LIBRO CUARTO
by Félix María Samaniego · from Fábulas
Adapted Version
Mona the Monkey had a baby. She loved her baby very much. Her baby was cute to her. Mona thought her baby was the most pretty. She wanted all to see her baby. There was a big creature meeting. Mona took her baby to the meeting. She felt very proud. She wanted a prize for her baby.
Many creatures came to the big meeting. Wise Jup was the judge. He sat on a very tall chair. Mona walked in with her baby. Mona walked to Wise Jup. She showed him her little baby. Other creatures looked at the baby. They whispered softly to each other. Mona still thought her baby was best. She waited for her prize.
Wise Jup looked at the little baby. He smiled a little, gentle smile. He did not give Mona a prize. Mona looked at her baby. She looked at other monkey babies. Her baby was special to Mona. But her baby looked like all the others. Mona felt a little silly then. She knew a new thing. She learned a good lesson that day. See things as they are.
Danny the Donkey worked for a plant man. He carried big baskets of greens. "This work is hard!" Danny told Wise Jup. "My back hurts. Wise Jup heard Danny."
Danny changed his job. Now he worked for a brick man. He carried heavy bricks. "This work is hard!" Danny told Wise Jup. "My legs hurt. Wise Jup heard again."
Danny changed his job again. Now he worked for a tanner. He carried heavy creature skins. "This work is the hardest of all!" Danny told Wise Jup. "I am never happy with my work." Wise Jup smiled. "Danny," he said, "being happy comes from inside you. It does not come from changing your job." Danny thought about this. He learned a good lesson that day. It is good to be happy with what you have.
Foxy the Fox was very hungry. She walked in the forest. She saw some yummy grapes. They hung high on a vine. "Oh, I want those grapes!" Foxy said. "They look so sweet and juicy."
Original Story
LIBRO CUARTO
FÁBULA PRIMERA.
La Mona corrida.
EL AUTOR Á SUS VERSOS.
Fieras, aves y peces
Corren, vuelan y nadan,
Porque Júpiter sumo[196]
Á general congreso á todos llama.
Con sus hijos se acercan,
Y es que un premio señala
Para aquel, cuya prole
En hermosura lleve la ventaja.
El alto regio trono
La multitud cercaba,
Cuando en la concurrencia
Se sentía decir:—La mona falta.
—Ya llega, dijo entonces
Una habladora Urraca,
Que como centinela,
En la alta punta de un ciprés estaba.
Entra rompiendo filas,
Con su cachorro[197] ufana,
Y ante el excelso trono
El premio pide de hermosura tanta.
El dios Júpiter quiso,
Al ver tan fea traza,
Disimular la risa,
Pero se le soltó la carcajada.
Armóse en el concurso
Tal bulla y algazara,
Que corrida la Mona
Á Tetuán se volvió desengañada.
¿Es creíble, señores,
Que yo mismo pensara
En consagrar á Apolo
Mis versos, como dignos de su gracia?
Cuando por mi fortuna
Me encontré esta mañana,
Continuando mi obrilla,
Este cuento moral, esta patraña,
Yo dije á mi capote[198]:
¡Con qué chiste, qué gracia,
Y qué vivos colores
El jorobado Esopo me retrata!
Mas ya mis producciones
Miro con desconfianza,
Porque aprendo en la Mona
Cuánto el ciego amor propio nos engaña.
FÁBULA II
El Asno y Júpiter.
«—No sé como hay jumento,
Que teniendo un adarme[199] de talento,
Quiera meterse á burro de hortelano.
Llevo á la plaza desde muy temprano
Cada día cien cargas de verdura:
Vuelvo con otras tantas de basura;
Y para minorar mi pesadumbre,
Un criado me azota por costumbre.
Mi vida es ésta: ¿qué será mi muerte,
Como no mude Júpiter mi suerte?»
Un Asno de este modo se quejaba.
El dios, que sus lamentos escuchaba,
Al dominio lo entrega de un tejero.
—Esta vida, decía, no la quiero:
Del peso de las tejas oprimido,
Bien azotado, pero mal comido.
Á Júpiter me voy con el empeño
De lograr nuevo dueño.
Envióle á un curtidor. Entonces dice:
—Aun con este amo soy más infelice[200]:
Cargado de pellejos de difunto,
Me hace correr sin sosegar un punto,
Para matarme sin llegar á viejo,
Y curtir al instante mi pellejo.
Júpiter, por no oir tan largas quejas,
Se tapó lindamente las orejas,
Y á nadie escucha desde el tal Pollino,
Si le habla de mudanza de destino.
Sólo en verso se encuentran los dichosos,
Que viven ni envidiados, ni envidiosos.
La espada por feliz tiene al arado,
Como el remo á la pluma y al cayado;
Mas se tienen por míseros en suma
Remo, espada, cayado, esteva y pluma[201].
¿Pues á qué estado el hombre llama bueno?
Al propio nunca, pero sí al ajeno[202].
FÁBULA III
El Cazador y la Perdiz.
