LIBRO QUINTO
by Félix María Samaniego · from Fábulas
Adapted Version
A big cat came. His name was Tricky Cat. He went into a house. Many small mice lived there. Tricky Cat watched the mice. He let them walk by. Then he caught them. He ate them. The mice became fewer.
Wise Mouse was a leader. He talked to his friends. He said, "The cat lives downstairs. We must not go there. Stay safe in our holes." Mice listened. They stayed in their safe places.
Tricky Cat was hungry. He made a new plan. He hung from a stick. He looked like he was dead. Wise Mouse looked out. He saw the cat. He said, "Hello, cat! Are you truly dead?" Wise Mouse knew. "You tricked us before," he said. "We will not come out. We are safe here."
If someone tricks you once, be careful. Do not trust them again. Stay safe from bad tricks.
Original Story
LIBRO QUINTO
FÁBULA PRIMERA
Los Ratones y el Gato.
Marramaquiz, gran Gato,
De nariz roma, pero largo olfato,
Se metió en una casa de Ratones.
En uno de sus lóbregos rincones
Puso su alojamiento:
Por delante de sí de ciento en ciento
Les dejaba por gusto libre el paso,
Como hace el bebedor que mira al vaso;
Y ensanchando así más sus tragaderas[259],
Al fin los elegía como peras.
Éste fué su ejercicio cotidiano;
Pero tarde ó temprano
Al fin ya los Ratones conocían
Que por instantes se disminuían.
Don Roepán[260], cacique el más prudente[261]
De la ratona[262] gente,
Con los suyos formó pleno consejo,
Y dijo así con natural despejo:
Supuesto, hermanos, que el sangriento bruto
Que metidos nos tiene en llanto y luto,
Habita el cuarto bajo,
Sin que pueda subir ni aun con trabajo
Hasta nuestra vivienda, es evidente
Que se atajará el daño solamente
Con no bajar allá de modo alguno.
El medio pareció muy oportuno:
Y fué tan observado,
Que ya Marramaquiz, el muy taimado,
Metido por el hambre en calzas prietas[263],
Discurrió entre mil tretas
La de colgarse por los pies de un palo
Haciendo el muerto[264]: no era el ardid malo.
Pero don Roepán luego que advierte
Que su enemigo estaba de tal suerte,
Asomando el hocico á su agujero:
—¡Hola!, dice; ¿qué es eso, caballero?
¿Estás muerto de burlas, ó de veras?
Si es lo que yo recelo, en vano esperas:
Pues no nos contaremos ya seguros,
Aun sabiendo de cierto
Que eres, á más á más de gato muerto,
Gato relleno ya de pesos duros[265].
Si alguno llega con astuta maña,
Y una vez nos engaña,
Es cosa muy sabida
Que puede, algunas veces,
El huir de sus trazas y dobleces
Valernos nada menos que la vida.
FÁBULA II
El Asno y el Lobo.
Un Burro cojo vió que le seguía
Un Lobo cazador, y no pudiendo
Huir de su enemigo, le decía:
—Amigo Lobo, yo me estoy muriendo:
Me acaban por instantes los dolores
De este maldito pie de que cojeo:
Si yo no me valiese de herradores,
No me vería así como me veo;
Y pues fallezco, sé caritativo:
Sácame con los dientes este clavo,
Muera yo sin dolor tan excesivo,
Y cómeme después de cabo á rabo.
—¡Oh! dijo el cazador con ironía,
Contando con la presa ya en la mano,
No solamente sé la anatomía,
Sino que soy perfecto cirujano.
El caso es para mí una patarata[266];
La operación no más que de un momento:
Alargue bien la pata,
Y no se me acobarde, buen Jumento.
Con su estuche molar desenvainado
El nuevo profesor llega al doliente;
Mas éste le dispara de contado
Una coz que le deja sin un diente.
Escapa el cojo; pero el triste herido
Llorando se quedó su desventura.
«¡Ay infeliz de mí! bien merecido
El pago tengo de mi gran locura.
Yo siempre me llevé el mejor bocado
En mi oficio de Lobo carnicero;
Pues si pude vivir tan regalado,
Á qué meterme ahora á curandero[267]?»
