LIBRO ONCENO
by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4)
Adapted Version
Long ago, Orpheus was a man. He was a kind man. He had a special lyre. This lyre was made of wood. It had many strings. His music was magic. It was truly magic. Orpheus played his lyre. He played it with skill. His music was very sweet. It filled the air. Creatures came to listen. They stopped their play. They sat very still. Trees moved closer to him. Their branches swayed gently. Birds sang with him. Their songs joined his. Rocks felt happy too. Even hard rocks smiled. Some women watched him. They did not like his music. They were the Loud Women. They made much noise. They wore creature skins. These skins were rough. One woman said, "He is our foe!" She said it loudly. She threw a stick. The stick flew fast. It did not hurt him. It missed his head. Next threw a stone. The stone was small. The stone fell down softly. It did not hit him. Orpheus played his music. His song was still sweet. The women were very angry. They did not like his peace.
The Loud Women made much
Original Story
LIBRO ONCENO.
ARGUMENTO.
Despues que las mugeres de Tracia, agitadas del entusiasmo de Baco, despedazaron á Orfeo, se convirtieron en árboles. Baco se retira de la Tracia; y por la restitucion de Sileno remuneró á Midas con la gracia de que convirtiese en oro todo lo que tocase. Y como este don le acarrease mas daño que provecho, se bañó en el rio Pactolo, y trocó en oro sus arenas. Despues, por haber desempeñado mal el papel de juez, Apolo le hizo nacer orejas de asno, y en seguida edificó los muros de Troya, revestido de forma humana. Habiéndose Hércules apoderado de la ciudad, dió á Telamon á Hesione por muger, en suposicion de haberse Peleo casado ya con Tetis despues de sus varias transformaciones; y habiendo ido á verse con Ceix, en parte vió y en parte entendió que Dedalion se habia convertido en alcon, y un lobo en piedra. Alcione, despues de haber visto en un sueño el naufragio de su marido, ella y este se transformaron en aves. Luego que algunos los vieron volar por los aires se acordaron que en otro tiempo Esaco, que entonces vivia, se habia transformado en cuervo marino.
(113) Las Bacantes de Tracia que mataron á Orfeo son transformadas en árboles.
FÁBULA PRIMERA.
ORFEO DESPEDAZADO POR LAS BACANTES.
Mientras Orfeo halagaba y atraia con la dulzura de su canto la ferocidad de los animales, árboles y peñascos, las jóvenes Ciconas,[190] cubiertas con pieles de fieras, lo vieron desde un alto en el monte Rodope, que estaba cantando sus versos al son de la lira. Una de ellas, dejando agitar el cabello á discrecion de los vientos: „He aqui, dice, nuestro capital enemigo.” Y diciendo y haciendo le tiró al rostro el tirso, que como estaba entretejido de pámpanos, solo le hizo una ligera contusion: otra le tiró una piedra, la cual quedó sin efecto en el aire á la armonía de su voz y lira, y se arrojó á sus pies como pidiéndole perdon por su enfurecido atrevimiento: sin embargo se empeñaron las demas en una temeraria pelea, sin observar modo por estar dominadas del mas loco furor. Las armas que le disparaban hubieran perdido sin dificultad su fuerza con la eficacia del canto de Orfeo, si la confusa gritería, los tambores, las flautas y cornetas, las voces y los aullidos de estas mugeres Bacantes no hubieran confundido el son de la lira. En medio de este tumulto fue herido el desgraciado Orfeo con las piedras que le tiraron; y despues que las Ménades[191] dispersaron las aves, serpientes y la multitud de animales, que encantados de sus dulces acentos formaban un cerco al rededor de él, se vuelven con las sangrientas manos contra Orfeo, y le rodean como las aves que ven á la lechuza en medio del dia, ó como los perros al rededor de un ciervo que sueltan por la mañana para diversion del pueblo en el anfiteatro. Ellas le acometen por todas partes, y le tiran los tirsos verdes, que no estaban destinados para este uso. Unas le arrojan terrones, otras ramas arrancadas de los árboles, otras guijarros; y porque no faltasen armas á su loco furor, acaeció que cerca de alli habia unos labradores que barbechaban la tierra, y otros no lejos la cavaban, ganando el preciso sustento con el sudor de su rostro; los cuales, como vieron el escuadron de mugeres, huyeron y dejaron los instrumentos de su penoso trabajo; á saber, pesados rastrillos y azadones. Las Bacantes se apoderaron de estas armas, y aun arrancaron á los bueyes los cuernos, y volvieron á acometer al desgraciado Orfeo, que en vano les tendia las manos para aplacarlas; y esta fue la primera vez que no movió con su voz á los que le oian. En fin ellas le mataron sacrílegamente, y su alma (¡ó Júpiter poderoso!) se exhaló á los vientos[192] por aquella misma boca que articulaba aquellos dulces sones, y que tantas veces oyeron los peñascos y entendieron los animales. Por tí, desgraciado Orfeo, hicieron sentimiento las aves, las fieras, los peñascos; y las mismas selvas, que muchas veces acudieron al son armonioso de tu lira, te lloraron con amargas lágrimas. Los árboles despojados de sus hojas, los rios crecidos con las lágrimas que derramaron, las Náyades y Dríades vestidas de luto y esparcidos los cabellos, tambien fueron sensibles á tu muerte: sus miembros estaban esparcidos por todas partes: su cabeza y lira cayeron en el Hebro;[193] y cuando iban por medio de la corriente (¡cosa maravillosa!) empieza la lira no sé que triste lamento, y su misma lengua, aunque sin vida, unos murmullos lúgubres y lastimosos, que los ecos repetian en las riberas de este rio. Luego que entraron en el mar, y las olas y vientos las arrojaron á las playas de Lesbos, una fiera serpiente acomete á la cabeza de Orfeo, que yacia en la arena extraña, lame sus cabellos mojados con el agua de que estaba bañada, y abre su boca para desfigurar su rostro; pero cuando iba á morderla, Apolo la convirtió en piedra antes que la cerrase, y la dejó en la actitud de una culebra que va á morder. La sombra de Orfeo bajó al infierno, y despues que reconoció todos los lugares que habia visto en otro tiempo, pasó á los campos Elíseos, y encontrando á su amada Eurídice, la abrazó con la mayor ternura. Desde este momento no se separan un punto; unas veces se pasean juntos; otras la deja ir delante, y otras la precede él; pero asegurado siempre de que aunque vuelva el rostro atras para mirarla, no la volverá otra vez á perder.
No permitió Baco quedase esta maldad sin castigo; y sintiendo la pérdida de un hombre que era el corifeo de sus sacrificios,[194] al punto convirtió en árboles á todas las mugeres de Tracia que cooperaron á la maldad y estuvieron presentes. Extendidos los dedos de sus pies, se pegaron en la sólida tierra en el órden que se seguian, y echaron raices. Y al modo que la ave, luego que se ve presa en el lazo que el astuto cazador ocultó, se revuelve, se agita, y hace mil esfuerzos, que solo sirven para apretar mas el lazo que la tiene presa; asi estas Bacantes, luego que se vieron presas, pegadas en la tierra, atónitas procuraban en vano la fuga; pero las raices las detenian, y no las dejaban proseguir en sus saltos bacanales; y mientras se paran á mirar donde estan sus dedos, sus pies y sus uñas, ven que las rodillas se iban vistiendo de madera; y queriendo golpear tristemente con las manos, herian la misma madera, la cual fue creciendo hasta convertir en tronco los muslos, el pecho, los hombros y los brazos extendidos en ramas.
FÁBULA II.
BACO DEJA LA TRACIA.
No contento Baco con esta venganza, desampara la Tracia, teatro funesto de la muerte de Orfeo. Acompañado de mejor coro, se va á los viñedos del Tomolo y á las riberas del Pactolo,[195] aunque en aquel tiempo no tenia las arenas de oro, ni era envidiado de los hombres. Los Sátiros y Bacantes acompañaban á este Dios; pero Sileno no pudo seguirle: unos labradores frigios le hallaron vacilante, asi con la edad como con el vino de que estaba poseido; y despues que le adornaron con guirnaldas y flores, lo llevaron al Rey Midas, á quien Orfeo y el ateniense Eumolpo habian enseñado los ritos de los sacrificios de Baco. Luego que este Príncipe reconoció á Sileno por compañero de aquel Dios, y por uno de los que intervenian en sus sacrificios, celebró con una gran fiesta la llegada de tal huesped, la que duró diez dias y diez noches, y al amanecer del undécimo el mismo Rey placentero fue á los campos lidios, y lo restituyó á Baco su alumno.
