LIBRO DECIMOCUARTO

by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4)

myth transformation solemn Ages all ages 12815 words 56 min read
Cover: LIBRO DECIMOCUARTO

Adapted Version

CEFR A1 Age 5 159 words 1 min Canon 20/100

Long ago, in the blue sea. Lived a kind sea-god. His name was Glaucus. He loved a pretty girl. He loved her very much.

The sea was his home. He swam all day. He saw many fish. Glaucus saw a girl. Her name was Scylla. He loved her much. He felt very sad. He wanted her love. He went to Circe's home. Circe was a goddess. She knew magic. She knew special herbs. Glaucus wanted help. He wanted Scylla's love. He hoped Circe could help.

Circe saw Glaucus. She liked him much. She had a kind smile. She wanted him for her. She said, "Love me." Glaucus said, "I love Scylla." He could not change. He stayed true to Scylla. Circe felt very sad. She felt a little angry. Her smile faded fast.

Circe was sad. She was a little angry. She decided to act. Scylla liked to bathe. She had a special pool. Circe went to this pool.

Original Story 12815 words · 56 min read

LIBRO DECIMOCUARTO.

ARGUMENTO.

Eneas envió á Vénulo para pedir auxilio á Diomedes, cuyos compañeros se convirtieron en aves: Vénulo no alcanzó el socorro, y vino mal despachado, y á su vuelta pasó por el sitio en que en otro tiempo un pastor habia sido convertido en acebuche. Las naves de Eneas en un combate fueron transformadas en Ninfas, como tambien lo fue Ardea en ave despues de la muerte de Turno, y el mismo Eneas fue hecho Dios Indígete. Sucediéronle otros Reyes; y en el tiempo de Proca, uno de ellos, floreció Pomona, á la cual amaba el Dios Vertumno, que tomando la figura de una vieja, y contándola el suceso de Anaxarete, que habia sido transformada en peñasco, la persuadió y conquistó, tomando despues su propia figura de jóven. Andando el tiempo, en el reinado de Numitor las aguas frias se volvieron cálidas, y su sucesor Rómulo fue reverenciado con el nombre de Quirino, y su muger Hersilia con el de Diosa Ora.


(127) Circe envenena la cueva en que Escila solia dormir.

FÁBULA PRIMERA.

CIRCE.

Glauco, que, como va dicho, era una de las deidades del mar, habia ya dejado atras en su viage al monte Etna, debajo del cual estaban oprimidos los gigantes,[83] y asimismo los campos de los Ciclopes, en los cuales nunca habia entrado el rastrillo ni el arado, ni habian sido beneficiados por las yuntas de los bueyes. Tambien habia dejado atras á Zanclea y á Rego, que está enfrente, y habia atravesado el peligroso estrecho, que contenido en dos cercanas playas, separa á Sicilia de la Italia. Desde él, discurriendo por el mar Tirreno, llegó á los collados abundantes de yerbas en que tenia su palacio y morada Circe, hija del Sol, y que estaban habitados de una gran multitud de fieras. Luego que la alcanzó á ver Glauco, la saludó, y ella á él, y desempeñados estos cumplimientos, la dijo: „Diosa, ruégote te apiades de otro Dios como tú: tú sola (si es que yo soy digno de ello) puedes aliviar los tormentos de mi amor. Ningun Dios, ó excelsa hija del Sol, puede conocer mejor que yo cuánta sea la eficacia de las yerbas, pues por ellas me veo convertido en Dios y habitador del mar. Y para que no ignores mas tiempo la causa de mi viage, yo ví á la bella Escila en la ribera que está enfrente de Mesina, y con exceso me enamoré de ella. Vergüenza me causa el referirte las súplicas, las promesas y halagos que la hice, y el modo con que fuí despreciado. Tú pues, que eres tan poderosa en los encantos, pronuncia, te ruego, á mi favor algunas palabras encantadoras; ó si te parece mejor y de mayor eficacia el usar de la de las yerbas, de que tienes tanto conocimiento, aplica al efecto este poderoso medio. No vengo á que me cures y sanes las heridas y tormento de mi amor, ni quiero que este se acabe y tenga fin, sino que hagas que Escila se abrase igualmente en amor, y participe del ardor que padezco.”

Circe pues (que era la mas ingeniosa y versada en los ardores del amor, bien fuese por su disposicion natural, ó bien porque Venus la diese esta pena en despique de que su padre el Sol la habia descubierto cuando estaba entretenida con Marte) le respondió estas palabras: „Mejor será que me ames á mí que te quiero, y deseo lo mismo que tú, y que estoy poseída de un amor igual al que tú tienes á Escila. No me avergüenzo en decirte que tienes mérito, y que no debo detenerme en rogarte: y si me dieres alguna esperanza, créeme te rogaré y me explicaré mas; y para que no dudes ni desconfies de tu mérito y gallarda disposicion, vesme aqui que siendo Diosa, hija del resplandeciente Sol, y que tanto puedo con mis encantos y con el conocimiento y uso de las yerbas, te prometo ser tu esposa. Olvida pues á una ingrata que te desprecia, y corresponde á una Diosa que te ama: con este solo hecho quedarás vengado á un mismo tiempo de mí y de ella.” Al oir Glauco que Circe procuraba inducirle á su amor con tales razones, la respondió: „Primero se desconcertará el órden de la naturaleza, y se criarán árboles en el mar y ovas en los montes, que yo pueda, viviendo Escila, mudar y poner en otra mi amor.”

Indignóse al oir esto Circe; y como no podia ofender á Glauco por ser ya Dios, ni aunque pudiera querria hacerlo por el amor que le tenia, convirtió todo su furor contra la que veia preferida á sí misma; y ofendida de ver despreciado su amor por causa del de Escila, al momento cogió unas yerbas de jugo venenoso, las machacó, y despues dijo sobre ellas algunas palabras[84] de las que usaba para sus encantos, y vistiéndose de un ropage azul, se salió de su casa por medio de una multitud de monstruos y fieras que la acariciaban al pasar; y dirigiéndose al lado opuesto á las rocas de Zanclea, llegó á Regio, y se entró en el mar agitado por las olas, sobre las que caminaba como por la dura playa, corriendo á pie enjuto sobre ellas. Habia un pequeño remanso que tenia figura de un arco, sitio frecuentado por Escila, y al cual solia retirarse y refugiarse cuando estaba el mar embravecido, y cuando el sol era mas ardiente y hacia muy pequeñas las sombras por estar en medio de su carrera. Inficionó Circe este sitio, derramando en él el venenoso zumo de las yerbas que antes habia machacado, pronunciando veinte y siete veces la fórmula solemne del encanto, que eran unos oscuros é intrincados versos, compuestos de unas nuevas y desconocidas voces, las que pronunció en ademan y tono mágico y como entre dientes. Vino despues Escila á bañarse y refrigerarse á este su acostumbrado sitio, y apenas habia entrado en el agua inficionada, hasta la cintura, cuando se la mira ceñida y rodeada de perros que ladraban. Al principio, creyendo que los perros estaban separados de su cuerpo, y no eran parte y porcion de él, huia de ellos espantada, y procuraba apartarlos de sí; pero vió y se desengañó de que iban con ella donde quiera que huia, y entonces tentándose y buscándose los muslos, las rodillas y los pies, halló que de medio cuerpo abajo estaba toda convertida en perros y monstruos que la horrorizaban con su furor, y que transformada del medio cuerpo abajo, apoyaba y estaba unida su cintura á los espinazos de aquellos.[85] Este suceso costó á Glauco mucho sentimiento y lágrimas; y ofendido de que Circe hubiese hecho un tan cruel uso de la eficacia de sus yerbas y de sus encantos, se huyó de ella y despreció su casamiento. Escila asi transformada y hecha un monstruo se quedó siendo espanto de aquel sitio, en el que se le presentó la ocasion de vengarse de Circe en su amante Ulises que navegaba por él, acometiéndole y quitándole muchos de los que llevaba en su compañía.[86] Tambien este monstruo hubiera echado á pique las naves de Eneas, si antes que navegase por tan arriesgado sitio no hubiese sido convertido en una roca que aun permanece, y que aunque ya de piedra insensible y sin el antiguo furor, es un escollo peligroso, y procuran huir de él los navegantes. Despues que las naves de Eneas á fuerza de remo pudieron escapar y libertarse de él y del otro escollo que está á la parte opuesta llamado Caribdis, estando ya muy cerca de la costa de Italia, fueron agitados por una tempestad, que los arrojó á la opuesta del África.


(128) Dido, reina de Cartago, recibe á Eneas en su palacio y queda enamorada.

FÁBULA II.

DIDO RECIBE Á ENEAS EN SU PALACIO.

La Sidonia Dido, Reina de Cartago, acogió benignamente á los troyanos y á Eneas en su ciudad, y tambien en su cariño, sin advertir lo que habia de costarle el retiro que de pronto y ocultamente hizo de ella el que habia elegido para su marido, pues por él, y viéndose abandonada de su amante, puesta sobre una alta pira que habia hecho armar y encender con pretexto de un sacrificio, se dió muerte á sí misma con un puñal, y la que se vió engañada engañó á todos con tal aparato, que todos juzgaban era para el pretextado sacrificio. Prosiguiendo pues Eneas su fuga de la nueva ciudad de Cartago, regresó otra vez al monte Erix y á la region donde reinaba el fiel troyano Acestes, donde celebró juegos y sacrificios fúnebres en veneracion del sepulcro de su padre Anquises. Despues de lo cual, haciéndose á la vela con las naves, á quienes las matronas troyanas, instigadas por Iris, mensagera de Juno, habian intentado incendiar, pasó el reino de Eolo y las islas y herrerías de Vulcano, que humeaban con el ardiente azufre; y dejándose atras el golfo de las Sirenas, antes del cual se habia quedado sin el piloto Palinuro, que cayó y se ahogó en el mar, tocó en las dos islas Inarime y Procida, y últimamente aportó al fondeadero de la de Pitecusa, llamada asi de los nombres de sus habitadores, los que por sus fraudes, perjurios y trazas con que intentaron engañarle incurrieron en el odio de Júpiter, y los castigó convirtiéndolos en monas, animales feos y disformes, que pudiesen parecer en parte semejantes, y en parte desemejantes á los hombres. La conversion se hizo volviéndoles mas pequeños los miembros, aplastándoles las narices, avejándoles la cara con arrugas, y cubriéndoles el cuerpo de un pelo sutil y velloso, y en esta forma los envió á habitar á dicha isla, habiéndoles antes quitado el uso de la voz y de la lengua tan acostumbrada á fraudes y perjurios, y en su lugar les dejó solo el poder quejarse con un ronco chillido.


(129) Apolo concede á la Sibila tantos años de vida como arenas tiene en sus manos.

FÁBULA III.

ENEAS Y LA SIBILA.

