LIBRO DECIMOQUINTO

by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4)

myth origin story solemn Ages all ages 11249 words 49 min read
Cover: LIBRO DECIMOQUINTO

Adapted Version

CEFR A1 Age 5 184 words 1 min Canon 25/100

King Numa wanted to learn. He wanted to know many things. He went to a city. The city was far away. Its name was Crotona. King Numa was a good leader. He liked to ask questions. He wanted to know about the world. He wanted to know how things work. He walked a long way. He came to Crotona. He was happy to be there. He asked people about Crotona. He asked about its old stories. He wanted to hear all things.

An old man lived in Crotona. He knew many old stories. He met King Numa. The old man began to speak. He told a story about Miscilo. His name was Miscilo. Miscilo was a good man. Strong Hercules liked Miscilo. Strong Hercules came to Miscilo in a dream. It was a big dream. Strong Hercules gave a special message. He said, "Miscilo, leave your home. Go to a new place. Build a new city there." Strong Hercules told him.

Miscilo was scared. He did not want to leave. There was a law. The law said: "Stay home." Do not leave. Get trouble

Original Story 11249 words · 49 min read

LIBRO DECIMOQUINTO.

ARGUMENTO.

Siguióse Numa; el cual hizo viage á la ciudad de Crotona para inquirir su orígen y antiguo rito, donde supo que las piedras negras se habian convertido en blancas; y alli mismo oyó á Pitágoras, que disputaba de las perpetuas transformaciones de las cosas. Despues Egeria, llorando la muerte de Numa, sin admitir consuelo de Hipólito que le contaba sus transformaciones, se convierte en fuente. Esto no es menos admirable que el haberse transformado la lanza de Rómulo en árbol, y que á Cipo le naciesen cuernos. Julio César finalmente fue convertido en una estrella despues de su muerte.


(137) Miscilo, absuelto por un singular prodigio, va á Italia y funda la Ciudad de Crotona.

FÁBULA PRIMERA.

MISCILO ABSUELTO POR LA TRANSFORMACION DE LAS BOLAS NEGRAS EN BLANCAS.

En tanto se busca quien pueda sostener el peso de tanta magnitud, y que sea digno de suceder á tan gran Rey como á Rómulo, la fama, pronosticadora de la verdad, destina á Numa[129] para el gobierno de la ciudad de Roma. Este hombre grande no se contenta con conocer bastantemente los ritos de los sabinos, sino que concibe cosas mayores en su capaz ánimo, é inquiere cuál sea la naturaleza de las cosas. Este anhelo y cuidado le habian hecho dejar á Cures su patria, y caminar hasta á aquella célebre ciudad que tomó su nombre de Croton, aquel que recibió á Hércules en hospedage. Alli preguntando y queriendo averiguar quién fuese el que fundó en Italia aquella colonia ó ciudad griega, le satisfizo su deseo y curiosidad un viejo instruido de las antigüedades de su patria, diciéndole lo siguiente:

„Hércules, enriquecido con la presa de los bueyes de España que habia tomado á su Rey Gerion, se cuenta que navegando desde el Océano Atlántico, aportó felizmente á las playas y al promontorio de Lacinia, donde saltó en tierra, y dejando los ganados que traia que anduviesen errantes y apacentándose en la tierna yerba, fue admitido en hospedage por Croton, que alli egercia la hospitalidad, en cuya casa descansó de las fatigas de su largo viage; y al despedirse de él le dijo que en el futuro tiempo de sus nietos y descendientes en el mismo sitio en que estaba la casa en que le habia hospedado seria edificada una célebre ciudad, como asi lo comprobó despues el siguiente suceso: „Hubo un tal griego llamado Miscilo, el cual fue hijo de Alemon, y era el mas acepto á los Dioses entre todos los de su tiempo. Á este apareció Hércules en lo mas profundo de un sueño, y le dijo: „Despierta, deja tu casa y tu patria, y marcha al punto á establecerte y fijar tu mansion junto á la corriente pedregosa del remoto rio llamado Esar.” Esto le dijo, y le amenazó con muchas y muy temibles desgracias si asi no lo egecutaba. En esto recordó Miscilo, desapareciendo á un tiempo Hércules y el sueño; se levantó, y reflexionando entre sí lo que habia soñado, estuvo mucho tiempo indeciso y vacilante y sin resolverse á obedecer, pues aunque la deidad se lo mandaba, habia una ley que lo prohibia, y que imponia pena de muerte al que intentase emigrar y dejar la patria. Despues de algun tiempo tuvo una noche otro igual sueño, en el que le pareció que veia al mismo Hércules que le volvia á mandar lo mismo, y le amenazaba con muchas mas y mayores desgracias si no obedecia. Con este segundo sueño se llenó de temor, y empezó á prepararse y á dar las disposiciones de abandonar su patria y emigrar á otra region, transfiriendo y llevando consigo los Dioses Penates, y lo mas precioso que tenia en lo interior de su casa. No fue esto tan oculto que no llegasen á penetrarse sus designios, y á hablarse de ellos en la ciudad. En su consecuencia fue acusado de transgresor de la ley: se sustanció su causa, y sin necesidad de testigos ni otras pruebas se hizo patente su delito por su propia confesion. Él en el asqueroso trage y estado de reo,[130] alzando su rostro y manos hácia el cielo, dijo: „Divino Hércules, á quien doce célebres trabajos elevaron á deidad, ruégote que me des socorro, pues tú eres la causa y el autor de mi delito.” Era antigua costumbre en Argos cuando iban á juzgar á un delincuente echar en una urna bolas blancas si pensaban absolverlo, y bolas negras para condenarlo. Segun este rito se dió contra Miscilo la sentencia condenatoria, echando todos los jueces bolas negras en la urna; pero al vaciarla para contar los votos se halló que todas habian mudado el color de negro en blanco, y que la sentencia dada contra Miscilo se convirtió en favorable por favor y beneficio de Hércules. Dió á este gracias por ello, y luego que el viento se presentó favorable, se hizo á la vela, atravesó el mar Jonio; y despues de haber pasado la ciudad de Tarento, que debia su orígen á los lacedemonios, á Sibaris, el rio Neeto, de los salentinos, el golfo de Turios, á Temese, los campos de Calabria, y recorrido con mucha dificultad y peligro todas estas costas, llegó por último á la embocadura del rio Esar, donde el destino le habia señalado su asiento. Habiendo hallado cerca de alli el sepulcro del célebre Croton, edificó una ciudad, conforme á la órden que habia recibido de Hércules, y le puso el nombre del sepultado.[131]” Tal era la tradicion del pais sobre esta famosa ciudad, que los griegos habian venido á edificar á las costas de Italia.

„En ella habitaba, continuó el anciano, un hombre de la isla de Samos,[132] que se habia desterrado voluntariamente de su patria por el odio que tenia á los tiranos que habian usurpado su dominacion. El cual, aunque en el mundo y distante del cielo, se remontaba á él con la contemplacion de las cosas divinas, y vió con el ingenio lo que no podia con los ojos del cuerpo, enseñando todo aquello que habia alcanzado por medio de sus meditaciones y vigilantes especulaciones: él explicaba á sus discípulos, que hasta cierto tiempo guardaban silencio, y no hacian otra cosa que oir con admiracion su doctrina, los principios y creacion del mundo, las causas de las cosas, qué cosa era la naturaleza, qué era Dios, de dónde provenian y se formaban las nieves, cuál el orígen de los rayos, si era Júpiter ó la nube que se rasgaba la que formaba y causaba los truenos, qué lo que conmovia las tierras y causaba los terremotos, cómo y por qué leyes hacian sus giros y círculos los planetas y los astros;[133] en suma él enseñaba cuanto antes habia estado oculto é ignorado. Él fue el primero que reprendió como abuso la costumbre de comer carne de los animales, y argüia contra ella con estas doctas, pero no creidas razones:

„Absteneos y guardaos, mortales, decia el samio Pitágoras, de ensuciar vuestros cuerpos con manjares abominables: teneis y deben bastar para vuestro alimento las semillas que contienen y producen harina, las sabrosas manzanas, que con su peso agovian las ramas de los árboles, y en las vides las uvas llenas é hinchadas de su gustoso zumo: hay yerbas y plantas que pueden comerse crudas: hay otras que se hacen sabrosas cociéndolas al fuego: no se os prohiben la leche, el queso y la miel, que huele á la flor del tomillo. La próvida naturaleza os contribuye sus riquezas, y la tierra os provee de delicados alimentos, y os proporciona abundantes comidas, sin que tengais que encrueleceros en la matanza y derramamiento de la sangre de los animales. Las fieras y los brutos son los que sacian su hambre con carne, aunque no todos, porque los caballos, las ovejas, los bueyes y vacas se alimentan paciendo yerba: solo los animales fieros y crueles, como son los armenios tigres, los furiosos leones, los lobos y los osos se ceban en manjares mezclados con sangre. Ciertamente es una cosa delincuente y horrorosa que unas entrañas se sepulten en otras, y que un cuerpo hambriento sacie su hambre y engorde con otro cuerpo, y que un animal viva y se mantenga á costa de la muerte de otro animal. Ciertamente entre tantos dones como cria la mejor madre la tierra ¿es posible que no hay otros que os agraden que los horrorosos, y que para comerlos es menester ensangrentar los crueles dientes en las heridas, é imitar la crueldad de los Ciclopes? ¿Es posible que no halleis otro medio de saciar vuestra hambre, y llenar vuestro voraz vientre, habituado á la hartura, de otro modo que á costa de perder y destruir á otro animal? Bien veis que aquella antigua edad que se llamó de oro fue feliz, manteniendo á los hombres con las frutas de los árboles y con las plantas que producia la tierra, y no manchaban su boca con sangre de los animales. Entonces las aves volaban seguras por los aires; la liebre corria sin temor por medio de los campos, ni la credulidad habia expuesto al pez á ser cogido con el anzuelo: el universo tranquilo no conocia las asechanzas ni engaños: todo estaba en paz; pero despues que aquel perverso y dañoso autor (cualquiera que fuese), ansiando por otros alimentos, inventó llenar el hambriento vientre con manjares de carne, abrió con esto el camino á la maldad: yo creo que lo primero en que se ensangrentó el hierro fue en la muerte de las fieras: en esto no creo hubo delito, y soy de opinion que sin ofensa de la piedad podian matarse las fieras que traian expuesta nuestra vida; pero aunque para asegurarla se mataban, no por eso se comian. Desde aqui dió otro paso mas adelante la maldad, y empezó á matarse y á ofrecerse en sacrificio el cerdo, porque arrancaba las semillas y mieses con su corvo hocico, y desvanecia y quitaba la esperanza de las cosechas.[134] El cabron, porque pacia los tiernos retallos de las vides, fue llevado por víctima á las aras de Baco. Su culpa acarreó este justo castigo á entrambos; pero ¿en qué habeis pecado vosotras, inocentes ovejas, ganado útil y apacible, que sirve para defender á los hombres de las inclemencias del tiempo, y que proveyéndonos del néctar de vuestra leche, y de vuestras lanas para vestirnos, nos sois en vida mas útiles que despues de muertas? ¿En qué han pecado los bueyes, animales sencillos, en quienes no se halla dolo ni fraude, que ningun daño hacen, y sirven para el continuo trabajo? Es un ingrato é indigno del don y fruto de las mieses el que se atreve á matar un buey, quitándole del yugo y del arado, y recompensándole asi el trabajo y beneficio de haberle labrado sus campos; y lo es tambien el que se atreve á descargar la destructora segur sobre la cerviz maltratada con el yugo, y con la que tantas veces habia cultivado y renovado los campos, y habia proporcionado tantas cosechas. Y el caso es que no para en esto la malicia y gravedad de la atrocidad, sino que quieren los hombres disculparla, atribuyéndola á las mismas deidades, las que suponen y creen se huelgan y complacen con la muerte y sacrificio de un laborioso novillo, y en esta creencia eligen el mejor y mas elegante, sin vicio ni defecto (que esto es lo que le perjudica), y adornándole con oro y cintas victimales,[135] le conducen y ponen ante las aras, donde sin entenderlas oye las deprecaciones del sacrificante, y ve que le rocían las astas y la frente con la salsa mola,[136] compuesta de las mismas semillas que sembró y cultivó, y que al darle el mortal golpe salta su sangre y tiñe el cuchillo, que como si fuese en un espejo acaso habria visto poco antes en el agua preparada para el sacrificio. Aun sin acabar de morir le abren y miran con cuidado sus entrañas y fibras para rastrear y adivinar por ellas la voluntad de los Dioses. ¿De dónde ha venido á los hombres tanta y tan insaciable hambre de manjares prohibidos? ¿Cómo teneis, mortales, valor y atrevimiento para saciarla con ellos? Yo os requiero no lo hagais, y que fijando vuestra atencion en mis advertencias al tiempo que vayais á satisfacer vuestra hambre con los miembros de los animales que para ello matais, reflexioneis y conozcais que os comeis los cuerpos de vuestros colonos, y dais esta recompensa á los que han trabajado para vosotros; y pues se mueve mi boca por superior inspiracion, seguiré al Délfico Dios que me la mueve, os abriré el mismo cielo, y os manifestaré los celestiales oráculos. Grandes y hasta aqui ocultas é ignoradas cosas os tengo que explicar, que nunca penetraron los ingenios de nuestros antepasados, y para ello quiero tener el deleite de remontar mi discurso hasta los altos astros, y elevado como por una nube, dejando la tierra y su habitacion, sobreponerme á los hombros del robusto Atlante, y desde alli miraré con desprecio la tierra y los hombres, que descaminados y destituidos de la antorcha de la razon vagan sobre ella, animaré con mis exhortaciones á los que tiemblan y temen la muerte, desenvolviéndoles y explicándoles la serie y órden de su destino.

„Débiles mortales, les diré, atónitos con el miedo de la muerte, ¿por qué temeis la Estigia y el reino tenebroso, vanos nombres, suplicios imaginarios,[137] inventados por los poetas? Sea que la llama reduzca los cuerpos á ceniza, ó sea que la podredumbre los consuma, se acabarán con ellos los males, y no tendrán que padecer otros algunos. Solo las almas son inmortales, y cuando dejan su primer asiento van á habitar y vivir en otros cuerpos. Yo,[138] que os hablo, me acuerdo que en tiempo de la guerra de Troya fuí aquel Euforbo á quien Menelao atravesó el pecho con una lanza; y há poco tiempo que conocí en Argos en el templo de Juno el escudo que yo llevaba entonces. Todas las cosas se mudan; nada perece, y el espíritu anda vagante de allá acá y de acá allá animando diversos cuerpos: desde los de las fieras pasa á los humanos, y desde estos á los de las fieras, sin perecer en ningun tiempo.[139] Y asi como la blanda cera, aunque siempre sea una misma, recibe varias figuras, y se la transmuta de unas en otras, deshaciendo la anterior y dándola otra nueva, del mismo modo y por este egemplo os hago entender que el espíritu siempre es uno mismo; pero va emigrando de unas figuras en otras. En este supuesto (mirad que os desengaño) lo que conviene es que no atropelleis la piedad por la gula y apetito de saciar el vientre: absteneos de hacer que con una muerte nefanda salgan y emigren de sus antiguos cuerpos los espíritus con quienes acaso tengais algun parentesco,[140] y no alimenteis vuestra sangre con otra sangre.

„Ya que me he engolfado en este gran mar de tan secretos misterios, y navego en él á toda vela, sabed que nada hay en todo el mundo que permanezca en un estado fijo: todas las cosas caminan á su destruccion, y todas las figuras varían y vagan de unas en otras. Las mismas estaciones del tiempo corren lentamente, no de otro modo que las aguas de un rio; y asi como estas no pueden estar paradas ni un solo momento, porque una ola impele á la otra, y es impelida de la que viene detras, del mismo modo huyen y corren los tiempos, y se suceden unos á otros, renovándose siempre,[141] pues lo que fue antes ya pasó, viene lo que no habia sido, y los instantes y momentos siempre se van renovando. Bien veis como la noche se alarga y va caminando hasta el punto del amanecer, en el que la resplandeciente luz del dia sucede á la oscuridad, y que el cielo va mudando su aspecto y color, pues es diferente el que nos presenta á media noche cuando todo está en silencio, y los vivientes entregados al sueño, del que tiene cuando el lucero de la mañana sale en su carro tirado de caballos blancos, y despues vuelve á mudar el color cuando la Aurora, hija de Palante, precursora de la luz, baña al mundo con su resplandor, y le prepara para la venida del sol. El orbe y cuerpo de este está rubicundo cuando por la mañana, montando el horizonte, se va elevando de la tierra, y cuando al ponerse se esconde debajo de ella, y cándido y resplandeciente cuando está en medio de su carrera, porque alli está mas puro el aire, y menos cargado de los vapores de la tierra. La luna, presidenta de la noche, tampoco conserva y tiene una misma figura, pues si está en creciente, es hoy menor que será mañana, y mayor hoy que mañana si está en menguante. Ademas de esto ¿no observais cómo el año va variando sus cuatro estaciones, que sucediéndose unas á otras, imitan las cuatro edades de nuestra vida?[142] En la primavera, semejante á la niñez, es el año tierno y como lactante: entonces las yerbas y plantas hermosas con su verdor, aunque debilitadas y sin vigor, crecen y alientan la esperanza de los labradores. Entonces todo florece, y el campo se rie, y nos presenta un aspecto agradable con la variedad de los colores de las flores, aunque todavía no tengan vigor y firmeza las hojas. Pasa el año con mas robustez de la primavera al estío, en el que ya imita á un esforzado jóven y á la edad de la juventud, que es la mas robusta, y en la que mas abundan y se enardecen los humores y las pasiones. Al estío sigue el maduro y sazonado otoño, semejante á aquella edad apacible entre jóven y viejo, en la que apaciguado el ardor de la juventud, está el hombre en un temperamento medio, y empiezan á encanecérsele las sienes. Últimamente sigue el invierno, semejante á la vejez erizada y de trémulo paso, la que ó despoja al hombre de sus cabellos, ó se los encanece. Nuestros cuerpos tambien se van del mismo modo trocando y mudando sin cesar ni parar en ellos un momento el lento estrago,[143] y asi no seremos mañana lo que fuimos ayer ni lo que somos hoy. Hubo un cierto dia en que habitamos y existimos en el vientre de nuestras madres, no hombres aun, sino un embrion inanimado, y una primera esperanza de llegar á ser hombres. La naturaleza aplicó á nosotros sus diestras y formadoras manos, y despues que nos tuvo ya formados y animados, y en sazon de nacer, no quiso estuviésemos mas tiempo comprimidos y encarcelados en el vientre de nuestras madres, que ya no podia dilatarse mas, y de aquella estrecha cárcel nos sacó á respirar el aire libre.[144] Despues de nacer, sin tener fuerzas para sostenernos, pasamos el tiempo de la lactancia echados en la cuna ó en el regazo de nuestras madres. Cuando ya tenemos algun mas vigor empezamos á movernos, y á andar con pies y manos como los animales de cuatro pies, á lo que se sigue el esforzarnos á ponernos y estar en pie, temblando con débiles piernas, y empezar á echar los pasos, sostenidos y apoyados en algun arrimo. Adquiriendo poco á poco agilidad y fuerzas, llegamos á la juventud, cuya robusta edad se nos pasa con ligereza,[145] y con la misma corre tambien el tiempo de la edad media, y como cuesta abajo nos resbalamos y precipitamos á la vejez caduca y consumidora, que nos quita y debilita las fuerzas de todo el tiempo anterior, y nos conduce á la muerte. Milon ya viejo[146] lloraba al mirar flojos y débiles sus brazos, en otro tiempo tan robustos y nerviosos como los de Hércules. Elena tambien lloraba en su vejez al mirar en el espejo su rostro lleno de arrugas, y se admiraba entre sí misma de ver en lo que habia parado su singular hermosura, por la que habia sido dos veces robada.[147] El tiempo consumidor de todas las cosas, y tú tambien, odiosa vejez, todo lo destruis y arruinais, y desmoronando y corrompiendo todas las cosas con los estragos y dentelladas del tiempo,[148] las haceis perecer con una lenta y pausada muerte. Aun aquellas cosas que llamamos elementos no estan exentas de vicisitudes, ni permanecen en un ser: escuchadme con atencion, y os explicaré y manifestaré las mutaciones que suceden en ellos.