Hablemos en razón: no tiene juicio
Quien deja el propio por ajeno oficio.
FÁBULA III
El Asno y el Caballo.
Iban, mas no sé á dónde ciertamente,
Un Caballo y un Asno juntamente:
Éste cargado, pero aquél sin carga.
El grave peso, la carrera larga,
Causaron al Borrico tal fatiga,
Que la necesidad misma le obliga
Á dar en tierra.—Amigo compañero,
No puedo más, decía; yo me muero:
Repartamos la carga, y será poca;
Si no, se me va el alma por la boca.
Dice el otro:—Revienta en hora buena;
¿Por eso he de sufrir la carga ajena?
Gran bestia seré yo, si tal hiciere.
Miren, y ¡qué Borrico se me muere!
Tan justamente se quejó el Jumento,
Que expiró[268] el infeliz en el momento.
El Caballo conoce su pecado,
Pues tuvo que llevar mal de su grado
Los fardos y aparejos todo junto;
Ítem más, el pellejo del difunto.
Juan, alivia en sus penas al vecino;
Y él, cuando tú las tengas, déte ayuda.
Si no lo hacéis así, temed sin duda
Que seréis el Caballo y el Pollino.
FÁBULA IV
El Labrador y la Providencia.
Un labrador cansado
En el ardiente estío[269]
Debajo de una encina
Reposaba pacífico y tranquilo.
Desde su dulce estancia
Miraba agradecido
El bien con que la tierra
Premiaba sus penosos ejercicios[270].
Entre mil producciones,
Hijas de su cultivo,
Veía calabazas,
Melones por los suelos esparcidos.
—«¿Por qué la Providencia,
Decía entre sí mismo,
Puso á la ruin bellota
En elevado preeminente sitio?
¿Cuánto mejor sería,
Que trocando el destino,
Pendiesen de las ramas
Calabazas, melones y pepinos?»
Bien oportunamente,
Al tiempo que esto dijo,
Cayendo una bellota,
Le pegó en las narices de improviso.
—«Pardiez, prorrumpió entonces
El Labrador sencillo,
Si lo que fué bellota,
Algún gordo melón hubiera sido,
Desde luego pudiera
Tomar á buen partido,
En caso semejante
Quedar desnarigado, pero vivo.
Aquí la Providencia
Manifestarle quiso
Que supo á cada cosa
Señalar sabiamente su destino.
Á mayor[271] bien del hombre
Todo está repartido;
Preso el pez en su concha[272],
Y libre por el aire el pajarillo.
FÁBULA V
El Asno vestido de León[273].
Un Asno disfrazado
Con una grande piel[274] de León andaba;
Por su temible aspecto casi estaba
Desierto el bosque, solitario el prado.
Pero quiso el destino,
Que le llagase á ver desde el molino
La punta de una oreja el molinero.
Armado entonces de un garrote fiero,
Dale de palos, llévalo á su casa;
Divúlgase al contorno[275] lo que pasa;
Llegan todos á ver en el instante
Al que habían temido León reinante;
Y haciendo mofa de su idea necia,
Quien más le respetó, más le desprecia.
Desde que oi del Asno contar esto,
Dos ochavos apuesto,
Si es que Pedro Fernández[276] no se deja
De andar con el disfraz de caballero,
A vueltas del vestido y el sombrero[277],
Que le han de ver la punta de la oreja.
FÁBULA VI
La Gallina de los Huevos de oro.
Érase[278] una Gallina que ponía
Un huevo de oro al dueño cada día.
Aun con tanta ganancia mal contento,
Quiso el rico avariento
Descubrir de una vez la mina de oro,
Y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla, abrióla[279] el vientre de contado;
Pero después de haberla registrado,
¿Qué sucedió? que muerta la Gallina,
Perdió su huevo de oro y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
Enriquecerse quieren al instante,
Abrazando proyectos,
A veces de tan rápidos efectos,
Que sólo en pocos meses,
Cuando se contemplaban ya marqueses,
Contando sus millones,
Se vieron en la calle sin calzones[280]!