(114) Sileno, adornado de pámpanos, es presentado á Midas, quien lo entrega á Baco.
Alegre este Dios por haber recibido á su ayo, mandó al Rey de Frigia pidiese el don que gustase. Entonces Midas, que no preveia las funestas consecuencias de su demanda: „Concédeme, le dice, la gracia de que se convierta en oro todo cuanto tocare mi cuerpo.” Concedióle Baco al momento lo que deseaba; le dió un don que le habia de ser nocivo, y sintió que no le hubiese pedido otro mejor. El Rey se retiró muy contento por la gracia fatal que habia obtenido; y aun no asegurándose bien de ella, iba tocando todas las cosas que encontraba para hacer experiencia de si seria ó no verdad: cortó una rama verde de una encina, y al punto fue convertida en una rama de oro. Tomó una piedra del suelo, y tambien se puso roja como el oro: tocó un terron, y se convirtió luego en masa de oro fino. Arrancó unas espigas de trigo, y al momento se convirtieron en oro. Cogió una manzana de un árbol, y juzgaria cualquiera que era del jardin de las Hespérides. Apenas tocó las puertas de su palacio cuando resplandecen maravillosamente. Si se lavaba las manos, el agua se teñia de un color que podria engañar á Dánae.[196] Encantado Midas de una virtud tan extraordinaria, se entregaba á todos los trasportes de su alegría, cuando le avisaron que la mesa estaba puesta, y grandemente provista de viandas. Luego que se sentó en la mesa y tomó el pan, don precioso de Céres, lo halló convertido en oro. Si llevaba á la boca cualquier manjar para satisfacer su apetito, cuando lo iba á comer lo hallaba convertido en oro resplandeciente. Cuando le dieron de beber vino mezclado con agua, no tragó sino oro líquido. Atónito con la novedad de un mal tan extraordinario, rico y pobre á un mismo tiempo, aborrece una opulencia que le costaba tan cara, y se arrepiente de haberla deseado. En medio de la abundancia no puede satisfacer su hambre ni apagar la sed que le abrasa la garganta, y con justa razon le atormentaba el oro, que ya aborrecia. Entonces levantando las manos al cielo, dijo: „Ó padre Leneo, perdóname; confieso haber delinquido: por vida tuya que tengas misericordia de mí, y me libres de este precioso metal que me aflige.” El piadoso Dios, mirando ya con benignidad al que confesaba su pecado, le restituyó á su antiguo estado, y en premio del beneficio de haber restituido á Sileno le revocó el don que le habia concedido: „Para no verte bañado del oro que malamente codiciaste, ve, le dice, al rio vecino á la famosa Sardes,[197] y caminando agua arriba, sigue por el collado de la ribera hasta que llegues á su nacimiento: mete la cabeza en las espumosas aguas que forman su raudal copioso, y lava á un tiempo tu cuerpo y el delito cometido.”[198] Midas, obedeciendo esta órden, se encaminó al rio y se entró en el agua, á la que de su cuerpo se transfirio la virtud aurífica,[199] y desde entonces sus arenas se convirtieron en oro; y cuando sale de madre se inundan los campos vecinos de arenas doradas. Aborreciendo Midas las riquezas, frecuentaba las selvas y campos, acompañando en ellos al Dios Pan, el cual de continuo se retiraba á las grutas de los montes; pero el trato de este Dios no le abrió mas el ingenio. Quedóse con la insensatez, que habia de acarrearle los daños que habia ya experimentado.
FÁBULA III.
APOLO Y MIDAS.
El Tomolo es una montaña de dificil subida, que se extiende desde Sardes hasta la pequeña ciudad de Hipepa. Es muy elevada y escarpada, y de su cumbre se descubren los anchos mares. En esta montaña cantaba Pan sus versos á las jóvenes Ninfas al son de la encerada flauta, jactándose de que excedia al canto de Apolo. Desafióle, y se aplazó la competencia, haciendo juez de ella al Tomolo. El anciano juez toma asiento en lo mas elevado de su misma cumbre para que los árboles separados no le impidiesen oir; y ciñéndose una guirnalda de encina, de la cual pendian las bellotas hasta las sienes, dijo al Dios Pan: „Por el juez no hay detencion.” Pan empezó luego á cantar al son de su flauta agreste, y embelesó á Midas (que á la sazon se hallaba presente) con la inculta música. Despues que Pan acabó, Tomolo volvió su semblante á Febo, y todos los árboles del monte hicieron lo mismo, y se inclinaron á él.
(115) Apolo pone orejas de asno á Midas en castigo de su mala sentencia.
Apolo, coronado de laurel cortado del Parnaso, y vestido de una ropa rozagante de color de púrpura que arrastraba hasta el suelo,[200] tomó en su mano izquierda su lira embutida de marfil y piedras preciosas, y en la derecha el plectro, y en esta actitud empezó á tocar con tanta delicadeza, que enagenado Tomolo con su dulzura, manda que la flauta de Pan ceda la victoria á la lira de Apolo. Agradó á todos el parecer y sentencia del monte: solo Midas dijo que era injusta. No queriendo Delio que unas orejas tan insensatas conservasen la figura humana, se las alargó, cubrió de pelo blanco, é hizo movibles; en una palabra, las orejas de hombre se trocaron en orejas de asno perezoso. Lo demas de su cuerpo le quedó como de antes, castigándole solo en la parte que habia pecado. Midas procuraba ocultar esta deformidad, y la tapaba con una tiara[201] purpúrea; pero el criado que solia cortarle el pelo cuando crecia le vió las largas orejas; mas no se atrevió á descubrir á nadie este defecto. Incomodado de guardar este secreto, que no podia retener en sí,[202] se fue á un lugar retirado, hizo un hoyo en la tierra, y en él con voz sumisa depositó el secreto que su señor tenia orejas de asno, y despues, tapando el hoyo, se retiró dejándolo escondido en él. Algun tiempo despues empezó á crecer alli un espeso cañaveral; y habiendo pasado un año, crecidas ya las cañas, descubrieron el secreto, pues agitadas por el viento de mediodia, articularon con el manso ruido las palabras que se habian escondido en el hoyo por el criado, y publicaron que su amo tenia orejas de asno.
Despues que Apolo se vengó de Midas se retiró del monte Tomolo; y conducido por la vaga region del aire, pasó el estrecho del Helesponto,[203] é hizo alto en los estados de Laomedonte. Á la derecha está el promontorio de Sigeo, á la izquierda el de Reteo,[204] y en medio de este espacio hay un antiguo altar dedicado á Júpiter. Desde alli vió Apolo á Laomedonte, que edificaba los muros de la nueva Troya, y que estos, como una obra tan grande, adelantaban poco, y por lo mismo requeria el edificio crecidas sumas. Sin detenerse toma figura humana, juntamente con el Dios que rige el golfo hinchado con el tridente, y presentándose entrambos al Príncipe, se ofrecen á construir los muros de la ciudad por cierta cantidad de dinero que estipulan. Acabada la obra, el Rey faltó á su palabra, negándose á pagar, y añadiendo por cúmulo de su perfidia juramentos falsos. „Tu delito, le dijo el Dios del mar, no quedará sin castigo.” La venganza siguió á la amenaza, y desde aquel momento suelta todas las aguas del mar á las playas de la avarienta Troya con tanta impetuosidad, que en poco tiempo se inundó todo el pais, los campos se anegaron, y las riquezas de los labradores quedaron sepultadas debajo de las olas. Poco satisfecho con un castigo tan terrible, exigió tambien que la hija de Laomedonte fuese acometida de un monstruo marino. Atan á Hesione á un peñasco, y Hércules la libra. Este héroe pide al padre de la Princesa el tiro de caballos que le habia prometido por un servicio tan importante. El Rey, siempre pérfido, le niega la paga de tan señalado servicio, y Hércules se apodera de los muros de Troya, que por dos veces habian sido perjuros.[205] Telamon recibe á Hesione por recompensa, porque el ilustre Peleo su hermano, que tambien habia acompañado á Hércules á esta expedicion, ya se habia casado con una Diosa.[206] Aunque este Príncipe era nieto de Júpiter, no obstante no se honraba tanto con su nacimiento como con este nuevo enlace, puesto que era el solo mortal que podia vanagloriarse de tener á una Diosa por muger, en vez de que muchas personas podian gloriarse de traer su orígen del Soberano de los Dioses.
