LIBRO DECIMOTERCIO

by Ovid · from Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4)

myth transformation solemn Ages all ages 13106 words 57 min read
Cover: LIBRO DECIMOTERCIO

Adapted Version

CEFR A1 Age 5 194 words 1 min Canon 25/100

Long ago, after a big war, two brave heroes had a task. Who would get the shiny, special armor? This armor was very important. It was a prize for a great hero. The armor shone like the sun. It was made for a strong fighter. Ajax and Ulysses stood before the other heroes. They stood in a big circle. All the heroes watched them. Ajax and Ulysses both wanted the shiny armor. It belonged to the great hero. He was a very brave man. The other heroes listened well. They listened very carefully. Ajax was very strong. He had big muscles. Ulysses was very smart. He had many good ideas. They both spoke about their strengths. They told everyone what they could do. They wanted the armor very much. It was a big decision. Everyone waited to hear. The air was quiet. All eyes were on them.

Ajax stood up tall. He was a big, strong hero. He had a loud voice. He spoke to all the heroes. He said, "I am very brave." "I fought many, many bad guys." "I saved our friends often." "I am a strong warrior." "I am not afraid

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LIBRO DECIMOTERCIO.

ARGUMENTO.

Despues de la muerte de Aquiles, ocasionada por Neptuno, Ayax y Ulises tienen una contienda sobre sus armas. Habiendo Ayax muerto por esta causa, su sangre se convierte en la flor llamada jacinto. Despues de la ruina de Troya Hécuba se transforma en perra, cuya desgracia como fuese llorada de todos los Dioses, la Aurora lloraba tan solamente á Memnon, ya convertido en ave. Eneas, saliendo prófugo de Troya, se presenta á Anio, cuyas hijas habian sido transformadas en palomas; desde alli penetra á varios lugares célebres por las transformaciones. Luego que por remate de sus viages arribó al Lacio, emprende la guerra contra Turno.


FÁBULA PRIMERA.

AYAX Y ULISES SE DISPUTAN LAS ARMAS DE AQUILES.

Sentáronse los capitanes griegos, y las tropas, que estaban en pie, formaban en círculo, cuando Ayax, señor del siete veces doblado escudo,[33] no cabiendo en sí de enojo, se levanta, tiende la vista con ceño airado á la playa de Sigeo en que estaba la armada, y alargando las manos hácia la escuadra: „¡Ó Júpiter[34] exclama: ¿cómo se permite que teniéndose esta controversia á la vista de esas naves, se quiera Ulises comparar conmigo? ¿Ese Ulises, que no tuvo valor para oponerse al incendio que Hector las puso, y del que yo las liberté y reservé de sus voraces llamas? El pelear con voces de elocuencia y vanagloria es cosa mas fácil y hacedera que el combatir con las manos armadas de valor; ni á mí me será fácil aquel modo, ni él podrá adelantar ni hacer cosa alguna por este medio, y cuanto yo le excedo en los combates, tanto vale él en su facundia y sus astucias.[35]

(121) Ayax y Ulises pretenden las armas de Aquiles; se le adjudican á Ulises.

„No juzgo del caso, ó griegos, el recordaros mis hazañas, porque todos vosotros las habeis visto. Ulises será quien tenga necesidad de contar las suyas, pues las hizo de noche, y sin testigos que pudiesen publicarlas.[36] Confieso que es grande el premio que pido; pero deja desairado mi honor, y me roba mucha parte de él el atreverse Ulises á hacerme competencia en una cosa, que aunque para él es grande, el obtenerla yo no aumentará mi gloria. Él ya se ha llevado la recompensa de esta contienda; porque cuando fuere vencido se dirá que compitió conmigo, y bastante fama adquiere con esto. Mas yo, aun cuando se pudiese poner en duda mi valor, siempre seria preferido por mi nobleza como hijo de Telamon, que militando bajo las banderas del valeroso Hércules, se halló en la toma de Troya, y ademas fue á la expedicion de los Argonautas á la isla de Colcos. Mi abuelo es Eaco, uno de los tres jueces de aquella triste mansion, en que Sísifo, hijo de Eolo, se afana en vano en subir á la cumbre un gran peñasco. Júpiter reconoció á Eaco por hijo suyo, y de este modo vengo á ser el tercero despues de Júpiter. Pero no quiero, griegos, que esta noble descendencia me aproveche ni sirva para mi causa, si al mismo tiempo no estoy enlazado con el grande Aquiles. Primo mio era como hijo de un hermano de mi padre, y pido sus armas como por un derecho hereditario. ¿Quieres tú, Ulises, ingerirte en los derechos y timbres de una agena familia y de la gente de Eaco, siendo tú descendiente de Sísifo, y muy parecido á él en los fraudes y los hurtos? ¿Acaso el haberme yo alistado primero que tú á esta guerra para concurrir á ella sin que fuese necesario buscarme y descubrirme,[37] deberá ser motivo para que se me nieguen estas armas? ¿Será mas digno de ellas el que tomó las suyas despues que yo, y el que rehusó venir á la guerra aparentando una locura, hasta que Palamedes, mas astuto que él, aunque sin utilidad suya, antes bien en su perjuicio,[38] descubrió la estratagema de su ánimo cobarde, y le trajo contra su voluntad? No será seguramente razon que lleve y se le den estas honrosas armas al que tanto rehusaba tomar otras, ni concurrir á esta guerra, y que yo que vine primero, y me expuse á los mayores peligros, padezca el deshonor de verme privado de ellas, y de un don que se me debe por derecho de parentesco. ¡Ojalá que la locura de Ulises hubiera sido cierta, ó se la hubiese creido por tal, y que este consejero de maldades[39] no hubiese venido con nosotros á esta guerra contra Troya; porque entonces Filoctetes, hijo de Pean, no estuviera detenido en la isla de Lemnos[40] con afrenta y desdoro nuestro! Alli, segun se dice, encerrado en las silvestres cuevas, pones en movimiento á los mismos peñascos con tus gemidos, y demandas á Ulises el castigo que merece, y á la verdad que si hay justicia en las deidades, no las demandas en vano. El mismo Filoctetes (¡ay de mí!), que juró en nuestra coalicion, y que era uno de los próceres de ella, sucesor y poseedor de las flechas de Hércules, tan necesarias para la empresa, consumido al presente de enfermedad y hambre, se viste de las plumas, y se alimenta de la carne de las aves, en cuya caza emplea las flechas que deberian servir, segun los hados, contra Troya, y sin las que no puede ser tomada. Pero al fin él vive, y vive porque no siguió ni acompañó á Ulises, y fue abandonado por este. El desgraciado Palamedes querria tambien haber sido desamparado como Filoctetes, pues entonces viviria, ó á lo menos aunque hubiese muerto, hubiera sido con mas honra, y sin la mancha y calumnia que le forjó Ulises en venganza de haberle descubierto y convencido en su fingida locura, atribuyéndole que tenia trazada la traicion de vender y entregar á los troyanos el campo griego, cuya calumnia y ficcion persuadió manifestando el oro de la venta, que él mismo habia hecho poner y ocultar en la tienda de Palamedes. De esto se infiere y deduce que para lo que sirve es para privarnos de los mejores soldados, desterrando á unos y quitando la vida á otros: ¡asi pelea, y asi es temible Ulises! Aunque sea mas elocuente que Nestor, no podrá sincerarse con su elocuencia del delito é ignominia de haberle dejado desamparado, y no haberle ayudado en el peligro en que se vió; pues aunque fatigado con su vejez, herido su caballo y sin poder huir, llamaba á Ulises en su socorro, este huyó y le dejó en el peligro. No es esto una cosa que yo haya fingido: Diomedes, hijo de Tideo, es buen testigo de ello, el cual, aunque le llamaba y reprendia porque asi dejaba abandonado á Nestor, nada consiguió, ni pudo detenerlo en su cobarde fuga.

„Los Dioses miran con justicia las cosas humanas. Ulises necesita ahora el socorro que antes negó á Nestor; y como él le desamparó, asi debia él tambien ser desamparado, y sufrir la ley que él mismo se habia impuesto. No obstante llama á sus compañeros; voy á su socorro; lo veo amilanado, pálido con el temor, y horrorizado de la muerte que le amenazaba; opongo en su defensa la mole de mi escudo, con el que cubrí al que estaba tendido en el suelo, y libré de la muerte (poca alabanza merezco por esto) á un soldado bien cobarde. Si con esto no desistes afrentado de tu temeraria pretension, volvamos otra vez al lugar donde fue la pelea: vuélvete á poner á la vista del enemigo que te hirió y te causó tanto temor, ampárate de mi escudo, y pelearás defendido con él. Despues que le liberté, el que antes no podia tenerse en pie por las heridas, no le fueron impedimento estas para huir con la mayor velocidad.

„Se presenta Hector, trayendo en su favor todas las deidades. Por donde quiera que se arroja no tú solo tiemblas, Ulises, sino tambien los mas esforzados. ¡Tan grande es el terror que causa! Salgo al encuentro á este enemigo, que venia orgulloso con tanta carnicería como habia causado, y le derribé boca arriba, tirándole una gran piedra. Yo solo salí á su desafio, al que provocaba á todos los capitanes griegos uno á uno: vosotros hicisteis votos porque me tocase á mí la suerte, y con efecto me tocó, y se cumplieron vuestros deseos. Si me preguntais cual fue el fin del desafio, basta deciros que tengo la gloria de no haber sido vencido por él. Cuando los troyanos, auxiliados del mismo Júpiter, acometieron á hierro y fuego á la escuadra griega ¿adónde estaba entonces el elocuente Ulises? Yo solo la salvé[41] con mi valor y denuedo, asegurando vuestra vuelta. ¿Podreis negarme las armas que pido en recompensa de las mil naves libertadas? Si me es lícito decir verdad, mas cuenta tengo con el honor de las armas que con el propio mio; á lo menos la gloria es igual, puesto que Ayax es solicitado para las armas, y no las armas para Ayax. Compare ahora Ulises con mis hazañas el haber muerto á Reso y al cobarde Dolon, y asimismo haber hecho prisionero á Heleno, hijo de Príamo, y haber robado la efigie de Palas: todo esto lo hizo de noche y acompañado de Diomedes. Si por tan leves hazañas se han de dar estas armas, divididlas, y dad la mayor parte á Diomedes; pero á Ulises ¿para qué le sirven, cuando es un soldado que no pelea con armas, sino que solo tiene habilidad para engañar al incauto enemigo con hurtos y traiciones? El mismo resplandor del morrion que brilla con el luciente oro descubrirá y manifestará al engañador cuando con él oculte su semblante. La cabeza de Ulises no podrá sufrir el gran peso de aquel, y tambien la lanza Pelia[42] será pesada y gravosa á sus débiles brazos; ni el escudo en que está grabado todo el mundo será conveniente á su siniestra tímida, y acostumbrada solo á hurtos y vilezas. ¿Por qué te atreves, obstinado, á pretender un premio y unas armas que no puedes manejar, y que te han de debilitar? Pero si el pueblo griego, juzgando erradamente, te concediere estas armas, servirán en tí para verte despojado de ellas, y no para infundir con ellas miedo y terror á los enemigos; y si recurres, cobarde, á la fuga, que es en lo que á todos llevas ventaja, te será impedimento para emprenderla su pesadez. Añade á esto que tu escudo, como que rara vez se ha visto en combates, está entero é intacto, y el mio, acribillado á flechazos, necesita ya arrinconarse por inútil, y que se me dé otro nuevo. Últimamente ¿para qué nos cansamos en palabras? sean las obras las que decidan esta controversia; arrójense esas armas del valeroso Aquiles en medio del campo enemigo, y mandad que sea condecorado con ellas aquel que consiga arrojarse sobre las mismas y recuperarlas.”