„El mundo desde su orígen contiene cuatro primeros cuerpos, que son el principio de que proceden todos los seres. Los dos mas pesados, la tierra y el agua, son llevados á lo inferior con su propio peso: el aire y el fuego, mas puro que el aire por carecer de gravedad, ocupan la region mas elevada, los cuales, aunque distantes uno del otro por su situacion, no obstante entran en la composicion de todos los cuerpos, y estos se resuelven y convierten últimamente en ellos. La tierra se resuelve y convierte en agua; el agua al disiparse se vuelve aire; el aire, habiéndose descargado de lo mas grosero que tenia, se sutiliza y toma la naturaleza del fuego, y por medio de una revolucion enteramente contraria el fuego que se condensa se convierte en aire; este aire vuelve otra vez á ser agua, y el agua que se espesa vuelve á tomar la consistencia y la solidez de la tierra. En el mundo ninguna cosa conserva su primera forma; y la naturaleza, novadora de todas las cosas, repara unas formas con la destruccion de otras. En todo el universo (creedme) ninguna cosa perece ni se aniquila, sino que solo varía, muda y renueva su antigua figura: llamamos nacer el empezar á ser otra cosa que lo que era antes, y morir el dejar de ser lo que antes, y tomar otra nueva forma: aunque haya estas variaciones, y las cosas de acá se truequen en las de allá, y al contrario, lo que es los seres permanecen constantes, y nunca perecen. Vivo en la cierta creencia de que no hay cosa alguna que permanezca mucho tiempo sin mudar de forma ni perder su antigua figura. Debe bastaros para persuadiros de esto el observar que por las continuas vicisitudes desde el dichoso siglo de oro habeis venido á parar poco á poco é insensiblemente en el de hierro, y que tantas veces habeis visto mudarse y trocarse la faz de la tierra y unos sitios en otros. Yo he visto reducidas á mares y ocupadas por las aguas las que antes fueron tierras sólidas y firmes, y por el contrario reducido á tierras lo que antes fue mar, y que asi lo demuestran las conchas marinas, y las viejas áncoras que suelen hallarse en lo empinado de los montes. Vemos tambien que lo que antes fue un llano campo hoy está reducido á un valle por el ímpetu y corriente de las aguas, y que desmoronadas las montañas con las avenidas, se convirtieron en amenas y apacibles llanuras, y las tierras que antes fueron pantanosas estan ahora áridas con las secas arenas, y las que antes fueron de secano abundan ahora en humedades, y estan hechas estanques de agua. En unas partes la naturaleza ha brotado nuevas fuentes, y en otras se han secado y cerrado los antiguos manantiales; en unas partes al ímpetu de los terremotos nacen y salen nuevos rios, y en otras al mismo ímpetu suspende su corriente, y se cierran y secan los que antes habia. Asi ha sucedido con el rio Lico,[149] á quien se sorbió una grande abertura que hizo un terremoto, y le transmutó y mudó su nacimiento y corriente á otro sitio muy distante. El Erasino[150] unas veces corre sobre la tierra, y otras escondiéndose debajo de ella, va por último á renacer y salir en los campos de Argos. Del Caico, rio de Misia, se cuenta tambien que mudado su nacimiento y antigua corriente, corre ahora por otra muy diversa. Tambien el Amaseno, rio de Sicilia, algunas veces corre con arenosas aguas, y otras se queda en seco por cerrársele sus manantiales. El agua del rio Anigro,[151] era antes buena para beber; pero hoy es peligroso hasta el tocarla, despues que (si no es que los poetas han mentido) los Centauros la inficionaron y envenenaron, lavándose en ella las heridas que les habian hecho las flechas de Hércules. La del rio Hipanis,[152] que baja de las montañas de la Escitia, habiendo sido antes dulce, está hoy corrompida con una amargura salobre. Antissa, Paros y Tiro en otro tiempo fueron islas; hoy estan unidas á la tierra firme: al contrario Léucada,[153] que estaba unida al continente, se ha separado despues, y se ha hecho una isla. Tambien se dice que Zanclea[154] estuvo unida á la Italia hasta que el mar la cercó y separó de la tierra. Si preguntas qué se han hecho Helice y Buris, ciudades de Acaya, las hallareis sumergidas en las aguas; y todavía los marineros suelen mostrar los pueblos que fueron sumergidos con sus murallas. Cerca de Trecene, patria de Piteo, hay un monte algo empinado y sin árboles algunos, el cual habiendo sido antes una llana campiña, ahora es una montaña, porque (causa horror el referirlo) el ímpetu de los vientos encerrados en las cavernosas entrañas de la tierra, luchando en ellas y buscando salida, como no la encontrase, ni hubiese abertura alguna por donde salir el aire libre, extendió é hinchó la tierra[155] del modo que el soplo de la boca suele hinchar una vejiga ó una piel de cabron. El sitio permaneció y permanece aun en forma de un elevado collado, que se endureció y petrificó con el transcurso del tiempo.