(116) Tetis oye á Proteo que la pronostica tendrá un hijo mas poderoso que su Padre.
FÁBULA IV.
PROTEO PREDICE LAS BODAS DE TETIS Y PELEO.
Hablando cierto dia el anciano Proteo con Tetis, le dijo: „Diosa del mar, tú serás madre de un hijo de tan gran valor, que excederá á su padre en la valentía de sus hazañas, y tendrá mas fama que él.” Júpiter pues, aunque estaba penetrado de un amoroso fuego, rehusa las bodas de Tetis para evitar que naciese de ella un hijo que excediese á su mismo padre, y que hubiese en el universo cosa mas poderosa que él, y manda que su nieto Peleo suceda en sus deseos, y se case con la Diosa. Hay un seno en Tesalia de la figura de una hoz, formado por unas lenguas de tierra que entran en el mar. Seria muy buen puerto si tuviera mas profundidad; pero en él apenas cubre el agua la arena. La playa es tan maciza, que ni se estampan en ella las huellas, ni hay estorbo para andar, ni está cubierta de ovas. Cerca de alli hay una selva de mirtos cargados de arrayanes verdinegros; en medio de ella hay una gruta de tal modo fabricada, que se duda si es obra del arte ó de la naturaleza; no obstante hay indicios para creer que es mas bien obra del arte. Á esta gruta, ó Tetis, solias venir desnuda muchas veces, sentada sobre un enfrenado delfin, y en ella te acometió Peleo estando dormida; y porque no quisiste consentir á sus deseos se dispuso á la violencia, echándote los brazos al cuello; y hubiera conseguido lo que deseaba si no te hubieras valido de tus acostumbradas artes, transformándote en diferentes figuras. Primeramente te dejaste ver bajo la forma de una ave, y él no obstante te tenia agarrada bajo de esta figura: despues te transformaste en un gran árbol, y Peleo no se desasia de él; pero cuando te convertiste en una tigre manchada se amedrentó y te soltó. Entonces dirigiéndose á los Dioses del mar, les ofrece un sacrificio, derramando vino sobre el mar con las entrañas de la víctima, y hace humear el incienso en su honor, hasta que el adivino Proteo dijo desde en medio del piélago: „Ó hijo de Eaco,[207] tus deseos se cumplirán: serás dichoso; pero es necesario sorprender á Tetis cuando descansa dormida en su fresca cueva, y atarla con tales cordeles y prisiones que no pueda escaparse. Si cien figuras mudare por vencerte, aprisiónala sin intimidarte hasta que se vuelva á su primera forma.” Apenas Proteo pronunció estas últimas palabras cuando se ocultó en el mar. El sol estaba entonces al fin de su carrera, y su carro iba á entrar en el Océano, cuando la hermosa Tetis, dejando el mar, va á la cueva donde acostumbraba descansar. Apenas Peleo la habia atado cuando toma diferentes figuras, hasta que sintió que estaba aprisionada en todas ellas. Entonces en fin extendiendo sus brazos por todas partes, dió un gran gemido, y habló asi á su amante: „Peleo, solo con el socorro de algun Dios quedas victorioso.” Al decir esto volvió á su primera figura; consintió en casarse con él, y fue madre del gran Aquiles.
Dichoso Peleo con este himeneo y con el nacimiento de un hijo tan ilustre, hubiera gozado de una felicidad perfecta, á no haberla turbado el fratricidio de su hermano Foco, por cuyo delito fue desterrado de la casa de su padre, y se acogió á Trachinia, region de la Tesalia, donde pacíficamente reinaba Ceix, hijo de Lúcifer, que en su rostro ostentaba muy bien el resplandor de su padre; pero en aquel tiempo le tenia oscurecido por el dolor de la muerte de su hermano Dedalion. Luego que Peleo, fatigado del camino y de la pena de su destierro, llegó á Trachinia, y entró en la ciudad con poco acompañamiento, dejando antes en un sombrío valle no lejos de sus muros los rebaños y vacadas que traia consigo, se presentó al Rey, y haciéndole una grande reverencia con las manos tendidas, en las que llevaba una señal de paz,[208] le refirió quien era, quien era su padre, y la causa que pretextó de la fuga de su casa, callando y ocultando el fratricidio que habia cometido, pidiéndole que le acogiese en la ciudad ó en algun otro lugar de sus estados. Ceix le respondió con rostro apacible en estos términos: „Mis estados estan abiertos á cualquiera persona por humilde que sea, y mi reino hace gala de esmerarse en la hospitalidad; mi ánimo benigno se inflama mas á egercerla, y le son poderosos impulsos tu esclarecido nombre, y el ser descendiente de Júpiter. No pierdas el tiempo en plegarias: cuanto pidas te será concedido; elige lo que te acomode entre todo lo que ves, y ¡ojalá hubieras llegado y lo hubieras visto en mejor estado!” En este punto comenzó Ceix á llorar, y Peleo y sus compañeros le preguntaron cual era la causa de tanto sentimiento, á los cuales respondió asi: „Acaso creereis que la ave[209] que vive de rapiñas, y es el terror de las demas aves, lo fue siempre, y estuvo vestida de plumas como ahora; pues no es asi: hace poco tiempo que era hombre, y ha conservado despues de su transformacion el ánimo, ferocidad y violencia que tenia antes. Llamábase Dedalion, y tuvo por padre al astro precursor de la Aurora, y que desaparece el último.[210] Como yo siempre he amado la paz, he empleado todos mis cuidados por conservarla en mis estados y familia; mi hermano por el contrario tenia toda su complacencia en las sangrientas guerras. El valor con que desde su transformacion persigue á las palomas tisbeas, lo empleó antes en sujetar naciones enteras y Reyes poderosos. Tenia una hija dotada de gran belleza llamada Quione, que á la edad de catorce años era pretendida de muchos amantes. Volviendo un dia acaso Febo y Mercurio, aquel de Delfos, y este del monte Cileno, la vieron ambos, y ambos se enamoraron de ella. El primero quiso esperar la noche para declararla su pasion; pero Mercurio, sin diferir mas tiempo, tocó el rostro de la doncella con su caduceo, que tiene la virtud de infundir sueño: ella se duerme con el contacto poderoso, y en el sueño fue violentada por él. Luego que llegó la noche Apolo toma la figura de vieja, y bajo de esta apariencia tomó lo que ya otro habia disfrutado. Al cabo de nueve meses parió dos hijos: el uno fue Autólico, que parecido en todo á su padre Mercurio, y de su misma índole y astucia, era ingenioso, é inclinado á todo robo, y sabia hacer de lo negro blanco y de lo blanco negro. De Febo nació Filamon, hombre aventajado por su voz y lira. Pero ¿qué aprovecha á Quione haber agradado á dos Dioses, haber tenido dos hijos tan célebres, ser hija de un padre tan valiente, y nieta del dueño y Soberano de los Dioses? Hay muchos á quienes son dañosos la gloria y los honores, y esto le sucedió á Quione, pues se atrevió á preferirse á Diana y á llamarla fea,[211] poniendo faltas á su hermosura; de lo que ofendida la Diosa, se dejó arrebatar de la vehemente pasion de la ira contra ella, diciendo: „Ya que no le agrada mi rostro, tendrá que sufrir mis hechos;” y al momento encorvó el arco, y de un flechazo atravesó la lengua sacrílega. Herida Quione mortalmente, hace vanos esfuerzos por hablar; su voz la abandona, y pierde la vida envuelta en su misma sangre. Yo entonces abrazándola tiernamente, sufrí en obsequio de la piedad todo el dolor que cabe en el corazon de un tio, y procuré consolar á mi hermano; pero este, como padre, recibió el consuelo no de otro modo que los peñascos insensibles la agitacion estrepitosa de las olas del mar, y se abandonó á los lamentos por la pérdida de su hija. Pero luego que la vió en la pira, cuatro veces tuvo ímpetus de arrojarse á ella, é impedido otras tantas de que lo egecutase, echó á huir con precipitacion, y á la manera que lo hace un novillo, que estimulado del aguijon de los tábanos ó moscardones, se arroja por las asperezas y por donde no hay senda ni camino. En la precipitacion de su carrera me parecia que iba aumentándose su velocidad mas que la que puede tener un hombre: quien le viese juzgaria que tenia alas en los pies. Nos fue imposible alcanzarlo, y veloz con el deseo de perder la vida, llegó á la altura del Parnaso; y habiéndose precipitado de un alto peñasco, tuvo Apolo misericordia de él, convirtiéndole en ave, y sosteniéndolo en el aire con alas repentinas que le dió al tiempo de caer. Su boca fue mudada en un pico corvo, y sus uñas se encorvaron igualmente como lo estan los anzuelos. Conservó en su transformacion su antigua inclinacion, y unas fuerzas superiores al tamaño de su cuerpo. En fin vuelto gavilan, es enemigo de todas las aves, y les hace sentir una parte de los males que él mismo sufre.”