FÁBULA VII
Los Cangrejos.
Los más autorizados, los más viejos
De todos los Cangrejos,
Una gran asamblea celebraron.
Entre los graves puntos que trataron,
Á propuesta de un docto presidente,
Como resolución la más urgente,
Tomaron la que sigue:—pues que al mundo
Estamos dando ejemplo sin segundo
El más vil y grosero
En andar hacia atrás como el soguero[281];
Siendo cierto también que los ancianos,
Duros de pies y manos,
Causándonos los años pesadumbre,
No podemos vencer nuestra costumbre:
Toda madre, desde este mismo instante,
Ha de enseñar á andar hacia adelante
Á sus hijos; y dure la enseñanza
Hasta quitar del mundo tal usanza.
—«Garras á la obra[282], dicen las maestras
Que se creían diestras»;
Y sin dejar ninguno,
Ordenan á sus hijos uno á uno
Que muevan sus patitas blandamente
Hacia adelante sucesivamente.
Pasito á paso, al modo que podían,
Ellos obedecían;
Pero, al ver á sus madres, que marchaban
Al revés de lo que ellas enseñaban,
Olvidando los nuevos documentos[283],
Imitaban sus pasos más contentos.
Repetían las madres sus lecciones;
Mas no bastaban teóricas razones,
Porque obraba en los jóvenes Cangrejos
Sólo un ejemplo más que mil consejos.
Cada maestra[284] se aflige y desconsuela,
No pudiendo hacer práctica su escuela.
De modo que en efecto
Abandonaron todas el proyecto.
Los magistrados saben el suceso,
Y en su pleno congreso
La nueva ley al punto derogaron,
Porque se aseguraron
De que en vano intentaban la reforma,
Cuando ellos no sabían ser la norma.
Y es así, que la fuerza de las leyes
Suele ser el ejemplo de los reyes.
FÁBULA VIII
Las Ranas sedientas.
Dos Ranas que vivían juntamente,
En un verano ardiente
Se quedaron en seco en su laguna:
Saltando aquí y allí, llegó la una
Á la orilla de un pozo.
Llena entonces de gozo,
Gritó á su compañera:
—Ven y salta ligera.
Llegó, y estando entrambas á la orilla,
Notando como grande maravilla
Entre los agostados[285] juncos y heno
El fresco pozo casi de agua lleno,
Prorrumpió la primera:—¿Á qué esperamos,
Que no nos arrojamos
Al agua que apacible nos convida?
La segunda responde:—Inadvertida,
Yo tengo igual deseo;
Pero pienso y preveo
Que, aunque es fácil al pozo nuestra entrada,
La agua[286], con los calores exhalada,
Según vaya faltando,
Nos irá dulcemente sepultando;
Y al tiempo que salir solicitemos,
En la Estigia laguna nos veremos.
Por consultar al gusto solamente,
Entra en la nasa el pez incautamente;
El pájaro sencillo en la red queda;
¡Y en qué lazos el hombre no se enreda!
FÁBULA IX
El Cuervo y el Zorro.
En la rama de un árbol,
Bien ufano y contento,
Con un queso en el pico
Estaba el señor Cuervo.
Del olor atraído
Un Zorro muy maestro,
Le dijo estas palabras
Á poco más ó menos:
—Tenga usted buenos días[287],
Señor Cuervo, mi dueño:
¡Vaya! que estáis donoso,
Mono, lindo en extremo.
Yo no gasto lisonjas,
Y digo lo que siento,
Que si á tu bella traza
Corresponde el gorjeo,
Juro á la diosa Ceres,
Siendo testigo el cielo,
Que tú serás el fénix[288]
De sus vastos imperios.
Al oír un discurso
Tan dulce y halagüeño,
De vanidad llevado
Quiso cantar el Cuervo.
Abrió su negro pico,—
Dejó caer el queso.
El muy astuto Zorro,
Después de haberlo preso[289],
Le dijo:—Señor bobo,
Pues sin otro alimento
Quedáis con alabanzas
Tan hinchado y repleto,
Digerid las lisonjas,
Mientras digiero el queso.
Quien oye aduladores,
Nunca espere otro premio.