„Entre las muchas cosas que me ocurren, y que vosotros habreis conocido ú oido decir, os añadiré y referiré algunas pocas. Hasta las aguas padecen vicisitudes, y mudan sus cualidades y figuras. La que mana en la fuente que está junto al templo de Júpiter Ammon al medio dia está fria, y caliente al salir y ponerse el sol. En los pueblos Atamanes[156] se cuenta haber una fuente, la cual cuando la luna está en su menor luz enciende y hace arder los maderos que arrojan en ella. Los Cicones[157] tienen un rio, cuya agua petrifica las entrañas del que la bebe, y convierte en piedra lo que con ella se rocía ó toca. El rio Crati y el Sibari,[158] que no está muy distante de estas playas, tienen la virtud de volver los cabellos color de oro ó ámbar. Pero lo que es aun mas de admirar es que hay aguas que no solo mudan los cuerpos, sino tambien los ánimos. ¿Quién no ha oido hablar de la fuente Salmacis,[159] que vuelve afeminados á todos los que se bañan en ella? Tambien hay un lago en Etiopia, en el cual si alguno bebe, ó se enfurece, ó padece un sueño de maravillosa pesadez. Cualquiera que bebe el agua de la fuente de Clitorio[160] aborrece el vino, solo le gusta abstenerse de él, y beber agua pura; lo que procede ó de que hay en dicha fuente alguna virtud contraria al calor del vino,[161] ó de que, segun lo cuentan los naturales de aquel pais, el hijo de Amitaon,[162] despues que por virtud de los encantos y las yerbas curó y libertó de la locura y furor á las hijas de Preto, arrojó en aquellas aguas los humores de que las purgó el celebro, con lo que contrajeron la virtud y eficacia de aborrecer el vino. Las aguas del rio Lincesto[163] corren con una virtud contraria á las de la fuente Clitorio, pues el que bebe con abundancia de ellas se emborracha como si hubiera bebido vino puro. En Arcadia hay un lago, que los antiguos llamaban el lago de Feneo, cuyas aguas son perniciosas bebidas de noche, y de dia no hacen daño. Á este modo los lagos y los rios tienen diversas y opuestas virtudes. En lo antiguo la isla llamada Ortigia[164] andaba flotando sobre las aguas como una nave, y ahora está inmóvil y fija. El navío Argo temió en otro tiempo á las Simplegades, esparcidas con el concurso de las quebradas olas, las cuales ahora son islas firmes, y capaces de resistir á toda la impetuosidad de los vientos. El Etna, que arde y arroja erupciones de azufre encendido, no arderá siempre, porque no siempre hubo en él fuego ni estuvo encendido. Porque bien sea que conceptuemos á la tierra un grande animal que vive y respira llamas por algunos sitios, puede trocar cada vez que se conmueve las bocas y caminos de su respiracion, cerrar las antiguas cavernas, y abrir en otras partes otras nuevas. Bien sea que opinemos que los vientos encerrados en las mas profundas cavernas de la tierra agitan las piedras unas con otras y las materias inflamables, y con estas agitaciones las encienden, luego que llegue el tiempo de que dichos vientos se aplaquen y apacigüen, cesará el fuego, y las cavernas subterráneas se quedarán frias: y por último bien sea que opinemos que los fuegos subterráneos se ceban y nutren por los betunes y azufres que hay en la tierra, luego que estos se consuman con el largo tiempo, y falte la materia y alimento á las llamas consumidoras, faltará el fuego, y se apagará él mismo por falta de materia en que cebar su hambre devoradora. Se dice que los que habitan en el monte Palene, que está en la region de los Hiperboreos,[165] si se bañan nueve veces en el lago Triton, se les puebla de plumas todo el cuerpo. No tengo por creible lo que acabo de referir, ni tampoco lo que se cuenta de las mugeres de Escitia, que untándose con el zumo de ciertas yerbas venenosas sus cuerpos, les nacen plumas, y se convierten tambien en aves. Pero no por esto se ha de dejar de dar crédito á las cosas que califica la experiencia, la cual nos está manifestando que al paso que los cadáveres de los animales se van corrompiendo con el tiempo y por su cálido humor, se convierten en gusanos y otros insectos. Haced la experiencia en un novillo (cosa es que está bien conocida por repetidos egemplares); matadle, y despues tenedle guardado y encerrado hasta que se corrompa, y de él nacerán y saldrán laboriosas abejas,[166] que siguiendo la inclinacion del padre de quien nacieron, frecuentan los campos, recogen el rocío de las flores, y se apresuran á la conclusion de su obra, trabajando con la esperanza de su alimento y de la multiplicacion de su especie. Los tábanos tambien nacen del cadaver del guerrero caballo, si se le sepulta y esconde en la tierra. Si quitais los brazos á un cangrejo, y cubris de tierra el resto del cuerpo, saldrá un escorpion con aquella cola tan temible. Es cosa conocida entre los labradores que los gusanos de seda se convierten en mariposas. El cieno de las lagunas contiene en sí semillas que producen las verdes ranas, y las engendra truncadas de pies, los que despues les van saliendo acomodados para nadar, y los posteriores son mas largos que los brazos para que puedan saltar con mas facilidad. El oso recien nacido solo es una masa de carne; la madre lo forma en miembros[167] lamiéndolo, y le da la forma que le vemos. Es cosa sabida que las abejas que nacen en aquellas celditas hexágonas[168] que hacen en los panales, no están al principio bien formadas, y que los pies y las alas les vienen algun tiempo despues. ¿Quién creeria á no verlo que de la yema que esta en medio del huevo pudiesen formarse y nacer la ave dedicada á Juno, cuya cola está sembrada de estrellas, el águila de Júpiter, las palomas de Venus, y en una palabra todo género de aves? Hay quien cree que corrompida la medula del espinazo de un cadaver humano encerrado en el sepulcro, se convierte en una culebra. Todas las referidas transformaciones traen su principio de otros seres; pero hay una ave, que los asirios llaman el Fénix, que se repara y renueva á sí misma: esta ave no se mantiene de yerbas ni granos, sino de las lágrimas del incienso y del jugo del amomo. Luego que cumple los quinientos años de su vida fabrica con su duro pico y sus uñas un nido en las ramas de una encina ó en la copa de una palma, y poniendo en él aristas de canela, de nardo, de cinamomo con mirra, se echa sobre todo, y concluye su vida en medio de olores aromáticos. Aseguran que de él renace otro pequeño Fénix para vivir otros tantos años. Luego que este tiene bastantes fuerzas para llevar peso, carga con el nido que le sirvió de cuna y de sepulcro á su padre, y despues de haberlo llevado hasta la ciudad del sol,[169] deja este precioso depósito á la puerta del templo de este Dios. Si en el número de estas maravillosas novedades debe entrar y contarse la de la alternacion de sexos, tambien debemos maravillarnos de lo que se cuenta de la hiena, que unas veces es hembra y otras macho. El camaleon, que se mantiene del aire, va mudando su color, segun el que tienen las cosas que toca. Baco trajo los linces de la conquistada India, cuya orina, segun se dice, se convierte en piedra luego que sale de la vejiga, y se congela al punto que toca el aire. Se concluiria el dia, y el sol llegaria al término de su carrera antes que yo acabase de referir rodas las cosas que se han transformado en nuevas especies. Vemos que con el tiempo todo se va trocando, y que unas naciones se robustecen y fortalecen, y otras se destruyen. La gran ciudad de Troya, que en algun tiempo fue famosa y abundante en poblacion y riquezas, y que á costa de mucha sangre pudo defenderse por el tiempo de diez años, ahora destruida y arrasada solo presenta en lugar de sus riquezas algunas ruinas y restos de su antigüedad y los sepulcros de sus antepasados. Esparta antigüamente fue una ciudad célebre; Micenas, Atenas y Tebas florecieron igualmente, y en el dia Esparta está reducida á un campo despreciable; Micenas se halla destruida; Tebas, corte de Edipo, ¿qué otra cosa es hoy que una fábula? y de Atenas ¿qué ha llegado hasta nosotros sino el nombre? Ahora dicen que empieza á elevarse la troyana Roma, que edificada junto á la corriente del Tíber, pone su gran mole por cimiento para fundar un grande imperio. Esta pues aumentándose cada dia, va mudando su forma, y llegará tiempo en que sea la capital de todo el orbe. Asi se cuenta que lo predijeron los agoreros y los oráculos; y segun hago memoria, Heleno, hijo de Príamo, cuando Troya fue destruida consoló á Eneas que lloraba y desconfiaba del remedio, diciéndole: „Hijo de la Diosa, si tienes alguna confianza en el arte de leer en lo por venir que yo poseo, puedo predecirte que Troya no será enteramente destruida en tanto que tú vivas. El hierro y el fuego te abrirán camino, y llevarás contigo las tristes ruinas de Ilion, hasta que halles en una tierra extrangera un establecimiento, donde serás mas dichoso que en tu patria. Ya estoy viendo una gran ciudad que deben edificar tus descendientes, tal que no hay ni habrá, ni se ha conocido otra igual en los pasados siglos. Sus próceres y principales la harán poderosa por mucho tiempo; pero un descendiente tuyo y de tu hijo Ascanio[170] la elevará á señora y cabeza del mundo. Despues que haya acabado su carrera, los Dioses se lo llevarán de la tierra para colocarlo en el cielo, que le está destinado.[171]” Esta fue la prediccion que hizo Heleno á Eneas. Hoy que empieza á cumplirse estoy contento de los progresos de una ciudad que está aliada con Crotona, y veo con gusto que ha sido útil á los troyanos el haber sido vencidos por los griegos.

„Pero volviendo á mi asunto, y al fin y término que me he propuesto, y del que me he apartado algo, habeis de saber que el cielo y cuanto se contiene debajo de él, y asimismo la tierra y lo que se encierra dentro de ella, va mudando cada dia su forma. Nosotros, que somos una parte del mundo (porque no somos solamente cuerpos, sino tambien almas espirituosas, que pueden transmigrar á las fieras y á los ganados), dejemos que vivan seguros y tranquilos aquellos seres en quienes pueden residir los espíritus de nuestros padres, hermanos y parientes, ó en fin, de los hombres cualesquiera que sean: no metamos en nuestros estómagos manjares y cenas como la de Tiestes. El que degüella á los inocentes novillos, y oye insensible sus tristes bramidos, ¡qué mala costumbre adquiere, y cómo se habitúa á derramar con impiedad la sangre humana! Lo mismo sucede al que se atreve á degollar á un cabritillo, que da gritos semejantes á los de un niño, y á comerse una ave que él mismo ha cebado. En todas estas cosas ¿qué es lo que falta para una completa maldad? Y ¿adónde se pasará y hará tránsito desde la impiedad de matar á los animales? El buey sírvanos para arar hasta que envejecido se muera. La oveja suminístrenos el defensivo contra el frio; y las cabras nos sirvan solo para ordeñarlas y sacarlas su leche. Dad de mano á las redes y lazos; no egerciteis las artes engañadoras; no useis de la liga para engañar los pajarillos, ni de las flechas para los ciervos y demas animales de los montes, ni tampoco de los anzuelos escondidos bajo del cebo para los incautos peces. Perseguid y destruid á los animales que son dañosos; pero no hagais mas que matarlos, y no os sirvais de ellos para comer, sino contentaos con los alimentos proporcionados y conducentes.”