Una Perdiz, en celo reclamada,
Vino á ser en la red aprisionada.
Al Cazador la mísera decía:
—Si me das libertad, en este día
Te he de proporcionar un gran consuelo;
Por ese campo extenderé mi vuelo:
Juntaré á mis amigas en bandada,
Que guiaré á tus redes engañada,
Y tendrás, sin costarte dos ochavos[203],
Doce perdices como doce pavos.
—¡Engañar y vender á tus amigas!
¿Y así crees que me obligas?
Respondió el Cazador; pues no, señora:
Muere y paga la pena de traidora.
La perdiz fué bien muerta, no es dudable:
La traición, aun soñada, es detestable.
FÁBULA IV
El Viejo y la Muerte.
Entre montes por áspero camino,
Tropezando con una y otra peña,
Iba un Viejo cargado con su leña[204]
Maldiciendo su mísero destino.
Al fin cayó, y viéndose de suerte
Que apenas levantarse ya podía,
Llamaba con colérica porfia
Una, dos y tres veces á la muerte.
Armada de guadaña en esqueleto,
La Parca se le ofrece en aquel punto;
Pero el Viejo, temiendo ser difunto,
Lleno más de terror que de respeto,
Trémulo la decía, y balbuciente:
—Yo... señora... os llamé desesperado;
Pero...—Acaba: ¿qué quieres desdichado?
—Que me carguéis[205] la leña solamente.
Tenga paciencia quien se cree infelice,
Que aun en la situación más lamentable,
Es la vida del hombre siempre amable:
El Viejo de la leña nos lo dice.
FÁBULA V
El Enfermo y el Médico.
Un miserable enfermo se moría,
Y el Médico importuno le decía:
—Usted se muere, yo se lo confieso,
Pero por la alta ciencia que profeso,
Conozco, y le aseguro firmemente,
Que ya estuviera sano,
Si se hubiese acudido más temprano
Con el benigno clíster[206] detergente.
El triste enfermo, que lo estaba oyendo,
Volvió la espalda al Médico diciendo:
—Señor Galeno[207], su consejo alabo:
Al asno muerto la cebada al rabo[208].
Todo varón prudente
Aconseja en el tiempo conveniente;
Que es hacer de la ciencia vano alarde,
Dar el consejo cuando llega tarde.
FÁBULA VI
La Zorra y las Uvas.
Es voz común que á más del medio día
En ayunas la Zorra iba cazando:
Halla una parra, quédase mirando
De la alta vid el fruto que pendía[209].
Causábale mil ansias y congojas
No alcanzar á las uvas con la garra,
Al mostrar á sus dientes la alta parra
Negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó, y anduvo en probaduras;
Pero vió el imposible ya de fijo.
Entonces fué cuando la Zorra dijo:
«No las quiero comer; no están maduras».
No por eso te muestres impaciente,
Si se te[210] frustra, Fabio, algún intento.
Aplica bien el cuento,
Y dí, No están maduras, frescamente.[211]
FÁBULA VII
La Cierva y la Viña.
Huyendo de enemigos cazadores
Una Cierva ligera
Siente, ya fatigada en la carrera,
Más cercanos los perros y ojeadores.
No viendo la infeliz algún seguro
Y vecino paraje
De gruta ó de ramaje,
Crece su timidez, crece su apuro.
Al fin, sacando fuerzas de flaqueza,
Continúa la fuga presurosa:
Halla al paso una Viña muy frondosa,
Y en lo espeso se oculta con presteza.
Cambia el susto y pesar en alegría,
Viéndose á paz y salvo[212] en tan buen hora;
Olvida el bien, y de su defensora
Los frescos verdes pámpanos comía.
Mas ¡ay! que de esta suerte,
Quitando ella las hojas de delante,
Abrió puerta á la flecha penetrante,
Y el listo[213] cazador le dió la muerte.
Castigó con la pena merecida
El justo cielo á la Cierva ingrata.
Mas ¿qué puede esperar el que maltrata
Al mismo que le está dando la vida?
FÁBULA VIII
El Asno cargado de Reliquias[214].
De reliquias cargado
Un Asno recibía adoraciones,
Como si á él se hubiesen consagrado
Reverencias, inciensos y oraciones.
En lo vano, lo grave y lo severo
Que se manifestaba,
Hubo quien conoció que se engañaba,
Y le dijo:—Yo infiero
De vuestra vanidad vuestra locura.
El reverente culto que procura[215]
Tributar cada cual este momento[216],
No es dirigido á vos, señor Jumento;
Que sólo va en honor, aunque lo sientas,
De la sagrada carga que sustentas.
Cuando un hombre sin mérito estuviere
En elevado empleo ó gran riqueza,
Y se ensoberbeciere
Porque todos le bajan la cabeza;
Para que su locura no prosiga,
Tema encontrar tal vez con quien le diga:
—Señor jumento, no se engría tanto,
Que si besan la peana, es por el santo.
FÁBULA IX
Los dos Machos[217].
Dos Machos caminaban: el primero,
Cargado de dinero,
Mostrando su penacho envanecido,
Iba marchando erguido
Al son de los redondos cascabeles.