Dejó Eneas á Fiteusas siguiendo su viage; y dejando á su derecha á Nápoles,[87] y á su izquierda el sepulcro de Miseno,[88] célebre trompetero, é hijo de Eolo, llegó á las playas de Cumas, que eran unos sitios pantanosos, y llenos de ovas y otras plantas palustres, en donde encontró y entró en la cueva de la Sibila Cumea, que es sola la que vive entre todas las demas,[89] y la suplicó que le acompañase y le condujese á los infiernos á visitar en ellos á su padre Anquises. La Sibila, despues de haber tenido algun tiempo sus ojos fijos en la tierra, alzó la vista, y embriagada y enfurecida con la deidad que se le habia entrado en su pecho, le dijo: „Mucho es lo que pides, héroe esclarecido en hechos, cuyo valor tiene dadas pruebas por la espada, y cuya piedad se ha singularizado por el fuego de que sacaste á tu anciano padre; pero no tengas recelo, esclarecido troyano, que conseguirás lo que pides, y guiándote yo, visitarás los campos Elíseos, los últimos reinos del mundo y la amada sombra de tu padre: al valor ninguna senda está cerrada.”

Esto dijo; y mostrándole en la selva de Proserpina un resplandeciente ramo de oro, le mandó que lo cortase del árbol y lo tomase. Obedeció Eneas, y con esta señal pudo entrar y ver las riquezas del formidable reino de Pluton, y en él á sus ascendientes y la anciana sombra del magnánimo Anquises su padre, quien le instruyó de las prerogativas y autoridad á que llegarian la ciudad y reino que habia de fundar, y le predijo las nuevas guerras que le esperaban, y los peligros que le habian de acontecer en ellas. Despues de esto salieron de aquella triste region, caminando por una senda cuesta arriba, en la que guiaba la Sibila; y entreteniendo con conversaciones el trabajo del camino medroso, y por entre sombras y crepúsculos, dijo Eneas á la Cumea: „Bien seas tú Diosa, ó mortal sumamente grata á los Dioses, te tendré siempre por deidad, y me confesaré existir por el beneficio que me hiciste de facilitarme poder visitar las regiones de la muerte, y salir de ellas despues de haberlas penetrado, por cuyo favor, ya que me hallo restituido á la luz del mundo de los vivientes, te edificaré templos, y te veneraré en ellos con el culto del incienso.”

Volvióse la Sibila á mirar á Eneas, y lanzando grandes suspiros, le dijo: „No soy deidad, ni debes venerar con el sagrado incienso á una persona humana, y para que en esto no peques de ignorancia has de saber que Apolo me ofrecia por mi virginidad una vida perpetua y eterna, haciéndome deidad é inmortal. Con la esperanza de inclinarme y vencer con dones mi resistencia me dijo: „Hermosa doncella y sacerdotisa de Cumas, elige y pide lo que se te antoje, pues todo te será concedido.” Yo, enseñándole un monton de arena, le pedí me concediese tantos años de vida como átomos en él habia; pero no tuve la advertencia de pedir que todos hubiesen de ser en juventud y sin envejecerme; pero él me prometia lo uno y lo otro con tal que yo me rindiese á su deseo; mas yo no quise, y desprecié sus ofertas, permaneciendo sin casarme, en cuyo estado se me ha pasado ya lo florido y lo mejor de mi vida, y viene á paso largo la trémula vejez, la cual habré de tolerar el mucho tiempo que aun me queda para llenar el número de las arenas, pues ya he vivido siete siglos, y aun me restan y tengo que ver trescientas primaveras y otros tantos otoños, y llegará el tiempo en que los muchos años apoquen y hagan menor mi cuerpo, y reduzcan á muy poco peso mis miembros debilitados y consumidos con la vejez, y entonces nadie creerá que en mi juventud agradé á Apolo y fuí amada por él; y acaso él mismo ó no me querrá conocer, ó negará que estuvo enamorado de mí. Me mudaré y trocaré hasta el punto de que nadie me quiera ver, y solo seré conocida por mi fama, que será la que quede despues de mi muerte.”

Estas cosas iba refiriendo á Eneas la Sibila; y caminando entrambos por una senda cuesta arriba, terminaron su viage desde las oscuras regiones, y hallaron salida á la superficie de la tierra junto á la ciudad de Cumas, de donde, despues de haber hecho á los Dioses un sacrificio segun rito, se partió Eneas á la playa que aun no tenia, y despues por una ciudad que en ella edificó tomó el nombre de Cayeta,[90] que era el de la nodriza que le habia criado.


(130) Eneas manifiesta su piedad por los sacrificios que ofrece á los Dioses.

FÁBULA IV.

ENEAS LLEGA Á CAYETA.

En esta region se habia quedado, y despues de los trabajos de la larga navegacion habia fijado su asiento el itacense Macareo, que fue uno de los compañeros del sagaz y experimentado Ulises. El tal Macareo halló improvisamente y conoció á Acheménides,[91] á quien Ulises habia tiempo antes dejado abandonado en lo mas escabroso del monte Etna; y admirándose aquel de verle vivo, le dijo: „¿Qué Fortuna ó qué deidad es, ó Macareo, la que te conserva vivo? ¿Cómo es que una nave troyana lleve á su bordo un griego? ¿Á qué tierra se dirige vuestra navegacion?”

Á estas preguntas Acheménides, que ya estaba libre de su antiguo peligro, y con un vestido muy diferente del que tenia en el monte Etna, destrozado por los abrojos, espinas y asperezas, le respondió de este modo: „Véame yo otra vez en el poder de Polifemo, entre sus dientes y labios manchados con sangre humana, si no me hallo mejor en esta nave que en la isla de Itaca en mi propia casa, y si venero menos á Eneas que á mi propio padre; pues aunque le tribute todo cuanto pueda, nunca podré serle bastantemente agradecido. Á él debo el estar vivo, el tener habla, y el gozar de la vista del cielo, de las estrellas y del sol: ¿podré pues olvidarme y ser ingrato á tales beneficios?; porque él me libertó de haber sido pasto y vianda del Ciclope, y aunque ahora me acometa la muerte, será honrado mi cadaver en el túmulo, y no seré sepultado en el vientre de Polifemo. ¿Qué aliento piensas me quedaria (si es que el temor y el miedo me dejó alguno y el uso de algun sentido) cuando os ví que, quedándome yo abandonado, huiais navegando á los altos mares? Entonces quise dar voces; pero me detuvo el miedo de que me descubriese el Ciclope: y es indudable que por las voces de Ulises estuvo á mucho riesgo de ser sumergida vuestra nave por alguno de los peñascos que aquel tiró contra ella, lo cual ví desde el sitio en que estaba escondido, y que segunda vez arrojó y disparó un pedazo que arrancó de la montaña con la misma violencia que si fuera disparada de una máquina; y como si yo estuviera en la nave, sin acordarme de que me hallaba fuera de ella, estaba temblando no la destrozase el golpe del peñasco, ó la sumergiesen las olas. Luego que con la fuga os escapasteis y libertasteis de la mas cruel muerte, el Ciclope, dando gemidos por la herida y falta del ojo,[92] empezó á dar vueltas por el monte Etna á tientas, registrando con las manos los árboles y los peñascos, en los que tropezaba á cada paso por haberse quedado sin el único ojo que tenia, y alargando hácia el mar sus brazos ensangrentados, maldecia y execraba á los griegos.

„¡Ah! si alguna casualidad volviese á traer á mis manos á Ulises ó á alguno de sus compañeros, ¡cómo se cebaria y saciaria en él mi ira! ¡Cómo le arrancaria las entrañas! ¡Cómo le destrozaria vivo todos sus miembros con mis manos! ¡Cómo saciaria mi garganta con su sangre, y cómo haria crugir sus huesos con mis dientes! y si esto consiguiera, tendria por nada ó por muy poco el daño que me ha hecho en sacarme el ojo.” Estas y otras muchas cosas dijo con la mayor ferocidad. Yo estaba pálido y lleno de miedo al verle su rostro lleno de sangre, sus crueles manos y el vacío cóncavo del ojo, sus disformes miembros y su barba pegada con sangre humana. Me consideraba con la muerte á la vista, aunque la tenia por el menor de los males; y unas veces recelaba que me llegaria á encontrar y coger, y otras que me engulliria, y meteria mis entrañas en las suyas: lo que mas me afligia era acordarme de cuando ví que despues de haber estrellado contra el suelo muchas veces los cuerpos de dos de mis compañeros, se echó sobre ellos como erizado leon, y se engullia las entrañas, las carnes, los huesos con sus tuétanos y los miembros medio vivos. Me acometió un gran temblor y tristeza, y se me quedó helada la sangre al verle cómo comia y engullia, y que algunas veces escupia y vomitaba los crudos y sangrientos bocados y pedazos de carne envueltos en vino. Esperaba y recelaba que conmigo haria lo mismo, y seria pasto de su hambre, por lo que tomé el medio de estarme mucho escondido, estremeciéndome cualquier ruido que sentia, temiendo siempre la muerte, y siempre deseándola como término de mis sobresaltos y trabajos, pues me veia abandonado á estar alli en un continuo riesgo, solo, necesitado, lleno de continuo temor, sin esperanza alguna, y con el dolor y pena de remediar mi hambre con bellotas, yerbas y hojas de árboles. Al cabo de mucho tiempo ví que navegaba cerca de la playa una nave, y corriendo á ella con mucho silencio, manifesté por señas á los que iban á su bordo el apuro y peligro en que me hallaba, y les rogué me libertasen acogiéndome en ella: compadeciéronse de mí; y sin embargo de ser griego y enemigo suyo, me recogieron, y pude salvarme en una nave troyana. Estos son mis sucesos y el maravilloso modo con que pude aportar, y me hallaste y conociste en estas playas: ahora cuéntame tú los tuyos, insigne Macareo, el mas grato de todos los que acompañábamos á Ulises, y refiéreme el rumbo y derrotero de este y de todos los demas que conseguisteis embarcaros, y huir por el mar del fiero Ciclope Polifemo.”