Instruido Numa con estos y otros semejantes documentos, se cuenta que volvió á su patria, y que habiendo sido rogado y solicitado, sucedió á Rómulo, y tomó el gobierno del pueblo y reino latino. Este Rey, por los sabios consejos de Egeria su muger y de las Musas que consultaba, tuvo la felicidad de inspirar á un pueblo feroz, y que solo respiraba guerra, sentimientos de paz, afabilidad y equidad, y de instruirlo en las ceremonias de la religion. Reinó hasta una extrema vejez, y su muerte causó y costó lágrimas á las matronas romanas, al pueblo y á los senadores. Su muger, habiendo dejado á Roma, se retiró á la selva de Aricia, donde interrumpió muchas veces con sus gemidos y quejas los sacrificios que se ofrecian á aquella Diana que Orestes habia llevado alli. ¡Ah! ¡cuántas veces las Ninfas de los bosques y de los lagos la persuadieron que no llorase, procurando consolarla con sus palabras consolatorias! ¡Cuántas veces Hipólito, viéndola bañada en lágrimas, le dijo: „¡Pon fin á tu llanto! No pienses que tu suerte es sola digna de llorarse; reflexiona las desgracias que acaecen á otros, y sufrirás con mas paciencia las tuyas! Mis calamidades bastarán á consolarte, y ¡ojalá que no tuviese yo en mí mismo egemplares que proponerte para templar tu dolor! Pues puedo referirte los sucesos de aquel Hipólito que algunas veces habrá llegado á tus oidos, y que fue víctima de la credulidad de su padre, y de la calumnia y engaño de su madrastra. Te causará admiracion, y con dificultad podré inclinarte á la creencia; pero tengo de ello tales pruebas, como que soy el mismo Hipólito á quien la hija de Pasifae,[172] en despique de que desprecié sus ruegos é instancias amorosas, me acusó á mi padre, fingiendo y suponiendo que yo me habia atrevido contra su honor, y atribuyéndome lo que ella habia intentado y querido, recriminando contra mí su propio delito, ó por recelo de que yo no lo descubriese é hiciese creer á mi padre, ó lo que es mas regular, ofendida y resentida de mi resistencia y desprecio. Aunque yo estaba inocente, mi padre, creyendo con ligereza la calumnia, me desterró de Atenas, y al tiempo de mi partida profirió contra mí las mas horrorosas imprecaciones. Caminaba yo á mi destierro sobre mi carro, dirigiéndome á Trecene á refugiarme de mi abuelo Piteo, que reinaba en ella. Ya llegaba á las playas de Corinto cuando se alborotó el mar, y las aguas formaron una excrescencia que parecia una montaña que por momentos se iba elevando, hasta que precediendo espantosos bramidos, se rompió en lo mas alto aquel cúmulo de aguas, del que salió un terrible becerro marino armado con sus cuernos, y levantado del medio cuerpo arriba sobre las aguas, arrojaba gran porcion de ellas por las narices y boca. Llenáronse de pavor los que me acompañaban; mas yo, á quien solo afligian el cuidado y pena de mi destierro, me mantuve en mi presencia de ánimo. En esto espantándose los feroces caballos que tiraban el carro, volvieron la cabeza y cuello hácia el mar al oir el ruido, y empinadas las orejas, y espantados á la vista del monstruo, dejaron el camino, y echaron á correr, y á arrastrar el carro por asperezas y peñascos. Yo me esforzaba en vano á detenerlos, tirando de las riendas salpicadas de las blancas espumas que arrojaban, y me inclinaba hácia atras para tirar con mas fuerza. Estas diligencias no me hubieran sido inútiles, y yo hubiera conseguido detener el ímpetu y furor de los caballos; pero tuve la desgracia de que una de las ruedas que sostienen el ege se quebró y deshizo por haber tropezado en el tronco de un árbol. Esta casualidad me hizo caer del carro, y como estaba asido á las riendas y enredado en ellas, si lo hubieras presenciado hubieras visto cómo fueron arrastradas mis vivas entrañas, cómo mis nervios y miembros se iban quedando á pedazos prendidos en los troncos y puntas de los peñascos, cómo sonaban mis huesos al tiempo que se rompian y quebraban, y cómo por último exhalé el alma ya debilitada,[173] y en fin hubieras visto que no quedó de todo mi cuerpo miembro alguno que pudieras conocer, porque todos quedaron destrozados, y todo yo era una herida. ¿Puedes ahora, Egeria, ó te atreves á comparar tu desgracia con la mia? Añade tambien que bajé al reino tenebroso; que lavé mis heridas en las aguas inflamadas del Flegeton,[174] y que jamas hubiera vuelto á ver la luz del dia, si el hijo de Apolo[175] por la virtud poderosa de su arte no me hubiese vuelto la vida.[176] Como Pluton estaba indignado del beneficio que acababa de recibir, y que mi presencia pudiera inspirar envidia á las sombras, Diana, al conducirme fuera de los infiernos, me cubrió de densas nubes; y para que estuviese seguro, y pudiera sin daño ser visto, mudó esta Diosa todas mis facciones, me aumentó la edad, y me dejó enteramente desconocido. Estuvo algun tiempo perpleja sobre si me dejaria en la isla de Creta ó en la de Delos. Y por último dejando la una y la otra, y pasando adelante, me trasportó á este pais,[177] y me mudó el nombre para que el de Hipólito no recordase mis desgracias. „Tú te llamas Hipólito, me dijo; en lo sucesivo te llamarás Virbio.[178]” Desde entonces habito en este bosque, y como uno de los Dioses menores vivo aqui oculto bajo la proteccion de Diana, y estoy dedicado y adscrito á su deidad.”

Con todo, las desgracias de Hipólito no fueron bastantes para consolar el llanto de Egeria, la cual, dejándose caer en lo mas bajo de la falda de la montaña, se deshacia en lágrimas; y conmovida Diana de la piedad y cariño conyugal que la tenian en tanta afliccion, hizo de su cuerpo una fuente, y adelgazando sus miembros los redujo á un continuo manantial.

La novedad de esta transformacion admiró á todas las Ninfas de aquel bosque, y el hijo de la Amazona[179] se quedó tan pasmado como aquel labrador de Toscana cuando vió en el campo que araba un terron que primero por sí mismo y sin impulso de otro se movia, y despues dejando la forma de tierra, tomó la de hombre, y empezó á predecir lo por venir. Los naturales del pais le llamaron Tages, y fue el primero que enseñó á los etruscos el arte de adivinar. Tambien se puede comparar la admiracion de Hipólito á la de Rómulo, cuando habiendo arrojado su lanza al monte Palatino, la vió al momento echar raices, y que ya no era lanza, sino árbol, cuya sombra admiró á los que la veian, y nunca esperaron pudiera producirla una lanza.

En fin, la admiracion de Hipólito fue tan grande como la de Cipo,[180] cuando mirándose en las aguas del Tíber, vió que tenia cuernos en su cabeza. Esta maravilla la tuvo al principio por una ilusion; pero habiendo llevado muchas veces las manos á la frente, tocó con ellas lo que acababa de ver. Esta aventura, que le sucedió cuando volvia á Roma despues de haber vencido los enemigos de la patria, le obligó á detenerse; y levantando los ojos y manos al cielo, hizo esta súplica: „¡Ó Dioses! si este prodigio es un feliz presagio, consiento que lo sea para el pueblo romano; si es de mal agüero, que no sea funesto sino á mí solo.” Despues erigió un altar de césped, sobre el cual quemó incienso, derramó vino, y despues que sacrificó dos ovejas, especuló en sus entrañas lo que los Dioses le anunciaban por este extraño caso. El adivino Tirreno,[181] que las examinó al mismo tiempo, percibió que prometian, aunque de un modo oscuro, grandes destinos á Cipo; pero luego que quitó la vista de las fibras de la víctima para levantarla á los cuernos de Cipo: „Salve, le dijo; yo te saludo en calidad de Rey. Lo que te acaba de suceder me anuncia que Roma y cuanto está sujeto á su poder te reconocerán por Soberano. Apresúrate á entrar en la ciudad que te abre sus puertas: asi lo mandan los hados. Luego que llegues á la ciudad serás coronado, y tu reinado será largo y tranquilo.” Á estas palabras Cipo retrocedió, y apartando su desagradable rostro de los muros de la ciudad, dijo: „¡Ah! ¡qué funesto presagio! ¡Arrojen los Dioses lejos tal agüero! Mas bien querré pasar en destierro el resto de mi vida, que entrar en el Capitolio con el nombre de Rey.” Dijo esto, y al punto convoca al senado y al pueblo; y habiendo tenido la precaucion de cubrirse la cabeza con una corona de laurel, se puso sobre una altura hecha por los soldados.[182] Alli, despues de haber rogado á los Dioses segun costumbre antigua, habló en estos términos: „Aqui hay un hombre que será vuestro Rey si no le echais de la ciudad. Quién sea este lo mostraré por una señal, no por el nombre. Cuernos tiene en la frente, y los adivinos le han pronosticado que si entra en Roma será Rey, y os dará leyes. Pudiera haber entrado con ímpetu por las puertas abiertas; pero yo se lo he estorbado, aunque ninguno está mas unido á él que yo. Á vosotros, ó romanos, pertenece ahora estorbarle la entrada, y si lo teneis por causa suficiente para ello, aprisionadle con pesadas cadenas, ó mas bien aseguraos de tal miedo con la muerte del tirano.” Á este discurso siguió un confuso rumor de todo el pueblo, como el que hace un torbellino cuando sopla en los elevados pinares, ó como el de las olas del mar cuando se oyen desde lejos; pero entre lo mucho que confusamente articulaba el pueblo se percibia bien que todos á una voz decian: „¿Quién es ese hombre?” En esto empezaron á buscarle, mirándose y reconociéndose las frentes y cabezas unos á otros, buscando al que tenia la señal de los cuernos, y entonces Cipo, quitándose la guirnalda que los cubria, y enseñando los dos que tenia en sus sienes, les dijo: „Yo soy; miradme: aqui teneis al que buscais.” Todos bajaron la vista, y empezaron á suspirar, no atreviéndose á mirar (¡quién lo creyera!) la cabeza de aquel que tan benemérito era á la patria; y no permitiendo que estuviese mas tiempo desairado con aquella insignia tan indecorosa, se la cubrieron volviéndole á poner la guirnalda.

(139) Cipo predice al pueblo Romano tendria un Rey, y quitándose la corona, dice, vedle aqui.

Los senadores, no pudiendo permitir la entrada en la ciudad á un hombre á quien el agüero pronosticaba y destinaba la dignidad real, le concedieron y decretaron fuera de ella otra tanta tierra cuanta pudiese rayar y señalar con el sulco que uncidos al arado hiciesen dos bueyes desde salir el sol hasta ponerse; y para la perpetua memoria de este suceso hicieron esculpir en los postes de bronce de la puerta por donde debia haber entrado Cipo una estupenda figura de un hombre con cuernos.


FÁBULA II.

ESCULAPIO ES LLEVADO Á ROMA.

Musas, deidades propicias á los poetas (pues lo sabeis, y no se os olvidan las cosas por el transcurso de mucho tiempo), recordadme, para que yo pueda referirlo, de donde fue traido Esculapio á la isla que está rodeada por el Tíber, y admitido entre las deidades romanas. Una cruel peste infestó en otro tiempo todo el aire y la atmósfera de Italia, la cual causaba muchos estragos, y los cuerpos de los enfermos se corrompian, y en lugar de sangre destilaban materia. Afligidos y oprimidos los hombres con tantas muertes, despues de haber intentado en vano los medios humanos, y viendo que nada aprovechaban el arte ni los remedios, recurrieron á implorar el auxilio del cielo, y enviaron á consultar el oráculo de Apolo que estaba en Delfos, suplicándole se dignase socorrer la calamidad, dando una saludable y favorable respuesta, y poniendo fin á los males que afligian á la ciudad. Apenas se habia acabado la súplica de los diputados, cuando á un tiempo temblaron el templo, los laureles y las aljabas que él tiene, y se oyó salir del fondo de la sagrada trípode[183] esta voz, que llenó de admiracion á todos: „Romanos, lo que venis á buscar aqui lo podiais haber hallado en lugar mas cercano que este. No teneis necesidad de mi auxilio, sino del de mi hijo.[184] Id con buen auspicio, y llevad á Roma al hijo de Apolo.”