El segundo, desnudo de oropeles,
Con un pobre aparejo solamente,
Alargando el pescuezo eternamente,
Seguía de reata su jornada
Cargado de costales de cebada.
Salen unos ladrones, y al instante
Asieron de la rienda al arrogante:
Él se defiende, ellos le maltratan;
Y después que el dinero le arrebatan,
Huyen, y dice entonces el segundo:
—Si á estos riesgos exponen en el mundo
Las riquezas, no quiero, á fe de Macho,
Dinero, cascabeles ni penacho.
FÁBULA X
El Cazador y el Perro.
Mustafá (Perro viejo,
Lebrel en montería[218] ejercitado,
Y de antiguas heridas señalado
Á colmillo y á cuerno su pellejo)
Seguía á un Jabalí sin esperanza
De poderle alcanzar; pero no obstante,
Azuzándole su amo á cada instante,
Á duras penas Mustafá le alcanza.
El cerdoso valiente
No escuchaba recados á la oreja;
Y así su resistencia no le deja
Cebar al Perro su cansado diente:
Con airado colmillo le rechaza,
Y bufando se marcha victorioso.
El cazador furioso
Reniega del Lebrel y de su raza.
—Viejo estoy, le responde, ya lo veo;
Mas dí, sin Mustafá ¿cuándo tuvieras
Las pieles y cabezas de las fieras
En tu casa de abrigo y de trofeo?
Miras á lo que soy, no á lo que he sido.
¡Oh suerte desgraciada!
Presente tienes mi vejez cansada,
Y mis robustos años en olvido.
Mas ¿para que me mato[219],
Si no he de conseguir cosa ninguna?
*Es ladrar á la luna
El alegar servicios al ingrato.*
FÁBULA XI
La Tortuga y el Águila.
Una Tortuga á una Águila rogaba
La enseñase á volar; así la hablaba:
—Con sólo que me des cuatro lecciones,
Ligera volaré por las regiones:
Ya remontado el vuelo,
Por medio de los aires, hasta el cielo,
Veré cercano al sol y las estrellas,
Y otras cien cosas bellas:
Ya rápida bajando,
De ciudad en ciudad iré pasando;
Y de este fácil delicioso modo
Lograré en pocos días verlo todo.
El Águila se rió del desatino:
La[1] aconseja que siga su destino,
Cazando torpemente con paciencia,
Pues lo dispuso así la Providencia.
Ella insiste en su antojo ciegamente:
La reina de las aves prontamente
La arrebata, la lleva por las nubes:
—Mira, la[220] dice, mira cómo subes.
Y al remontarla[221], dijo—¿Vas contenta?
Se la deja caer, y se revienta.
Para que así escarmiente
Quien desprecia el consejo del prudente.
FÁBULA XII
El León y el Ratón.
Estaba un Ratoncillo aprisionado
En las garras de un León: el desdichado
En la tal ratonera no fué preso
Por ladrón de tocino ni de queso,
Sino porque con otros molestaba
Al León que en su retiro descansaba.
Pide perdón llorando su insolencia;
Al oír implorar la real clemencia,
Responde el rey en majestuoso tono:
(No dijera más Tito)—Te perdono.
Poco después, cazando el León, tropieza
En una red oculta en la maleza;
Quiere salir, mas queda prisionero:
Atronando la selva, ruge fiero.
El libre Ratoncillo, que lo siente,
Corriendo llega, roe[222] diligente
Los nudos de la red, de tal manera,
Que al fin rompió los grillos de la fiera.
Conviene al poderoso
Para[223] los infelices ser piadoso:
Tal vez se puede[224] ver necesitado
Del auxilio de aquel más desdichado.
FÁBULA XIII
Las Liebres y las Ranas.
Asustadas las Liebres de un estruendo,
Echaron á correr todas diciendo:
«Á quien la vida cuesta tanto susto,
La muerte causará menos disgusto.»
Llegan á una laguna de esta suerte
Á dar en lo profundo con la muerte.
Al ver á tanta Rana, que asustada
Á las aguas se arroja á su llegada:
«—¡Hola! dijo una Liebre[225] ¿con que hay otras
Tan tímidas que aun tiemblan de nosotras?
Pues suframos como ellas el destino»:
Conocieron sin más su desatino.
Así la suerte adversa es tolerable,
Comparada con otra miserable[226].
FÁBULA XIV
El Gallo y el Zorro.
Un Gallo muy maduro
De edad provecta, duros espolones,
Pacífico y seguro,
Sobre un árbol oía las razones
De un Zorro muy cortés y muy atento,
Más elocuente cuanto más hambriento.
—Hermano, le decía,
Ya cesó entre nosotros una guerra,
Que cruel repartía
Sangre y plumas al viento y á la tierra:
Baja, daré para perpetuo sello
Mis amorosos brazos á tu cuello.
—Amigo de mi alma,
Responde el Gallo, ¡qué placer inmenso
En deliciosa calma
Deja esta vez mi espíritu suspenso!