Entonces Macareo instruyó á Acheménides de lo que deseaba, refiriéndole que Eolo, hijo de Hipota, era señor de aquellas islas y del mar Tusco que las rodeaba, el cual tenia comprimidos en una profunda caverna los vientos,[93] y los regaló á Ulises encerrados en la piel de un buey para que pudiese á su arbitrio contenerlos, y que no le ofendiesen en su navegacion, con lo que se partió é hizo á la vela, llevándolos en su nave, y con viento favorable navegó nueve dias, y llegó á estar á la vista de la isla de Itaca, su patria, que era á la que se dirigia. Á la madrugada del dia décimo los compañeros de Ulises, sospechando seria oro lo que se encerraba en el cuero, y ansiosos de apoderarse de ello, soltaron las ataduras para abrirle y reconocerle, y saliendo con ímpetu los vientos, impelieron las naves á otro contrario rumbo, y haciéndolas volver atras por el mismo camino que habian venido, las llevaron otra vez al mar Tusco, y á la isla y puerto de donde habian salido. „Desde alli, continuó Macareo, navegando al arbitrio de los contrarios vientos, aportamos á la antigua ciudad que tomó el nombre de Lamo Lestrigon, su edificador, en la que reinaba Antifates,[94] al cual fuí yo enviado con otros dos compañeros para saludarle pacíficamente; pero el uno de ellos y yo pudimos con la fuga volver al seguro de nuestras naves, y libertarnos de su crueldad, quedándose el otro en poder de Antifates, que le alcanzó é hizo dar muerte á su presencia, y su sangre le tiñó la boca. Aun no contento con esta crueldad, se empeñó Antifates en ir en nuestro alcance; y como ya estuviésemos al seguro de las naves, él y las tropas que habia juntado para ir en nuestro seguimiento, formados en escuadron, arremetieron á nuestras naves, disparando contra ellas gruesas piedras y maderos, con que las destrozaron y sumergieron, y á los que iban á su bordo, y solo pudo salir del puerto y escaparse la en que veníamos Ulises y yo, que quejándonos de la crueldad y mal hospedage de Antifates, y llenos de dolor por la pérdida de nuestros compañeros, llegamos á aquellas tierras que se ven cercanas desde aqui; míralas, y verás que son una isla que yo ya tengo vista. Y tú, hijo de la Diosa,[95] el mas recto y justo de todos los troyanos (pues ya, esclarecido Eneas, estando concluida la guerra, no debo llamarte enemigo ni tenerte por tal), huye de aquella isla; mira que es en la que habita la famosa encantadora Circe.


FÁBULA V.

LOS COMPAÑEROS DE ULISES TRANSFORMADOS EN PUERCOS.

„Nosotros, habiendo aportado á ella, anclamos en su playa con las precauciones que nos hizo tomar la memoria de las pérdidas que nos hicieron Antifates y el fiero Ciclope Polifemo. Todos nos resistíamos á saltar en tierra, y á penetrar en una isla desconocida, y para ello hubo que echar suertes, que nos tocaron á mí, Polites, á Euriloco, á Elpenor, que era gran bebedor de vino, y á otros hasta en número de diez y ocho, todos los cuales marchamos á la ciudad y palacio en que habitaba Circe. Apenas llegamos nos paramos un poco á la entrada, y salieron á recibirnos una multitud de lobos, osos y leones,[96] todos mezclados entre sí, que nos causaron miedo y espanto; pero ninguna de estas fieras era de temerse, y ninguna hizo ademan de acometernos ni herirnos, antes bien nos halagaban y acariciaban con el movimiento de sus colas, y nos acompañaban y seguian nuestros pasos, hasta que en lo interior de la casa nos recibieron las criadas, y por salas de mármol y pórfido nos condujeron á un vistoso gabinete, donde estaba Circe sentada en su solio, vestida de una blanca palla,[97] y los cabos y tocado entretejidos de oro. Las doncellas que la acompañaban, y que tuvimos por Ninfas y Nereidas, no se ocupaban en preparar ni hilar estambre, ni en otra alguna labor, sino en apartar en canastillos las yerbas y flores[98] de varios colores, que sin órden estaban esparcidas en el suelo, y disponerlas en manojos, y ella reconocia y dirigia lo que todas hacian, porque sabia y conocia la virtud y eficacia de cada yerba, y la union y mixtura que la una planta tenia con la otra, separándolas con este conocimiento. Luego que nos vió y la saludamos nos correspondió con semblante afable y apacible, y nos habló con el agrado que podíamos apetecer y desear, y sin detencion mandó hacer una confeccion, compuesta del zumo exprimido de granos de cebada tostada, majados y disueltos en miel y vino, añadiendo á todo ello la porcion suficiente de ralladuras de queso. Dispuesta asi la confeccion de los dulces jugos de todo lo referido, nos la dió á beber, y la tomamos de su propia mano en unos grandes vasos; pero al punto que la bebimos y apuramos con la ardiente sed que llevábamos, y al momento que ella, apurada la confeccion, nos tocó las puntas del cabello con su vara encantadora (me avergüenzo de ello, pero habré de referirlo), se me llenó el cuerpo de duras y agudas cerdas: ya no podia hablar, y en lugar de voz hacia un ronco gruñido, y arrojándome hasta poner la cara en el suelo, advertí que mi boca se endurecia y convertia en un duro hocico, que se me entumecian los nervios del cuello, y que me servian para pisar y andar las manos con que poco antes habia tomado el vaso, y fuí encerrado en una zahurda con los demas mis compañeros, que habian sido convertidos en cerdos del mismo modo que yo (tanto es el poder de los encantos). Solo vimos que Euriloco se libertó de igual suerte, porque solo él rehusó y resistió beber la confeccion, pues si hubiera tomado el vaso y bebido de él, seria ahora uno de los de la manada de cerda, y Ulises no hubiera podido ser informado por él de nuestra calamidad, ni venir en busca de Circe para vengarnos y recobrarnos; para cuya empresa Mercurio, nuncio y autor de la paz, le habia dado una blanca flor, que crece sobre una negra raiz, y que entre las deidades se llama moly.[99] Prevenido y asegurado con ella, y con los consejos y prevenciones que le habia hecho Mercurio, se dirigió al palacio de Circe, donde le brindó con un vaso de la insidiosa confeccion; pero él resistió tomarle, y la hizo retirar cuando intentaba tocarle el cabello con la vara encantadora, y desenvainando su espada, la amenazó y atemorizó. Á esto se siguió el darse recíprocamente palabra y mano los dos, y admitido Ulises al tálamo nupcial, pidió por dote la restitucion de nuestros compañeros á su antigua figura. Circe nos roció con unos saludables jugos de inocentes plantas y de virtud contra los encantos: nos tocó la cabeza con su vara vuelta[100] al reves, y pronunció otros versos y de contrarias voces á los que antes habia dicho para encantarnos. Á medida que iba pronunciándolos nos íbamos levantando de la tierra y poniéndonos derechos: se nos iban cayendo las cerdas; y cerrándose la hendedura de nuestros pies y manos, volvieron á su antigua figura, como asimismo los hombros y los brazos. Llorando abrazamos á Ulises, que tambien lloraba por la misma causa, y las primeras palabras que hablamos fueron darle gracias, y manifestar nuestro agradecimiento por su amparo y proteccion. Un año entero se detuvo Ulises, y nos detuvimos todos en el palacio de Circe, y en este dilatado tiempo presencié, ví y oí muchas y maravillosas cosas. Entre ellas oí y oyeron tambien otros de mis compañeros lo que con reserva nos contó una de las cuatro criadas que la servian para los encantos. Esta, en ocasion que Ulises estaba retirado con Circe, me enseñó una estatua de un jóven hecha de mármol blanco, en cuya cabeza, adornada con corona, tenia el ave que se llama Pico,[101] y estaba colocada en la pieza que servia para los actos de religion. Preguntándola yo, y queriendo saber á quien representaba aquella estatua, por qué se le daba culto en aquel sitio, y por qué tenia aquella ave, me respondió: „Escucha, Macareo: estame atento á lo que voy á referirte, y de ello comprenderás cuál y cuánto sea el poder de mi señora.”

(131) Ulises obliga á Circe dé á sus compañeros su primitiva figura.


FÁBULA VI.

PICO ES AMADO DE CIRCE.

„Reinaba en el Lacio Pico, hijo de Saturno, muy inclinado á los caballos y á adiestrarlos para la guerra; su semblante, forma y disposicion eran conforme lo ves en esa estatua que te he manifestado, por la cual, que es un retrato ó fingida imagen, puedes conocer la gallardía del original. Su índole, su discrecion y las demas dotes del ánimo correspondian en todo á la belleza de su semblante, y su edad aun no llegaba á veinte años, ni habia llegado á ver cuatro veces los juegos atléticos, que segun el rito griego se hacen en la palestra cada cinco años. Llevábase la vista y atencion de las Dríades que habitaban en las montañas del Lacio, y le amaban y apetecian su enlace las Náyades de las fuentes, las de los rios Albula, Numico, Teveron, Almo, de corto y breve curso, el impetuoso Nero, y el Tarfa, de agua denegrida, y hasta las que residian en el bosque y estanque de la Diana, que fue traida de Escitia, y frecuentaban los lagos comarcanos; pero el gallardo jóven las despreciaba á todas, y solo amaba á una Ninfa, que se dice era hija de Jano el de dos caras,[102] y haberla dado á luz su muger Venilia, que tuvieron su habitacion en el monte y collado Palatino. Esta, luego que llegó á la edad proporcionada y á ser núbil, fue dada en casamiento á Pico, que reinaba en la ciudad de Laurento, prefiriéndole á todos los demas que la pretendian. Era de rara belleza; pero mas rara y singular en la habilidad de cantar, por lo cual fue llamada Canente, y con su voz conmovia las selvas y los peñascos, amansaba las fieras, detenia la corriente de los rios, y suspendia el vuelo de las aves. Mientras ella se quedaba entretenida en la melodía de su canto, y en egercitar en canciones su delicada voz, habia salido un dia Pico á los campos y bosques de la ciudad de Laurento en busca de jabalíes en que emplear sus dardos: oprimia la espalda de un veloz caballo, llevando en su diestra dos rejoncillos, y arregazada y recogida con presillas de oro la clámide que vestia de color de púrpura de Tiro. Por casualidad aquel dia Circe, dejando el monte que de su nombre se llamaba Circeo, habia venido á las mismas selvas de Laurento á buscar y coger yerbas para sus encantos en sus fecundos collados, y al punto que descubrió á Pico desde unas matas en que estaba escondida, se quedó pasmada de ver su gallardía; se le cayeron de las manos las yerbas que habia cogido, y de repente la llama del amor discurrió y le penetró todas sus medulas. Recobrada algo del enagenamiento que la causó la vehemente pasion del amor, iba á descubrírsele y confesársele; mas no pudo acercarse á él por la velocidad con que corria el caballo, y por ir en medio de los muchos que le rodeaban y acompañaban; pero viendo que no podia conseguirlo, dijo: „Si es que estoy engañada en el conocimiento de mí misma y del poder de mis encantos; si estos no me fallan, y si las yerbas de que me valgo no han perdido su eficacia, no te me huirás ni escaparás, aunque seas llevado en alas del mismo viento.” Apenas dijo esto formó la figura y cuerpo aereo de un jabalí, al que hizo atravesar corriendo el camino que llevaba el Rey, y que fuese á esconderse en lo mas espeso é intrincado del bosque, y en una maleza en que no pudiesen penetrar los caballos. Al momento Pico, ansioso por la presa que imaginaba real y verdadera, é ignoraba que era una sombra y apariencia, saltó ligero del caballo, y en seguida de una vana esperanza penetró hasta lo mas interior y enmarañado del bosque. Alli le salió al encuentro Circe, la que empezó á hacer súplicas y votos á deidades desconocidas, adorándolas con unas preces y versos oscuros[103] é intrincados, de que solia usar para sus encantos, y con los que hacia oscurecer la luna y el sol, enmarañando su luz y sus resplandecientes rayos. Tambien y con sus mágicos versos hizo encapotarse el cielo, y que el aire y toda su region se oscureciesen con las nieblas espesas que exhalaba la tierra; de modo que vagando y tropezando con la oscuridad los que acompañaban y seguian al Rey, perdieron el tino, no pudieron encontrarle, y le dejaron solo. Entonces aprovechándose Circe de esta ocasion, se descubrió, y le habló en la forma siguiente: „Gallardo y hermosísimo jóven, por esos tus graciosos ojos, que me han robado y hechizado los mios; por tu donaire y hermosura, que me arrastra hasta el extremo de que siendo muger y deidad no repare ni me detenga en manifestarte mi amor y suplicarte, corresponde, te ruego, al amoroso fuego en que por tí me abraso: mira que no soy una muger vulgar, y que no corresponda á tu elevada clase, pues casándote conmigo tendrás por suegro al sol, que todo lo ve é ilumina: no correspondas duro é insensible á mi amor, ni desprecies el que te tiene y manifiesta la Titánida Circe.” Feroz y enfurecido Pico al oirlo, la apartó de sí, y repelió sus requiebros diciéndola: „Quien quiera que tú seas, entiende que no soy libre, ni tuyo, ni puedo serlo, porque otra me tiene ligado, y deseo me tenga por todo un largo y dilatado siglo, y que mientras los hados guarden y conserven la vida de mi amada Canente, hija de Jano, no la haga yo agravio, ni la falte al debido amor y fe enlazándome con otra.[104]” Circe sin embargo reiteró sus esfuerzos y súplicas muchas veces; pero todas fueron en vano; y viéndose despreciada le dijo: „No pienses que tu desprecio ha de quedar sin castigo, pues te aseguro que no has de volver á la presencia de esa tu amada Canente, y por propia experiencia has de saber lo que es y puede una muger amante y ofendida, y que Circe es muger ofendida y amante.” Entonces volviéndose dos veces hácia el ocaso, y otras dos hácia el oriente, tocó tres veces al jóven Pico con su vara, y repitió otras tres veces los versos y fórmula solemne de sus encantos. Él echó á huir; y admirándose de que corria con mayor ligereza que lo que acostumbraba, se empezó á mirar á sí mismo, y vió tenia alas en su cuerpo, é impaciente por verse de repente convertido en una ave nueva, y destinado á habitar en aquellas selvas del Lacio, se enfurece contra los árboles, y con su duro pico hiere, traspasa y taladra sus troncos y ramos: las alas se vistieron del color purpúreo de la clámide que traia puesta: lo que antes habia sido presilla de oro para prenderse y recogerse el vestido se volvió plumas, y el cuello quedó ceñido con un collar, que hacia el color de oro de las plumas: en suma, del que antes era Pico no quedó otra cosa que el solo nombre.