(138) Roma, afligida de la peste, envia á Delfos á consultar el Oráculo de Apolo.

Despues que el prudente senado recibió la celestial respuesta se informó con cuidado del nombre de la ciudad en que existia Esculapio, y cuando lo supo envió comisionados que navegasen á Epidauro para traerle. Luego que la nave llegó, los romanos se presentaron á los principales de la ciudad, que se habian juntado para recibirlos, y les rogaron que les diesen á Esculapio para que su presencia finalizase los crueles males que la Italia padecia, añadiendo que asi lo mandaba el oráculo de Apolo. Hubo sobre este punto muchos y varios pareceres, porque algunos fueron de opinion de que debia concedérseles el socorro que pedian, y otros muchos lo resistieron, fundándose en que no debian desprenderse ni entregar á unos extrangeros una deidad que era suya propia y el apoyo de su salud. Sin haberse resuelto cosa alguna se concluyó el dia, y llegó la temerosa noche, en la cual el Dios Esculapio apareció en sueño al principal de los legados romanos en la misma forma y figura que se le suele ver y venerar en su templo, teniendo un báculo en la mano izquierda, y componiendo su larga barba con la derecha, le dijo con semblante halagüeño: „Deja el temor: iré contigo; pero será bajo otra figura. Mira ahora esta serpiente que se enrosca al rededor de mi báculo: nótala bien con la vista para que puedas conocerla. Me transformaré en ella, aunque seré algo mayor, y pareceré tan grande como deben ser las deidades cuando se transforman.” Con esto desapareció el Dios, y con él el sueño; despertó el embajador, y llegó el dia.

Luego que la Aurora disipó las tinieblas, los próceres se juntaron en el magnífico templo de Esculapio, y le ruegan que muestre con señales en qué lugar quiere ser reverenciado. Apenas habian acabado su súplica cuando este Dios en figura de una reluciente serpiente con empinada cresta anunció su venida con espantosos silbidos. Al llegar y dejarse ver en dicha forma conmovió é hizo temblar la estatua, las aras, las puertas, el pavimento, el techo y todo el templo. En medio de este y en lo mas elevado de un altar se constituyó la serpiente, y erigiéndose del medio cuerpo arriba, empezó á volver á todos lados sus ojos, que centelleaban como fuego. Los circunstantes se llenaron de pavor, y el sacerdote que asistia, adornada su blanca cabeza y cabellera con la venda sacerdotal, conociendo que la deidad se ocultaba bajo la figura de serpiente, gritó diciendo: „Este es el Dios; este es Esculapio: todos los que os hallais presentes alabadle y veneradle, diciendo conmigo: Sea en pública utilidad, ó deidad placidísima, el que te hayas dejado ver en esta figura, y resulte de ello el que socorras á los pueblos que te veneran y celebran tus fiestas.” Todos los que estaban presentes, obedeciendo al sacerdote, veneraron á Esculapio, repitiendo la deprecacion que acababa de hacer aquel, y los romanos hicieron piadosos y religiosos votos y promesas con el ánimo y con la voz.[185] Mostró la deidad que las aceptaba con los ademanes de mover la cresta, y repetir tres silbidos como prendas y señales de su anuencia. Al momento empezó á deslizarse é irse bajando por los vistosos escalones del altar; y volviendo la vista hácia atras, miraba las antiguas aras como despidiéndose de su domicilio y del templo en que habia habitado. Desde alli siguió deslizándose y arrastrando por el suelo, que estaba sembrado de ramos y flores; y atravesando con su movimiento espiral por medio de la ciudad, se dirigió al puerto, donde paró, y con halagüeños ademanes daba á entender que despedia al acompañamiento, y á los que hasta alli le habian seguido, y entró en la nave de los romanos, que se halló sobrecargada con el nuevo peso de la deidad. Los legados se llenaron de gozo; y habiendo sacrificado un toro en la playa, soltaron las amarras de la nave, que tenian adornada con coronas y guirnaldas de flores, y se hicieron á la vela.

El buque navegaba con un suave y próspero viento; y el Dios, que iba en figura de serpiente, subiéndose á la popa, y erigiendo su cerviz, miraba desde alli las cerúleas aguas. Á beneficio del viento atravesó la nave el mar Jonio en seis dias, y llegó á las costas de Italia, por las que continuó su rumbo, dejándose atras el promontorio de Lacinia, famoso por el templo de Juno, el golfo de Esciglo, el de Calabria, y á fuerza de remos se apartó de los peñascos de Anfisa, y caminando á la derecha, pasó á la Ceraunia, el Romechio, Caulona y Naricia.[186] Y venciendo todos los peligros de estos mares, se entró en el estrecho de Peloro, que está en Sicilia, y atravesando las islas Eolias, el Temese, abundante de metales, la Leucosia, el templado Pesto, siempre floreciente por su abundancia de rosales. De alli pasó á la vista de Capri, del promontorio de Minerva y de las colinas de Surrento,[187] tan nombradas por sus buenos vinos; de la ciudad de Hércules, de Stavia y de Nápoles, ciudad deliciosa, que es la mansion de los juegos y placeres; del templo dedicado á la Sibila de Cumas; de las fuentes calientes de Bayas; de Linterno, que lleva muchos lentiscos; del Vulturno, que trae mucha arena debajo de su corriente; de la ciudad de Sinuesa, poblada de palomas blancas; de Minturna, donde el aire es grueso y nocivo; de Cayeta, donde Eneas enterró á su ama de leche; de Formium, donde reinó el cruel Antifates; de Terracina, ciudad rodeada con una laguna; del promontorio de Circe, y de Ancio, que tenia una firme playa, donde los romanos, viendo que el mar empezaba á embravecerse, se vieron obligados á entrar. Luego que tomaron tierra, Esculapio salió de la nave, y caminando con tortuosos arcos y vueltas espirales, llega al templo de Apolo su padre, que estaba en esta playa. Despues que el mar se apaciguó sale de alli, vuelve á la nave, y deslizándose por lo largo del timon, subió á la popa, y se colocó en ella mientras navegaban hácia Castro, de donde pasaron cerca de la ciudad de Lavinio, y de alli entraron en la embocadura del Tíber. Aqui salieron á recibirle todo el pueblo precipitadamente, las matronas, los senadores, y hasta las Vestales, que guardan el fuego de Vesta traido de Troya,[188] saludando todos á la recien venida deidad con una alegre vocería, y acompañando por las riberas á la nave que caminaba por el rio, quemaban incienso en las aras que á trechos y al efecto tenian prevenidas y erigidas. Á una y otra orilla habia voces y aclamaciones, y se ofrecian inciensos y víctimas, y de este modo llegó la nave á la ciudad, que era ya cabeza del orbe. En fin, luego que llegaron á Roma, Esculapio se subió á lo alto del mástil del navío, y busca al rededor lugar aparente para habitar. Dividiéndose el Tíber en dos brazos, forma en este sitio una isla, que dista á igual distancia de sus dos orillas. Aqui se fue el hijo de Apolo despues de haberse revestido de la magestad que le convenia. Puso fin á los llantos, y trajo la salud á la ciudad.


FÁBULA III.

CÉSAR TRANSFORMADO EN ASTRO.

Esculapio vino de otras regiones á ser venerado en nuestros templos; pero César es deidad propia de Roma su ciudad. Este hombre incomparable, grande en la guerra, grande en la paz, no mereció tanto ocupar un lugar en el cielo y formar en él un nuevo astro por haber triunfado de los enemigos de Roma, por haber arreglado los negocios de la república, y por haberse adquirido una gloria inmortal, como por las virtudes de su sucesor.[189] En efecto, el mayor mérito de César, su mas brillante título es ser padre de Augusto. El haber sujetado á la Gran Bretaña, el haber visto sus naves victoriosas entrar en el Nilo, el haber domado á los rebeldes numidas y vencido á su Rey Juba, el haber reducido bajo el poder de los romanos los pueblos del Ponto, soberbios con las victorias y nombre del gran Mitridates; en una palabra, el haber triunfado algunas veces, y el haber merecido tambien muchas veces los honores del triunfo, son unas acciones menos gloriosas para él, que el haber adoptado á un hombre tan grande. ¡Dioses! haciendo á Augusto el dueño del mundo, habeis atendido bastantemente á nuestra felicidad.

(140) Asesinado Julio César en el Senado Venus le transforma en cometa.

Convino pues colocar á César en el número de los Dioses para que Augusto no procediese de sangre mortal. Venus, que conocia la necesidad que habia de hacerlo, y que veia al mismo tiempo las conspiraciones que tramaban contra la vida del Soberano Pontífice,[190] estaba inquieta, y daba parte de sus inquietudes á todos los Dioses que encontraba. „Mirad, les decia, los funestos preparativos que hacen contra mí; mirad con qué furor y con qué crueldad acometen á los dias de un Príncipe, el único que me queda de la sangre de Julio.[191] ¿Por ventura he de ser yo sola siempre egercitada de justos cuidados? Yo no pude en otro tiempo preservarme de los golpes de Diomedes, cuyas flechas fueron teñidas en mi sangre. Yo no pude salvar á Troya, á pesar de los esfuerzos que hice para defenderla. Testigo de los peligros infinitos que corrió Eneas mi hijo, yo le he visto expuesto á las olas, errar de mares en mares, bajar despues á la mansion de las sombras, en fin sostener una larga y peligrosa guerra contra Turno, ó si he de confesar la verdad, con Juno mas bien. ¿Para qué me acuerdo de los daños de mi generacion? La desgracia de hoy no me deja acordar de las cosas primeras: veis que los malvados cuchillos se aguzan contra mí, los cuales os ruego que eviteis; estorbad una gran maldad, y no permitais que el fuego sagrado de Vesta se apague con la muerte del Pontífice.”