Allá bajo, allá voy tierno y ansioso
Á gozar en tu seno mi reposo;
Pero aguarda un instante
Porque vienen ligeros como el viento[227],
Y ya están adelante
Dos correos que llegan al momento,
De esta noticia portadores fieles,
Y son, según la traza, dos lebreles.
—Á Dios, á Dios, amigo,
Dijo el Zorro, que estoy muy ocupado;
Luego hablaré contigo
Para finalizar este tratado.
El Gallo se quedó lleno de gloria,
Cantando en esta letra su victoria:
Siempre trabaja en su daño
El astuto engañador:
Á un engaño hay otro engaño,
Á un pícaro otro mayor[228].
FÁBULA XV
El León y la Cabra.
Un señor León andaba como un perro
Del valle al monte, de la selva al cerro,
Á caza, sin hallar pelo ni lana[229],
Perdiendo la paciencia y la mañana.
Por un risco escarpado
Ve trepar á una Cabra á lo encumbrado,
De modo que parece que se empeña
En hacer creer al León que se despeña.
El pretender seguirla fuera en vano:
El cazador entonces cortesano[230]
La dice:—Baja, baja, mi querida,
No busques precipicios á tu vida:
En el valle frondoso
Pacerás á mi lado con reposo.
—¿Desde cuándo, señor, la real persona
Cuida con tanto amor de la barbona[231]?
Esos halagos tiernos
No son por bien, apostaré los cuernos.
Así le respondió la astuta Cabra;
Y él se fué sin replicar palabra.
Lo paga la infeliz con el pellejo,
Si toma sin examen el consejo.
FÁBULA XVI
La Hacha y el Mango.
Un hombre, que en el bosque se miraba[232]
Con una Hacha sin Mango, suplicaba
Á los árboles diesen la madera[233]
Que más sólida fuera,
Para hacerle uno fuerte y muy durable.
Al punto la arboleda[234] innumerable
Le cedió el acebuche. Y él contento,
Perfeccionando luego su instrumento,
De rama en rama va cortando á gusto
Del alto roble el brazo más robusto.
Ya los árboles todos recorría,
Y mientras los mejores elegía,
Dijo la triste Encina al Fresno: «Amigo,
¡Infeliz del que ayuda á su enemigo!»
FÁBULA XVII
La Onza y los Pastores.
En una trampa una Onza inadvertida
Dió mísera caída.
Al verla sin defensa,
Corrieron á la ofensa
Los vecinos Pastores,
No valerosos, pero sí traidores.
Cada cual por su lado
La maltrataba airado,
Hasta dejar sus fuerzas desmayadas,
Unos á palos, otros á pedradas:
Al fin la abandonaron por perdida.
Pero viéndola dar muestras de vida,
Cierto Pastor, dolido de su suerte,
Por evitar su muerte,
Le arrojó la mitad de su alimento,
Con que pudiese recobrar aliento.
Llega la noche, témplase la saña,
Marchan á descansar á la cabaña,
Todos con esperanza muy fundada
De hallarla muerta por la madrugada[235].
Mas la fiera entre tanto,
Volviendo poco á poco del quebranto,
Toma nuevo valor y fuerza nueva;
Salta, deja la trampa, va á su cueva,
Y al sentirse del todo reforzada,
Sale ligera, pero más airada.
Ya destruye ganados,
Ya deja á los Pastores destrozados;
Nada aplaca su cólera violenta,
Todo lo tala, en todo se ensangrienta;
El buen Pastor, por quien tal vez vivía,
Lleno de horror, la vida le pedía.
—No serás maltratado,
Dijo la Onza, vive descuidado;
Que yo sólo persigo á los traidores
Que me ofendieron, no á mis bienhechores.
*Quien hace agravios, tema la venganza:
Quien hace bien, al fin el premio alcanza.*
FÁBULA XVIII
El Grajo vano[236].
Con las plumas de un Pavo
Un Grajo se vistió: pomposo y bravo[237]
En medio de los pavos se pasea.
La manada lo advierte, lo rodea,
Todos le pican, burlan y lo envían,
¿Dónde, si ni los grajos lo querían?
¿Cuánto ha que repetimos este cuento,
Sin que haya en los plagiarios escarmiento[238]?
FÁBULA XIX
El Hombre y la Comadreja.
Así decía cierta Comadreja
Á un Hombre que la había aprisionado:
—¿Por qué no me dejáis[239]? ¿Os he yo dado
Motivo de disgusto ni de queja?
¿No soy la que desvanes y rincones,
Tu casa toda, cual si fuese mía,
Cuidadosa registro noche y día,
Para que vivas libre de ratones?—
—¡Gran fineza por cierto!
El Hombre respondió: pues di, ladrona,
Si tu glotonería no perdona
Ni á ratón vivo, ni á cochino muerto,
Ni á cuanto guardan ruines despenseras,
¿Cómo he de creer que tu cuidado apura
Por mi bien los ratones? ¡Qué locura!