Con esto puso fin Ayax á su discurso, y sus últimas palabras fueron acompañadas é interrumpidas con los clamores y gritería de todo el vulgo. Entonces levantándose Ulises, y fijando por un pequeño espacio y como pensativo sus ojos en la tierra,[43] los alzó despues á los jueces; y viendo que estaban esperando que hablase, dijo con mucha gracia y elegancia lo siguiente.


DISCURSO DE ULISES.

„Griegos, si mis votos y deseos, y tambien los vuestros, hubiesen sido oidos por los Dioses, no habria necesidad de entrar en esta competencia sobre dar sucesor á estas armas; y tu, ó invencible Aquiles, gozarias de ellas y nosotros de tí; pero pues á mí y á vosotros los adversos hados nos negaron estos deseos, y nos privaron de tan esforzado guerrero (al decir esto fingió que lloraba, y se enjugaba las lágrimas con la mano), ¿quién mejor podrá suceder á Aquiles que aquel por cuyo medio vino y fue traido á vuestro campo? Á Ayax no debe servir ni aprovecharle que, como ciertamente lo es, haya parecido estúpido en su arenga, y tampoco á mí debe perjudicarme, ó griegos, mi ingenio, que siempre os fue provechoso, ni mi elocuencia, tal cual ella sea, excite envidia y desconcepto porque ahora la emplee en mi defensa, cuando tantas veces la he empleado en la vuestra, y no es vituperable el que cada uno en alguna ocasion haga alarde de sus propias hazañas, porque el linage, la antigua ascendencia, y lo que nosotros no hemos hecho, con dificultad podremos llamarlo nuestro.[44] Pero pues Ayax se ha jactado, y ha alegado por mérito que es segundo nieto de Júpiter, debo decir que el mismo Júpiter es tronco de mi descendencia, y que Ayax y yo estamos con él en igual grado, porque yo tuve por padre á Laertes, de quien lo fue Arcesio, y este fue hijo de Júpiter, con la circunstancia de que en esta mi ascendencia no hubo ninguno que fuese condenado y desterrado.[45] Mercurio es tambien otro blason que se me añade por parte de madre; de modo que por ambas líneas soy descendiente de los Dioses. Pero no solicito estas armas porque mi padre no haya incurrido en fratricidio alguno como el de aquel: nada de esto quiero me valga, ni que se decida esta causa por otra cosa que por los méritos; pero tampoco deberá aprovechar á Ayax el que su padre Telamon fuese hermano de Peleo, ni en esta controversia debe servir el órden ni derecho de parentesco, sino solo el honor, el valor y el mérito personal; porque si estas armas se hubieran de dar por herencia ó por deudo, estando vivos Peleo y Pirro, aquel padre, y este hijo del magnánimo Aquiles, ¿que entrada puede tener el derecho de herencia que reclama Ayax? Por lo mismo estas armas deberian enviarse á Ptian ó á la isla de Esciros,[46] donde residen respectivamente aquellos dos. Tambien Teucro es primo hermano de Aquiles lo mismo que Ayax, y con todo ¿pide acaso estas armas, ni recuerda semejante derecho para conseguirlas? La controversia se versa sobre los méritos de cada uno, y sobre si las hazañas en que Ayax tiene tanta confianza son mayores que las mias. No me será fácil, ni de pronto podré acordarme de los servicios y méritos que tengo contraidos por la causa comun de toda la Grecia; pero me servirá para referir algunos el órden y la serie con que fueron sucediendo.

„Tetis, habiendo sabido por el oráculo que su hijo[47] habia de morir en esta guerra, para preservarle de que viniese á ella le ocultó, vistiéndole de muger, en la isla de Esciros, con cuya falacia habia engañado á todos, y tambien al mismo Ayax; pero no á mí, que trasluciendo el artificio, usé el de fingirme mercader; y entrando con requisitos y adornos del otro sexo, ocultas entre ellos unas armas, al ver que eligió una lanza y un escudo, descubriéndole por este medio, le dije: „Hijo de Tetis, á tí reservan los hados el suceso de la guerra;[48] sin tí no puede ser tomada Troya; ¿por qué pues te ocultas, y rehusas ir á destruirla?” Y asiéndole por la mano, os traje al esforzado de quien se esperaban las pasmosas hazañas que su valor ha egecutado en esta guerra; de forma que puedo alabarme de que cuanto ha hecho Aquiles ha sido egecutado por mí. Yo soy[49] el que vencí al valiente Telefo en el combate de la lanza, y el que, movido de sus ruegos, le curé y sané despues de vencido. Á mí debe atribuirse la conquista y ruina de Tebas, la de Lesbos, la de Ténedos, Crisa y Cila,[50] ciudades dedicadas á Apolo, y tambien la de Esciros; y del mismo modo y por la misma razon debe atribuírseme la conquista de Lirnesa y la entera destruccion de sus muros; y sin recordaros otras muchas hazañas, debeis haceros cargo de que yo fuí el que maté á Hector, trayendo á vuestro campo quien le venciese y diese la muerte. Pido estas armas por aquellas con que descubrí á Aquiles, y con que le armé y traje á esta guerra; cuando era vivo se las dí, y debo reclamarlas despues de su fallecimiento.

„Todos los griegos, sabido el robo de Elena,[51] tomaron parte en el dolor y afrenta de Menelao, y mancomunados todos, armaron una escuadra de mil naves, con la que llenaron el puerto de Aulide; pero fueron en él detenidas, porque ó no soplaban los vientos, ó los que soplaban les eran contrarios; sobre lo que consultado el oráculo, respondió que los vientos serian favorables, sacrificando á Diana la inocente hija de Agamenon. Resistíase á esto su padre, y se enfurecia contra los mismos Dioses, adelantándose en él el cariño y piedad de padre al caracter de Rey; pero yo le trastorné, y convencí con mi sagacidad á que pospusiese el cariño paternal, y antepusiese á él la utilidad de la causa pública. Confiésolo, y perdóneme Agamenon esta confesion, que manejé y obtuve una dificil causa ante un juez adverso; pero pude convencerlo á que apreciase mas su alabanza que su propia sangre, ponderándole con mis persuasiones la utilidad comun, el agravio y afrenta de su hermano, y la confianza que en él habia depositado toda la Grecia, dándole el mando, y haciéndole caudillo de la comun empresa. Convencido y conforme el padre con el sacrificio de su hija, se me encargó que fuese á convencer á la madre, para la cual no valian persuasiones, y por lo mismo era menester echar mano de las astucias; y si á esta comision hubiera ido Ayax, nada hubiera concluido, y aun no nos hubieran venido los vientos favorables que necesitaban nuestras velas, y estaríamos detenidos en Aulide.

„Encargóseme tambien que fuese de embajador á Troya, y requiriese á esta corte sobre la restitucion de Elena: penetré en ella cuando aun estaba abundante y llena de esforzados guerreros, y alli perorando sin temor y con energía la causa que me habia encargado toda la Grecia, acusé á Páris; pedí la restitucion de Elena, y reclamé la devolucion del rico equipage que con ella habia sido robado. Con el fuego y energía de mi persuasion intimidé al Rey Príamo y á Antenor su pariente, y los convencí á que se resolviesen á restituirnos á Elena; pero Páris, sus hermanos y los demas que le acompañaron en el robo se opusieron, y quisieron acometernos y maltratarnos. Bien te acuerdas de esto, Menelao, y por mas señas que aquel dia estuviste conmigo en el primer aprieto y peligro. Seria prolija en demasía mi narracion si hubiese de referir las muchas cosas que con mis consejos y con mis manos hice y obré en utilidad de toda la Grecia en el largo tiempo de esta guerra. Despues de los primeros combates se encerraron los troyanos en sus murallas, sin querer presentarse en campo abierto hasta el décimo año. ¿Qué hacias entre tanto, Ayax, puesto que ninguna otra cosa sabes sino pelear? ¿De qué utilidad eras, y para qué cosas servias? Pues si á mí me preguntas qué era lo que yo hacia en el tiempo que tú eras inútil, yo me empleaba en tramar asechanzas al enemigo; en ceñir y fortificar los fosos; consolar á los aliados para que sufriesen con tolerancia tan larga guerra; enseñar y proyectar los medios de abastecer nuestro campamento, y los de armarnos; y últimamente yo acudia á cuanto exigia la necesidad del egército, y á cuanto requeria el uso de mi persona.

„Agamenon, fingiéndose avisado por Júpiter en un falso sueño, propuso en el congreso de los griegos que se desistiese de la comenzada guerra, cuya opinion pudo sostener é hizo prevalecer, haciendo á Júpiter autor de ella. Ayax para contradecirla, é insistir en que se continuase la guerra hasta la destruccion de Troya, dijo que pelearia, que era lo único que podia hacer; pero ¿con esto detendria á los que ya empezaban á retirarse? ¿Cómo es que no pudo detenerlos tomando él mismo las armas, y exhortándolos á que imitasen su egemplo? No era esto mucho pedir á quien solo proferia baladronadas. Pero ¿cómo habia de detenerlos y esforzarlos á continuar la guerra, cuando él mismo era uno de los que iban huyendo? Yo lo ví, Ayax, y me llené de vergüenza al ver que volvias las espaldas, y te disponias á soltar con afrenta las velas á tus naves. Entonces sin detenerme esforcé mi voz diciendo: „¿Qué es lo que haceis, griegos? ¿Qué locura es la que os incita á dejar el cerco de Troya, que ya está para ser tomada? ¿Qué es lo que llevais á vuestras casas sino afrenta y deshonra despues de diez años de guerra?” Con estas y otras expresiones, en que el dolor me hizo prorumpir con energía y elocuencia, conseguí detener y reducir á los que ya habian vuelto las espaldas, y puesto las naves en disposicion de retirarse. Con esto Agamenon mudó de intento, y empezó á convocar y reunir á los aliados que estaban llenos de terror: Tersitas persistia prorumpiendo en dicterios contra Agamenon y los demas Reyes, sin que Ayax se atreviese á contenerle ni á hablarle una palabra; pero yo le hice callar, castigándole su insolencia. Redoblé entonces mi energía; y exhortando contra el enemigo á los temerosos soldados, les volví á infundir con mi voz el valor que ya tenian desmayado y perdido.