Tales eran las quejas con que Venus congojosa en vano hacia resonar el Olimpo para hacer sensibles á los Dioses de sus males. Aunque no les sea permitido mudar los decretos eternos de las Parcas, pueden sin embargo anunciar por medio de algunas señales las desgracias con que nos amenazan. Cuentan en efecto que las armas, que hacian un horroroso ruido en medio de los aires, y las terribles trompetas y tambores que se oian en el cielo[192] prenunciaron la maldad. Tambien el sol, pálido y macilento, daba una triste y lúgubre luz: muchas veces se vieron arder hachas entre los otros astros, y caer gotas de sangre mezcladas con la lluvia. El lucero no daba sino una triste luz, y el carro de la luna estaba ensangrentado. El funesto buho dió agüeros tristes en mil lugares; en mil lugares se vieron estatuas de mármol cubiertas de sudor, y se oyeron cantos y voces que amenazaban en los bosques sagrados. Las víctimas ofrecian funestos presagios, y anunciaban tumultos y sediciones. Aun en las entrañas de una de estas víctimas se vió que el cuchillo habia cortado la parte superior del hígado. Los nocturnos perros aullaban en las plazas públicas al rededor de los templos y de las casas: cuentan tambien que se vieron vagar las sombras de los muertos, y que se llenó de temblores la ciudad. No obstante los presagios de los Dioses no pudieron vencer las asechanzas y hados futuros. Llevaron al Capitolio los puñales y espadas, porque no hallaron en toda la ciudad lugar mas propio para el parricidio que el senado. Venus, testigo de estos funestos preparativos, despues de haber dado señales de su dolor hiriéndose el pecho, queria ocultar á César bajo de la misma nube con que en otro tiempo habia ocultado á Páris del furor de Menelao, y cubierto á Eneas contra los tiros de Diomedes, cuando Júpiter le habló de esta manera: „¿Pretendes, hija mia, oponerte á la sentencia irrevocable del destino? Entra en el palacio de las Parcas, y verás alli los destinos de todos los hombres tan profundamente grabados en el bronce y metal, que ni el choque de los cielos, ni la violencia del rayo, ni la ruina entera de la naturaleza son capaces de borrarlos. Hallarás alli los de tus descendientes esculpidos en perpetuo diamante: yo mismo los he leido; y como los tengo en la memoria, voy á decírtelos para que no ignores mas tiempo lo que debe sucederles. El que causa hoy tus inquietudes ha cumplido sus destinos: los dias que debia vivir en la tierra han fenecido: tú y su hijo adoptivo, que heredero del nombre de su padre sucederá en el imperio, dispondreis que como elevado al cielo se le edifiquen templos y sea venerado en ellos, y me tendrá de su partido para que con fortaleza concluya las guerras hasta dejar vengada la muerte de su padre. En su reinado, cercada y sitiada la ciudad de Modena,[193] será reducida á pedir la paz. Los llanos de Farsalia,[194] regados otra vez con sangre de Macedonia, experimentarán su castigo, y el gran Pompeyo será vencido en los mares de Sicilia.[195] Tambien será vencida Cleopatra, muger del general romano Marco Antonio, sin que le aproveche este matrimonio, y quedarán vanas y frustradas sus amenazas de hacer tributario á Egipto el Capitolio romano. ¿Para qué te numeraré los pueblos bárbaros que estan de la una y otra parte del Océano, puesto que la tierra y el mar estarán sujetas á este gran Príncipe?[196] Despues que haya dado la paz al universo, le dará leyes justas y saludables, y se aplicará únicamente á hacerlas florecer. Su virtud y prudencia serán el egemplo y las reglas de las costumbres y probidad. Llevando sus miras y prevencion á la edad de los futuros siglos, escogerá para sucesor al hijo de una esposa virtuosa,[197] al que dejará su nombre y el imperio. En fin, no será recibido en el cielo, que le pertenece, hasta que sus años igualen al número de sus heroicas acciones. En este supuesto, hija mia, encárgate entre tanto de recibir el alma de César cuando salga de su cuerpo muerto á puñaladas, y transfórmala en una estrella[198] para que tu descendiente Julio César mire siempre desde los astros el Capitolio y Foro romano.”

Apenas Júpiter habia acabado de hablar, cuando Venus descendió al senado sin ser vista de nadie; y recibiendo el alma de su César antes que se desvaneciese en los aires, la llevó á los cielos; y mientras la llevaba vió que arrojaba un gran resplandor, y la dejó tomar su vuelo. Entonces se elevó ella misma mas allá de la luna; y dejando sobre su camino una huella luminosa[199] y una especie de cabellera inflamada, fue al cielo á formar un nuevo astro; y viendo de alli las heroicas hazañas de su hijo, confiesa con placer que son mayores que las suyas, y se alegra de serle inferior. Aunque la modestia de Augusto no permite que sus hechos se prefieran á los de su padre, no obstante la fama, libre y no sujeta á mandatos algunos, lo prefiere, aunque él lo rehusa; y en esto solo no está de acuerdo con él. Asi Atreo cede á los títulos de Agamenon: asi Teseo vence á Egeo su padre: asi Peleo es inferior á su hijo Aquiles.[200] En fin, para usar de egemplos iguales á ellos, asi Saturno es menor que Júpiter. Júpiter reina en los cielos, Augusto es el dueño de la tierra: uno y otro son rectores y padres. Ruégoos, ó Dioses compañeros de Eneas, que abristeis camino por medio de los fuegos y aceros, Dioses Indígetes, Quirino, fundador del imperio romano; Marte, padre del invicto Rómulo; Vesta, y tú Apolo, que ambos estais en el número de los Dioses Penates del Emperador; Júpiter, que de lo alto del Olimpo echas miradas favorables sobre el Capitolio; vosotras en fin, divinidades benéficas, cuyo auxilio es lícito á un poeta implorar, ruégoos que se aleje mas allá de nuestra vida aquel dia en que este gran Emperador debe dejar la tierra, de la que es dueño, para ocupar su lugar en el cielo: cuando esté entre vosotros haced que favorezca á los que le ruegan.


PERORACION.

He concluido ya esta mi obra, contra la cual ninguna jurisdiccion tendrán ni podrán borrarla ni la ira de Júpiter, ni el fuego, ni el hierro, ni el tiempo consumidor. Cuando llegue aquel dia, que no teniendo derecho sobre otra cosa que sobre mi cuerpo, acabe el espacio de mi incierta vida, la mejor parte de mí será eterna y ensalzada sobre los astros, y mi nombre será indeleble. Seré leido por todo el pueblo en toda la extension de las tierras que estan sujetas á la romana potencia; y si algo tienen de verdad los presagios de los poetas, vivirá mi fama por todos los siglos.



Story DNA

Plot Summary

Numa, the new Roman king, travels to Crotona to seek wisdom, where he learns of the city's founding by Miscilo, who was divinely absolved of a crime when black condemnation balls turned white. In Crotona, Numa encounters Pythagoras, who teaches about the perpetual transformation of all things and advocates vegetarianism. The narrative then shifts to the assassination of Julius Caesar, with Venus desperately trying to prevent it. Despite divine omens, Caesar is killed, but Jupiter intervenes, instructing Venus to transform Caesar's soul into a star, prophesying that his adopted son, Augustus, will avenge him and bring peace to the empire. Venus fulfills the command, and Augustus rises to power, fulfilling the prophecy and surpassing his deified father's fame, concluding Ovid's grand work with an assertion of its own immortality.

Themes

transformationdivine interventionfate vs. free willlegacy

Emotional Arc

uncertainty to divine affirmation

Writing Style

Voice: third person omniscient
Pacing: slow contemplative
Descriptive: lush
Techniques: digressions, invocation of muses/gods, cataloging

Narrative Elements

Conflict: person vs society | person vs supernatural | person vs fate
Ending: moral justice | triumphant
Magic: divine intervention (Hercules in dreams, Hércules changing voting balls), transformation (black balls to white, Egeria to fountain, Romulus's spear to tree, Cippus's horns, Caesar to star), prophecy, omens and portents, talking animals (implied in fables, though not explicit in this excerpt)
black and white balls (justice, fate)the star (deification, immortality)the changing world (Pythagoras's philosophy)

Cultural Context

Origin: Roman
Era: timeless fairy tale

This book connects the mythological past with the historical present of Ovid's time, specifically the transition from the Roman Republic to the Empire under Augustus, deifying Julius Caesar and legitimizing Augustus's rule. Pythagoras's teachings on metempsychosis (transmigration of souls) and the changing nature of reality serve as a philosophical framework for the various transformations in the *Metamorphoses*.