No tendría yo malas tragaderas[240]:
Morirás. Y el astuto que pretenda
Vender como fineza lo que ha hecho
Sin mirar á más fin que á su provecho,
Sabra que hay en el mundo quien lo entienda.
FÁBULA XX
Batalla de las Comadrejas y los Ratones.
Vencidos los Ratones,
Huían con presteza
De una atroz, enemiga
Tropa de Comadrejas.
Marchaban con desorden,
Que, cuando el miedo reina,
Es la confusión sola
El jefe que gobierna.
Llegaron presurosos
Á sus angostas cuevas,
Logrando los soldados
Entrar á duras penas;
Pero los capitanes[241],
Que en las estrechas puertas
Quedaron atascados
Sin ninguna defensa,
Á causa de unos cuernos
Puestos en las cabezas,
Para ser de sus tropas
Vistos en la refriega,
Fueron las desdichadas
Víctimas de la guerra;
Haciendo de sus cuerpos
Pasto las Comadrejas.
¡Cuántas veces los hombres
Distinciones anhelan,
Y suelen ser la causa
De sus desdichas ellas[242]!
Si Júpiter dispara
Sus rayos á la tierra,
Antes que á las cabañas,
Á los palacios y á las torres llegan.
FÁBULA XXI
El León y la Rana.
Una lóbrega noche silenciosa,
Iba un León horroroso,
Con mesurado paso majestuoso
Por una selva: oyó una voz ruidosa,
Que con tono molesto y continuado
Llamaba la atención, y aun el cuidado
Del reinante[243] animal, que no sabía
De qué bestia feroz quizá saldría
Aquella voz, que tanto más sonaba
Cuanto más en silencio todo estaba.
Su Majestad leonesa
La selva toda registrar procura;
Mas nada encuentra con la noche obscura,
Hasta que pudo ver, ¡oh qué sorpresa!
Que sale de un estanque, á la mañana,
La tal bestia feroz, y era una Rana.
Llamará la atención de mucha gente
El charlatán con su manía loca;
Mas ¿qué logra, si al fin verá el prudente
Que no es sino una Rana, todo boca[244]?
FÁBULA XXII
El Ciervo y los Bueyes.
Con inminente riesgo de la vida
Un ciervo se escapó de la batida,
Y en la quinta cercana de repente
Se metió en el establo incautamente.
Dícele un Buey:—¿Ignoras, desdichado,
Que aquí viven los hombres? ¡ah cuidado!
Detente, y hallarás tanto reposo,
Como perdiz en boca de raposo.
El Ciervo respondió:—Pero, no obstante,
Dejadme descansar algún instante,
Y en la ocasión primera
Al bosque espeso emprendo mi carrera.
Oculto en el ramaje permanece:
Á la noche el boyero se aparece,
Al ganado reparte el alimento:
Nada divisa; sálese al momento.
El mayoral y los criados entran,
Y tampoco lo encuentran.
Libre de aquel apuro,
El Ciervo se contaba por seguro;
Pero el Buey más anciano
Le dice:—Qué ¿te alegras tan temprano?
Si el amo llega, lo perdiste todo:
Yo le llamo Cienojos[245] por apodo;
Mas chitón, que ya viene.—
Entra Cienojos, todo lo previene;
Á los rústicos dice:—No hay consuelo:
Las colleras tiradas por el suelo,
Limpio el pesebre, pero muy de paso,
El ramaje muy seco y más escaso;
Seor[246] mayoral, ¿es éste buen gobierno?
En esto mira al enramado cuerno
Del triste Ciervo: grita, acuden todos
Contra el pobre animal de varios modos;
Y á la rústica usanza
Se celebró la fiesta de matanza.
Esto quiere decir que el amo bueno
No se debe fiar del ojo ajeno[247].
FÁBULA XXIII
Los Navegantes.
Lloraban unos tristes pasajeros,
Viendo su pobre nave combatida
De recias olas y de vientos fieros,
Ya casi sumergida;
Cuando súbitamente
El viento calma, el cielo se serena,
Y la afligida gente
Convierte en risa la pasada pena.
Mas el piloto estuvo muy sereno,
Tanto en la tempestad como en bonanza;
*Pues sabe que lo malo y que lo bueno
Está sujeto á súbita mudanza*[248].
FÁBULA XXIV
El Torrente y el Río.
Despeñado un Torrente
De un encumbrado cerro[249],
Caía en una peña,
Y atronaba el recinto con su estruendo.
Seguido de ladrones
Un triste pasajero,
Despreciando el ruido,
Atravesó el raudal sin desaliento;
Que es común en los hombres
Poseídos del miedo,
Para salvar la vida,
Exponerla tal vez á mayor riesgo.
Llegaron los bandidos,
Practicaron lo mesmo[250]
Que antes el caminante,
Y fueron en su alcance y seguimiento.
Encontró el miserable
De allí á muy poco trecho
Un río caudaloso[251],
Que corría apacible y con silencio.