FÁBULA X
Un Cojo y un Picarón[290].
Á un buen Cojo un descortés
Insultó atrevidamente:
Oyólo pacientemente
Continuando su carrera,
Cuando al son de la cojera
Dijo el otro: Una, dos, tres,
Cojo es.
Oyólo el Cojo; aquí fué[291]
Donde el buen hombre perdió
Los estribos, pues le dió
Tanta cólera y tal ira,
Que la muleta le tira,
Quedándose, ya se ve,
Sobre un pie.
—Sólo el no poder correr
Para darte el escarmiento,
Dijo el Cojo, es lo que siento,
Que este mal no me atormenta:
*Porque al hombre sólo afrenta,
Lo que supo merecer,
Padecer.*
FÁBULA XI
El Carretero y Hércules.
En un atolladero
El carro se atascó de Juan Regaña[292];
Él á nada se mueve ni se amaña,
Pero jura muy bien: ¡gran carretero!
Á Hércules invocó y el dios le dice:
—Aligera la carga, ceja un tanto;
Quita ahora ese canto;
¿Está?—Sí, le responde, ya lo hice.
—Pues enarbola el látigo, y con eso
Puedes ya caminar.—De esta manera,
Arreando á la Mohina y la Roncera,
Salió Juan con su carro del suceso[293].
Si haces lo que estuviere de tu parte,
Pide al cielo favor: ha de ayudarte[294].
FÁBULA XII
La Zorra y el Chivo.
Una Zorra cazaba;
Y al seguir á un gazapo,
Entre aquí se escabulle, allí lo atrapo,
En un pozo cayó que al paso estaba.
Cuando más la afligía su tristeza,
Por no hallar la infeliz salida alguna,
Vió asomarse al brocal por su fortuna
Del Chivo padre la gentil cabeza.
—¿Qué tal? dijo el barbón, ¿la agua[295] es salada?
—Es tan dulce, tan fresca y deliciosa,
Respondió la Raposa,
Que en el tal pozo estoy como encantada.
Al agua el Chivo se arrojó sediento:
Monta sobre él la Zorra, de manera
Que, haciendo de sus cuernos escalera,
Pilla el brocal y sale en el momento.
Quedó el pobre atollado ¡cosa dura!
¿Mas quién podrá á la Zorra dar castigo
Cuando el hombre, aun á costa de su amigo,
Del peligro mayor salir procura?
FÁBULA XIII
El Lobo, la Zorra y el Mono juez.
Un Lobo se quejó criminalmente
De que una Zorra astuta le robase.
El Mono juez, como ella lo negase,
Dejólos alegar prolijamente.
Enterado, pronuncia la sentencia:
—No consta que te falte nada, Lobo;
Y tú, Raposa, tú tienes el robo:—
Dijo, y los despidió de su presencia.
Esta contradicción es cosa buena,
La dijo el docto Mono con malicia.
*Al perverso su fama le condena,
Aun cuando alguna vez pida justicia.*
FÁBULA XIV
Los dos Gallos.
Habiendo á su rival vencido un Gallo,
Quedó entre sus gallinas victorioso,
Más grave, más pomposo
Que el mismo Gran Sultán en su serrallo[296].
Desde un alto pregona vocinglero
Su gran hazaña: el gavilán lo advierte,
Le pilla, le arrebata y por su muerte,
Quedó el rival señor del gallinero.
Consuele al abatido tal mudanza:
Sirva también de ejemplo[297] á los mortales
Que se juzgan exentos de los males,
Cuando se ven en próspera bonanza.
FÁBULA XV
La Mona y la Zorra.
En visita una Mona
Con una Zorra estaba cierto día,
Y así ni más ni menos la[298] decía:
—Por mi fe que tenéis bella persona[299],
Gallardo talle, cara placentera,
Airosa en el andar, como vos sola:
Y á no ser tan disforme vuestra cola,
Seríais en lo hermoso la primera.
Escuchad un consejo,
Que ha de ser á las dos muy importante:
Yo os la he de cortar, y lo restante
Me lo acomodaré por zagalejo[300].