(132) Pico, por ser fiel á su Esposa, es transformado por Circe en Picoverde.

Los de su comitiva, despues de haberle andado buscando y llamando á voces por aquellos montes, repitiendo muchas veces en vano su nombre, sin haberle hallado en ninguna parte, llegaron buscándole donde estaba Circe (pues ya habia enrarecido las auras, y habia dejado que las espesas nieblas y la oscuridad se desvaneciesen y disipasen con la fuerza del sol y de los vientos), la arguyen y hacen cargo con verdaderas acusaciones sobre que les descubra su Rey y se le restituya, llegando el caso hasta el extremo de apelar á la fuerza, y prepararse á acometerla con sus fieros dardos. Ella arrojó y esparció sobre ellos una porcion de ponzoña y zumo de yerbas venenosas, invocando al mismo tiempo á la Noche, á las deidades nocturnas, al Erebo y al Caos, y suplicando con mágicos aullidos á la triforme Hécate.[105] Las selvas y los valles, cosa portentosa y maravillosa, se mudaron y pasaron á otro sitio; bramó la tierra; los árboles cercanos perdieron su verdor, y quedaron pálidos y marchitos; las yerbas de los prados se humedecieron, y salpicaron con rocío de color de sangre; parecia que las piedras y peñascos se rompian y daban unos roncos estallidos, que ladraban los perros, que la tierra brotaba por todas partes negras y venenosas serpientes, y que andaban volando por el aire una multitud de espectros, imágenes y visiones de los muertos. Atónitos con tales prodigios los que poco antes querian acometerla, empezaron á temblar: ella entonces les tocó los rostros con su vara envenenada y encantadora, cuyo contacto los fue despojando de su antigua figura, de la que nada quedó á ninguno de ellos, y todos fueron convertidos en varias y diferentes fieras.[106]

„Era ya puesto el sol de aquel dia, y Canente, como no volvia su esposo, y le esperaba con impaciencia, asomándose á mirar el camino por donde habia de venir, entró en una grande inquietud por su tardanza. Los criados y todo el pueblo salieron á buscarle llevando antorchas encendidas, y registraron en su busca todas las selvas, discurriendo por todos los montes y collados, sin haberle hallado en ninguno de ellos. Canente, aunque lloraba, se arrancaba los cabellos y daba grandes gritos, no se contentaba con esto, sino que salió como loca de su casa, y echó á andar y correr en su busca por los dilatados campos. Seis dias y seis noches anduvo corriendo por ellos y por los collados y valles, sin haber comido ni dormido en todo este tiempo. Cansada con el llanto y el camino, llegó á la ribera del Tíber, donde se reclinó á descansar en su frescura. Alli, como el cisne que estando para morir canta con mayor melodía sus exequias, acompañando con lágrimas y gemidos sus suspiros y dolores, llena de afliccion se quejaba con un sonido muy débil y desmayado. Por último extenuándosele y liquidándosele sus medulas con el llanto, llegó á desfallecer, y se desvaneció[107] y resolvió, convirtiéndose en ligeras y sutiles auras. La fama de este suceso aun permanece en aquel sitio, al que en señal de él los antiguos labradores llamaron Canente del mismo nombre de la Ninfa.” Estas y otras muchas cosas semejantes, añadió Macareo, me fueron contadas y ví por mis ojos en el largo tiempo de un año que nos detuvimos en el palacio de Circe, al cabo del cual, ya flojos y perezosos con el mucho descanso, se nos mandó por Ulises volver al mar, y hacernos otra vez á la vela. Como Circe habia dicho que teníamos que correr aun muchos mares, y muchos peligros que padecer, temí, confiésolo; y llegando á estas orillas, me detuve.”


FÁBULA VII.

LOS COMPAÑEROS DE DIOMEDES CONVERTIDOS EN AVES.

Con esto concluyó Macareo la referencia que hacia á Acheménides, despues de lo cual este, como ya asociado á los troyanos, asistió con ellos á la ceremonia fúnebre de colocar Eneas en una urna de mármol las cenizas de Cayeta, su ama de leche, que murió en aquellas regiones, en cuyo túmulo puso este breve epitafio: Aqui la notoria piedad de Eneas, mi alumno, me honró á mí, Cayeta, y á mi cadaver con el fuego de la pira, despues de haberme sacado del de Troya. Los troyanos soltaron luego los cables, y desenlazando sus naves de la herbosa playa en que las habian tenido amarradas, se alejaron de la peligrosa isla y palacio de la famosa encantadora Circe, y dirigieron su rumbo á saltar en tierra en los bosques en donde el sombrío y niebloso Tíber desemboca en el mar su corriente mezclada con roja arena.

(133) Venus, irritada, transforma á Acmon y á sus compañeros en aves aquáticas semejantes á Cisnes.

Alli, de resultas de una batalla que tuvo que vencer, se apoderó Eneas del palacio del Rey Latino, hijo de Fauno, y recibió por esposa á su hija.[108] Esto dió causa á una cruel guerra con la nacion feroz de los rútulos, por estar aquella prometida por muger á su Rey Turno, que poseido del mayor furor intentaba recobrarla, y que se le cumpliese lo prometido. En esta guerra tomó parte toda la Toscana, aliándose á los latinos y troyanos, y en ella se peleó por largo tiempo con mucho empeño y con vario suceso, andando indecisa la victoria. Cada partido de los dos beligerantes procuraba reforzarse con alianzas y tropas auxiliares, y de los Príncipes y pueblos comarcanos unos seguian á los rútulos, y otros defendian á los troyanos; y Eneas no hizo en balde su viage á solicitar la alianza de Evandio,[109] de quien la consiguió. Vénulo fue enviado por Turno á la gran ciudad que habia edificado el prófugo griego Diomedes con la ayuda de Dauno, Rey de la Pulla, con cuya hija casó, y recibió en dote parte del reino. Luego que llegó Vénulo desempeñó el encargo de Turno, y pidió el auxilio; pero Diomedes se excusó diciendo que él no podia empeñar los pueblos y vasallos de su suegro en una guerra que no le interesaba, y que de sus propias tropas no tenia las suficientes para armar y enviar á Turno. „No son estas ficciones ni pretexto de excusa, dijo Diomedes á Vénulo, porque aunque la tristeza se renueve en traer á la memoria sucesos desagradables, será preciso el referirlos. Despues que la ciudad de Troya fue abrasada, y sus muros fueron despojos de las llamas de los griegos, y despues que Ayax, hijo de Oileo, cargó sobre todos nosotros la pena que él solo merecia por el rapto y estupro de Casandra en el templo de Minerva, se vengó esta Diosa en dispersar á todas nuestras naves, y arrebatados de una tempestad que envió contra nosotros, sufrimos todos los griegos rayos, oscuridad, lluvias, la ira del cielo y del mar, y por colmo de todas estas calamidades la de la pérdida que tuvimos, estrellándose la mayor parte de nuestras naves en las rocas de Cafareo.[110] Para no detenerme refiriendo por su órden estos tristes sucesos, basta decir que si Príamo los hubiese visto, se hubiera condolido de la Grecia. Á mí y á mi nave nos libertó de ser anegados el cuidado y favor de Minerva; pero de nada me sirvió; pues me fue imposible desembarcar en mi propio reino, alejándome de sus playas Venus en venganza y castigo de la herida que la hice en el sitio de Troya cuando defendia de mí á su hijo Eneas;[111] y son tantos los trabajos y peligros que padecí y en que me ví, tanto en los mares como en batallas terrestres, que muchas veces llamé dichosos y envidié la suerte de aquellos á quienes la tempestad y las rocas de Cafareo sumergieron en las aguas, y querria haber sido uno de ellos. Mis compañeros llegaron á desfallecer despues de haber padecido los últimos trabajos por mar y tierra, y me suplicaron que pusiese fin á mi errante viage. Pero Acmon, que era de ingenio vehemente, y estaba endurecido con las calamidades y trabajos, les dijo: „Esforzados varones, ¿qué es lo que ya puede sucedernos peor y mas grave que lo que nos ha acaecido hasta aqui, y que vuestra paciencia pueda rehusar el tolerarlo? ¿Le queda á Venus (aunque quiera) alguna cosa mas y peor que hacer contra nosotros? Cuando se temen cosas peores son del caso los ruegos para evitarlas; pero cuando los males han llegado al último estado, ya se les pierde el temor, y su misma gravedad influye ánimo y seguridad. Aunque la misma Venus nos esté oyendo; aunque, como lo hace, tenga un odio cruel á todos los que somos gobernados por Diomedes, debemos todos despreciar su odio, y no acobardarnos, sino luchar contra él con todas nuestras fuerzas.” Con este razonamiento provocó mas Acmon á Venus, y avivó en ella la antigua ira, que ya estaba algo apaciguada. Muchos aprobaron su discurso y resolucion; pero otros en mayor número, aunque amigos suyos, la desaprobamos, y le reprendimos por ella. Disponíase á responder y replicar á los que le reprendian; pero se le adelgazó y extenuó la voz, y se le contrajo y estrechó la garganta:[112] sus cabellos se convirtieron en plumas, y tambien se llenaron y cubrieron de ellas su nuevo y estrecho cuello, su pecho y espaldas. Sus brazos se encorvaron y se hicieron alas; una gran parte de los pies se distribuye en largos y delgados dedos, y el rostro se endurece en pico y finaliza en punta. Mientras Lico, Idas, Retenor, Abas y Nicteo se maravillan de una transformacion tan extraña, se convierten en aves semejantes, y la mayor parte del escuadron toma vuelo, y se pone á volar al rededor de nuestra nave. Si me preguntas ahora cuál sea la forma de estas dudosas aves, te diré que aunque no son cisnes, son muy parecidas á estos por su blancura. En fin despues de tantas desgracias llegué con mucho trabajo y con la mínima parte de los mios á los estados de Dauno, quien me recibió favorablemente, y me dio á su hija en casamiento.”