Con tan buenas señales,
Y el próspero suceso
Del raudal bullicioso,
Determinó vadearle sin recelo;
Mas apenas dió un paso,
Pagó su desacuerdo[252],
Quedando sepultado
En las aleves aguas sin remedio
Temamos los peligros
De designios secretos;
Que el ruidoso aparato,
Si no se desvanece, anuncia el riesgo[253].
FÁBULA XXV
El León, el Lobo y la Zorra.
Trémulo y achacoso[254]
Á fuerza de años un León estaba:
Hizo venir los médicos ansioso,
Por ver si alguno de ellos le curaba.
De todas las especies y regiones
Profesores llegaban á millones.
Todos conocen incurable el daño,
Ninguno al rey propone el desengaño;
Cada cual sus remedios le procura,
Como si la vejez tuviese cura.
Un Lobo cortesano,
Con tono adulador y fin torcido,
Dijo á su soberano:
—He notado, señor, que no ha asistido
La Zorra, como médico, al congreso;
Y pudiera esperarse buen suceso
De su dictamen en tan grave asunto.—
Quiso su Majestad que luego al punto
Por la posta viniese:
Llega, sube á palacio; y como viese
Al Lobo su enemigo, ya instruída
De que él era el autor de su venida,
Que ella excusaba cautelosamente,
Inclinándose al rey[255] profundamente,
Dijo:—Quizá[256], señor, no habrá faltado
Quien haya mi tardanza acriminado;
Mas será porque ignora
Que vengo de cumplir un voto ahora,
Que por vuestra salud tenía hecho;
Y para más provecho,
En mi viaje traté gentes[257] de ciencia
Sobre vuestra dolencia.
Convienen pues los grandes profesores
En que no tenéis vicio en los humores;
En que sólo los años han dejado
El calor natural algo apagado;
Pero éste se recobra y vivifica,
Sin fastidio, sin drogas de botica,
Con un remedio simple, liso y llano,
Que vuestra Majestad tiene en la mano.
Á un Lobo vivo arránquenle el pellejo;
Haced que os lo apliquen al instante,
Y por más que estéis débil, flaco, viejo,
Os sentiréis robusto y rozagante,
Con apetito tal, que sin esfuerzo,
El mismo Lobo os servirá de almuerzo.
Convino el rey, y, entre el furor y el hierro,
Murió el infeliz Lobo como un perro.
Así viven y mueren cada día
En su guerra interior los palaciegos[258],
Que con la emulación rabiosa ciegos,
Al degüello se tiran á porfia.
Tomen esta lección muy oportuna:
Lleguen á la privanza, en hora buena;
Mas labren su fortuna
Sin cimentarla en la desgracia ajena.
Story DNA
Moral
The collection of fables teaches various lessons, such as the dangers of vanity, the importance of contentment, the detestability of betrayal, the value of life, the timing of advice, the folly of sour grapes, the punishment for ingratitude, the emptiness of borrowed glory, the self-serving nature of some actions, the perils of ambition, the deceptive nature of appearances, the need for self-reliance, the impermanence of fortune, the danger of hidden threats, and the destructive nature of courtly intrigue.
Plot Summary
This collection, 'LIBRO CUARTO' by Félix María Samaniego, comprises 25 fables, each featuring animal characters that embody human traits and follies. From a vain monkey to a discontented donkey, a treacherous partridge, and a proud jackdaw, these tales illustrate various moral lessons. Each fable presents a scenario where a character's actions, often driven by pride, ingratitude, or self-interest, lead to predictable consequences, culminating in an explicit moral statement about human behavior, the dangers of certain vices, or the wisdom of particular virtues.
Themes
Emotional Arc
varied, generally from conflict/folly to moral realization
Writing Style
Narrative Elements
Cultural Context
Félix María Samaniego was a Spanish Neoclassical fabulist. His fables, often adapted from Aesop, Phaedrus, and La Fontaine, were intended for educational purposes, particularly for children, reflecting the Enlightenment's emphasis on reason and moral instruction.
Plot Beats (17)
- Fable 1: A vain Monkey brings her ugly baby to a beauty contest among animals, expecting a prize, but is met with laughter and leaves embarrassed, illustrating self-deception.
- Fable 2: A discontented Donkey repeatedly complains to Jupiter about his lot, changing masters from gardener to brickmaker to tanner, only to find each new situation worse, until Jupiter stops listening, showing that one's own state is rarely appreciated.
- Fable 3: A captured Partridge offers to betray her flock to the Hunter for her freedom, but the Hunter, disgusted by her treachery, kills her, emphasizing that betrayal is detestable.
- Fable 4: An old man, burdened by wood, calls for Death out of despair, but when Death appears, he only asks her to help him lift his load, demonstrating that life, even in suffering, is cherished.
- Fable 5: A dying patient is told by his doctor that he would have been cured if he had sought treatment earlier, to which the patient replies that advice comes too late, highlighting the importance of timely counsel.
- Fable 6: A hungry Fox tries repeatedly to reach grapes on a high vine, fails, and then declares them sour, illustrating the 'sour grapes' phenomenon of dismissing what one cannot attain.
