
Era: timeless fairy tale

Ovid's 'Metamorphoses' compiles Greek and Roman myths, often focusing on transformations as a consequence of divine will or human actions. The story reflects Roman societal values regarding loyalty, piety, and the consequences of violating sacred norms.

Plot Beats (16)

  1. Minos besieges Megara, ruled by King Nisus, whose fate is tied to a purple hair.
  2. Nisus's daughter, Scylla, observes Minos from the city walls and falls deeply in love with him.
  3. Scylla, driven by her infatuation, secretly cuts her father's magical hair while he sleeps.
  4. Scylla presents the hair to Minos, offering him her city and her father in exchange for his love.
  5. Minos, horrified by her betrayal, rejects Scylla and refuses to take her to Crete.
  6. Minos conquers Megara and sails away, leaving Scylla behind.
  7. Scylla, in despair, clings to Minos's ship, only to be transformed into a bird (cogujada) and her father Nisus into a hawk (gavilan), eternally pursuing her.
  8. The narrative shifts to Erysichthon, a king who disrespects the gods and cuts down a sacred oak tree, beloved by Ceres, despite a nymph's dying warning.
  9. Ceres, angered by Erysichthon's impiety, sends a nymph to the desolate land of Scythia to command Hunger to afflict him.
  10. Hunger enters Erysichthon's body while he sleeps, instilling in him an insatiable appetite.
  11. Erysichthon awakens with extreme hunger, consuming vast amounts of food, but his hunger only grows.
  12. He sells all his possessions and wealth to buy food, eventually selling his daughter, Metra.
  13. Metra, who has the power to transform, prays to Neptune and changes into a fisherman to escape her buyer.
  14. Erysichthon discovers Metra's power and repeatedly sells her in different animal forms (cow, mare, bird, deer), only for her to escape and return.
  15. Unable to satisfy his hunger through any means, Erysichthon ultimately begins to devour his own body.
  16. Achelous, a river god, recounts his own ability to transform into different forms (serpent, bull) and the loss of one of his horns.

Characters

👤

Minos

human adult male

A powerful and imposing figure, likely of muscular build, befitting a military leader and king. His presence commands attention, even from his enemies.

Attire: When in battle, he wears a 'morrion soberbio' (proud helmet) with a 'penacho' (plume), indicating a highly decorated and possibly metallic helmet. He carries a 'refulgente escudo' (resplendent shield) and wields an 'asta' (spear). When not in full armor, he is seen mounting a horse, suggesting practical but regal attire, possibly a chiton or chlamys with a fibula, made of fine wool or linen, in colors like deep purple or crimson to denote royalty.

Wants: To avenge the death of his son, Androgeus, by conquering Megara.

Flaw: His strong sense of justice makes him despise treachery, leading him to reject Escila despite her aid.

He successfully conquers Megara but rejects Escila's treacherous aid, demonstrating his moral code.

His proud helmet with a distinctive plume, signifying his royal and martial authority.

Determined, vengeful (seeking justice for his son), strategic, capable of inspiring admiration even in his enemies, and ultimately, just in his dealings (he despises treachery).

👤

Niso

human elderly male

An elderly king, whose physical well-being and the fate of his kingdom are tied to a single, distinctive red hair. He is likely of a more frail build due to his age, but still possesses the dignity of a monarch.

Attire: As king of Megara, he would wear royal attire appropriate for ancient Greek royalty, likely a chiton and himation made of fine linen or wool, possibly in shades of purple or gold, with a simple diadem or laurel wreath on his head. His clothes would be practical for a besieged city but still denote his status.

Wants: To defend his city and kingdom from Minos.

Flaw: His life and kingdom's fate are tied to a single, vulnerable red hair, making him susceptible to treachery.

He is betrayed by his daughter Escila and ultimately transformed into a hawk after his death.

A single, vibrant red hair standing out amidst his otherwise white hair.

Protective of his kingdom, reliant on a magical charm for his safety, likely wise from experience but ultimately vulnerable.

👤

Escila

human young adult female

A young woman, likely of slender build, with an agile grace that allows her to climb towers. Her appearance would be typical of a princess from ancient Megara, possibly with dark hair and eyes.

Attire: As a princess, she would wear fine clothing, but perhaps less elaborate during the siege. A simple chiton made of fine linen or cotton, possibly in shades of blue or green, with a peplos or himation draped over it. Her attire would allow for movement, suitable for climbing the tower.

Wants: To win Minos's love and admiration, even at the cost of betraying her father and city.

Flaw: Her overwhelming infatuation with Minos, which blinds her to loyalty and morality.

She betrays her father by cutting his magical red hair, hoping to win Minos's love. She is rejected by Minos for her treachery and eventually transformed into a 'cogujada' (crested lark).

Her intense gaze from the tower, fixed on Minos, and later, holding the severed red hair.

Obsessive, infatuated, impulsive, treacherous, desperate, ultimately self-serving.

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Céres

goddess ageless female

A majestic and benevolent goddess, embodying fertility and agriculture. Her form would be robust and nurturing, reflecting her domain over harvests and sustenance.

Attire: She would wear flowing, classical Greek robes (peplos or chiton) made of rich, natural fabrics, perhaps in colors of green, gold, or earth tones, symbolizing her connection to the earth and harvest. She might carry a sheaf of wheat or a cornucopia.

Wants: To punish Eresicton for sacrilege (cutting down her sacred oak).

Flaw: Her deep connection to nature and her sacred groves makes her vulnerable to their desecration.

She orchestrates Eresicton's punishment through the personification of Hunger.

A majestic goddess with golden hair like wheat, adorned with a wreath of grain, holding a sheaf of wheat.

Benevolent, protective (especially of her sacred grove), just, and capable of powerful retribution when provoked.