Con esto puso Diomedes fin á su razonamiento, y despidió á Vénulo, el cual al retirarse de los estados de aquel, pasando por los campos Mesapios y senos Peucesios, que están en la Pulla, vió en ellos unas cuevas entre una espesa y una oscura selva, y que en su interior destilaban menudas gotas de agua, las cuales eran habitacion del Dios Pan, y antes lo habian sido de algunas Ninfas. Un pastor de la Pulla las espantó é hizo huir de alli, llenándolas de un súbito terror; pero aunque al principio se dejaron poseer de él, despues se recuperaron poco á poco, hicieron burla y desprecio del pastor que las seguia, dejaron la fuga, y se pusieron á bailar. El pastor, viéndolo, las llenó de improperios, y remedándolas agrestemente en el baile, añadió á esto groseras injurias y palabras desvergonzadas y obscenas, y no dejó de insultarlas hasta que su garganta se endureció y escondió en el tronco de un árbol en que se iba transformando, que fue el olivo silvestre ó acebuche, cuyo jugo y el de sus amargas aceitunas dan indicio de la mordacidad del pastor, y son una nota de su atrevida lengua, porque la aspereza de sus palabras se traspasó al fruto del tal árbol.[113]

(134) Por haber insultado un pastor á unas ninfas que danzaban es convertido en olivo.


(135) Los navíos de Eneas incendiados por Turno son transformados por Cibeles en ninfas marinas.

FÁBULA VIII.

LAS NAVES DE ENEAS CONVERTIDAS EN NINFAS.

Como Vénulo y los demas que le acompañaron se volvieron refiriendo que Diomedes les habia negado el auxilio que habian ido á pedirle, los rútulos tuvieron que continuar sin él la comenzada guerra, en la que de una y otra parte se derramó mucha sangre. Turno procuró incendiar las naves de Eneas, arrojando contra ellas teas encendidas. El fuego ya habia prendido en los buques, sirviendo á la llama de alimento la brea y demas combustibles, é iba ya subiendo el incendio á las velas y mástiles, y humeaban los bancos de los remeros. En este estado y conflicto la madre de los Dioses Cibeles, acordándose que estas naves se habian construido con madera del monte Ida,[114] se dejó ver en medio de los aires subida sobre su carro uncido de leones,[115] y despues que se llenó el aire con el sonido de los instrumentos de metal que la acompañaban, y que ella misma sonó su trompeta, dijo: „En vano, Turno, te aplaudes á la vista de la llama que tu mano sacrílega acaba de encender: yo la apagaré, y no permitiré que el voraz fuego abrase los trozos y miembros de mis bosques.” La Diosa hablaba aun cuando se oyó un fuerte trueno, al cual siguieron unos grandes aguaceros mezclados con granizo. Los vientos irritados turbaron los aires é hincharon el mar, levantando de repente furiosas olas, arremolinándose, y soplando con ferocidad de partes contrarias. Valiéndose Cibeles de la violencia de uno solo de ellos, le hizo soplar de modo que rompió los cables con que estaban amarradas las naves troyanas, y alejándolas con una violencia que las hacia caminar inclinadas y de costado, las sumergió en lo mas hondo del mar. Alli se ablandó la dureza de la madera; y convirtiéndose esta en flexibles cuerpos, las corvas popas tomaron figura de cabezas; los remos se volvieron piernas, pies y dedos; lo que antes era costado quedó por tal, y la quilla por espinazo; las cuerdas se hicieron suaves cabellos, y las antenas brazos, quedando solo el antiguo color; y de este modo fueron convertidas en Ninfas del mar que jugaban sobre las olas, que antes tanto temian; y las que habian tenido su nacimiento en los ásperos montes, ahora se regocijan en medio de los mares, sin acordarse de su antiguo orígen, pero sí de los muchos peligros que habian sufrido en el mar; y poniendo sus manos por la parte de abajo enderezaban las naves inclinadas, y que iban á peligrar, no siendo las que llevaban griegos á su bordo. Como las tales Ninfas se acordaban de las calamidades y ruina que padeció Troya cuando eran naves, despues de su transformacion conservaron el odio á los griegos, y vieron con gozo y alegría el naufragio de la nave de Ulises, y que la de Alcinóo cuando iba navegando se convirtiese en una roca, y se vistiese de dura piedra lo que antes era leño. Era de esperarse que el prodigio de la escuadra animada de las Ninfas en que habian sido convertidas las naves troyanas pusiese miedo á los rútulos, y les hiciese desistir de la guerra; pero en lugar de ello esta se enardeció y siguió, teniendo cada partido sus deidades en favor: cada uno de los dos héroes Turno y Eneas, con una animosidad como de Dioses, se empeñaban en la guerra, menos ya por defender los estados dotales y el reino del Rey Latino, suegro del segundo, y por retener por muger á su hija Lavinia, que por solo el vivo deseo de la victoria, el cual les habia enardecido hasta el grado de que tenian por cosa afrentosa y vergonzosa el darse á partido, y desistir sin haber vencido. El suceso que tuvo tan empeñada y porfiada guerra fue que Venus tuvo la complacencia de ver vencedor á su hijo Eneas, y que Turno fuese vencido y muerto á manos de aquel. La ciudad de Ardea, corte y cabeza del reino, y que mientras vivió Turno se tenia por inexpugnable, y estaba en el mayor auge de su poder, fue asaltada y tomada por las armas troyanas, que la incendiaron y abrasaron, dejando todas las casas y edificios reducidos á un gran monton de ardientes y humeantes cenizas, del cual se vió salir una ave hasta entonces nunca vista, la cual esparcia las cenizas con el movimiento de sus alas. El triste canto, la flaqueza y el color de esta ave eran á propósito para denotar la calamidad de una ciudad tomada y saqueada. Llamóse Ardea, conservando el nombre de la ciudad de cuyas cenizas se formó y salió, y ella misma en demostracion de dolor se hiere con sus propias alas.

Con esta victoria, y con las empresas que á tanta costa habia concluido el valor de Eneas, suspendió y detuvo la antigua ira de todos los Dioses, y hasta de la misma Juno, y les obligó á ponerla fin. Cuando ya Eneas, despues de fundado y establecido felizmente el reino para su hijo Ascanio, estaba en sazon de ser trasladado al cielo, Venus su madre visitó y suplicó por él á todos los Dioses, y asida al cuello de su padre Júpiter, despues de muchas caricias le dijo: „Padre mio, que nunca te has mostrado duro y negativo á mis súplicas, ruégote que ahora seas mas piadoso y condescendiente que nunca á la que te voy á hacer, y es que á mi hijo Eneas, que por mí desciende de tí, y eres su abuelo, le concedas algun rasgo de divinidad, aunque sea poco, pues me contentaré con tal que le concedas algo, y le eleves al número de los Dioses menores. Bastante mérito es el que haya una vez bajado á ver el desagradable reino de Pluton, y haber una vez atravesado la laguna Estigia.” Todos los Dioses manifestaron anuencia, y la misma Juno no solo no mostró indiferencia en su semblante, sino que explicó su consentimiento con palabras cariñosas, y que denotaban que ya se habia aplacado su ira. Entonces Júpiter dijo á Venus: „Tú y tu hijo sois dignos del don de la divinidad, y de que se te conceda lo que pides, y para quien lo pides. Ten, hija mia, por concedido lo que deseas.” Con esta respuesta que le dió Júpiter se llenó Venus de alegría, y dió gracias á su padre, y desde alli, conducida por los vientos en su carro tirado por palomas, se dirigió á las playas de los Laurentes, donde el rio Numico, que corre entre espesos cañaverales, desemboca en el vecino mar. Á la deidad de este rio encargó que lavase y purificase á su hijo Eneas de todo lo que tenia de mortal, y le entrase en el mar con mansa y suave corriente. El rio egecutó el encargo de Venus, y con sus aguas purificó y quitó á Eneas lo que tenia de mortal, dejándole solo la parte mas noble é inmortal.[116] Venus despues de este rito de lustracion ungió el cuerpo de su hijo con una celeste esencia, y le lavó el rostro con ambrosía mezclada con el dulce néctar, con lo cual le dejó hecho Dios. El pueblo romano le llama y tiene por uno de los Dioses Indígetes, y le recibió como tal en sus aras y en sus templos.