Ceix continuaba aun refiriendo las calamidades de su hermano, cuando Anetor, pastor de los ganados de Peleo, llegó apresurado con el aliento anhelante, y dijo: „¡Ay Peleo, Peleo, vengo á anunciarte una gran desgracia!” Peleo le manda se la diga, y el Rey de Trachinia queda suspenso y temblando del miedo. „Yo habia conducido, respondió Anetor, tus novillos á las playas cuando[212] el sol altísimo en medio de la esfera habia subido tanto cuanto le faltaba para descender á su ocaso: unos echados sobre la roja arena miraban desde alli las cristalinas llanuras del mar; otros con paso perezoso andaban errantes en aquellas cercanías, y otros en fin se habian metido en el agua para refrescarse, y solo se les veia el cuello. Cerca del mar hay un templo, en cuya construccion no se empleó oro ni mármol, sino unas toscas vigas, é inmediato á él un antiguo bosque sombrío con la espesura de sus árboles, dedicado todo á Nereo[213] y á las Nereidas. Un pescador que estaba en la playa enjugando sus redes me informó de que el templo estaba dedicado á aquellos Dioses. Inmediato á este templo hay una laguna cercada de espesos sauces, la que se formó con el agua que rebosa del mar. Del fondo de este pantano sale de repente un lobo fiero de un tamaño enorme, haciendo un estruendo tan espantoso, que amedrentó á todos los lugares comarcanos. Una espuma mezclada con sangre negra le salia de la boca, y sus ojos centelleaban llamas. Mas impelido de la rabia que de la hambre, no tanto por satisfacer á esta cuanto por saciar á aquella con la muerte de los bueyes, á unos hiere, y á otros derriba causándoles la muerte. Algunos de mis compañeros, heridos del lobo por querer defender al ganado, perdieron su vida. La playa y las primeras olas se tiñen de sangre, y en todas las lagunas comarcanas resuenan los bramidos de las reses heridas. No perdamos tiempo, continúa; la menor dilacion nos será perniciosa. Armémonos todos, que es el recurso único que nos queda para ir á salvar lo que se pueda escapar del furor de este monstruo.” Asi habló Anetor. Peleo, menos movido por esta pérdida que por la memoria de su delito, comprendió que la Nereida queria que estas calamidades fuesen venganza y sacrificio á un tiempo en alivio de Foco su hijo. Ceix manda que todos tomen sus armas, y él se disponia á ir con ellos; pero su muger Alcione, que lo entendió por el ruido que habia en palacio, salió precipitada de su cuarto á medio peinar, y abandonando al aire sus cabellos, se arrojó al cuello de su marido, y con persuasiones y lágrimas le rogaba que no fuese él á aquella empresa, y que procurase guardar su vida, en la que consistia la suya propia. „Deja, ó Reina, la dijo Peleo, tus honestos y piadosos temores. La oferta que Ceix me ha hecho prueba su bondad y generosidad; pero no es mi ánimo aprovecharme de ella, ni perseguir con las armas á tan nuevo monstruo, sino adorar y suplicar á la Deidad del mar que me ha afligido con tal desgracia.” Cerca de la playa habia una elevada torre, y un fanal en lo mas alto de ella para direccion y regocijo de los navegantes. Suben á ella, y miran con dolor á los toros muertos y tendidos en la playa, y al monstruo que habia causado tantos estragos con la piel toda teñida de sangre. Entonces Peleo, tendiendo las manos hácia la ribera del dilatado mar, ruega á la cerúlea Psamate[214] que deponiendo su saña, les sea propicia. La Nereida no se ablandó con las palabras y súplicas de Peleo. Tetis, su muger, la suplicó por su marido, y consiguió el perdon; pero el lobo, cebado en la dulzura de la sangre, perseveraba en la cruel matanza, hasta que en la accion de estar despedazando la cerviz de una novilla fue transformado en piedra por la Diosa: el color indicaba que ya no era lobo, ni habia ya para qué temerle, aunque el cuerpo conservaba la forma y figura de fiera. El destino no permitió á Peleo permanecer mas tiempo prófugo en los estados de Ceix: errante y fugitivo aportó á Tesalia, y alli tomó venganza de Acasto, dándole la muerte por la traicion[215] que en otro tiempo habia intentado contra él.
FÁBULA V.
NAUFRAGIO DE CEIX.
Perturbado Ceix con las calamidades de su hermano y las que siguieron á estas, dispone ir á consultar al oráculo de Apolo, que existia en la ciudad de Claros, porque el bandido Forbas,[216] unido con los Phlegios, tenia interceptados los caminos del templo de Delfos. Comunicó anticipadamente esta su resolucion Ceix á su querida muger, que al oirla se quedó helada, y su semblante pálido á la manera del box, corriéndole las lágrimas por las mejillas. Tres veces procuró hablar, y tres veces se lo impidió el llanto y los sollozos, que interrumpian sus amantes quejas.
(117) Ceix, que va á consultar el oráculo de Apolo, se despide de Alcione.
„¿Qué culpa, decia, he cometido yo, carísimo esposo mio, que asi ha trocado tu cariño? ¿Donde está aquel cuidado y desvelo que solias tener por mí? Ya no te es dificil el ausentarte y dejar á tu Alcione.[217] Ya te agrada el hacer un largo viage; y ya quieres mas bien tenerme ausente que en tu compañía. Si tu viage lo hicieras por tierra, solo me causaria pena y dolor, pero no sobresalto. Los mares me amedrentan: solo el pensar en él me causa horror. Poco há que he visto sobre la playa los tristes fragmentos de un naufragio; y muchas veces he leido los epitafios[218] de los túmulos que no ocultaban los cadáveres. No te dejes llevar de la falaz confianza de que tienes por suegro á Eolo, que egerce su imperio sobre los vientos, reprimiendo su impetuosidad en una cárcel, y cuando le place con esta sujecion queda el mar en calma; porque una vez sueltos se apoderan de todo el Océano; nada hay que se les oponga; toda la tierra y todo el mar quedan á su arbitrio. Tambien agitan las nubes del cielo con fieros torbellinos, y las hacen vibrar los resplandecientes rayos y centellas. Cuanto mas bien los conozco (y los conozco muy bien, porque los ví muchas veces cuando era niña en la casa de mi padre), tanto mas estoy persuadida de que deben ser temidos. Pero si tu resolucion, carísimo esposo, no se puede alterar con mis plegarias, y estás constantemente determinado á hacer este viage, llévame contigo, y correremos ambos una misma suerte: entonces no tendré que temer lo que me vea precisada á sufrir: ambos en union mutua toleraremos lo que sobreviniese, y entrambos en union correremos los riesgos de los extendidos mares.” Con estos ruegos y lágrimas de Alcione se conmovió Ceix, porque no era inferior su cariño hácia su esposa; pero ni se resolvia á mudar de propósito, ni se atrevia á llevar consigo á Alcione, y exponerla á que fuese participante de los peligros. Díjole muchas cosas tiernas que consolasen su tímido corazon; pero no por esto se aquietó Alcione, ni aprobó la causa del viage. En fin para disminuir en lo posible el dolor que iba á causarle esta funesta separacion, añadió este lenitivo, con el cual tranquilizó el espíritu de su muger. „Cualquiera detencion será larga y enfadosa para mí; pero te juro por los brillantes resplandores de mi padre que si el destino no se opone á mi vuelta, me verás antes que la luna por dos veces llene de luz su hermosa faz.”[219] Luego que con estas promesas la aseguró de su pronta vuelta, mandó al punto botar al agua una nave, y equiparla con todas sus jarcias y demas utensilios.