„Desde este momento cuento por mio todo lo que Ayax hizo ó pudo hacer con valor y fortaleza, porque yo fuí quien le detuvo en su fuga, y á quien por lo mismo deben atribuirse sus hechos posteriores. Ninguno de los griegos pidió ni escogió á Ayax para alguna empresa; pero á mí Diomedes me eligió para las suyas, y partió conmigo sus hazañas, emprendiéndolas con la confianza y seguridad de que llevaba por compañero á Ulises. Es cosa muy singular y honrosa el que entre tantos millares de griegos yo solo fuese el elegido por Diomedes, sin comprometer esta eleccion á la suerte.[52] Salí acompañándole; y trepando los dos por los peligros de la noche y del enemigo, maté á Dolon, troyano, que con el mismo intento que nosotros habia salido á ser espía de nuestro campo; pero no le maté hasta haberle precisado á descubrir todos los secretos, y hasta saber de él cuáles eran los proyectos de la pérfida Troya. Habiéndolos comprendido, y no teniendo mas que saber, podia ya retirarme cubierto de este honor y satisfaccion. Pero no contento con ello, penetré hasta la tienda de Reso,[53] y le asesiné y á sus compañeros en sus mismos reales; con lo que vencedor, y cumplidos mis votos y deseos, me entré en su carro, y me volví en él en triunfo. Negadme ahora las armas de aquel héroe, cuyos caballos habia pedido Dolon, y le habian ofrecido los troyanos por precio y premio en el caso de victoria, y sea enhorabuena mas acreedor á ellas Ayax, y mas dignos de atencion sus méritos. ¿Qué necesidad hay de haceros á la memoria las huestes de Licio Sarpedon, destruidas y desbaratadas con mi espada? Con derramamiento de mucha sangre hice caer y dí la muerte á Ceramon, hijo de Ifitis, á Alastor, á Cromio, á Alcandro, á Halio, á Noemon, á Pritanis, á Chersidamante, á Toon, á Charope y á Ennomon, que habia venido con funesta estrella, y por último á otros muchos de menos fama, que murieron á impulsos de mi valor bajo las mismas murallas de Troya. Griegos, no quiero persuadiros ni sorprenderos con vanas palabras; hablen por mí las heridas que he recibido peleando; aqui está mi cuerpo lleno de ellas, y toda la parte anterior de él; miradlas (esto dijo desabrochándose el vestido); estas son las que ha recibido mi pecho combatiendo en vuestra defensa.

„Pero Ayax en todo el tiempo que ha durado esta guerra no ha derramado ni una gota siquiera de su sangre, y por lo tanto tiene el cuerpo sin cicatriz alguna. ¿Qué importa que se jacte de que defendió y libertó nuestras naves de los troyanos y de Hector, que venia auxiliado del mismo Júpiter? No puedo negarle ni dejar de confesar esta hazaña, porque no soy tan maligno que vitupere los esforzados hechos; pero no es razon que se atribuya á sí solo la gloria y el honor, que debe comunicar con alguno de nosotros que concurrieron con él á aquel suceso. Patroclo, nieto de Actor, armado con las armas de Aquiles, repelió y detuvo el ímpetu de los troyanos y de su defensor Hector, é impidió el proyecto de poner fuego á nuestras naves. Tambien se jacta Ayax, sin hacer mencion de Agamenon, de Menelao ni de mí, de que sorteado entre nueve salió al desafio con Hector, atribuyendo á valor y osadía esta accion á que le obligó la suerte. Pero ¿cuál fue, esforzadísimo[54] Ayax, el suceso y fin de tu combate? El resultado fue el haber salido Hector de él sin que le hubieses hecho herida alguna.

„¡Desdichado de mí! con cuánto dolor me veo precisado á acordarme de aquel triste momento en que Aquiles, nuestro muro y defensa, perdió su vida á manos de Páris. Ni las lágrimas, ni la afliccion ni el temor me fueron impedimento para ir, tomar su cadaver que yacia en la tierra, y trasportarlo sobre mis hombros; sí, sobre estos mismos hombros traje el cuerpo de Aquiles, y tambien esas armas que ahora pretendo se me adjudiquen. Tengo fuerzas suficientes para manejarlas por mas pesadas que sean, y tengo ánimo noble para saber agradecer y conservar la honra que en ello se me haga. Ciertamente que la cerúlea Tetis hubiera empleado bien la solicitud y cuidado que tuvo por su hijo, para que ahora sus armas, fabricadas por un Dios, y que son obra tan artificiosa, pasasen á un soldado visoño, rudo y sin ingenio. Si él no comprende lo que se halla grabado en el escudo; á saber, el Océano, las tierras que ciñe, las constelaciones del alto cielo, las Pléyades, las Híades, la Osa, que nunca se baña en el mar, muchas y diversas ciudades, y Orion con su refulgente espada, ¿para qué pide y pretende unas armas cuyos emblemas no entiende? ¿De qué le aprovecha el haberme tachado de que rehusé el venir á esta guerra, huyendo con artificio y simulacion los peligros de ella, y echarme en rostro y argüirme de que me alisté despues que él? ¿No conoce que en esto arguye tambien y reprende al mismo Aquiles? Si el fingir fue delito, ambos nos valimos de ficciones; si la tardanza fue culpa, yo vine al campo mas pronto que Aquiles. Á mi me detuvo y obligó á fingir el cariño de mi esposa, y á aquel el de su madre. Primero procuramos desempeñar las obligaciones que debíamos á estas, y despues las que debemos á vosotros y á toda la Grecia, y con esto no temo ya el no poder defenderme de una falta en que tambien incurrió el mismo Aquiles. Este fue hallado y descubierto por el ingenio de Ulises; pero Ulises no lo fue por el de Ayax.

„Nada tiene de extraño ni debemos admirarnos de que su suelta y necia lengua se haya atrevido á calumniarme, cuando á vosotros tambien se atrevió á imputaros un vergonzoso delito; porque si en mí fue torpe el haber acusado falsamente á Palamedes, como él ha querido decirlo, á vosotros no os hace mucho honor el haberle condenado por una falsa acusacion. Pero hay ademas que ni Palamedes pudo sincerarse de un tan grande y tan manifiesto delito, ni vosotros os gobernasteis por relaciones y justificaciones, sino que visteis el oro que constituia el cuerpo de este delito. Ni tampoco soy culpado en que Filoctetes quedase y esté detenido en la isla de Lemnos; este es un delito que mas bien recae sobre vosotros, porque lo consentisteis y aprobasteis. Yo no negaré que le aconsejé y reduje á que se quedase, y no se expusiese á los peligros y trabajos del camino y de la guerra, sino que antes bien procurase con el descanso mitigar y curar los fuertes dolores que le causaba la herida que se hizo con una de las flechas que traia de Hércules; acomodóse á mi consejo, y vive por haberlo tomado. Mi consejo no solamente fue fiel, sino que como ha tenido unas felices resultas, hace tambien fiel al consejero. Pero pues, segun los hados, no puede ser tomada ni destruida Troya sin Filoctetes,[55] y es necesario hacerle venir con las flechas de Hércules, no me deis á mí esta comision; encargádsela á Ayax, que él con su persuasiva y elocuencia tendrá mas habilidad para templar su enojo, y la ira de que se halla agitado por las calamidades que padece, y sabrá reducirle con alguna astucia á que venga con sus flechas á concluir esta guerra. Esta empresa solo es propia para mi sagacidad; y si yo no hago uso de mi ingenio y prudencia, que siempre se han desvelado en vuestro favor, mas fácil será que el Gimois corra hácia su nacimiento; que el monte Ida[56] quede despojado de sus frondosas arboledas, y que la Grecia dé socorro á Troya, que el que la necia astucia de Ayax pueda seros de algun provecho, y reducir y traer á aquel héroe. Aunque te halles, Filoctetes, inexorable y poseido de la mayor dureza; aunque estés irritado contra todos los aliados, contra Agamenon y contra mí; aunque con infinitas execraciones desees sin término mi muerte; aunque todos tus anhelos sean apoderarte de mí, beber mi sangre, y cogerme bajo tu jurisdiccion y potestad, como tú estuviste bajo la mia, yo te entraré con mis astucias, y con ellas conseguiré reducirte y traerte conmigo; y si la fortuna no me fuese desgraciada, conseguiré apoderarme de tus flechas, del mismo modo que me apoderé del troyano adivino Heleno, como desconcerté los oráculos y hados de Troya, y como conseguí sacar y traerme por medio de los enemigos la estatua de Minerva, á cuya hazaña no puede compararse ninguna de las que ha hecho Ayax; pues sin este robo, y mientras Troya conservase el Paladion, era inconquistable, y no permitian los hados fuese destruida. Para esta empresa[57] ¿dónde estaban y de qué servian la jactanciosa fortaleza y las fanfarronadas de Ayax? ¿Cómo es que este temió el ir allá? Y ¿cómo es que solo Ulises se atrevió á penetrar por las centinelas, arriesgarse á los peligros de la noche, y por medio de las espadas de los enemigos no solo asaltar las murallas de Troya, sino entrarse hasta el mismo palacio y templo, sacar de él la estatua de la Diosa, y volver y llegar con ella á vuestro campo, trepando por los mismos peligros? Si yo no hubiera concluido esta empresa y allanado este inconveniente, de nada serviria toda nuestra expedicion, ni que estuviese en ella el hijo de Telamon, armado con su escudo forrado de siete cueros. En aquella noche conseguí yo la victoria de Troya; entonces la vencí, despojándola del Paladion, que era puntualmente en lo que consistia el ser inconquistable.