Despues de la deificacion de Eneas los dos reinos albano y latino quedaron bajo la dominacion de su hijo Ascanio, que tuvo dos nombres, siendo el primero Julio, al cual sucedió su hermano Silvio, y Latino, hijo de este, renovó el cetro, reino y nombre antiguo de Silvio su padre. Despues reinaron Alba y Epito su hijo, al que siguieron por su órden Capis y Capeto, del cual fue hijo Tiberino, que habiéndose ahogado en el rio Albula, le trocó el nombre en el de Tíber. De Tiberino fueron hijos Rémulo y Acrota. El primero, que era el mayor, murió á la violencia de un rayo en castigo de haber intentado aterrar á los hombres con fingidos y artificiales rayos como si fuera Júpiter. Acrota, mas modesto y moderado que su hermano, poseyó el reino, y por su muerte le dejó á Aventino, el que habiendo sido enterrado en el mismo monte en que habia tenido su palacio, le dió el nombre de monte Aventino. Sucedió Proca, que tuvo su aula y habitacion en el monte Palatino, y gobernó desde él.


FÁBULA IX.

VERTUMNO Y POMONA.

En tiempo del Rey Proca hubo una famosa muger llamada Pomona, que se aventajaba á todas las Hamadríadas latinas en el cultivo de los jardines, y ninguna fue mas cuidadosa que ella en la crianza y conservacion de las frutas, por lo cual se le dió el nombre de Pomona.[117] No frecuentaba las selvas ni los rios; sus delicias eran los amenos campos, y los árboles que producen delicadas frutas. Su mano derecha no estaba acostumbrada al manejo del dardo, sino al de la podadera, con la cual unas veces cortaba á los árboles lo superfluo para que sus ramos no se extendiesen mas que lo regular, y otras les hendia la corteza, é ingeria en ella el renuevo de otro árbol, y le alimentaba y hacia vivir con el jugo ó savia del ingerido: ademas de esto tenia cuidado de humedecerles la tierra, y regarles con corrientes aguas las fibras de sus chupadoras raices. Estos eran sus cuidados, y esto formaba toda su diversion, sin que nunca hubiese conocido ni menos apetecido los deleites de Venus; mas con todo recelándose de alguna violencia de los rústicos de aquellos campos, habia cercado sus jardines para que ninguno pudiese entrar en ellos, y estar defendida del trato, que aborrecia, de los hombres. ¿Qué no hicieron para solicitarla los Sátiros, juventud inclinada á los bailes? ¿Qué no hizo el Dios Pan coronado de pino? ¿Qué no hizo Sileno, cuanto mas viejo mas entregado á los juegos juveniles? Y ¿qué no hizo en fin para reducirla á su amor aquel otro Dios que espantaba de los jardines á los ladrones con su guadaña?[118]

(136) Vertumno, transformado en vieja, logra el amor de Pomona.

Pero aunque á todos estos excedia en amarla Vertumno,[119] no era mas afortunado ni mas bien correspondido que los demas. ¡Cuántas veces en trage de segador, y que nadie le tendria por otra cosa, se le presentó llevándole una cesta llena de espigas! Otras muchas veces, llevando sus sienes coronadas de verde heno, parecia segador de yerbas. Otras con la ahijada en la mano parecia labrador que acababa de desuncir los cansados bueyes. Cuando llevaba una podadera se juzgaria que era podador de viñas. Si llevaba á cuestas la escala, se diria que iba á coger manzanas. Con una espada parecia que era un soldado, y con la caña en la mano un pescador. Por medio de tantos disfraces muchas veces tuvo el gusto de presentarse ante Pomona, y recrearse mirando su hermosura. Por último tomó la figura de una vieja; llenó de arrugas su rostro y su cabeza de canas, adornada con una pintada mitra,[120] y sosteniéndose en un báculo: en esta forma entró en el jardin de Pomona, y en tono de admiracion al ver las frutas, la dijo: „Ciertamente que eres de fino gusto y delicada y diestra en el cultivo de los árboles;” y al mismo tiempo que la alababa la dió algunos ósculos, que parecian de mas viveza que los de una vieja: despues se sentó sobre unos terrones, mirando que los árboles tenian sus ramos encorvados y agoviados con el peso de las frutas ya sazonadas. Habia en frente de ella un bien copado olmo, que estaba lleno de racimos de uvas; y despues de haber alabado la industria de enlazar al olmo una parra, de la que pendian los racimos, dijo: „Si este árbol estuviese solo, y sin los sarmientos que tiene entretejidos, nada mas tendria que hojas, ni habria en él cosa que fuese apetecida; y si la vid ó parra que apoya sobre el olmo no estuviese enlazada con él, estaria tendida y arrastrando sobre la tierra. El egemplo de ese árbol deberia hacerte deponer la aversion á casarte, y persuadirte é inclinarte al consorcio. ¡Oh! si te dejases inclinar á él y le apetecieses, tendrias mas pretendientes que la hermosa Elena, mas que la gallarda Hipodamia, que fue causa de la sangrienta batalla entre los Lapitas y Centauros, y mas que la casta Penélope, muger del tímido y al mismo tiempo audaz é intrépido Ulises. Aun ahora, sin embargo de tu aversion y natural desdeñoso, te solicitan y galantean mil pretendientes, tanto semi-Dioses como Dioses de los agrestes que residen en las montañas Albanas. Tú, si eres cuerda, si apeteces colocarte bien, y si quieres admitir los consejos de esta experimentada anciana, que te ama mas que ninguno de tantos pretendientes, y mas que lo que tú puedes creer y comprender, no hagas caso de los vulgares y ordinarios, sino elige para tu union al Dios Vertumno, por cuyo amor y fidelidad salgo yo por fiadora, pues no se conoce él tan bien á sí mismo como yo le conozco, ni es una deidad que ande vagando por todo el orbe, sino que tiene su asiento y residencia fija en estas selvas y bosques: mira que no es de la clase de los que apetecen y aman la última que vieron. Tú eres para él el primero y el último objeto de su ardiente amor, y solo á tí se reserva y dedica la flor de sus años: añade á esto que es un gallardo jóven, que reune en sí las gracias de la edad y de la naturaleza, y que tiene la habilidad de transformarse con aptitud y elegancia en todas las figuras que se le antojan, y hará cuanto tú quieras, aunque le mandes lo mas dificil; y á mas de esto es de tu mismo gusto é inclinacion, y procura llevarte la ventaja en el cuidado y esmero de las frutas: hace mucho alarde y aprecio de las que son de tus jardines; pero lo que principalmente ama y desea es á tí, y no á otra cosa alguna, á quien pospone las sabrosas frutas y las yerbas y plantas de delicado jugo que se crian en los huertos. Compadécete de su amor, y cree que es él mismo el que te está requebrando y hablando por mi boca. Teme la venganza que toman los Dioses contra los insensibles; teme á la Idalia Venus, que aborrece los corazones duros y que se resisten al amor, y teme por último la ira de la cruel Nemesis, que nunca se olvida ni se desentiende del merecido castigo.


FÁBULA X.

IFIS Y ANAXARETE.

„Para que temas con mas razon (pues por mi mucha edad sé y he conocido muchas cosas) te contaré un suceso muy notorio y sabido en toda la isla de Chipre, y su referencia podrá suavizar la resistencia y dureza de tu inclinacion, y hacerte mas fácil á los ruegos y al amor. Ifis, continuó la fingida vieja, nacido en dicha isla de padres humildes y plebeyos, vió á la noble y hermosa Anaxarete, que traia su antigua é ilustre descendencia de Teucro, hijo de Telamon. Su vista encendió en él un activo fuego de amor, que le penetró hasta los huesos y medulas. Sin atreverse á descubrirle le resistió bastante tiempo, hasta que llegó al extremo de que ya no bastaba la razon para reprimir y tener oculta la vehemencia de su pasion, la cual le dirigió y condujo hasta el atrio y primera entrada de su querida en busca de ocasion de suplicarla y manifestarle su amor. Alli unas veces viendo al ama ó camarera de Anaxarete, y manifestándole el extremo de su amor, la rogaba por la salud de su alumna le fuese para con ella buena intercesora, y la ablandase á su cariño. Otras veces se valia de los criados, á los que hablaba en un tono cariñoso y lisonjero, y les rogaba con mucho ahinco le proporcionasen algun favor de su señora: muchas veces les daba billetes para que se los entregasen, manifestándola en ellos lo fino y excesivo de su amor: otras veces se explicaba poniendo á las puertas y ventanas guirnaldas y ramos de flores humedecidas y regadas con el rocío de sus lágrimas: siempre estaba en el portal, reclinando su delicado cuerpo y cabeza en el duro umbral, y alli se quejaba y maldecia aquellas puertas, que para él siempre estaban cerradas. La esquiva Anaxarete se desentendia á todas estas demostraciones, y mas sorda que el mar cuando se embravece, y mas dura que el hierro Nórico[121] y que el peñasco vivo y aun no cortado y arrancado de la cantera, despreciaba las ansias de Ifis, y se burlaba de ellas con hechos de desprecios y burlas pesadas, y llegó hasta despedirle con palabras orgullosas, desesperanzando enteramente á su amante. No pudo Ifis sufrir con paciencia el tormento de tan durables y tan constantes desprecios, y la respondió y exclamó diciendo: „Has vencido, Anaxarete; tu dureza se ha resistido á mi amor; ya desengañado no volveré á importunarte ni á causarte mas molestia; prepara alegres y solemnes triunfos, entona himnos y cánticos triunfales, aclama á Apolo con el epíteto de Pean,[122] y ciñe tus sienes con laurel, pues me has vencido, y tu esquivez ha despreciado mi amor; yo muero de buena gana como víctima de tu desprecio. Ea, cruel y de empedernido corazon, gózate y recréate con la victoria; pero entiende que tendrás que alabarme en algo, y que aunque mas me desprecies, habrá en mí alguna cosa que te sea grata, y por ella tendrás que reconocer y confesar mi mérito; y entiende tambien que mi amor no cede por tus desprecios, y que no se acabará en mí antes que la vida; pues á un mismo tiempo habré de carecer de ella y del amor que te tengo. No pienses que la fama y la voz popular serán las que te hagan sabedora de mi muerte; yo mismo me presentaré á tí, y te daré noticia de ella, y deleitarás tu vista empleándola en mi cadaver, y en mirar un triste despojo de tu esquivez. Pero ¡ó Dioses! si es que teneis algun cuidado de los sucesos de los mortales, no os olvideis de los mios (ya no puede mi lengua proseguir suplicándoos); disponed de modo que llegue á los mas remotos siglos la fama y noticia de la dureza de Anaxarete y de la constancia de mi amor, y dad á la fama de entrambos la larga duracion que negasteis á la vida de sus cuerpos.” Esto dijo; y dirigiendo primero su vista, y en seguida sus desmayados brazos á los postes de la puerta, que tantas veces habia adornado con guirnaldas y festones de flores, ató y puso en ella unos lazos y cordeles, diciendo: „¿Es posible, cruel é impía Anaxarete, que son estos los ramos y guirnaldas que te agradan y deleitan?” y al acabar de decir esto metió la cabeza y cuello en el lazo; se arrojó al aire, pero siempre con la cara hácia la estancia de Anaxarete, y quedó colgado y hecho un desdichado cadaver á la violencia de la dislocacion de las vertebras del cuello. La puerta, impelida del movimiento de los pies, hizo un ruido que parecia gemido, y abriéndose de pronto, descubrió é hizo manifiesto el fracaso de la muerte de Ifis: acudieron los criados de Anaxarete dando gritos. Descolgaron el cadaver, al que sin efecto aplicaron algunos auxilios; y como no diese esperanza alguna de vida, le llevaron á la casa de su madre (porque su padre ya habia muerto). Esta le tomó en su regazo, y abrazando tiernamente los yertos miembros de su hijo, despues que desempeñó aquellos sentimientos y sollozos que suelen hacer las desdichadas madres, dispuso el entierro, al que ella misma asistió llorando por medio de la ciudad, acompañando al féretro que llevaba á arder en la pira el amoratado cadaver. Por casualidad estaba la casa de Anaxarete en la carrera que llevaba el entierro, cuyos clamores y triste ruido llegaron á los oidos de la cruel Anaxarete, la cual ya empezaba á agitarse por la conciencia de su dureza y por el temor de la deidad que castiga,[123] y aunque movida de curiosidad, dijo: „Vamos á ver el entierro de este desdichado,” y se subió al último cuarto de su casa para verlo desde las ventanas, que hizo abrir. Apenas vió desde alli á Ifis en el ataud cuando se le endurecieron los ojos, su sangre se heló, cubriéndose todo su cuerpo de amarillez. Intentó quitarse de la ventana; pero quedó fija en ella. Quiso apartar el semblante, y tampoco pudo. En fin la dureza de su corazon se comunicó á todas las partes del cuerpo, que fue convertido en piedra. No creas que lo que te cuento es una ficcion. Salamina conserva aun la estatua por imagen de su señora, y edificaron en esta ciudad un templo en honor de Venus, que favorece al que se inclina al amor.