Al momento que la vió aparejada Alcione se llenó de horror, como adivinando lo que habia de suceder; dejó correr algunas lágrimas, le abrazó tiernísimamente, y al tiempo de decirle con voz triste el último á Dios cayó desmayada. Los marineros, aunque Ceix buscaba pretextos para detenerse, aplicaron á sus fuertes pechos las dos órdenes de remos, y con golpes comparados empiezan á remar. Alcione, algo recobrada de su desmayo, levantó sus llorosos ojos, y vió á su marido que estaba de pie en la encorvada popa, y desde ella le hacia señas con la mano, á las que ella correspondia con otras tantas. Cuando ya se habia alejado, y la vista no alcanzaba á distinguirle y conocerle, se contentaba con ver la nave fugitiva, y cuando ya esta no podia distinguirse por la gran distancia, miraba las velas tremoladas del viento en lo alto de los mástiles. Luego que se perdieron de vista de todo punto las velas, se volvió afligida á su aposento, y se echa en la cama, la cual le renueva sus lágrimas, acordándose de lo que faltaba en ella. En tanto se alejaba la nave; y como el viento daba en popa, dejaron de remar, y extendiendo todas las velas, las hinchaban los vientos favorables que soplaban.
Habrian hecho poco menos de la mitad de la travesía, alejados de una y otra playa, cuando á la entrada de la noche empezó el viento á soplar con mas fuerza, y á ponerse el mar blanco con las encrespadas olas.[220] Inmediatamente ordena el piloto que se recojan las velas, y que las aten á las antenas; pero la contraria tempestad impide la egecucion de lo mandado, y el estrépito del mar agitado impedia que las voces llegasen á los oidos. Todos andaban diligentes: unos se apresuran á quitar los remos, otros á cubrir el costado para impedir que el agua entrase, otros á recoger las velas: estos sacan el agua que habia hecho la nave, y la vierten en el mar, aquellos bajan las antenas; pero todo se egecuta con desórden y atropellamiento. Entre tanto se aumenta la deshecha tempestad, y los desenfrenados vientos, soplando á un tiempo de partes contrarias, se enfurecen en una terrible guerra, y agitan las olas, confundiéndolas unas con otras. El mismo piloto se pasma, y confiesa que ni está en sí, ni sabe el estado en que se halla la nave, ni qué mande, ni qué prohiba en tanta confusion y apuro, en el que ya es inútil toda la destreza de su arte. Confúndense, formando el mayor estrépito, los clamores de los marineros, los crujidos de las cuerdas y masteleros, el bramido de las olas que se baten unas con otras, y los espantosos truenos en que las nubes se desgajan. El mar, embravecido por los vientos, levanta sus olas hasta el cielo, y rocía con ellas las nubes: unas veces cuando el agua barre las rojas arenas se vuelve del color de ellas, y otras es mas negra que la de la laguna Estigia: algunas veces se allana y emblanquece con las espumas que suenan, y la nave es juguete de todas estas causas impelentes: ya parece que elevada sobre las olas como montañas mira desde alli á la profundidad de un valle y al mismo Aqueronte; y ya abatida á lo ínfimo por las mismas olas las ve desde la profundidad tocar en el cielo. Azotada por ellas la nave en sus costados, hace un ruido semejante al del ariete cuando derriba los muros de una guarnecida ciudad. Y á la manera que dos fieros leones, tomando fuerza con la carrera, suelen acometer con furor á los venablos que les presentan, asi las olas, confundidas con los vientos que las alteran, atacan la tablazon de la nave, sobre la cual se levantaban. Ya se aflojan y desencajan los clavos, y despegándose la brea, se descubren aberturas, que dan entrada á las ondas que amenazan con la muerte. Las nubes se resuelven en copiosas lluvias, y parecia que sobre el mar caia todo el cielo, ó que aquel entumecido subia á ocupar el asiento de este. Las velas se empapan con la lluvia, y las aguas del mar se mezclan con las del cielo. Ningun astro se ve brillar en él, antes bien por el contrario la oscuridad de la tempestad, junta con la de la noche, aumenta el horror de las tinieblas. Si se ve alguna claridad es la de los relámpagos y rayos, que parecia abrasaban las aguas. Las olas tambien saltan á las corvas junturas de la nave; y como el soldado que se aventaja á todos los demas cuando repetidas veces asalta á los muros de una ciudad defendida, y por último consigue entre mil combatientes trepar á ellos estimulado del deseo de la gloria; del mismo modo, despues que las violentas olas batieron mucho tiempo los altos costados de la nave, los sobrepuja el ímpetu de la ola décima,[221] que es la mayor y mas terrible, y combatiendo á aquella ya quebrantada, no desiste de la empresa hasta apoderarse de ella, y venir á llenar todo el buque, á la manera de la toma de una plaza de armas. No interrumpen las olas el asalto; y habiendo entrado muchas veces en la nave, empiezan todos á temblar, del mismo modo que sucede en una plaza cuando ven que de los enemigos unos toman ya posesion de sus muros desde adentro, despues de haberla los otros batido y minado por de fuera. Desfallece el arte; los ánimos desmayan, y todas las olas que se ven venir se temen como causadoras de otras tantas muertes. De los marineros unos no pueden contener las lágrimas, otros se llenan de estupor, otros llaman felices á los que mueren y son sepultados con fúnebre aparato en tierra,[222] otros hacen promesas á los Dioses, y levantando en vano los brazos, piden socorro al cielo que no ven:[223] acuérdase aquel de su padre y hermanos; este de sus hijos, de su casa y de lo que dejó en ella: Ceix solo se acuerda de Alcione: de su boca no sale otra palabra que Alcione; y siendo ella sola el objeto de su amor, se alegra de que no se halle en su compañía. Querria mirar hácia las playas de su patria, y dirigir hácia su casa las últimas ojeadas; pero no puede discernir en qué sitio se halla por la terrible agitacion del mar, por la oscuridad que causan las negras nubes, por estar cargado de ellas todo el cielo, y por ser por la misma causa dobladamente oscura la noche. La impetuosidad de un llovioso torbellino derriba el mástil, y hace pedazos el timon; y animosa la ola con tales despojos, sobreponiéndose como vencedora, se eleva en forma de arco sobre todas las demas, y cayendo precipitada, no de otro modo que si se lanzasen el monte Atos y el Pindo arrancados de sus estables asientos en medio del mar, con su peso y con su impulso sumerge hasta lo profundo la nave, en la cual se ahogó gran parte de los marineros, quedando solo los pocos que pudieron asirse á las tablas y fragmentos de ella: Ceix, asido á uno con la mano que solia empuñar el cetro, invocaba en vano á Eolo y Lúcifer, su suegro y padre; pero mas frecuentemente repetia cuando nadaba el nombre de su esposa Alcione. De esta sola se acuerda, á esta sola llama, deseando que despues de su muerte las olas llevasen á su presencia su cadaver, y que este fuese enterrado por ella. Cuando asi zozobraba entre las olas, y estas le dejaban respirar, pronunciaba claro el nombre de Alcione, y confusamente y entre dientes cuando le cubrian la cabeza. Mientras estaba en esta disposicion, una encrespada y negra ola, que formaba un grande arco, se rompe, cae á plomo sobre él, y cubriéndole de agua le sumerge.
El Lucífero su padre estuvo aquella noche oscuro y desconocido; porque como no podia bajar del cielo en aquel triste momento, cubrió su rostro con densas nubes. Alcione entre tanto, ignorante de tan calamitosa desgracia de su esposo, estaba contando las noches de su ausencia; y esperando vanamente su vuelta, preparaba los vestidos con que habia de engalanarse cuando volviese, y las joyas con que ella habia de adornarse en aquel suspirado momento. Ofrecia inciensos á todos los Dioses, y principalmente en los templos de Juno, y se postraba ante las aras por su marido que ya no existia, y rogaba por su salud y su vuelta, y porque la prefiriese siempre y no se enamorase de otra; pero de tantos votos y súplicas esta última era sola la que se podia verificar. La Diosa, no queriendo ya que se le rogase mas por la salud de un difunto, ni se ofreciesen por él sacrificios en sus aras, llamó á Iris, y la dijo: „Iris, fidelísima embajadora mia, marcha al punto al palacio del Dios del sueño, y dile de mi parte que envie á Alcione un sueño que la represente la imágen de su marido que ha padecido naufragio, y la haga entender esta verdad.” Apenas dijo esto, Iris, vestida de mil colores, y señalando en el cielo su corvo[224] arco, se encaminó como se lo habia ordenado al palacio del Sueño, que estaba oculto entre unos peñascos.