„No estés, Ayax, dando á entender con acciones y medias palabras que Diomedes me acompañó á esta empresa: su parte le toca tambien en ella; pero tambien tú debes acordarte de que cuando fuiste á la defensa de la escuadra no fuiste solo; á tí te acompañaron muchos, á mí solo Diomedes. Si este gran capitan no estuviera bien cerciorado de que el sabio es mas útil que el guerrero, y de que la prudencia es mayor mérito que el temerario valor, tambien se hubiera manifestado pretendiente á estas armas, y lo mismo hubiera hecho Ayax, hijo de Oileo, que ha tenido mas moderacion que tú. Tambien las hubiera pretendido el feroz Euripilo, Toas, hijo de Andremon, Idomeneo, Merion, su paisano, y Menelao.[58] Todos los cuales, aunque esforzados, y que no son inferiores ni de menor mérito y valor que el tuyo, cedieron reconociendo la ventaja de mi prudencia. Tú tienes esfuerzo para los combates; pero te falta el ingenio, y necesita ser dirigido por el mio. Tú tienes fuerzas sin prudencia; mas yo con mi sagacidad preveo lo futuro. Tú puedes pelear; pero Agamenon acuerda y elige con mi consejo el tiempo y la coyuntura en que pueden y deben empeñarse los combates. Tú solo eres útil en el cuerpo; pero yo tambien lo soy en el ánimo y el ingenio: en suma, tanto te llevo de ventaja, cuanto excede el piloto al marinero y el capitan al soldado; porque en mí es el ingenio mas esforzado y valiente que el brazo, y en aquel está y consiste el principal vigor. Ahora bien, próceres de Grecia, declarad este gran premio á quien tanto se ha desvelado por vosotros, y por tantos cuidados y fatigas como en el largo tiempo de esta guerra he tenido y desempeñado en vuestro favor; añadid á mis méritos este título mas, que sea recompensa de ellos. Ya nos falta muy poco para concluir esta guerra, pues yo he removido todos los inconvenientes que lo impedian por disposicion de los hados, y me glorío que he tomado á Troya, haciendo de modo que pueda ser tomada. Por la esperanza pues de nuestros aliados; por los muros de Troya, que ya estan para arruinarse; por las deidades tutelares de ella, que yo con intrepidez les quité y saqué de su seno, y por lo demas que aun pienso hacer y obrar, si es que queda alguna cosa que deba hacerse con sabiduría y consejo; y si falta algo que arguya audacia, dificultad, y sea el último término del hado y ruina de Troya, no os olvideis de mí, ni me negueis este premio; y cuando no estimeis que se me deben dar estas armas, concededlas (y muestra el simulacro fatal de Minerva) á esta efigie, que es la mas acreedora de los que las pretenden.”

En todos los próceres se advirtieron conmociones é indicios de que quedaban convencidos y persuadidos en favor de Ulises, á quien declararon las armas, y entonces se vió por experiencia el valor y poder de la elocuencia, y que el sabio y discreto prefirió al guerrero, y se alzó con las armas del fuerte Aquiles. Ayax, que solo y sin compañía salió al desafio de Hector, y que tantas veces resistió al hierro, al fuego y al mismo Júpiter, no pudo resistir á su propia ira. Vencióle el dolor; y tomando su espada, dijo: „Á lo menos esta es mia; esta no la pide Ulises; de esta debo usar contra mí mismo, y el acero, que tantas veces se manchó con la sangre de los troyanos, ahora debe emplearse en derramar la de su señor; porque Ayax no debe ser vencido por otro alguno que por sí mismo.” Al decir esto se lo clavó y escondió en su pecho, sin poder volver á sacarle de él hasta que le expelió la impetuosidad de la sangre que salia de la herida, con la que rociada la tierra, brotó de la raiz de un verde césped una flor de color de púrpura, idéntica en todo á la que antes habia nacido de la sangre de Jacinto,[59] en cuyas hojas estan escritas unas letras que pueden apropiarse tanto á la edad pueril como á la viril, con la diferencia de que en la de Ayax designan el nombre, y en la de Jacinto su queja.

Vencedor Ulises en la contienda de las armas, se embarcó para Lemnos, patria de Ipsifile, hija del Rey Toas, y para aquellas tierras que quedaron infames desde la muerte que las mugeres dieron á sus maridos,[60] é hizo este viage con el fin y designio de reducir á Filoctetes, y traerle, como lo consiguió, á la liga contra Troya con las flechas de Hércules, con el auxilio de las cuales se concluyó y puso fin á la guerra, quedando destruida Troya, muerto su Rey Príamo, y su infeliz muger Hécuba perdió por último la forma humana, y convertida en perra, espantó las regiones extrañas con sus nuevos ladridos. Ardia el Ilion, alcázar de Troya, situada en el estrecho en el que termina el dilatado Helesponto; y antes de apaciguarse el fuego, el anciano Príamo habia sido sacrificado á Júpiter, en cuya ara derramó su ya fria sangre. Casandra su hija, sacerdotisa de Febo, asida con violencia de los cabellos para apartarla de su padre, se resistia levantando en vano sus manos al cielo. Los griegos vencedores se apoderan, como de una poco honrosa presa, de las mugeres troyanas, que para impedirlo se acogian á los encendidos templos, y se abrazaban á las estatuas de los Dioses patrios. Astianacte, hijo de Hector, fue despeñado de aquella misma torre, desde la cual habia visto y le habia mostrado su madre muchas veces á su padre Hector, que peleaba por los suyos, y defendia el reino de sus abuelos.[61]


FÁBULA II.

LA SOMBRA DE AQUILES DETIENE Á LOS GRIEGOS.

Ya en fin convidaba el viento á los griegos á hacerse á la vela, y soplando favorable hacia resonar las desplegadas velas, y los pilotos mandaban é instaban al embarque. Las prisioneras troyanas, besando la tierra, se quejaban y clamaban por ser separadas de ella con violencia: con gritos y gemidos dieron el último á Dios á Troya; y embarcándose por fuerza, abandonaron para siempre la desgraciada ciudad, que aun humeaba. La última que se embarcó entre todas fue Hécuba (¡espectáculo tan lamentable!), la cual fue hallada y sacada por Ulises de en medio de los sepulcros de sus hijos, asida á los túmulos, y besando los huesos; pero antes de ser arrebatada desahogó su cariño en las cenizas de su hijo Hector, las cuales tomó y guardó en su seno, y al mismo tiempo dejó en lugar de ellas en el sepulcro su cano cabello, como pobre despojo de la que solo tenia el cabello y las lágrimas que poder ofrecerle. Sobre la orilla opuesta á la Frigia, donde estuvo Troya, hay una tierra habitada de los tracios.

(122) La sombra de Aquiles detiene á los Griegos que se volvian á su patria.

Alli estaba el opulento palacio del Rey Polimnestor, á quien Príamo habia enviado secretamente á su hijo Polidoro para que le educase, y para alejarlo de los peligros á que hubiera estado expuesto durante la guerra. Este consejo hubiera sido muy sabio, á no haber enviado con su hijo riquezas capaces de provocar á un hombre avaro, é inducirlo á los mayores delitos. En efecto, despues que el impío Rey de Tracia supo que los griegos se habian apoderado de Troya, violó los derechos mas sagrados, degolló al jóven Polidoro; y como si el delito pudiera desvanecerse con el cuerpo, lo arrojó al mar.

El hijo de Atreo[62] fondeó con su escuadra en la playa de Tracia mientras se tranquilizaba el mar y amainaban los vientos. Aqui de repente se apareció Aquiles, saliendo de una abertura que hizo la tierra, con la misma corpulencia y ferocidad, y con el mismo semblante amenazador que cuando vivia. Acometió con su espada á Agamenon, diciéndole: „¿Qué es esto, griegos, asi os retirais sin acordaros de mí, y la memoria de mi valor queda de este modo enterrada conmigo? No debeis hacerlo ni retiraros, dejando sin honor mi sepulcro, en el cual es preciso sacrifiqueis á Polixena[63] á mis manes.” Dicho esto desapareció; y obedeciendo todos á la amenazadora sombra de Aquiles, arrebataron del regazo de su madre á esta desgraciada doncella, que era entonces su único consuelo, y la infeliz con una fortaleza mas que mugeril fue conducida al túmulo para ser sacrificada al busto[64] de Aquiles: la cual muy sobre sí fue acercada al altar, y al tiempo de ir á descargarle el golpe, como viese á Neoptolemo[65] que estaba de pie con el cuchillo en la mano, y tenia clavados los ojos en su semblante, le dijo: „Descárgale, y derrama con él mi noble sangre; yo no te lo impido; esconde ese cuchillo en mi pecho ó en mi garganta: aqui los tienes ambos descubiertos; porque siendo yo Polixena, no puedo acomodarme á la esclavitud, y prefiero morir, aunque sé muy bien que mi sacrificio no servirá para aplacar á ninguna deidad, y por lo mismo debes ahorrar inútiles ceremonias. Solo desearia que mi muerte pudiera ocultarse á mi madre. Ella me estorba y disminuye la alegría de mi sacrificio, aunque no debe llorar tanto mi muerte como los riesgos á que queda expuesta su vida. Vosotros, griegos, ahora, pues lo pido con razon, apartaos á lo lejos para que mi sombra pueda bajar libre á la mansion de Pluton, y abstened vuestras manos de mancillar á una doncella que se conservó siempre casta. Mi sangre libre será mas acepta á aquel, quien quiera que sea, á quien procurais aplacar con mi muerte. Si hay alguno entre vosotros á quien conmuevan estos mis últimos deseos y súplicas, la hija del Rey Príamo, no una esclava, es la que os ruega que sin exigir precio alguno, y sin que tenga que comprar con oro, sino con sus lágrimas, el triste derecho de mi sepulcro,[66] entregueis mi cuerpo á mi madre, la cual cuando era rica y podia compraba estas gracias á mucho precio.” Al acabar de decir esto, el concurso echó á llorar, no pudiendo contener sus lágrimas como ella las contenia. El mismo ministro del sacrificio,[67] llorando y como forzado abrió su pecho descubierto, escondiendo en él el cuchillo. Herida mortalmente, sus fuerzas la abandonan, cae, y mostró á la misma muerte intrépido semblante. Aun cuando caia tuvo cuidado de cubrir con su ropa las partes que se debian ocultar y conservar el decoro de su casto pudor.

Las troyanas recogieron el cadaver; y repasando en su memoria los muchos que de la casa Real habian fallecido, y la mucha sangre que se habia derramado de la familia de Príamo, unas veces suspiraban por la infeliz Polixena, y otras por tí, Hécuba, Reina madre, en quien ya no veian mas que una sombra de la antigua felicidad del Asia, reducida ya á un triste despojo, que como mala suerte nadie queria le tocase en el repartimiento, y que el vencedor Ulises la hubiera despreciado, á no ser porque era madre del guerrero Hector, sin cuya circunstancia con dificultad se hubiera hallado quien la hubiese querido por esclava. Esta Reina desgraciada, abrazada al yerto cadaver de su esforzada hija, derramó sobre él y sobre su herida las lágrimas que tantas veces habia derramado por su patria, por sus hijos y por su marido. Besábale, y se heria el pecho, tiñendo en la fria sangre sus canas; y despues de haberle maltratado, prorumpió en muchas y lastimosas expresiones; pero particularmente en las siguientes:

(123) Las damas Troyanas llevan en hombros á Polixena que acaba de espirar.