„Haz reflexion sobre esta aventura, hermosa Ninfa; no seas ya tan orgullosa, y rinde las armas al amor. ¡Ojalá que seas siempre feliz! ¡Ojalá que de las heladas de la primavera se libren las flores de tus árboles, y que los vientos del otoño derriben sus frutos!” Luego que Vertumno acabó esta historia, que no movió á Pomona, deja los atavíos de vieja, se transforma en un gracioso jóven, y se presenta á los ojos de Pomona tan hermoso como cuando sale el sol de una nube que habia oscurecido su resplandor. Él se apercibia á la violencia; pero ya la fuerza no era necesaria, porque la Ninfa se habia cautivado de la hermosura del Dios, y se dejó penetrar de un mutuo y recíproco amor.

Despues de la muerte de Proca, el usurpador Amulio se apoderó á fuerza de armas del unido reino de los albanos y latinos, despojando de él á su mayor hermano Numitor, el que siendo ya anciano, fue restituido, y lanzado el usurpador por el valor de sus dos nietos Rómulo y Remo: sucedió aquel á su abuelo, y en el dia de las fiestas Palilias[124] demarcó y señaló los muros para la fundacion de Roma, en la que estableció su reino. Por el robo de los sabinos se movió guerra por estos y por Tacio su Rey contra los romanos; y como en esta guerra hubiese sido abierta y entregada á los sabinos, por traicion de Tarpeya, la avenida y el puesto fortificado que estaba al cargo de Tarpeyo su padre, se la dió el merecido castigo de quitarla la vida los mismos sabinos, que la pagaron, segun lo ofrecido, la traicion, tirando todos contra ella los escudos que llevaban en sus manos siniestras, y la dejaron oprimida y sepultada debajo de un gran monton de ellos. Despues los sabinos con mucho silencio y reprimiendo la voz, como lobos que acometen de callada, despues de haberse apoderado de las centinelas, á quienes habia rendido el sueño, dirigieron el ataque contra las puertas que Rómulo tenia cerradas y aseguradas con gruesos cerrojos y cerraduras. Juno, aun adversa y contraria á la descendencia de Eneas, abrió y franqueó una de dichas puertas, y la tenia de par en par para que por ella entrasen los sabinos, sin haber hecho ruido alguno al tiempo de volverla sobre su quicio. Sola Venus, que era protectora de Rómulo y del reino fundado por Eneas, advirtió la traicion, y sintió la caida de las aldabas, y la abertura de los cerrojos y de la puerta. Hubiera acudido al momento á cerrarla; pero no podia hacerlo, porque no era lícito ni permitido á ningun Dios el deshacer ni rescindir lo que hubiese hecho otro Dios. No obstante para socorrer á Rómulo é impedir la entrada de los sabinos fue á ver á las Ninfas de la fuente que está cerca del templo de Juno, y las pidió socorriesen á los romanos. Las Ninfas no se detuvieron en lo que pedia Venus, ni la hicieron esperar el cumplimiento de sus justos preceptos, y al punto abrieron y soltaron las venas y manantiales de la fuente. Antes de esta erupcion estaba fácil la entrada al templo abierto de Juno, al que las aguas no habian cerrado el camino. Pusieron pues las Ninfas azufre en los íntimos conductos de la fuente, y con el humo de los betunes encendieron toda la cóncava cañería, y con estos y otros medios hicieron que el vapor y el calor penetrasen hasta lo mas íntimo y profundo de los manantiales, y las aguas, que antes vencian en frialdad á la nieve de los Alpes, empezaron á salir tan ardientes como el fuego. Los dos postes humeaban, y se ennegrecieron con el vapor encendido, y la puerta, que inútilmente se habia abierto á los desaforados sabinos, quedó intransitable por las aguas, que detuvieron á los sabinos hasta que acudieron á impedirles y disputarles la entrada las tropas romanas que les opuso Rómulo; y despues que en aquella empeñada accion quedó el suelo cubierto de cadáveres sabinos, y algunos que tambien murieron de los romanos al furor de las espadas, que derramaron mucha sangre de una y otra parte, tanto de los de Rómulo como de los de Tacio su suegro, se acordó poner fin á la guerra, y no llevarla hasta lo último, haciendo reunion de los dos reinos, y admitiendo á Tacio á la parte del mando de entrambos juntamente con Rómulo. Despues de la muerte de Tacio quedó en Rómulo el gobierno, que antes era comun, y él solo daba y promulgaba leyes á entrambos reinos, consolidados en uno solo. En este estado de cosas el guerrero Dios Marte, depuesto su morrion y descubierta su cabeza, se presentó al padre de los Dioses y de los hombres Júpiter, y le habló en la forma siguiente: „Pues ha llegado el tiempo, padre mio, de que ya esté consolidado y afirmado el recien fundado imperio de Roma, el que ya está reunido en solo Rómulo, ha llegado tambien el de que me des y concedas á mí y á tu digno nieto Rómulo el premio que me prometiste de elevarle de la tierra, y colocarle en el cielo y en el número de las deidades. Tú en algun tiempo y en el concilio de todos los Dioses (bien me acuerdo, noté y tengo muy presentes tus cariñosas palabras) me dijiste que yo por mi arbitrio podria elevar al cielo y á la clase de inmortal á uno de mis hijos: ruégote que sea firme y se me cumpla tu promesa.” Condescendió Júpiter oscureciendo el aire con negras nubes, y aterrando al mundo con truenos y relámpagos, con los que manifestó su aprobacion y consentimiento; y comprendiendo Marte estas señales de anuencia á la elevacion de su hijo, y á quitarle de la tierra, se afirmó en su lanza, y saltó á su carro tirado de caballos uncidos al yugo, salpicado con la sangre de las batallas, y agitándolos con el látigo, atravesó en un instante la vasta extension de los aires, y paró en la cima del monte Palatino,[125] donde encontrando á Rómulo que hacia justicia á su pueblo, lo arrebató en su carro. El cuerpo de este Príncipe al subir al cielo se purificó, y todo lo que tenia de mortal se disipó como la bala de plomo que es arrojada con una honda. Su rostro se le trocó en muy hermoso, y con la magestad de deidad, y vestido con la trábea[126] en la forma en que se le ve en su estatua de Quirino. Hersilia su muger lo lloraba como perdido, cuando la Reina Juno manda á Iris que baje á la tierra á consolarla, hablándola asi de su parte: „Ó matrona singular, honor y decoro de los romanos y sabinos, dignísima de haber sido antes muger del gran Rómulo, y de serlo ahora de Quirino, deja ya de afligirte, enjuga tus lágrimas, y si tienes deseos de ver á tu marido, ven conmigo al bosque sagrado que está sobre el monte Quirinal,[127] y que hace sombra al templo del Rey de los romanos.[128]” Iris obedece; y habiendo bajado á la tierra en su arco pintado con mil colores, llamó á Hersilia, y la dijo lo que Juno la habia mandado. Ella llena de respeto, y sin osar levantar la vista, la dijo: „Guíame, ó Diosa, donde dices (porque bien conozco que lo eres, aunque de pronto no pueda decir cual seas), y muéstrame á mi marido, pues si los hados me conceden el verle, confesaré que veo al cielo.” Al momento, guiando Iris, subieron al monte Quirinal, donde vieron que una estrella caia á la tierra por los aires, la cual encendiendo con su resplandor el cabello de Hersilia, la arrebató y subió al cielo, donde recibiéndola en sus brazos Rómulo el fundador de Roma, la mudó el cuerpo y el nombre, llamándola la Diosa Ora, que junta con su marido se veneró por los romanos en el templo de Quirino.



Story DNA

Plot Summary

The sea-god Glaucus, rejected by Scylla, seeks help from Circe, who, falling in love with him, transforms Scylla into a monster out of jealousy. The narrative then shifts to Aeneas's journey, leading to the story of Vertumnus, a god who, disguised as an old woman, woos the reluctant nymph Pomona by telling her the cautionary tale of Anaxarete's transformation into stone. Vertumnus reveals his true form, winning Pomona's love. Finally, the book concludes with the founding of Rome by Romulus, his deification as Quirinus, and his wife Hersilia's transformation into the goddess Hora, cementing the city's divine origins.

Themes

love and rejectiondivine power and interventionconsequences of pridefounding of civilizations

Emotional Arc

desire to despair to divine elevation

Writing Style

Voice: third person omniscient
Pacing: moderate
Descriptive: lush
Techniques: mythological allusions, divine speeches, detailed descriptions of transformations

Narrative Elements

Conflict: person vs supernatural
Ending: moral justice
Magic: talking animals (implied, Circe's beasts), transformation (Scylla, Anaxarete, Romulus, Hersilia, Glaucus), divine powers (spells, potions, deification, weather manipulation), enchanted objects (Circe's herbs), gods interacting with mortals
Scylla's monstrous form (consequences of jealousy)Anaxarete's stone statue (consequences of pride)Romulus's deification (divine destiny of Rome)

Cultural Context

Origin: Roman
Era: timeless mythological

Ovid's 'Metamorphoses' is a foundational work of Roman literature, compiling Greek and Roman myths, often focusing on transformations. This book connects various myths to the founding of Rome, legitimizing its origins through divine lineage.