En el pais de los Cimerios[225] hay una cueva dilatada en la concavidad de una montaña, en donde el perezoso Sueño tiene su palacio y habitacion: jamas penetran en ella los rayos del sol, ni cuando nace, ni cuando está en lo mas alto, ni cuando se pone: la tierra exhala unas densas nieblas mezcladas de oscuridad, y la escasa luz de aquel sitio es como la del crepúsculo: jamas los gallos anuncian alli la vuelta de la Aurora: jamas los perros, guardas fieles de una casa, ni los ánsares, mas sagaces todavía que estos, interrumpen con su ladrar ni graznidos el tranquilo reposo que alli reina. Ni la fiera, ni los ganados, ni las ramas agitadas del viento, ni las voces de los hombres hacen ruido alguno: aquella es propiamente la mansion del mudo silencio. De lo mas bajo del peñasco sale un arroyo, que alguno diria ser el Leteo, cuya corriente, causando un dulce murmullo en las piedrecillas, convida á dormir. Á la puerta de la cueva se crian fecundas adormideras[226] y otras muchas yerbas, de las cuales la noche extrae el jugo soporífero, y lo esparce por el orbe oscuro de la tierra. En toda la casa hay puerta alguna cuyo quicial rechine al abrirla ó cerrarla, ni tampoco hay ningun guarda á su entrada. En medio de ella hay una alta cama, cuya armadura es de ébano, sus colchones de plumas, todo negro como la ropa que la cubria: en ella yacia el Dios del sueño con sus miembros como desfallecidos y desmayados. Al rededor de la cama estaban postrados una multitud de vanos sueños, que saben remedar todo género de figuras, y que son tantos en número como aristas tiene la mies, hojas las selvas, y la playa granos de arena. Al entrar Iris en esta cueva apartó con las manos los sueños que estorbaban su paso, y se acerca á la cama del Dios: iluminóse la estancia con el resplandor de su vestido, que hiriendo los pesados y soñolientos ojos de aquel, se los hizo abrir, aunque con dificultad, y levantar la vista un poco, volviéndose al momento á quedar medio dormido; pero por último despertó algo, y levantando la cabeza, y tocándose el pecho con la trémula barba, y apoyado sobre el hombro izquierdo, le preguntó á Iris (pues desde luego la conoció) cual era la causa de su venida. Ella entonces le dijo: „¡Ó Sueño! que eres el mas agradable de todos los Dioses: ¡ó Sueño! descanso de las fatigas, tranquilidad del ánimo, enemigo del desasosiego, que halagas y reparas para que continúen el trabajo los miembros fatigados con las diarias tareas, dispon que los sueños que remedan á la perfeccion las verdaderas figuras, vayan á Trachinia, y presentándose á Alcione bajo la imágen del Rey Ceix su esposo, le representen su naufragio. Juno es quien lo ordena, y me ha encargado esta diligencia.” Despues que Iris desempeñó el precepto de Juno se retiró, porque no podia tolerar mas la eficacia soporífera ni los vapores soñolientos de aquella casa, y sintiéndose acometida del sueño, se apresuró y volvió por el mismo arco en que poco antes habia venido. Entonces el Dios, de entre la multitud de los sueños que rodeaban su cama, escogió á Morfeo, artífice é imitador de las figuras.[227] Ninguno con mas destreza que él remeda y representa cuando se le manda el modo de andar, la fisonomía, el eco y sonido de la voz, los vestidos y las palabras que son mas usadas del que quiere figurar; pero este sueño solo imita y representa á los hombres; mas el otro, á quien los Dioses llaman Icelo, y los hombres Fobetor, se reviste de la figura de fiera, de ave, de serpiente, y de los demas seres del reino animal. Hay otro de tercera especie, llamado Fantaso, que se transforma en tierra, en peñasco, en agua, en madero, y en cualquiera cosa inanimada. Estos tres sueños solo frecuentan de noche los palacios de los Reyes, de los Grandes y Generales, y representan sus figuras; los demas sirven para la plebe. De estos no hizo caso el Dios anciano, y de aquellos tres hermanos eligió á Morfeo para que desempeñase el encargo y mandato de Juno que le habia intimado Iris, y al punto volvió á dejar caer su cabeza cargada de sueño, y se cubrió con la ropa de la cama.
Morfeo vuela por la oscuridad sin que sus alas hiciesen ruido alguno, y en pocos instantes llegó á Trachinia, y depuestas las alas, tomó la figura de Ceix, y se presentó ante la cama en que dormia Alcione, descolorido como un difunto, sin vestido alguno, y destilando agua su barba y cabellos. Entonces recostándose sobre el lecho, y con lágrimas que le caian por las mejillas dijo de este modo: „¿Conoces á tu Ceix, desgraciada esposa mia? ¿Se ha desfigurado mi rostro con la muerte? Mírame, y me conocerás fácilmente; pero en lugar de tu marido hallarás solo su sombra. Tus votos, ó Alcione, y tus sacrificios de nada me sirvieron: he muerto; no te prometas ni esperes vanamente volverme á ver. El austro llovedor se enfureció contra la nave en el mar Egeo; levantó una deshecha tempestad, y la sumergió con un fuerte torbellino: yo clamaba invocando y repitiendo en vano tu nombre, y en esta actitud inundaron y cubrieron mi boca las olas. No son estas noticias dadas por un autor sospechoso, ni estás oyendo vagos rumores: yo mismo que estoy presente te anuncio mi desgracia y mi naufragio. Levántate prontamente; abandónate al llanto; vístete de luto, y no permitas que mi sombra baje al tártaro, morada de las almas, sin haber sido llorada.” Morfeo dijo todo esto imitando la voz de Ceix, de modo que Alcione creia que era él: tambien remedó su llanto y todas sus acciones y disposicion. Alcione entre sueño empezó á gemir, llorar y á extender los brazos, y en vez del cuerpo de su marido abrazó el aire sutil, y empezó á exclamar: „Detente, ¿dónde te vas? ambos partiremos juntos.” Turbada con la voz que habia oido, y con la figura que habia visto de su marido, despertó sobresaltada, y á la luz que habian entrado los criados que acudieron á sus voces, registró mirando á todas partes si estaba alli el que poco antes habia visto, y no hallándole en parage alguno, empezó á sacudir y golpear con la mano el rostro y pecho, á rasgar sus vestidos, y á arrancarse los cabellos, diciendo á su aya, que la preguntaba la causa de su llanto: „Ya no hay ni tienes á Alcione; ya no existe; feneció con su querido Ceix; no te empeñes en consolarme: murió ahogado en el mar, y acabo de verlo, le conocí, y al irle á coger las manos para detenerle, y que no se fuese, se me desvaneció como sombra, y sombra bien propia, expresiva y verdadera de mi idolatrado esposo, aunque no tenia aquella alegría de semblante que antes, sino que le ví descolorido, desnudo, y con el cabello destilando agua todavía. Sí; este es el mismo sitio donde estuvo el infeliz:” y miraba si en él habia dejado alguna huella ú otra señal, y entonces soltando las riendas á su dolor, hablando con su esposo, á quien aun imaginaba presente, se quejaba de este modo: „Ó desgraciado Ceix, tu naufragio era lo que yo temia, y lo que me anunciaba el corazon, y por eso te rogaba tan encarecidamente que no te apartases de mi compañía, ni te entregases á la inconstancia de los vientos; pero ya que ibas á perecer ¡ojalá me hubieras llevado contigo! ¡Ay! ¡y cuán bien me hubiera estado el ir en tu compañía, pues no hubiera vivido apartada de tí un momento, y hubiéramos muerto juntos! Ahora muero sin tí, y aunque ausente soy despojo de las olas en que fuiste sumergido, y sin embargo de estar lejos, el mismo mar es el sepulcro de mi cadaver. La memoria de tu naufragio no será mas cruel que el mar y las olas que te anegaron, si tuviera gusto en alargar mas mi vida y sobrevivir á tu desgracia; pero no sobreviviré ni me apartaré de tí, y te seré compañera en la muerte, y si en el sepulcro y la urna no se uniesen nuestros huesos, á lo menos estarán unidos nuestros nombres en el epitafio.” El dolor no la dejó proseguir, pues cuando iba á pronunciar las palabras eran interrumpidas con el llanto[228] y con los gemidos en que la hacia prorumpir la afliccion de su corazon.