- Fable 7: A Deer, fleeing hunters, hides in a thick vineyard but then eats its leaves, exposing itself to the hunters and being killed, showing the ingratitude of harming one's benefactor.
- Fable 8: A Donkey carrying holy relics receives adoration, which he mistakes for personal reverence, until someone points out that the worship is for the sacred cargo, not for him, warning against pride in borrowed status.
- Fable 9: A Mule laden with money proudly flaunts his wealth, attracting robbers who beat him and steal his load, while a second, unladen Mule, observes that wealth brings danger, advocating for contentment with less.
- Fable 18: A Jackdaw dresses in Peacock feathers and tries to join the Peacocks, but they peck him away, and then his own kind reject him, illustrating the folly of vanity and plagiarism.
- Fable 19: A Weasel, caught by a Man, argues for her release by claiming to rid his house of mice, but the Man sees through her self-serving gluttony and kills her, showing that true motives are often transparent.
- Fable 20: Mouse captains, wearing horns to be visible in battle, get stuck in their narrow burrows while retreating from Weasels and are killed, illustrating how distinctions can lead to misfortune.
- Fable 21: A Lion is disturbed by a loud, continuous noise in the forest, only to discover in the morning that it comes from a small Frog, showing that loud talkers often have little substance.
- Fable 22: A Deer hides from hunters in a stable, but the 'hundred-eyed' master eventually discovers it due to his meticulous inspection, leading to the Deer's death, emphasizing that a good master oversees everything personally.
- Fable 23: Passengers on a storm-tossed ship cry out in fear, then rejoice when the storm passes, but the pilot remains calm throughout, knowing that both good and bad fortune are subject to sudden change.
- Fable 24: A traveler, fleeing bandits, bravely crosses a noisy, rushing torrent but then drowns attempting to cross a quiet, deep river, warning against underestimating hidden dangers.
- Fable 25: An aging Lion seeks a cure, and a flattering Wolf suggests the Fox has not attended. The Fox, knowing the Wolf's treachery, advises the Lion to skin a live Wolf and wear its pelt for rejuvenation, leading to the Wolf's death, illustrating the dangers of courtly intrigue and envy.
Characters
The Ape (La Mona)
A common ape, likely a macaque or similar species found in North Africa (Tetuán reference). She is described as inherently 'ugly' or 'unattractive' by human standards, with a typical ape's build, strong limbs, and a face that would be considered unappealing to human eyes.
Attire: None, as she is an animal.
Wants: To win the prize for the most beautiful offspring, driven by intense maternal pride and self-love.
Flaw: Blind self-love and vanity, which prevent her from seeing reality and lead to her public humiliation.
She starts full of pride and confidence, but after being laughed at by Jupiter and the assembly, she becomes 'corrida' (embarrassed/ashamed) and returns home disillusioned.
Proud, deluded by self-love, confident, easily embarrassed. She genuinely believes her child is beautiful and that she deserves a prize.
Jupiter
As the supreme god, Jupiter would be depicted with a powerful, majestic, and imposing physique, embodying divine authority. He is likely envisioned with a strong build, perhaps a beard, and an aura of immense power.
Attire: Classical Roman or Greek deity attire: a flowing toga or chiton, likely made of fine white or purple fabric, perhaps adorned with gold trim or laurel wreaths. He would be seated on a grand throne.
Wants: To judge the beauty contest fairly and maintain order among the animals, though he finds the ape's vanity amusing.
Flaw: His inability to completely suppress his amusement at the ape's delusion.
Remains consistent as the supreme judge, his reaction serving as the catalyst for the ape's realization.
Powerful, authoritative, amused, somewhat playful (as he struggles to suppress laughter), ultimately just.
The Magpie (La Urraca)
A typical magpie: a medium-sized bird with striking black and white plumage, a long tail, and a distinctive, somewhat raucous appearance.
Attire: Her natural black and white plumage.
Wants: To observe and report on the happenings of the assembly.
Flaw: Her talkative nature, which makes her a 'habladora'.
Remains a static observer.
Talkative, observant, gossipy (implied by 'habladora').
The Donkey (El Asno)
A sturdy, grey-brown donkey, burdened by heavy loads. He would have a strong, muscular build, but also show signs of weariness and poor treatment, such as matted fur or visible ribs from malnourishment.
Attire: None, other than the harnesses and ropes used to carry his loads.
Wants: To escape his miserable existence and find a better, easier life.
Flaw: His constant complaining and inability to find contentment, always believing the grass is greener elsewhere. He fails to recognize that his inherent nature as a donkey means he will always be used for labor.
He begins by complaining about his gardener owner, then complains about his tile-maker owner, and finally about his tanner owner, never finding satisfaction. Jupiter eventually stops listening, showing that the donkey's fate is inherent to his nature.
Complaining, self-pitying, restless, ungrateful (never satisfied with his lot), naive (believing a change of owner will solve his problems).
The Old Man (El Viejo)
An old man, likely thin and frail from age and hard labor. He would be stooped from carrying heavy loads of firewood, with visible signs of fatigue and struggle. His skin would be weathered and wrinkled.