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La Hambre

personification ageless female

A horrifying, emaciated figure. Her body is skeletal, with visible bones and sinews, and a distended, empty belly. She is a living embodiment of starvation.

Attire: She wears no discernible clothing, or perhaps only tattered rags that barely cover her skeletal frame, emphasizing her destitution and suffering. Her 'piel acartonada y transparente' (cardboard-like and transparent skin) reveals her internal organs.

Wants: To consume and inflict hunger, her very existence is driven by this need.

Flaw: She is a force of nature, but can be commanded by greater deities like Céres.

She is commanded by Céres to infect Eresicton with insatiable hunger, then returns to her desolate abode.

Her skeletal, transparent body with visible organs and a perpetually empty, distended belly.

Insatiable, relentless, cruel, obedient (to Céres).

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Eresicton

human adult male

Initially a man of wealth and power, but rapidly becomes gaunt and skeletal due to insatiable hunger. His body would show the ravages of constant starvation.

Attire: Initially, he would wear the rich garments of a wealthy man, perhaps a chiton and himation of fine fabric in vibrant colors. As he loses his wealth, his clothes would become increasingly tattered and worn, reflecting his destitution.

Wants: Initially, to assert his will and satisfy his desires regardless of divine law. Later, solely to satisfy his insatiable hunger.

Flaw: His impiety and disrespect for the gods, leading to his curse.

He is cursed with insatiable hunger by Céres, leading him to consume all his wealth, sell his daughter multiple times, and ultimately devour his own flesh.

A man frantically devouring food, with a perpetually empty, distended belly, and eventually, gnawing on his own limbs.

Impious, arrogant, greedy, gluttonous, desperate, self-destructive.

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Metra

human (with shapeshifting ability) young adult female

A young woman, initially described as 'mal vestida y desgreñada' (poorly dressed and disheveled) due to her father's destitution. Her true form is likely graceful and appealing, as she attracted Neptuno.

Attire: Initially, simple, worn, and possibly dirty peasant clothing, such as a rough linen tunic. When she transforms, her clothing disappears or transforms with her. As a fisherman, she would wear typical fisherman's attire: a simple tunic, possibly a cap, and sandals.

Wants: To escape slavery and help her father, even though he exploits her.

Flaw: Her loyalty to her father, who repeatedly sells her.

She uses her shapeshifting ability, granted by Neptuno, to escape her masters and provide for her father, repeatedly being sold and escaping.

A young woman mid-transformation, with elements of an animal (e.g., a cow's ear or a bird's wing) just beginning to appear.

Resourceful, clever, desperate, loyal (to her father, despite his actions), grateful (to Neptuno).

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Neptuno

god ageless male

A powerful and majestic god, associated with the sea. His form would be robust and commanding, with a strong, perhaps weathered, appearance befitting a sea deity.

Attire: He would wear minimal clothing, perhaps a simple loincloth or a flowing, dark blue or green chiton, made of a fabric that appears to ripple like water. He is often depicted with a trident.

Wants: To help Metra, who once pleased him, escape her predicament.

Flaw: His past affections can be appealed to.

He grants Metra the power to shapeshift, allowing her to escape slavery.

A powerful god with a trident, surrounded by the aura of the sea.

Benevolent (towards those he favors), powerful, responsive to pleas from his former lovers.

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Aqueloo

river god (shapeshifter) ageless male

A river god, capable of transforming into various forms. His primary form is likely a powerful, mature man, but he can also appear as a snake or a bull. In his human form, he has a visible injury: one of his horns is missing.

Attire: In his human form, he might wear simple, flowing garments made of natural fibers, perhaps in shades of blue or green, adorned with reeds or shells, symbolizing his connection to the river. When transformed, he would take on the natural appearance of the animal.

Wants: To share his experiences and wisdom, and perhaps to lament his past defeat.

Flaw: His physical vulnerability in his bull form, leading to the loss of his horn.

He recounts his own transformations and his battle with Hercules, serving as a narrator and providing examples of transformation.

A powerful man with a single bull's horn, the other side showing a healed scar where the horn was torn off.

Wise, experienced, powerful, capable of storytelling, somewhat melancholic due to his past defeat.

Locations

Royal Palace Tower of Megara

indoor Implied Mediterranean climate, possibly clear skies for observation.

A tower built upon harmonious walls, where Apollo is said to have once deposited his golden lyre, imbuing the stones with its sound. It offers a vantage point over the city and the besieging army.

Mood: Tense, strategic, but also imbued with a sense of longing and forbidden desire for Scylla.

Scylla observes Minos and his army, falling deeply in love with him and contemplating betrayal of her father and city.

harmonious stone walls golden lyre (legendary) battlements view of besieging army view of Minos's royal pavilion

Rocky Field on Mount Caucasus, Scythia

outdoor day Harsh, cold, barren, implied winter or perpetual desolation.

A desolate, stone-covered field on the summit of Mount Caucasus in Scythia, where Hunger resides, pulling up scarce weeds with her nails and teeth.

Mood: Desolate, grim, chilling, embodying extreme scarcity and suffering.

Ceres' nymph finds Hunger and delivers the command to afflict Erysichthon.

scattered stones sparse, scraggly weeds barren ground distant mountain peaks cold, clear sky

Erysichthon's House (Coastal)

indoor night Unspecified, but the sea is calm enough for a plea.

The house of Erysichthon, implied to be near the sea, as his daughter Metra extends her arms towards it for help. It is a place of former abundance now consumed by insatiable hunger.

Mood: Desperate, suffocating, a place of ruin and despair due to the curse of hunger.

Hunger enters Erysichthon's body while he sleeps. Later, Metra, his daughter, is sold into slavery and transforms into a fisherman by the nearby sea.

interior of a house proximity to the sea implied former wealth empty spaces where possessions once were