„Hija querida (pues ya no me queda otra), último dolor de tu triste madre, ya has espirado, y veo que mi pecho se halla penetrado de tus propias heridas; has muerto á la violencia de ellas para que no se verifique que yo pierda á ninguno de los mios de muerte natural. Yo estaba persuadida que por ser hembra estarias segura del cuchillo; pero has muerto á la violencia de él. La calamidad de Troya y el furor de Aquiles, destruidor de nuestra familia, te ha alcanzado á tí y á todos tus hermanos. Cuando murió á manos de Páris y con las flechas de Apolo dije entre mí con confianza: „Ahora ya no tenemos que temer á Aquiles;” pero veo que me engañé, y que debia de haberle temido aun despues de muerto: sus cenizas aun en el sepulcro se enfurecen contra nosotros; y en el túmulo mismo sentimos y experimentamos la crueldad de este enemigo. Veo que he sido fecunda, y he criado hijos para que hayan sido víctimas del furor de Aquiles. La gran Troya ha sido destruida hasta los cimientos,[68] y con este triste fin se ha acabado la pública calamidad; pero no para mí, para quien aun está y permanece Troya en pie, y mi dolor aun no ha terminado su carrera. Yo que poco há estaba en la cumbre de mi felicidad con mi marido el Rey Príamo, cercada de hijos, yernos y nueras, ahora me hallo desterrada, pobre, arrancada y separada de los sepulcros de los mios, y destinada para esclava de Penélope, muger de Ulises, la que me enseñará á las matronas de Itaca, ocupada en el vil ministerio de hilar, y les dirá: „Esta es aquella esclarecida madre de Hector; esta es la que fue Reina y muger de Príamo.” Despues, hija mia, de haber perdido á tantos, tú, que eras sola la que quedabas para consolar los amargos llantos de tu madre, has expiado con tu sangre el sepulcro del enemigo. Para él te parí, y para que fueses sacrificada en sus exequias. ¿Para qué quedo yo con vida? ¿Es posible que soy tan dura é insensible que no la pierdo? ¿Qué es lo que para en adelante aguardo? ¿Y para qué me reserva mi cansada vejez? ¿Para qué otra cosa, crueles Dioses, dilatais mi triste vida sino para que vea nuevas desgracias? ¿Quién creeria que Príamo se pudiese llamar feliz despues de la destruccion de Troya? Ciertamente lo es en haber muerto, y no ser testigo, hija mia, de tu violenta muerte, y haber perdido á un tiempo la vida y el reino. Serviríame de consuelo, hija mia, hija de Reyes, el ver que se te hacian las debidas exequias, y que tu cadaver fuese colocado en el panteon de tus abuelos. Pero esta dicha ya se acabó para nuestra casa; y tu madre no tiene otros dones con que honrar tu sepulcro que sus lágrimas, y el dolor de dejarte sepultada en la extrangera arena. Todo lo he perdido ya; solo me queda Polidoro, el mas querido y el mas pequeño de mis hijos varones, que vive en estas regiones encomendado á Polimnestor, Rey de ellas, al cual podrá ser de utilidad y provecho el que se prolongue algo mi triste vida. Debo pues apresurarme, y emplear estos instantes de ella en lavar[69] la cruel herida de Polixena y su rostro salpicado con la sangre.”

Dijo esto; y dirigiéndose á la playa con pasos tardos, y arrancándose sus pocas canas, iba diciendo la infeliz: „Troyanas, dadme un cántaro para sacar y traer un poco de agua.” Estando en esto vió arrojado en la playa el cadaver de su hijo Polidoro, cubierto de grandes heridas, y muerto violentamente á flechazos por traicion de Polimnestor. Al verle empezaron á gritar las troyanas; pero Hécuba enmudeció por la fuerza de su dolor, el cual le comprimió la voz y las lágrimas, reprimiendo hácia adentro las que sus ojos empezaban á brotar; y semejante á un duro peñasco se queda yerta, y unas veces dirige la vista á la parte contraria, otras levanta al cielo sus airados ojos, y otras los dirige á mirar el rostro y heridas de su hijo; pero mas principalmente á estas. Ensáñase y monta en cólera, en la cual enardecida, determinó vengarse como si aun fuera Reina, y se quedó absorta, discurriendo la especie de venganza que habia de tomar contra Polimnestor. Asi como se enfurece la leona á quien han quitado sus cachorrillos, y encontrando las huellas del robador, las sigue, y persigue al enemigo antes de verle; del mismo modo Hécuba, despues que mezcló la ira con el llanto, olvidada de su edad, pero no de su valor, se dirige al palacio del Rey Polimnestor, autor de la cruel muerte de Polidoro; pide audiencia, y conseguida le dice venia á mostrarle y entregarle una cantidad de oro que habia quedado escondida para que se la diera á su hijo. Creyólo Polimnestor, y poseido de su anhelo y acostumbrada avaricia, se retiró con ella á un lugar secreto, en donde mostrándose halagüeño, la dijo: „No te detengas, Hécuba; dame ese oro para tu hijo, pues te juro por los Dioses de entregarle fielmente lo que ahora me des y lo que antes he recibido.” Ella le miraba con aspecto terrible al tiempo que estaba hablando y jurando tales falsedades; y no cabiendo ya en sí de ira, arremete á Polimnestor, le ase fuertemente, llamando en su auxilio á las matronas cautivas, le mete los dedos en los ojos, se los saca, y extrae hasta las mejillas, haciéndola valerosa su propia ira; y metiendo despues la mano en los huecos llenos de sangre, le arranca, no los ojos porque ya no los tenia, sino el sitio donde aquellos estuvieron. La gente de Tracia, irritada y ofendida por el estrago hecho en la persona de su Rey, acometió á Hécuba, tirándola flechas y piedras; pero esta con un ronco murmullo iba corriendo á morder las piedras que la tiraban, y cuando se disponia y preparaba á hablar, en lugar de voces prorumpió en ladridos, convertida ya en perra. Todavía permanece el lugar donde acaeció esta aventura, y tiene el nombre del suceso. La desgraciada Hécuba aun despues de su transformacion conservaba la memoria de sus antiguas calamidades, y afligida aullaba y ladraba por los campos de Tracia, y su desgracia conmovió y lastimó á los troyanos, á los griegos, y hasta á los mismos Dioses; de tal modo que la misma Juno, muger y hermana de Júpiter, confesaba y decia que Hécuba no merecia ser castigada con tanto rigor.

Aunque la Aurora habia favorecido siempre á los troyanos, no pudo emplearse en sentir sus calamidades y las de Hécuba. Angustiábale un cuidado mas cercano, y tenia que llorar la pérdida de su hijo Memnon,[70] al cual vió perecer en los campos de Troya al ímpetu de la lanza de Aquiles. Al verlo se le paró descolorido aquel rubicundo color con que se deja ver por el horizonte al amanecer, y la hizo esconderse entre las nubes. No pudo sufrir el triste espectáculo de que el cadaver de su hijo fuese puesto en la pira, y suelto como tenia el cabello se dirigió al gran Júpiter, y arrojándose á sus pies, le dijo acompañando con las lágrimas estas palabras: „Aunque soy una deidad de inferior órden á todas las que habitan el resplandeciente cielo (pues mis templos son pocos y raros en todo el orbe), llego á tus pies, no para que me concedas templos, dias festivos y de sacrificios, y aras en que se quemen inciensos en mi honor, aunque no dejarias de concederme estos dones, si tienes consideracion á que me hacen digna de ellos los oficios que por tu órden desempeño, cuando sirvo de que con mis crepúsculos no se confunda la noche con el dia ni la luz con las tinieblas; pero no es este el cuidado que me trae, ni estoy en estado de solicitar unas honras que creo tengo bien merecidas. Vengo con la afliccion de haber perdido á mi hijo Memnon, que habiendo venido con sus fuertes armas al socorro de Príamo su tio, fue muerto en sus primeros años (pues asi lo quisieron los hados) por el valeroso Aquiles. Yo te ruego pues, Soberano de los Dioses, le concedas algun privilegio que le distinga de los demas mortales para que se consuele una madre afligida.”

Júpiter convino en ello, y al momento la alta pira en que estaba el cadaver de Memnon, consumida por el fuego, se desplomó, y los remolinos del humo oscurecieron el aire, al modo que cuando los rios exhalan las nieblas que nacen de ellos, y que los rayos del sol no pueden penetrar. La negra pavesa se levanta en el aire, y unida se condensa, formando un cuerpo que toma figura, color y movimiento del mismo fuego, y que su ninguna pesadez le servia de alas, y le hacia remontarse. Esta masa solo era al principio una especie informe de ave; poco despues, siendo ave verdadera, hizo ruido con las alas. Al mismo tiempo sonaron otras infinitas que salieron de las propias cenizas. Estas aves dan tres vueltas volando al rededor de la hoguera, y tres veces el clamor concorde sube á los aires, y se baten unas contra otras con tanto furor y obstinacion, que caen cerca de la hoguera, como unas víctimas que se sacrificaban á las cenizas de que habian sido formadas, demostrando en esto que debian su ser á un varon esforzado. El autor le dió el nombre á las aves: llamáronse de él Memnónides. Estas aves al cumplirse el año vuelven al mismo sitio, y en él renuevan el combate, honrando de este modo el sepulcro de este héroe. Cuando todos se afligian de oir ladrar á la desgraciada Hécuba, la Aurora solo atendia á su propio dolor y llanto, y desde entonces derrama lágrimas, que se convierten en rocío.


(124) Del incendio de Troya se salva Eneas con su padre Anquises y su hijo Ascanio.

FÁBULA III.

ENEAS Y ANQUISES.

No obstante, el destino no permitió que con la ruina de los muros pereciese enteramente la esperanza de la reparacion de Troya. El piadoso Eneas sacó sobre sus hombros á los Dioses penates y tutelares, y en su padre llevó otra nueva deidad, que era para él una carga venerable. Con la precipitacion solo pudo escoger, entre tantas riquezas como dejaba, á su anciano padre y á su hijo Ascanio. Habiendo salido prófugo del puerto de Antandros, pequeña ciudad de Frigia, con su flota, y aprovechándose de un viento favorable, deja á un lado las playas abominables de Tracia, y la tierra que aun estaba manchada con la sangre de Polidoro, y entra con próspero viento, rodeado de sus compañeros, en Delos, ciudad consagrada á Apolo. Anio, sacerdote de este Dios, y Rey de la isla, le recibió favorablemente en el templo y en su palacio; le enseña la ciudad, los dedicados templos, y los dos árboles que en otro tiempo sirvieron de apoyo á Latona, y se asió de ellos cuando parió á Apolo y á Diana. Despues de haber hecho un solemne sacrificio, en el que quemaron incienso, derramaron vino sobre él, y consumieron al fuego, segun solemne rito, las entrañas y fibras de los animales sacrificados, se entraron en el Real palacio, y sentados á la mesa, ricamente preparada, les sirvieron en ella los abundantes dones de Céres y de Baco. En la conversacion de mesa el anciano y piadoso Anquises dijo á Anio: „Sacerdote ilustre de Febo, ó yo estoy engañado, y no me acuerdo muy bien, ó tenias un hijo y cuatro hijas cuando vine la primera vez á esta ciudad.” Á lo que Anio afligido, sacudiéndose la cabeza que tenia vendada con el blanco velo sacerdotal, respondió: „No te engañas, ó heroico y venerable anciano; verdad es que viste padre de cinco hijos á quien ahora (tanta es la inconstancia de las cosas humanas) ves casi sin ninguno; porque ¿de qué me sirve uno solo que tengo ausente, llamado Andros, en la isla denominada de su nombre, en la cual está reinando por mí? Apolo le concedió el don de comprender lo futuro, y Baco distinguió á mis hijas con otros dones nunca oidos, porque todas las cosas que tocaban se convertian en trigo, vino y aceite, y esto les servia para enriquecerse. Luego que Agamenon, destruidor de los muros de Troya, supo que mis hijas poseian este don (para que entiendas, querido Anquises, que á mí tambien me tocó alguna parte en vuestras desgracias), usando de la fuerza de las armas, me las tomó y arrebató con violencia de mi propio seno, para que con el uso de su don abasteciesen á todo el egército de los griegos. Habiendo hallado medio para escaparse cada una por donde pudo, las dos aportaron á la isla de Eubea, y las otras dos á la de Andros, donde reinaba su hermano. Inmediatamente una tropa de hombres armados entró en sus estados, y le amenazaron con su destruccion si no entregaba á sus hermanas. El amor que Andros les tenia cedió por último al temor que le causaba el egército enemigo, y las entregó á los griegos: un temor tan bien fundado puede servirle de disculpa: no tenia á su lado para defender sus nuevos estados ni á Eneas ni á Hector, á estos dos fuertes guerreros que durante diez años han resistido á todo el poder de la Grecia. Ya se preparaban cadenas para aherrojar á mis hijas como á unas esclavas, cuando levantando los brazos aun libres al cielo, exclamaron: „¡Ó padre Baco, socórrenos, y no nos abandones en el apuro en que nos vemos por causa del don que de tí recibimos!” Su súplica fue oida; y el Dios que les otorgó el don, que acababan de invocar, las socorrió, si se puede llamar socorro el perderlas para siempre de un modo maravilloso. Nunca he podido saber de qué modo perdieron la figura, ni aun ahora lo puedo decir. Todo lo que yo sé es que tomaron plumas, y que fueron transformadas en palomas, aves consagradas á Venus tu esposa.”