Attire: Simple, worn peasant clothing typical of 18th-century Spain: a coarse linen shirt, patched trousers, and perhaps a tattered vest or jacket, all in earthy tones. Worn leather boots or sandals.
Wants: Initially, to end his suffering by calling for Death. Ultimately, to simply get his firewood loaded and continue living.
Flaw: His despair and impatience, which lead him to call for Death, but also his inherent fear of death when it actually appears.
He begins by cursing his life and calling for Death, but when Death appears, his fear of the unknown overrides his despair, and he asks only for help with his burden, reaffirming his desire to live.
Complaining, desperate, impatient (in calling for Death), fearful, ultimately clinging to life despite his misery.
Death (La Muerte)
A skeletal figure, embodying the traditional personification of Death. It is described as 'armada de guadaña en esqueleto' (armed with a scythe, as a skeleton).
Attire: A dark, flowing hooded cloak that conceals its skeletal form, except for the parts that are explicitly skeletal. The cloak would be made of a heavy, dark fabric.
Wants: To fulfill its role when summoned, to take a life.
Flaw: None, as it is an unstoppable force.
Remains a static, symbolic figure.
Impassive, direct, inevitable, perhaps a touch impatient (asking 'Acaba: ¿qué quieres desdichado?').
The Fox (La Zorra)
A sleek, reddish-brown fox, agile and cunning. She would have a lean build, indicative of a hunter, and a bushy tail.
Attire: None, as she is an animal.
Wants: To satisfy her hunger by eating the grapes.
Flaw: Her pride and inability to admit defeat, leading her to rationalize her failure.
She begins hungry and determined to get the grapes, but when she fails, she changes her tune, pretending she didn't want them anyway, demonstrating the 'sour grapes' phenomenon.
Cunning, persistent (initially), proud, rationalizing, prone to sour grapes.
The Lion (El León)
An old, 'trémulo y achacoso' (trembling and ailing) lion, showing signs of age and weakness. His once powerful physique would be diminished, perhaps thin and frail, with a dulling coat.
Attire: None, as he is an animal.
Wants: To find a cure for his old age and regain his strength.
Flaw: His vulnerability due to age and illness, and his susceptibility to flattery and desperate measures.
He starts as a sick, desperate king seeking a cure. He is easily manipulated by the Fox's cunning advice, leading to the death of the Wolf, and he regains his strength through a brutal act, reinforcing his predatory nature.
Majestic, authoritative (even in old age), concerned for his health, easily swayed by flattery and promises of a cure, ultimately ruthless.
The Wolf (El Lobo)
A typical wolf, likely lean and strong, but perhaps with a slightly obsequious posture when in the presence of the Lion. His fur would be grey or brown.
Attire: None, as he is an animal.
Wants: To gain favor with the Lion and eliminate rivals, specifically the Fox, driven by 'emulación rabiosa' (rabid emulation/rivalry).
Flaw: His overconfidence in his cunning and his underestimation of the Fox's intelligence, which leads to his downfall.
He begins by maliciously suggesting the Fox's absence to the Lion, hoping to get her in trouble. His plan backfires spectacularly when the Fox turns the tables, leading to his gruesome death.
Flattering, malicious, envious, treacherous, sycophantic. He seeks to harm others through cunning and deceit.
Locations
Jupiter's Royal Throne Room
A grand, elevated space where the supreme god Jupiter holds court. The throne is high and regal, surrounded by a multitude of creatures. The atmosphere is initially formal and expectant, then erupts into boisterous laughter and commotion.
Mood: Formal, expectant, then chaotic and humorous
Jupiter convenes a general congress to award a prize for the most beautiful offspring. The Mona presents her cub, causing Jupiter and the assembly to burst into laughter.
Steep Mountain Path
A rugged, arduous path winding through mountains, strewn with sharp rocks and difficult terrain. It is a place of struggle and hardship.
Mood: Desolate, arduous, despairing
An old man, struggling with his load of firewood, falls and calls out to Death, only to be terrified when Death appears.
Vineyard with High Vines
A vineyard featuring tall, leafy grapevines with clusters of dark grapes hanging high, out of reach. The leaves are green, and the grapes are black.
Mood: Frustrating, tempting, natural
A hungry fox tries repeatedly to reach the high-hanging grapes but fails, then declares them sour.
Forest with a Pond
A dense, silent forest, particularly dark at night. It contains a pond or small lake from which a loud noise emanates.
Mood: Mysterious, eerie, then surprising
A Lion investigates a loud, mysterious noise in the dark forest, only to discover in the morning that it's just a frog in a pond.
Rustic Stable on a Country Estate
A stable within a country estate ('quinta cercana'), housing oxen. It has hay-filled mangers, and the ground is where yokes ('colleras') are sometimes left. It is visited by a cowherd ('boyero') and later by the estate owner ('amo').
Mood: Initially safe and hidden, then tense and dangerous
A deer hides from hunters in a stable, thinking it's safe, but is ultimately discovered and killed by the observant owner.