Luego que amaneció salió fuera de su palacio dirigiéndose á la playa, buscando afligida el sitio desde el cual habia estado mirando la partida de su marido: en él se detuvo; y observándole detenidamente, decia: „Desde aqui se hizo á la vela; aqui fue en esta misma playa donde al partirse me dió los últimos abrazos;” y cuando estaba mirando y remirando todas estas cosas, tendió su vista hácia el mar, y á larga distancia vió nadando sobre el agua una cosa que parecia un cadaver. Al principio no podia distinguirse lo que era; pero acercándose con las olas, llegó á conocerse que era un cuerpo, y aunque ignoraba quien fuese, se conmovió y asustó considerándole de algun náufrago, y como si se condoliese de un desconocido dijo: „¡Ó infeliz, cualquiera que seas, é infeliz de tu esposa si eres por ventura casado!” El cuerpo se fue acercando poco á poco, con las olas, y cuanto mas lo mira Alcione, tanto mas se aumenta su turbacion. En fin cuando ya estaba cerca de la playa y á distancia que pudiese ser conocido, le miró con mas atencion; y viendo que era su marido, exclamó: „Él es, él es;” y al mismo tiempo se hiere el rostro, arranca sus cabellos, rasga sus vestidos, y extendiendo hácia Ceix sus trémulas manos, dice: „¡Asi, carísimo esposo, asi, infeliz, vuelves á mí para acrecentar mi dolor!” y arrebatada del mas fiero sentimiento, dió un gran salto que parecia vuelo, y efectivamente lo era, y se puso sobre una especie de muelle que servia para que en él se quebrara y amansara la impetuosidad de las olas, y desde alli convertida en ave, é hiriendo el aire con las alas que la acababan de nacer, iba volando sobre la superficie de las aguas, y al mismo tiempo en lugar de lamentos su boca convertida en pico proferia un sonido triste y lastimoso. Mas luego que llegó á tocar el cuerpo de Ceix lo abrazó con sus recientes alas, y empezó á besarle con el duro pico. Aquellos que habian acudido á la ribera, observando que el cadaver se incorporaba algo, dudaban si seria porque hubiese sentido las caricias de su esposa, ó si el ímpetu de las olas le habia hecho tomar aquel movimiento; pero fue porque las habia sentido, y porque apiadándose de ellos los Dioses, los convirtieron en aves. Desde esta transformacion se conservan el mismo mutuo amor; y durante los siete dias[229] que la hembra está en huevos en el nido, sostenido sobre la superficie del agua, el mar está tranquilo y navegable; y Eolo, en obsequio de sus nietos,[230] tiene los vientos encerrados para que no salgan á alborotar los mares.
FÁBULA VI.
HESPERIA HUYE DE ESACO.
Entre los que fueron testigos de aquel espectáculo habia un hombre anciano que alabó el amor y fidelidad de los dos esposos. Otro que estaba cercano á él, ó acaso el mismo, dijo: „Si lo permitió la suerte, este tambien que mirais surcar el mar, y traer las piernas encogidas (enseñándoles el mergo, cuyo cuello es espacioso, y que por alli pasó casualmente), es de familia Real; y si quereis subir hasta sus antepasados por su órden, hallareis que desciende de Ilo y de Asaraco, y de Ganimedes arrebatado por Júpiter, del viejo Laomedonte y de Príamo,[231] en cuyo tiempo fue destruida Troya, y que fue hermano[232] del famoso Hector; el cual, si no hubiera sido transformado en la flor de la juventud, acaso no hubiera sido inferior á Hector por sus famosas hazañas, aunque este era hijo de Hécuba, hija de Dimantes, y aquel, que se llamaba Esaco, de una Ninfa campestre llamada Alexirroe, que lo parió á escondidas en el monte Ida. Este tal Esaco no gustaba de las ciudades, y retirado del magnífico palacio, frecuentaba los secretos montes y los retirados campos, y no asistia sino alguna que otra vez á la corte de su padre: no obstante nada se le notaba de rusticidad en sus costumbres, ni su corazon era insensible al amor. Cierto dia, despues de haberla buscado por todas las selvas, halló y vió á la hermosa Hesperia, hija del rio Cebreno,[233] que en la ribera de él estaba enjugándose al sol los cabellos, que tenia tendidos sobre sus hombros. Luego que le vió echó á huir la Ninfa, como la espantada cierva huye de un lobo, ó como un ánade apartado del lago, que ve al gavilan que va á arrojarse sobre él. Esaco, á quien el amor dió alas (como el miedo parecia haberlas dado á la Ninfa), la persigue con ligereza; pero una víbora que se ocultaba en la yerba la pica en un pie,[234] y esparciéndose el veneno en su cuerpo, dejó á un tiempo de correr y vivir. Desesperado Esaco de un accidente tan funesto, abraza tiernamente á la Ninfa, que acababa de exhalar el último aliento, y exclama: „Pésame, pésame de haberte perseguido; pero yo no rezelaba esto, ni á tanta costa tuya pretendia la victoria. Querida Ninfa, nosotros dos te hemos quitado la vida. La víbora te hirió, y yo he sido la causa principal. Yo seria mas delincuente que ella si con mi muerte no vengara la tuya.” Despues que dijo estas palabras se arrojó al mar desde un alto peñasco. Tetis, apiadándose de él, lo recibió con suavidad y blandura; lo cubrió de plumas en tanto que fluctuaba sobre el mar, y de este modo le impidió morir, aunque él no deseaba sobrevivir á su amada Hesperia. Indignado contra la mano favorable que le protege, se queja de la crueldad del destino que le obliga á vivir. Con las nuevas alas se levanta en el aire, despues se arroja con impetuosidad para precipitarse; pero sus plumas interrumpen el ímpetu de la caida. Esaco se enfurece, se sumerge en lo profundo, buscando en vano medios con que darse la muerte que huye de él. El amor le pone flaco: las canillas y cuello se alargan: la cabeza la tiene distante del cuerpo: ama las aguas; y como se sumerge sin cesar, le ha quedado el nombre de mergo.[235]
Story DNA
Moral
null
Plot Summary
This book of Ovid's Metamorphoses recounts several tales of transformation. It begins with the brutal death of Orpheus by the Thracian Bacantes, who are then turned into trees by Bacchus as punishment. Next, King Midas is granted the golden touch, which quickly becomes a curse, leading him to wash it away in the Pactolus river, and later receives donkey ears from Apollo for his poor judgment. The narrative then focuses on Ceyx and Alcyone; Ceyx drowns at sea, and Alcyone, after a prophetic dream, finds his body and transforms into a kingfisher, with the gods also transforming Ceyx. Finally, the story of Esacus, who, heartbroken by the death of his beloved nymph Hesperia, repeatedly attempts suicide and is ultimately transformed into a diving bird by Tethys.
Themes
Emotional Arc
suffering to transformation
Writing Style
Narrative Elements
Cultural Context
Ovid's Metamorphoses is a foundational text of Roman literature, compiling and reinterpreting Greek myths. This book explores themes of transformation, divine justice, and the power of love and grief.
Plot Beats (18)
- Orpheus charms nature with his music, but is attacked by the Thracian Bacantes.
- The Bacantes, enraged, overpower Orpheus's music with their noise and brutally kill him, dismembering his body.
- Orpheus's head and lyre float down the Hebrus river to Lesbos, where Apollo turns a serpent to stone to protect his head.
- Orpheus's shade descends to the underworld and reunites with Eurydice, never to be separated again.
- Bacchus punishes the Bacantes by transforming them into trees, rooting them to the spot.
- Bacchus leaves Thrace and travels to Lydia, where Silenus is found by Phrygian farmers and brought to King Midas.
- Midas returns Silenus to Bacchus and is granted a wish, choosing the power to turn everything he touches into gold.
- Midas's wish becomes a curse, as he cannot eat or drink, and he washes it away in the Pactolus river, turning its sands golden.