Plot Beats (13)

  1. Numa, the new King of Rome, travels to Crotona to learn about the nature of things and the city's origins.
  2. An old man recounts the story of Miscilo, who was commanded by Hercules in a dream to leave his homeland and found a new city.
  3. Miscilo faces a death penalty for attempting to emigrate, but during his trial, all the black condemnation balls miraculously turn white, absolving him.
  4. Miscilo sails to Italy, finds the tomb of Croton, and founds the city named Crotona as instructed by Hercules.
  5. The old man then introduces Pythagoras, who lives in Crotona and teaches about the perpetual transformation of all things and advocates vegetarianism.
  6. The narrative then shifts to the assassination of Julius Caesar, with Venus expressing her distress to the other gods.
  7. Omens and portents warn of Caesar's impending death, but the conspirators proceed with their plan.
  8. Jupiter reassures Venus, explaining that Caesar's fate is sealed but that his adopted son, Augustus, will avenge him and bring peace to the empire.
  9. Jupiter instructs Venus to transform Caesar's soul into a star.
  10. Caesar is assassinated in the Senate.
  11. Venus descends, takes Caesar's soul, and transforms it into a new star in the heavens.
  12. Augustus, Caesar's successor, fulfills Jupiter's prophecy by achieving great victories and establishing peace, surpassing his father's fame.
  13. Ovid concludes his entire work, asserting its immortality and his own lasting fame.

Characters

👤

Numa

human adult male

A man of mature years, likely of sturdy build befitting a Roman leader, with a thoughtful and contemplative demeanor. His features would suggest a Sabino heritage, perhaps with a strong nose and defined jawline.

Attire: A simple, dignified toga of undyed wool, perhaps with a narrow purple stripe (clavus) indicating his status as a Roman leader, but not ostentatious, reflecting his focus on wisdom over pomp. Sturdy leather sandals.

Wants: To understand the nature of things and govern Rome justly, not content with superficial knowledge.

Flaw: His deep contemplation might make him seem slow to act in urgent situations, or overly reliant on spiritual guidance.

The story primarily shows him seeking wisdom, establishing his character as a wise ruler rather than undergoing a significant personal transformation within this excerpt.

His thoughtful, contemplative expression, perhaps with a scroll or stylus in hand, symbolizing his pursuit of knowledge.

Wise, inquisitive, philosophical, discerning, pious.

👤

Miscilo

human adult male

A Greek man, likely of average build, who appears distressed and humble during his trial, but determined when setting out on his journey.

Attire: During his trial, he wears 'asqueroso trage y estado de reo' (filthy attire of a defendant), implying simple, possibly torn or dirty, common Greek clothing of the period. Later, for his voyage, practical Greek traveler's attire: a chiton, possibly a chlamys (cloak), and sturdy sandals.

Wants: To obey the divine command of Hercules and establish a new city, despite the personal risk and legal prohibitions.

Flaw: Fear of breaking the law and the penalty of death, which initially makes him hesitate to follow divine instructions.

Transforms from a fearful man hesitant to break the law into a divinely guided founder of a new city, saved by a miracle.

His hands raised to the heavens in supplication, with a look of desperate hope, as the black voting balls turn white.

Pious, obedient (eventually), fearful, determined, grateful.

✦

Hercules

deity ageless male

A powerful, muscular, and heroic figure, embodying strength and divine authority. His physique would be exceptionally robust, indicative of his twelve labors.

Attire: Often depicted with a lion's skin draped over his shoulders or as a cloak, and carrying a club. Simple, heroic attire that emphasizes his strength.

Wants: To fulfill prophecies and establish new cities, guiding his favored mortals.

Flaw: Not explicitly shown in this excerpt, but his demanding nature can cause fear.

Remains a consistent divine figure, acting as a catalyst for Miscilo's journey.

Draped in a lion's skin, holding a massive club, with an imposing, muscular physique.

Authoritative, demanding, protective (of those he favors), powerful, benevolent (when obeyed).

👤

Pythagoras

human elderly male

An elderly man, likely lean from a life of contemplation and simple living. His appearance would suggest wisdom and a deep connection to the natural world, perhaps with a serene and profound gaze.

Attire: Simple, unadorned Greek philosopher's attire, likely a chiton and a himation (cloak) of plain, undyed linen or wool, reflecting his ascetic and philosophical lifestyle.

Wants: To teach his doctrine of perpetual transformations and the nature of the universe to his disciples.

Flaw: His abstract teachings might be difficult for some to grasp, and his voluntary exile suggests a detachment from worldly affairs.

Serves as a fount of wisdom, his character is established as a teacher rather than undergoing personal change.

His long white beard and hair, with a serene, profound expression, gesturing thoughtfully as he speaks.

Wise, philosophical, contemplative, influential, ascetic.

✦

Egeria

nymph ageless female

A beautiful nymph, likely with features that suggest a connection to nature and water. Her form would be graceful and ethereal, reflecting her divine nature.

Attire: Flowing, light garments, perhaps made of sheer fabric in shades of green or blue, reminiscent of water or forest elements, befitting a nymph.

Wants: To mourn Numa, her beloved, and to express her profound sorrow.

Flaw: Her overwhelming grief, which consumes her to the point of transformation.

Transforms from a grieving nymph into a perpetual spring, her tears becoming the source of the water.

Her form dissolving into a flowing stream of water, her tears becoming the spring.

Devoted, sorrowful, inconsolable, persistent in her grief.

👤

Julius Caesar

human adult male

A powerful and commanding Roman general and statesman, with a strong, authoritative presence. His build would be athletic and imposing, reflecting his military career.

Attire: A richly embroidered toga praetexta (with a broad purple stripe) or a military tunic and cloak (paludamentum) in crimson or purple, signifying his high rank and authority. Gold rings and perhaps a laurel wreath.

Wants: To lead and expand the Roman Empire, to achieve greatness and secure his legacy.

Flaw: His ambition and power make him a target for assassination.

Assassinated in the Senate, but then divinely transformed into a star, ascending to godhood and becoming a celestial guide for his adopted son.

His body, pierced by daggers, with his soul rising as a brilliant star towards the heavens.

Ambitious, powerful, destined, intelligent, commanding.

✦

Venus

deity ageless female

A goddess of immense beauty and grace, with an ethereal and radiant presence. Her form would be perfectly proportioned and captivating.

Attire: Flowing, diaphanous robes of fine silk, perhaps in shades of rose or gold, that emphasize her divine beauty and grace, adorned with subtle, elegant jewelry.

Wants: To protect her descendant, Julius Caesar, and to ensure his proper ascension and legacy.

Flaw: Her deep emotional attachment to her descendants, which causes her pain and makes her wish to defy fate.

From a grieving and protective mother figure, she becomes the agent of Caesar's apotheosis, transforming his soul into a star.

Her radiant form, descending from the heavens to cradle Caesar's soul, which then transforms into a luminous star.

Maternal, protective, sorrowful, determined, powerful, divine.

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Jupiter

deity ageless male

The king of the gods, an imposing and majestic figure of immense power and authority. His physique would be robust and commanding, radiating divine might.

Attire: A flowing, rich toga or cloak of deep purple or blue, adorned with celestial motifs or gold embroidery, signifying his supreme status. He might carry a scepter.

Wants: To maintain the cosmic order and ensure the fulfillment of destiny, guiding the fates of gods and mortals.

Flaw: Not explicitly shown in this excerpt, but his adherence to fate can seem unyielding.

Remains a consistent figure of ultimate authority, revealing the unchangeable decrees of fate.

His majestic form, seated on a throne or standing, with a full beard and piercing eyes, holding a scepter or a lightning bolt.

Authoritative, omniscient, just (in his own divine way), calm, decisive, prophetic.

👤

Augustus

human young adult male

A young Roman man, destined for greatness, with a noble and composed appearance. His build would be athletic but perhaps less rugged than Caesar's, reflecting his role as an emperor rather than a battlefield general.

Attire: A dignified toga praetexta, perhaps later an imperial toga with more elaborate purple and gold embroidery, signifying his status as the heir and future emperor. He would wear fine leather calcei (senatorial shoes).

Wants: To avenge his father's death, bring peace to the universe, and establish a lasting empire.

Flaw: His modesty, which makes him reluctant to accept praise above his adoptive father.

Destined to avenge his father, conquer vast lands, bring peace to the world, and establish a golden age, eventually ascending to the heavens himself.

His youthful, noble face with a composed expression, wearing a dignified toga, symbolizing the dawn of a new imperial era.

Modest, destined, intelligent, strategic, just.

Locations

City of Croton

outdoor Implied Mediterranean climate

A Greek colony founded on the Italian coast, near the mouth of the Esar river, where the tomb of Croton was found. It is a celebrated city, rich in ancient traditions.

Mood: Historical, traditional, a place of learning and ancient stories

Numa travels here to learn about the nature of things and the city's origins, hearing the story of Miscilo and Pythagoras's teachings.

Esar river tomb of Croton Greek colonial architecture Italian coastline

Argos Courtroom

indoor daytime Implied temperate climate

An ancient courtroom in Argos, where legal judgments are made using an urn for voting. The custom involves judges casting black balls for condemnation and white balls for acquittal.

Mood: Tense, formal, judicial, with an underlying sense of divine intervention

Miscilo is tried for attempting to emigrate, and a divine miracle by Hercules transforms all the black condemnation balls into white acquittal balls.

urn for voting judges' benches Miscilo in prisoner's attire stone walls natural light from an opening

Roman Senate House (Curia Hostilia)

indoor daytime Implied temperate, possibly stormy or ominous weather outside

The Roman Senate House, described as the most fitting place for the 'parricide' of Caesar. It is where the assassination takes place, witnessed by Venus.

Mood: Ominous, conspiratorial, tragic, filled with foreboding

Julius Caesar is assassinated here by conspirators, despite divine omens and Venus's attempts to intervene.

senators' benches statues (possibly marble, sweating) central open space marble floors lofty ceilings

The Heavens/Cosmos

transitional night Eternal cosmic conditions

The celestial realm where Jupiter resides and where Caesar's soul is transformed into a star. It is a place beyond the moon, with luminous trails and new constellations.

Mood: Divine, eternal, majestic, luminous, transformative

Venus carries Caesar's soul into the heavens, where it transforms into a new star, destined to watch over the Roman Capitol and Forum.

moon stars constellations luminous trails celestial spheres