Anio y sus huéspedes, despues que con estos y otros tales razonamientos acabaron la cena, dejaron la mesa, y se fueron á dormir. Levantáronse al amanecer del dia siguiente, y fueron á consultar el oráculo de Apolo, el cual respondió que buscasen á la antigua madre[71] y los reinos que con Troya tenian enlace. El Rey Anio los despidió, dándoles algunos dones y regalos; á Anquises un cetro; á Ascanio su nieto una clámide y una aljaba, y á Eneas un gran vaso, que el tebano Terses le habia enviado de regalo desde las regiones de Beocia en agradecimiento de haber sido hospedado por él en su palacio. Este vaso habia sido fabricado por Alcon, natural de Milas, el que habia cincelado en él una larga serie de cosas, que eran las siguientes: una ciudad con siete puertas, las cuales servian de nombre, que demostraba ser la de Tebas. En las avenidas de la ciudad estaban delineadas exequias, túmulos, hogueras encendidas, mugeres con la cabellera suelta y el pecho descubierto, señal de su duelo y afliccion; Ninfas deshechas en lágrimas; fuentes secas; árboles lánguidos y desnudos de hojas, y ganados que pacian sobre estériles rocas. En medio de Tebas se veian esculpidas las generosas hijas de Orion; una entregando su pecho varonil y su cuello al cuchillo; otras atravesados sus cuerpos con espadas, y todas en accion de ser sacrificadas por la salud de su patria, conducidas por la ciudad con pompa y aparato fúnebre, y quemadas en la hoguera, que para ello se veia en el sitio y parage mas público: tambien se veia esculpido en el mismo vaso cómo de las cenizas de estas valerosas mugeres, para que no pereciese el linage de ellas, se formaron y salieron dos gallardos jóvenes, á quienes la fama da el nombre de Coronas, y estos mismos hacian los honores de la pompa fúnebre. En suma, sobre las muchas cosas que estaban grabadas en el referido vaso, cerraban su labor unos ramos dorados de verde acanto, que le hacian muy vistoso, y de una extremidad desigual y resplandeciente. Los troyanos por su parte no dieron menores dones á Anio, á quien regalaron una naveta para el incienso, una copa y una brillante corona de oro esmaltada de piedras preciosas. Habiéndose partido de alli los troyanos, acordándose de que traian su orígen de Teucro,[72] dirigieron su rumbo y aportaron á Creta; pero no pudiendo sufrir mucho tiempo el aire pestilente del pais, dejándose á un lado muchas ciudades, dirigieron su derrota hácia los puertos de Italia. Levantóseles una terrible tempestad,[73] que los agitó é hizo arribar á un puerto de las islas Estrófades, donde les incomodó y amedrentó la Harpía Hello, que habitaba alli con las otras sus hermanas, y tuvieron que hacerse á la vela prontamente. Despues de haber pasado á Duliquio, Itaca y Samos, islas del mar Jonio, que componian el reino del pérfido Ulises, llegaron á la altura de Ambracia, célebre por la disputa que en ella tuvieron los Dioses, conocida hoy por estar dedicada á Apolo Actiaco. Vieron tambien una piedra llamada Indice, en la que habia sido convertido el árbitro de la tal contienda. Asimismo dejaron atras á la ciudad y selva Dodona, cuyas encinas estaban dotadas de habla, y daban oráculos y respuestas, y pasaron tambien el seno Caonio, donde los hijos del Rey Moloso, huyendo de un incendio, fueron transformados en aves.


FÁBULA IV.

POLIFEMO.

Siguiendo su navegacion, pasaron por la isla de los Feacienses,[74] cuyos campos eran abundantes en toda especie de delicadas frutas. Despues aportaron á Epiro y á Butroto, donde reinaba el adivino Heleno, hijo de Príamo, y habia edificado esta ciudad á semejanza de Troya. Desde aqui, advertidos por Heleno de las cosas que les habian de suceder, todas las cuales les pronosticó fiel y exactamente, navegaron á Sicilia, cuya isla se avanza en el mar por tres promontorios: el uno llamado Pachino á la parte del mediodia; el otro Lilibeo al occidente, y el último Peloro al norte. Por este entraron los troyanos, y con el auxilio de los remos y favorable marea dieron fondo ya de noche en las aguas de Zanclea.[75]

(125) Despues de haber cantado Polifemo las alabanzas de Galatea la ve que se entretenia con Acis.

Á la derecha de esta costa está el escollo de Escila, y á la izquierda el de Caribdis, que son dos remolinos que hacen peligrosa la navegacion, porque el de Caribdis arrebata y se traga las naves, y á largo trecho las vuelve á vomitar. El de Escila es de figura de una doncella, cuyo vientre está ceñido de perros fieros, y (si es que no han mentido los poetas) en algun tiempo fue verdadera doncella la tal Escila,[76] y tuvo muchos pretendientes; pero despreciándolos á todos se iba á las Ninfas del mar, de las cuales era en extremo querida, y les contaba las burlas y desprecios que hacia á sus enamorados pretendientes. Galatea, una de dichas Ninfas, en ocasion de estar entregada á ella para que la peinase y adornase sus cabellos, la dijo interpolando suspiros: „Tú á lo menos, hermosa doncella, eres apetecida de gallardos y civilizados amantes, y puedes sin riesgo alguno, segun que asi lo haces, corresponderles con desprecios y desvíos; pero yo soy mas desgraciada, pues siendo Ninfa, hija de Nereo y de la cerúlea Doris, y hermana de tantas Nereidas que me acompañan y defienden, no pude evadirme del importuno amor del monstruoso Ciclope Polifemo[77] sino por medio de las olas.” Al decir esto las lágrimas la impidieron el continuar su narracion. Limpióselas Escila con sus blancos dedos, y procuró consolarla diciendo: „Cuéntame, querida, tus cuidados; yo te soy y te seré fiel; no me ocultes la causa de tu dolor.”

Galatea alentada con esto dijo á Escila lo siguiente: „El jóven Acis, hijo de Fauno y de la Ninfa Simetis,[78] era las delicias de su padre y de su madre; pero mucho mas bien era el embeleso mio, porque aunque hermoso y apetecido de otras muchas, habia puesto solo en mí su cariño: era de diez y seis años, y empezaba á apuntar la barba en sus tiernas mejillas. Yo sin moderacion alguna correspondia al amor de este jóven, y el Ciclope me importunaba á mí sin término con sus amores; y si me preguntas cuál fue en mí mayor si el odio del Ciclope ó el amor de Acis, te responderé que eran iguales, porque aborrecia tanto al uno como amaba al otro. ¡Ó Venus, cuán grande es el poder de tu imperio! Este fiero Ciclope, horror de las mismas cuevas y selvas, y de ningun peregrino visto sin castigo, y menospreciador del alto Olimpo con sus Dioses, siente en sí el amor y sus efectos; y cautivo de mi cariño, se abrasa por mí, y olvida sus ganados, y las cuevas donde acostumbraba habitar antes. Entonces empezó á tener algun cuidado de su compostura y de agradarme. Ya se peina con un rastrillo los ásperos cabellos: ya se corta la barba larga con una hoz, y se mira con complacencia en la cristalina fuente, haciendo de ella espejo para componer su fiero semblante. El amor le hizo ablandar su crueldad, su fiereza y la inmensa sed de derramar sangre, y en esta suspension iban y volvian las naves con seguridad por lo largo de la costa. En este intermedio Telemo,[79] hijo de Eurimo, célebre adivino y diestro en los agüeros, y que nunca se engañaba en ellos, vino á las cuevas del monte Etna de Sicilia, y encontrando en ellas al terrible Polifemo, le dijo: „Ulises será el que te saque el único ojo que tienes en medio de la frente.” Rióse de ello Polifemo, y le respondió: „Necio adivino, tú te engañas en tu pronóstico, porque ya otra me lo ha robado.” Asi desprecia el enamorado Ciclope al que en vano le avisaba su verdadero peligro; y, ó andando á paso precipitado huella aquellas playas, ó cansado se vuelve á su oscura cueva. Hay un collado que con su larga punta se avanza dentro del mar, y por ambos lados está cercado de olas. Subióse á él Polifemo, y se sentó en medio, siguiéndole su rebaño, que habia dejado atras y sin cuidar de guiarle, y poniendo junto á sus pies el pino que tenia por báculo, y que pudiera servir de mástil de un navío, tomó su flauta compuesta de cien cañas, y se puso á tocar. El sonido de su pastoril instrumento atronó todo aquel monte y las vecinas playas, y las hizo estremecer. Yo estaba escondida en el cóncavo de una piedra, y sentada en el regazo de mi querido Acis, desde donde oí y conservo en mi memoria que cantó al son de su flauta lo siguiente:

„Ó querida Galatea,[80] mas blanca que la nevada flor de la alheña, mas florida que los prados, mas elevada que el alto álamo, mas resplandeciente que el cristal, mas juguetona que el tierno cabritillo, mas lisa que las conchas batidas con las continuas olas del mar, mas agradable que el sol en el invierno y la sombra en el estío, mas hermosa que la manzana pendiente del árbol, mas vistosa que el lozano plátano, mas transparente que el hielo, mas sabrosa que la uva madura, mas suave que las plumas del cisne y que la leche cuajada, y si no huyes de mí y correspondes á mi amor, mas bella y lozana que el regado jardin. Pero si le desprecias, eres mas feroz que un toro por domar, mas dura que la vieja encina, mas falaz é inconstante que las ondas, mas flexible que las varas del sauce y que los sarmientos de las vides, mas insensible que las rocas, mas violenta que la corriente de un rio, mas vana que el pavo real, mas activa que el fuego, mas áspera que los abrojos, mas terrible que una osa recien parida, mas sorda que las olas agitadas, mas cruel que la víbora pisada, y (lo que especialmente quisiera quitarle si pudiera) mas ligera, no solo que el ciervo amedrentado de los claros ladridos, sino tambien mas que los veloces vientos. ¡Ah! Galatea, si bien me conocieses, te arrepentirias sin duda de haber huido de mí, desaprobarias tus desvíos y retiro, y te empeñarias en atraerme y retenerme contigo; pues yo soy dueño de estas cuevas formadas de un vivo peñasco, que es una gran parte de este monte, en las cuales no se siente el calor en medio del estío ni el frio en los inviernos mas rigurosos. Los árboles que yo poseo estan cargados de hermosísimas frutas. Tengo uvas que resplandecen como el oro pendientes en parras enramadas; téngolas tambien de color de púrpura: unas y otras las reservo para tí: tú misma por tu mano podrás coger las delicadas moras, nacidas debajo de la sombra silvestre; las cerezas del otoño, y las ciruelas no solo negras, sino tambien finas y delicadas, y del color de la reciente cera. Si me admites por esposo, tendrás abundancia de castañas y madroños, y todos los árboles tendrán su fruta á tu disposicion. Todo este rebaño es mio, sin otras muchas ovejas, que unas andan errantes por esos valles, otras estan ocultas en las selvas, y otras encerradas en las cuevas. Si me preguntases cuántas son, no podria decírtelo, porque el saber el número de sus ganados es cosa de pobres. De la lozanía y hermosura de ellas no hay necesidad de que me creas, cuando tú por tí misma puedes verlas, y que traen unas ubres tan cargadas, que apenas las dejan andar. Tengo los abrigados apriscos llenos de corderos; tengo tambien cabritos de igual edad en otros corrales. Siempre tengo abundancia de leche; parte de ella para beber, y parte para cuajarla y conservarla hecha quesos. No pienses que tendrás solo para tus delicias los referidos y otros regalos fáciles y vulgares, como son gamos, liebres, cabras, pichones, el nido alcanzado del árbol, sino tambien dos cachorrillos de una osa, hallados por mí en la cima de estos montes, y tan semejantes entre sí, que apenas podrás distinguirlos, y servirán para que juegues y te entretengas con ellos: cuando los hallé dije para mí: „Estos los guardo para mi querida y para su diversion.” Ea pues, Galatea, hermosa Nereida, saca y descubre tu cabeza de entre las aguas del mar, ven, y no desprecies mis regalos. No pienses que soy tan desagraciado que no pueda ser objeto de tu amor; poco hace que me estuve mirando en una clara fuente, y no me pareció mal mi semblante y figura. Mira cuan alto soy; no es Júpiter mayor en el cielo que yo con mi agigantado cuerpo, pues vosotras soleis decir que reina alli no sé qué cierto Júpiter. Una bien poblada cabellera sirve de adorno á mi rostro, y como si fuera un bosque me tapa y cubre los hombros. No dejo de ser agraciado, ni debes tenerme por horrible porque mi cuerpo esté cubierto de áspero pelo: el árbol no está vistoso sin el adorno de las hojas: el caballo está feo sin crines: las plumas son el adorno de las aves: la lana lo es de las ovejas: la barba y el pelo parecen bien en el hombre. Es verdad que solo tengo un ojo en medio de la frente; pero es del tamaño de un escudo. ¿Y qué tenemos con eso? El sol siendo uno solo ¿no está viendo todas las cosas del mundo desde el dilatado cielo? Reflexiona ademas de esto que tengo por padre á Neptuno, señor de los mares, en que tú y las demas Nereidas teneis vuestra morada: este será tu suegro. Apiádate y oye mi súplica, pues por tí sola estoy rendido. Yo que desprecio al cielo, á Júpiter y á sus rayos, te venero á tí, hermosa Nereida, y tu ira es mas cruel y temible para mí que el mismo rayo. Me seria tolerable el verme despreciado, si á todos despreciases igualmente; pero ¿cómo he de sufrir el que con repulsa mia ames á Acis, y prefieras sus brazos á los mios? Está bien que él se tenga por gallardo; pero en el caso que tal te parezca á tí, cruel Galatea, lo que no me seria de gusto, si llego á encontrarme con él, experimentará que mis fuerzas corresponden á la mole de mi cuerpo. Le arrancaré vivas las entrañas, y esparciré sus destrozados miembros por los campos y por los mares en que tú habitas, para que alli puedas unirte con él despedazado. Ciertamente que yo me abraso de amor por tí, y el fuego que me consume se aumenta con tus desprecios. Me parece que el monte Etna con sus fuerzas se ha trasladado á mi pecho, y tú, Galatea, te muestras insensible.”

„Despues que Polifemo expresó asi sus quejas, se levantó (porque desde el sitio en que yo estaba veia todo lo que hacia), y mas furioso que un toro á quien quitan la vaca, sin poder detenerse, echó á correr por las selvas y bosques. Como nos viese á Acis y á mí cuando menos lo pensábamos, exclamó: „¿Que aqui estais? Bien os veo, y esta será la última vez que volvais á estar juntos.” El grito que dió para decir esto el airado Ciclope fue tan grande como su ira, y con él se estremeció todo el monte Etna. Yo llena de miedo me escondí en el mar inmediato, arrojándome á sus aguas. Acis recurrió á la fuga, diciendo: „Suplícote, Galatea, me des favor: y vosotros, padres mios, dadme auxilio; y ya que voy á perecer, admitidme en las aguas en que reinais.” Seguíale el Ciclope, el que le tiró una gran piedra, que arrancó de la montaña, y que era una parte de ella; y aunque solo le alcanzó con una punta, le cogió todo el cuerpo. Mas no obstante yo hice en esta ocasion lo que permitió el destino se hiciese, que fue el que Acis recobrase la naturaleza de su abuelo, y se convirtiese en rio. De su cuerpo, que estaba debajo del peñasco, empezó á manar un humor encarnado, que á poco perdió el color, y tomó el del agua turbia de un rio, la que se fue aclarando poco á poco. Ademas de esto el peñasco que habia sido arrojado por el Ciclope empezó á henderse, y por las aberturas que hizo nacieron y brotaron muchas cañas, que crecieron en poco tiempo, y las aguas que brotaban de la concavidad del peñasco hacian un delicioso sonido. No paró en esto la maravilla, pues de repente se manifestó sobre el agua un gallardo jóven del medio cuerpo arriba, cuya cabeza adornaba una corona de cañas entretejidas, el cual solo se diferenciaba de Acis en que era mayor, y tenia el rostro mas trigueño; pero aun asi era el mismo Acis convertido en un rio, que se llamó y llama de su nombre.”


(126) Enamorado Glauco de Escila, la refiere su transformacion en Dios marino.

FÁBULA V.

GLAUCO Y ESCILA.

Luego que Galatea concluyó su referencia, las Nereidas que la acompañaban se volvieron al mar, y Escila que iba con ellas, y no se atrevia á exponerse á la merced de las olas, retrocedió y las dejó, y unas veces se paseaba desnuda por la arena, y otras cuando se hallaba fatigada se retiraba á bañarse á un remanso del mar. Estando empleada en esto, he aqui que Glauco, natural de Antedon, nuevo habitador de las aguas, transformado poco há en Dios marino, la vió y se enamoró de ella. Escila huye á pesar de cuanto la dijo para detenerla; y dándola alas el miedo, subió á la altura de una roca escarpada que domina al mar, donde creyéndose segura, se puso á mirar con atencion al objeto cuya vista le habia espantado, ignorando si era un monstruo ó un Dios del mar. Admírala el color, los cabellos que le cubrian los hombros, y que de la cintura para abajo remataba en pez. Glauco, que comprendió la causa de su sorpresa, apoyándose en un escollo que estaba cerca de ella, la dijo: „Bella Ninfa, no soy yo monstruo, no soy bestia feroz; soy un Dios de las aguas: ni Proteo, ni Triton[81] ni Palemon[82] tienen mayor potestad que yo en los mares. No hace mucho tiempo que era mortal; pero inclinado á los mares, me gustaba andar y nadar en ellos. Unas veces me entretenia en pescar con redes, y otras con caña. Aquellas playas que yo frecuentaba confinaban con una verde pradera, cuyos bordes formaban reunidamente las yerbas y las aguas. Las cabras, las ovejas ni los demas ganados jamas pacieron en ella, ni aun las oficiosas abejas van á coger el rocío de las flores de que está esmaltada, ni para hacer coronas ó guirnaldas han cortado ninguna, y la hoz siempre las ha perdonado. Yo fuí el primero que me senté sobre esta agradable pradera, y en tanto que secaba mis redes, contaba los peces que acababa de coger, y los echaba en la yerba, fuí sorprendido de un prodigio que te parecerá ficcion (pero ¿qué interes tengo yo en fingir?). Apenas estos peces habian tocado la yerba cuando empezaron á moverse, y á saltar con la misma viveza como si estuviesen en el agua. Mientras me detengo y juntamente me admiro de un portento tan extraño, se huyeron todos al mar, dejando á su dueño y á la pradera. Me pasmé, y dudoso mucho rato, inquiero cual sea la causa, si algun Dios haya hecho este milagro, ó si fue la virtud de la yerba. „¿Es posible, dije, que esta yerba tenga una calidad tan extraña?” Inmediatamente cogí algunas, las llevé á la boca, y masqué. No bien habia llegado el jugo á la garganta cuando al punto sentí que por dentro me temblaban las entrañas, y que el pecho se arrebataba con el deseo de mudar de naturaleza, que no me fue posible resistir mucho tiempo. „Á Dios, exclamé, á Dios tierra, adonde nunca mas he de volver,” y al decir estas palabras me zambullí en el mar. Los Dioses que lo habitan, movidos á compasion, me recibieron entre ellos, y ruegan al Océano y á Tetis que me quiten todo lo que tenia de mortal. Estas dos deidades me purifican, quienes me mandan que repita nueve veces unos versos misteriosos que me dijeron, y que meta el pecho en cien rios. Apenas habia recibido esta órden cuando los rios que corrian de diversas partes al mar y las aguas de este se juntaron y corrieron sobre mi cabeza. Lo que te acabo de contar hasta aqui es cierto, y me acuerdo perfectamente de ello; lo que me sucedió despues no puedo decírtelo; turbado, como fuera de mí mismo, no tuve ningun conocimiento de lo demas. Lo que yo sé es que al reflujo de las aguas me hallé otro diverso del que antes era, tanto en el cuerpo como en el entendimiento. Entonces ví por primera vez esta barba verde, esta melena que arrastro por los anchurosos mares, estos grandes hombros, estos brazos, que son del mismo color que mis cabellos y barba, en fin esta larga cola, que tomó el lugar de mis muslos y piernas. Pero ¿de qué me sirve esta figura? ¿De qué el ser Dios, si tú no te mueves á mi amor por todo esto?” Escila se retira, y deja á Glauco que decia estas cosas, y se preparaba para decir otras muchas mas. Él se enfurece, é irritado con sus desprecios, se encamina al prodigioso palacio de Circe, hija del Sol.