- Midas judges a musical contest poorly, favoring Pan over Apollo, and is given donkey ears by Apollo as punishment.
- Ceyx, King of Trachis, embarks on a sea voyage despite his wife Alcyone's pleas.
- Ceyx's ship is caught in a violent storm and he drowns at sea.
- Morpheus, at Juno's command, appears to Alcyone in a dream as the drowned Ceyx, revealing his fate.
- Alcyone, distraught, goes to the shore and finds Ceyx's body, then transforms into a bird.
- The gods, pitying their love, transform Ceyx into a bird as well, and they become kingfishers, whose nesting period brings calm seas.
- An old man recounts the story of Esacus, son of Priam, who shuns cities and falls in love with the nymph Hesperia.
- Hesperia flees Esacus and is fatally bitten by a viper.
- Esacus, overcome with grief and guilt, repeatedly tries to drown himself from a cliff.
- Tethys transforms Esacus into a diving bird (mergo) to prevent his death, but he continues to dive into the water, seeking death.
Characters
Orfeo
A man of captivating presence, his build is likely lean and agile, suited for playing the lyre and moving through nature. His features are probably refined and expressive, reflecting his artistic soul.
Attire: Simple, perhaps a tunic or chiton, suitable for a musician who spends time in nature, likely made of linen or wool in natural tones, allowing freedom of movement.
Wants: To express himself through music, to find peace, and to be reunited with his beloved Eurídice.
Flaw: His vulnerability to the chaotic, irrational fury of the Bacantes, and his inability to defend himself against overwhelming, unreasoning violence.
His physical body is destroyed, but his soul finds eternal peace and reunion with Eurídice in the underworld, achieving a form of triumph beyond death.
Charming, artistic, peaceful, sensitive, and deeply loving. He is a master of music and capable of moving nature itself with his art.
Bacantes de Tracia
Wild and frenzied women, likely of varied builds but all possessing a fierce, unbridled energy. Their movements are erratic and violent.
Attire: Clad in 'pieles de fieras' (animal skins) over simple, perhaps torn, tunics. They carry tirsos (thyrsi), which are staffs entwined with ivy and vine leaves, often topped with a pine cone.
Wants: To punish Orfeo for his perceived slight against Bacchus and their ecstatic rituals, driven by their Bacchic frenzy.
Flaw: Their complete lack of reason and control, which leads to their downfall and transformation.
They are transformed into trees by Bacchus as punishment for their sacrilegious act, losing their human form and agency.
Frenzied, violent, irrational, vengeful, and easily provoked. They are driven by a collective madness and a hatred for Orfeo's rejection of their rites.
Baco
A powerful and divine figure, likely depicted with a youthful, somewhat effeminate yet strong build, characteristic of the god of wine and revelry. His presence commands respect and fear.
Attire: Flowing robes, often purple or rich colors, adorned with grapevines or animal skins. He might carry a thyrsus.
Wants: To punish those who disrespect his rites or harm his favored individuals, and to maintain divine order.
Flaw: His passionate nature can lead to extreme reactions, both benevolent and destructive.
He acts as a divine arbiter, punishing the Bacantes for their sacrilege against Orfeo, thus demonstrating his power and sense of justice.
Powerful, vengeful, just (in his own divine way), and protective of his followers and rites, yet capable of great wrath.
Midas
A king, likely of a robust build befitting his royal status, but perhaps with a slightly greedy or self-indulgent air before his transformation. His features might show a mix of ambition and later, regret.
Attire: Royal attire, likely rich robes of purple or crimson, embroidered with gold, reflecting his wealth and status. After his transformation, his clothing might appear less grand, perhaps even tattered as he suffers.
Wants: To gain immense wealth (initially), and later, to rid himself of the curse and restore his normal form.
Flaw: Greed, poor judgment, and a tendency to make rash decisions without considering consequences.
He transforms from a greedy king who desires the golden touch to a humbled man who learns the dangers of unchecked desire, eventually losing his golden touch but gaining donkey ears as punishment for his poor judgment in a musical contest.
Initially greedy, foolish, and short-sighted, but capable of learning from his mistakes and showing remorse. He is also a poor judge.
Alcione
A beautiful and devoted woman, likely of slender build. Her features are expressive, conveying deep love and sorrow. After transformation, she becomes a kingfisher.
Attire: Initially, fine garments befitting a queen, perhaps of flowing linen or silk in soft colors. Later, her clothes are torn in grief. After transformation, she is covered in feathers.
Wants: To be reunited with her husband, Ceix, and to mourn his loss.
Flaw: Her overwhelming grief and despair, which lead her to attempt suicide.
She transforms from a grieving human queen to a kingfisher, eternally reunited with her husband, Ceix, who also becomes a kingfisher.
Deeply loving, devoted, faithful, sorrowful, and ultimately resilient in her love.
Ceix
A king, likely of a noble and strong build. His features are probably handsome and kind, reflecting his loving nature. After transformation, he becomes a kingfisher.
Attire: Royal attire, likely practical for travel by sea, perhaps a tunic and cloak in seafaring colors like blue or grey, but still of fine quality. After death, his clothes are waterlogged.
Wants: To undertake his journey, and to be reunited with his wife, Alcione.
Flaw: Vulnerable to the dangers of the sea and fate.
He dies in a shipwreck but is transformed into a kingfisher by the gods, eternally reunited with his wife, Alcione.
Loving, devoted, and courageous. He is a good husband and king.
Esaco
A young man of royal lineage, but with a preference for the wild. His build is likely agile and athletic, suited for hunting and living in the mountains. After transformation, he becomes a mergo (cormorant/diver bird) with a long neck and shrunken legs.
Attire: Simple, practical clothing suitable for hunting and living in the wilderness, such as a leather tunic or rough linen, in earthy tones, rather than elaborate court attire.
Wants: To pursue and win the love of Hesperia, and later, to die in grief for her loss.
Flaw: His impulsiveness, which leads to Hesperia's death, and his overwhelming despair.
He transforms from a human prince who loves the wild and pursues a nymph, to a despairing lover who attempts suicide, and is finally transformed into a mergo (cormorant/diver bird) by Tetis, forever tied to the waters he sought to drown in.
Reclusive, passionate, impulsive, and deeply devoted in love. He is also prone to despair.
Hesperia
A beautiful river nymph, likely slender and graceful, with features that reflect her connection to nature. Her beauty is captivating.
Attire: Simple, light garments, perhaps made of fine linen or sheer fabric, in colors that blend with her natural surroundings, like green or blue, or even just her own natural beauty.
Wants: To escape the pursuit of Esaco and maintain her freedom.
Flaw: Her vulnerability to unexpected dangers in nature, such as the viper's bite.
She dies tragically from a viper's bite while fleeing Esaco, becoming the catalyst for his transformation.
Shy, elusive, and fearful, typical of nymphs who avoid human contact.
Locations
Mount Rhodope
A high point on Mount Rhodope in Thrace, where the Ciconian women, covered in animal skins, first spotted Orpheus. The wind blows freely through their hair.
Mood: Wild, untamed, violent, tragic
The Ciconian Bacantes initiate their attack on Orpheus, leading to his demise.
River Hebrus
The river into which Orpheus's head and lyre fell after his dismemberment. The river carries them downstream, making mournful sounds.
Mood: Mournful, melancholic, mystical
Orpheus's head and lyre float down the river, still emitting mournful sounds, before reaching the sea.
Lesbos Shore
The sandy shore of Lesbos where Orpheus's head and lyre are washed ashore by the waves and winds. A serpent attempts to attack the head here.
Mood: Desolate, dangerous, miraculous
Orpheus's head is washed ashore, attacked by a serpent, and then miraculously preserved in stone by Apollo.
Alcyone's Palace Shore
The specific beach outside Alcyone's palace where she watched her husband Ceix depart and later discovered his body. It features a kind of pier or breakwater.
Mood: Sorrowful, desperate, miraculous
Alcyone finds her husband's body, transforms into a bird, and embraces him, leading to their joint transformation.
River Cebrenus Bank
The bank of the River Cebrenus, where the beautiful nymph Hesperia was drying her hair in the sun. It is a secluded, natural setting with tall grass.
Mood: Idyllic, then suddenly tragic and desperate
Esacus encounters Hesperia, she flees, is bitten by a viper, and dies, leading to Esacus's despair and transformation.