Plot Beats (19)

  1. Glaucus, a sea-god, travels to Circe's island to seek a love potion for Scylla.
  2. Circe, enamored with Glaucus, tries to win his affection, but he rejects her, declaring his unwavering love for Scylla.
  3. Enraged by rejection, Circe poisons Scylla's favorite bathing spot with powerful magic.
  4. Scylla enters the poisoned water and is horrifically transformed into a monster with dog-like appendages.
  5. Glaucus flees Circe, lamenting Scylla's fate, and Scylla becomes a terror to sailors, including Odysseus and Aeneas.
  6. Aeneas's journey is recounted, including his tragic encounter with Dido and his arrival in Italy.
  7. Vertumnus, a god, is deeply in love with the nymph Pomona, who is only interested in her orchards.
  8. Vertumnus tries various disguises to approach Pomona, finally appearing as an old woman.
  9. As the old woman, Vertumnus tells Pomona the story of Anaxarete, a proud maiden who scorned Iphis's love and was turned to stone by Venus.
  10. Vertumnus urges Pomona to yield to love, then sheds his disguise to reveal his true, handsome form.
  11. Pomona is captivated by Vertumnus's beauty and reciprocates his love.
  12. The narrative shifts to the founding of Rome by Romulus and Remus, the overthrow of Amulius, and the establishment of the city.
  13. During the war with the Sabines, Tarpeia betrays Rome and is crushed to death by shields.
  14. Juno attempts to aid the Sabines by opening a gate, but Venus intervenes by causing a nearby spring to erupt with scalding water, blocking their advance.
  15. Romulus and Tatius agree to unite their kingdoms, and after Tatius's death, Romulus rules alone.
  16. Mars petitions Jupiter to deify his son Romulus, as promised.
  17. Romulus is snatched by Mars in a storm and purified, becoming the god Quirinus.
  18. Juno sends Iris to console Romulus's grieving wife, Hersilia, and guide her to the Quirinal Hill.
  19. Hersilia is taken to the heavens by a falling star, transformed into the goddess Hora, and reunited with Quirinus.

Characters

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Glauco

sea god ageless male

A powerful sea deity, his lower body is likely that of a fish or sea creature, while his upper body is human. His skin might have a greenish or bluish tint, reflecting his marine nature. He is strong and robust, suited for traversing the depths of the sea.

Attire: As a sea god, he likely wears no conventional clothing, or perhaps only minimal adornments of shells, pearls, or coral, integrated with his aquatic form.

Wants: To win the love of Scylla and alleviate the torment of his unrequited love.

Flaw: His intense, unyielding love for Scylla makes him vulnerable to manipulation and unable to see other possibilities.

He remains unchanged in his devotion, serving as a catalyst for Circe's vengeful actions against Scylla.

His fish-like lower body, perhaps with scales shimmering in various shades of green and blue.

Passionate, persistent, devoted, somewhat naive in matters of love, and unwavering in his affections.

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Circe

goddess/sorceress ageless (appears as a mature adult) female

A beautiful and alluring goddess, daughter of the Sun. Her beauty is captivating, but her demeanor can shift to one of cold fury. She possesses a powerful, commanding presence.

Attire: She wears flowing, luxurious robes, often in rich colors like deep blue or purple, possibly with celestial or magical motifs. The fabric would be fine silk or similar material, draped elegantly. When performing magic, she might wear a specific 'ropage azul' (blue robe).

Wants: To satisfy her own desires, to punish those who reject her, and to assert her power.

Flaw: Her pride and vengeful nature, especially when scorned in love, lead her to cruel acts.

She acts as a force of nature, her actions driven by her unrequited love and subsequent rage, leading to Scylla's transformation.

Her flowing, deep blue magical robe, and the multitude of transformed beasts that surround her palace.

Proud, vengeful, passionate, cunning, and highly skilled in magic and herbs. She is easily slighted when her affections are rejected.

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Escila

nymph (transformed into monster) young adult female

Initially a beautiful nymph. After transformation, her lower body is encircled by barking dogs and monstrous forms, making her a terrifying and grotesque creature from the waist down. Her upper body retains its human beauty.

Attire: As a nymph, she would likely wear minimal, flowing garments, perhaps made of light fabric or seaweed, or be partially unclothed. After transformation, her human upper body might still bear remnants of her original attire.

Wants: To enjoy her peaceful life by the sea, to bathe and refresh herself.

Flaw: Her beauty makes her a target for unwanted affection, and her vulnerability to powerful magic.

Transforms from a beautiful nymph into a terrifying monster due to Circe's vengeful magic, becoming a danger to sailors.

Her beautiful human upper body transitioning into a ring of snarling, barking dogs and monstrous forms around her waist.

Initially innocent and perhaps indifferent to Glauco's advances. After transformation, she is filled with terror and despair.

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Rómulo

human (transformed into god) adult male

A powerful and commanding warrior and king. His body is strong and athletic, befitting a founder of a city and a military leader. After apotheosis, his body becomes purified and his face takes on a divine majesty.

Attire: As a king, he would wear a toga or a military tunic, possibly with a cloak. After becoming Quirinus, he is seen in a 'trábea', a toga with purple stripes, signifying his divine and royal status.

Wants: To establish and consolidate the city and kingdom of Rome, to lead his people, and ultimately, to fulfill his destiny as a god.

Flaw: His initial actions, like the abduction of the Sabine women, show a ruthless side, though he later seeks peace.

From a mortal king and warrior who founded Rome, he ascends to godhood, becoming the deity Quirinus, revered by his people.

His transformation into the god Quirinus, wearing the trabea and radiating divine majesty.

Brave, just, decisive, a strong leader, and a founder. He is dedicated to his people and the city of Rome.

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Hersilia

human (transformed into goddess) adult female

A Roman matron, dignified and beautiful. After her transformation, her appearance becomes radiant and divine.

Attire: She would wear a stola and palla, traditional garments for a Roman matron, in modest colors. After becoming a goddess, her attire would likely become more ethereal and radiant.

Wants: To see her lost husband, Romulus, again.

Flaw: Her profound grief for Romulus.

From a grieving mortal queen, she is transformed into the goddess Ora, joining her husband Quirinus in the heavens.

Her hair glowing with celestial light as she is taken to the heavens by a falling star.

Loyal, grieving, respectful, and devout. She deeply loves her husband, Romulus.

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Juno

goddess ageless (appears as a mature adult) female

A majestic and powerful goddess, queen of the gods. Her presence is imposing and regal.

Attire: She wears opulent, flowing robes, often in rich, royal colors like purple or gold, adorned with jewels. Her attire signifies her status as queen of the gods.

Wants: To oppose the descendants of Aeneas (initially), to maintain her divine authority, and to show compassion when appropriate.

Flaw: Her long-standing animosity towards the Trojans and their descendants.

She remains a powerful divine figure, influencing events, but shows a moment of compassion by sending Iris to Hersilia.

Her regal posture and opulent, jeweled robes, often accompanied by a peacock.

Powerful, vengeful (against Aeneas's descendants), but also capable of compassion (towards Hersilia). She is a queen who holds grudges but also commands loyalty.

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Iris

goddess/messenger ageless (appears as a young adult) female

The goddess of the rainbow, she is ethereal and radiant, often associated with vibrant colors. Her form is light and swift.

Attire: She is described as appearing in her 'arco pintado con mil colores' (rainbow painted with a thousand colors), suggesting her attire is made of or reflects the colors of the rainbow, perhaps a flowing, iridescent gown.

Wants: To carry out Juno's commands and console Hersilia.

Flaw: Bound by the will of other gods.

She fulfills her role as a divine messenger, facilitating Hersilia's apotheosis.

Her descent from the heavens on her rainbow, her robes shimmering with iridescent colors.

Obedient, compassionate (as a messenger of comfort), and swift in her duties.

Locations

Circe's Palace and Herb-Rich Hills

transitional Implied temperate, possibly Mediterranean climate, with lush vegetation.

A palace situated on hills abundant with herbs, inhabited by a multitude of wild beasts. The palace itself is likely of classical Greek or Roman architectural style, given Ovid's context, possibly with marble columns, open courtyards, and lush, exotic gardens. The surrounding hills would be verdant and wild.

Mood: Magical, powerful, alluring yet dangerous, filled with the presence of a sorceress and her transformed creatures.

Glaucus visits Circe to ask for a love potion for Scylla, but Circe tries to win his affection for herself. When rejected, she plots against Scylla.

palace herb-rich hills multitude of wild beasts marble columns exotic gardens

Scylla's Arched Cove near Messina

outdoor midday Hot, sunny, with the sun at its zenith making shadows very small. The sea is described as 'embravecido' (rough) at times, but calm enough for bathing.

A small, arched cove on the coast opposite Messina, a frequent retreat for Scylla. The water is usually clear, but becomes infused with a poisonous, dark green herbal concoction. The surrounding rocks would be rugged and perhaps volcanic, typical of the Strait of Messina, with sparse, hardy coastal vegetation.

Mood: Initially serene and private, then becomes eerie and horrifying as the magic takes effect, transforming Scylla.

Circe poisons the cove, transforming Scylla into a monster with barking dogs around her waist when she enters the water.

small arched cove rugged coastal rocks poisoned water sparse coastal vegetation clear blue sky

The Palatine Hill and Roman Forum

outdoor daytime Implied fair weather, suitable for public gatherings and outdoor activities.

The Palatine Hill, where Romulus is found dispensing justice, overlooking the nascent Roman Forum. The architecture would be early Roman, with simple, sturdy stone buildings, perhaps some wooden structures, and unpaved public spaces. The hill itself would be covered in grasses and some trees, with a view of the developing city below.

Mood: Authoritative, foundational, bustling with the activity of a new civilization, with a sense of divine intervention.

Mars descends to the Palatine Hill to snatch Romulus and elevate him to godhood, transforming him into Quirinus.

Palatine Hill early Roman stone buildings unpaved public square Romulus dispensing justice view of nascent Rome

Sacred Grove on the Quirinal Hill

outdoor daytime Implied temperate, with a sense of timelessness and natural reverence.

A sacred grove of trees on the Quirinal Hill, shading the temple of the King of the Romans (Quirinus). The grove would be ancient and dense, with tall, venerable trees, possibly oaks or laurels, creating a solemn, shaded space. The temple would be an early Roman structure, likely of stone, simple yet imposing, dedicated to Quirinus.

Mood: Sacred, solemn, mystical, a place of divine reunion and transformation.

Juno sends Iris to guide Hersilia to this grove, where a falling star transforms her into the goddess Hora, reuniting her with Quirinus.

dense sacred grove tall ancient trees (oaks, laurels) early Roman temple of Quirinus shaded ground sense of reverence