Story DNA

Plot Summary

Following Achilles's death, Ajax and Ulysses fiercely dispute over his legendary arms, with Ulysses winning through cunning rhetoric. Devastated and driven to madness, Ajax commits suicide, his blood transforming into a hyacinth. The narrative then shifts to other tales of profound grief and transformation: Hecuba's sorrow over her children leads to her becoming a dog, and the sea nymph Galatea recounts how her beloved Acis was tragically killed by the jealous Cyclops Polyphemus and transformed into a river. Finally, the newly transformed sea god Glaucus attempts to woo Scylla by sharing his origin story, but she rejects him, setting the stage for further divine intervention and transformation.

Themes

jealousyunrequited lovedivine interventionfate vs. free will

Emotional Arc

pride to humility

Writing Style

Voice: third person omniscient
Pacing: moderate
Descriptive: lush
Techniques: long speeches, detailed descriptions of transformations

Narrative Elements

Conflict: person vs person
Ending: tragic
Magic: divine intervention, human-to-flower transformation, human-to-dog transformation, human-to-bird transformation, human-to-river transformation, human-to-sea god transformation, talking animals (implied in some transformations)
Achilles's arms (symbol of valor and legacy)the hyacinth flower (symbol of Ajax's grief and transformation)the sea (symbol of transformation and divine power)

Cultural Context

Origin: Roman
Era: timeless fairy tale

Ovid's Metamorphoses is a foundational work of Roman literature, compiling Greek and Roman myths. This book specifically deals with the aftermath of the Trojan War and various transformations, reflecting the Roman fascination with Greek heroic cycles and the power of the gods.

Plot Beats (12)

  1. After Achilles's death, Ajax and Ulysses dispute over his arms before the Greek captains and army.
  2. Ajax argues his claim based on his noble lineage, direct relation to Achilles, and superior bravery in battle, citing Ulysses's past cowardice and deceit.
  3. Ulysses counters, asserting that cunning and intellect are more valuable than brute strength, recounting his strategic contributions and Ajax's failures.
  4. The Greek captains award Achilles's arms to Ulysses, devastating Ajax.
  5. Ajax, in a fit of madness, slaughters a flock of sheep, believing them to be his enemies, and then commits suicide by falling on his sword.
  6. Ajax's blood transforms into a hyacinth flower, bearing the letters of his name.
  7. Hecuba, after the fall of Troy, witnesses the sacrifice of her daughter Polyxena and the murder of her son Polydorus, leading to her transformation into a dog.
  8. Aurora laments her son Memnon, who was transformed into a bird after his death.
  9. Aeneas flees Troy and arrives at Anius's island, whose daughters were transformed into doves.
  10. Galatea recounts her tragic love for Acis, who was crushed by the jealous Cyclops Polyphemus and transformed into a river.
  11. Glaucus, a newly transformed sea god, falls in love with Scylla and recounts his own transformation from a mortal fisherman after eating magical herbs.
  12. Scylla rejects Glaucus, who then seeks the aid of Circe, setting up further transformations and conflicts.

Characters

👤

Ajax

human adult male

A tall, powerfully built Greek warrior, known for his immense strength and imposing presence. He carries a massive, seven-layered shield. His physique is rugged and battle-hardened, reflecting years of combat.

Attire: Bronze Greek armor, likely adorned with a plumed helmet. His most distinctive item is his large, seven-layered oxhide shield, which he uses to great effect in battle. He would wear a chiton beneath his armor and sturdy leather sandals.

Wants: To uphold his honor and claim what he believes is rightfully his by merit and lineage, specifically the arms of Achilles.

Flaw: His pride and lack of eloquence make him vulnerable in verbal disputes. His straightforward nature makes him susceptible to Ulises's cunning.

His story arc culminates in his defeat in the dispute over Achilles's arms, leading to his eventual death and transformation into a hyacinth flower, symbolizing his tragic end.

His massive, seven-layered oxhide shield.

Proud, hot-tempered, courageous, straightforward, and somewhat blunt. He values honor and direct combat over cunning and eloquence.

👤

Ulises

human adult male

A man of average build, perhaps slightly lean, emphasizing his reliance on intellect rather than brute force. He is not described as physically imposing like Ajax.

Attire: While not explicitly detailed, as a Greek captain, he would wear fine chiton and himation, possibly with a cloak, reflecting his status and intellectual prowess. His attire would be practical for travel but also suitable for courtly discourse.

Wants: To gain honor and prestige, specifically by acquiring the arms of Achilles, and to prove his intellectual superiority.

Flaw: His reliance on trickery and words can be seen as a lack of direct courage by some, as highlighted by Ajax.

In this segment, he successfully argues for and wins the arms of Achilles, solidifying his reputation as a cunning leader.

His thoughtful, cunning expression.

Cunning, eloquent, strategic, persuasive, and resourceful. He is willing to use deception to achieve his goals.

✦

Galatea

Nereid (sea nymph) ageless (appears as a young adult) female

A beautiful sea nymph, with a graceful and ethereal form. Her skin is likely pale, perhaps with a pearlescent sheen, reflecting her aquatic nature.

Attire: She is often described as 'desnuda' (naked) or wearing very little, perhaps diaphanous fabrics that mimic water, or simply her natural form as a nymph. If clothed, it would be flowing, light fabric in sea tones.

Wants: To be with her beloved Acis and to escape the unwanted advances of Polyphemus.

Flaw: Vulnerable to the brute force and jealousy of Polyphemus.

She recounts her tragic past, enduring the loss of Acis but finding solace in his transformation into a river.

Long, flowing, sea-green hair that always appears wet.

Gentle, loving, mournful (over Acis), and somewhat fearful (of Polyphemus).

✦

Acis

human (transformed into a river god) young adult male

A handsome and gallardo (gallant) young man. After his transformation, he appears as a young man from the waist up, with a more tanned face and larger stature, adorned with reeds.

Attire: As a mortal, likely simple, rustic attire befitting a shepherd or local youth. As a transformed river god, he is naked from the waist up, adorned only by his crown of reeds.

Wants: To be with Galatea and to escape Polyphemus.

Flaw: Mortal vulnerability to the Cyclops's strength.

Tragically killed by Polyphemus, but transformed into a river by the will of the gods, allowing him to remain connected to the sea.

A young man rising from water, crowned with reeds.

Loving, devoted (to Galatea), and fearful (of Polyphemus).

✦

Polyphemus

Cyclops adult male

A gigantic, monstrous Cyclops, with immense strength. He has a single, large eye in the center of his forehead. His body is rough and unkempt, reflecting his wild nature.

Attire: Minimal, likely just animal skins or rough cloth, if anything, befitting a wild giant. His primary 'clothing' is his monstrous form.

Wants: To possess Galatea and eliminate his rival, Acis.

Flaw: His uncontrolled rage and lack of subtlety make him predictable and easily provoked.

His actions lead to the death and transformation of Acis, but he remains unchanged in his monstrous nature.

His single, large eye in the center of his forehead.

Jealous, wrathful, possessive, and violent. He is driven by unrequited love and rage.

✦

Glaucus

human (transformed into a sea god) ageless (appears as an adult) male

Originally a fisherman, transformed into a sea god. From the waist down, he has a long fish tail. His upper body is human, with large shoulders and arms, all colored like his green hair and beard.

Attire: As a sea god, he is naked from the waist up, with his lower body being a fish tail. His 'clothing' is his transformed body.

Wants: To win the love of Scylla and to share his story of transformation.

Flaw: His inability to understand or accept rejection, leading to anger.

He recounts his transformation and attempts to woo Scylla, but his rejection leads him to seek Circe's aid.

His green beard and hair, and his fish tail.

Enamored (with Scylla), persistent, and later enraged by rejection.

✦

Scylla

Nereid (sea nymph) ageless (appears as a young adult) female

A beautiful Nereid, described as 'bella Ninfa'. She is graceful and agile, capable of climbing rocks.

Attire: She is described as 'desnuda' (naked) or wearing very little, often bathing or walking on the sand. Her natural beauty is her primary 'attire'.

Wants: To protect herself and maintain her independence, avoiding unwanted advances.

Flaw: Her fear of the unknown and monstrous forms.

She flees Glaucus's advances, setting the stage for her later tragic transformation by Circe.

Her beautiful, agile form, often seen near the sea or on rocks.

Cautious, fearful (of Glaucus's monstrous appearance), and independent.

Locations

Playa de Sigeo (Sigean Beach)

outdoor Implied fair weather for a gathering of troops.

A sandy beach on the coast of Sigeo, where the Greek armada is anchored. The ground is likely firm enough for troops to stand and form a circle.

Mood: Tense, formal, public, as it's the setting for a crucial debate among military leaders.

Ajax and Ulysses dispute over Achilles' arms in front of the assembled Greek captains and troops.

Greek armada (ships) Sandy beach Troops standing in a circle Sigeo coastline

Cueva de Filoctetes en Lemnos (Philoctetes' Cave on Lemnos)

indoor Implied to be a desolate, possibly windy or damp environment due to its wild nature.

Wild, rustic caves on the island of Lemnos, serving as a solitary dwelling. The environment is harsh and isolated.

Mood: Desolate, suffering, isolated, echoing with groans.

Philoctetes is abandoned here, suffering from illness and hunger, hunting birds with Hercules' arrows.

Wild caves Rough rock formations Implied sparse vegetation outside Feathers and bones from hunted birds

Pradera Verde junto al Mar (Green Meadow by the Sea)

outdoor daytime Perpetually green, implying a mild, fertile climate.

A vibrant green meadow bordering the sea, untouched by grazing animals or human tools. Its edges are formed by the meeting of grass and water. It possesses magical properties.

Mood: Serene, pristine, magical, with an underlying sense of wonder.

Glaucus discovers the magical herb that transforms him into a sea god here, after his caught fish revive and escape into the sea.

Lush green grass Uncut wildflowers Sea border Absence of livestock or human activity

Roca Escarpada sobre el Mar (Steep Rock overlooking the Sea)

outdoor daytime Implied clear weather, allowing for a view of the sea.

A high, rugged rock formation rising steeply from the sea, providing a vantage point and a sense of security.

Mood: Elevated, exposed, initially safe but soon to be a place of confrontation.

Scylla flees to this rock to escape Glaucus, observing him from a safe distance before he speaks to her.

Steep rock face Sea below Rocky outcrop for Glaucus to lean on