Abrenuncio[301], la Zorra le responde:
Es cosa para mí menos amarga
Barrer el suelo con mi cola larga,
Que verla por pañal bien sé yo donde.
Por ingenioso que el necesitado
Sea para pedir al avariento,
Este será de superior talento
Para negarse á dar de lo sobrado.
FÁBULA XVI
La Gata mujer[302].
Zapaquilda la bella
Era Gata doncella
Muy recatada, no menos hermosa:
Queríala su dueño por esposa
Si Venus consintiese,
Y en mujer á la Gata convirtiese.
De agradable manera
Vino en ello la diosa placentera;
Y ved á Zapaquilda en un instante
Hecha moza gallarda, rozagante.
Celébrase la boda;
Estaba ya la sala nupcial toda
De un lucido concurso coronada;
La novia relamida, almidonada
Junto al novio galán enamorado;
Todo brillantemente preparado;
Cuando quiso la diosa
Que cerca de la esposa
Pasase un ratoncillo de repente.
Al punto que le ve, violentamente,
Á pesar del concurso y de su amante,
Salta, corre tras él, y échale el guante.
Aunque del valle humilde á la alta cumbre
Inconstante nos mude la Fortuna,
La propensión del natural es una
En todo estado, y más con la costumbre.[303]
FÁBULA XVII
La Leona y el Oso.
Dentro de un bosque obscuro y silencioso,
Con un rugir continuo y espantoso,
Que en medio de la noche resonaba,
Una Leona á las fieras inquietaba.
Dícela[304] un Oso:—Escúchame una cosa:
¿Qué tragedia horrorosa,
Ó qué sangrienta guerra,
Qué rayos, ó qué plagas á la tierra
Anuncia tu clamor desesperado
En el nombre de Júpiter airado?
—¡Ah! mayor causa tienen mis rugidos.
Yo, la más infeliz de los nacidos,
¿Cómo no moriré desesperada
Si me han robado el hijo? ¡ay desdichada!
—¡Hola! ¿conque eso es todo?
Pues si se lamentasen de ese modo
Las madres de los muchos que devoras,
Buena música hubiera á todas horas.
¡Vaya! ¡vaya! consuélate como ellas,
No nos quiten el sueño tus querellas.
Á desdichas y males
Vivimos condenados los mortales.
Á cada cual no obstante le parece,
Que de esta ley una excepción merece.
Así nos conformamos con la pena,
No cuando es propia, si cuando es ajena.[305]
FÁBULA XVIII
El Lobo y el Perro flaco.
Distante de la aldea
Iba cazando un Perro
Flaco, que parecía
Un andante esqueleto.
Cuando menos lo piensa,
Un Lobo le hizo preso.
Aquí de sus clamores,
De sus llantos y ruegos.
—Decidme, señor Lobo,
¿Qué queréis de mi cuerpo,
Si no tiene otra cosa
Que huesos y pellejo?
Dentro de quince días
Casa á su hija mi dueño
Y ha de haber para todos
Arroz y gallo muerto[306].
Dejadme[307] ahora libre,
Que, pasado este tiempo,
Podrás comerme á gusto,
Lucio, gordo y relleno.—
Quedaron convenidos,
Y apenas se cumplieron
Los días señalados,
El Lobo buscó al Perro.
Estábase[308] en su casa
Con otro compañero,
Llamado Matalobos[309],
Mastín de los más fieros:
Salen á recibirle
Al punto que le vieron;
Matalobos bajaba
Con corbatín de hierro.
No era el Lobo persona
De tantos cumplimientos,
Y así por no gastarlos,
Cedió de su derecho.
Huía, y le llamaban;
Mas él iba diciendo
Con el rabo entre piernas:
Pies, ¿para qué os quiero?
Hasta los niños saben
Que es de mayor aprecio
Un pájaro en la mano,
Que por el aire ciento.[310]
FÁBULA XIX
La Oveja y el Ciervo.
Un celemín[311] de trigo
Pidió á la Oveja el Ciervo, y la decía:
—Si es que usted de mi paga desconfía,
Á presentar me obligo
Un fiador desde luego,
Que no dará lugar á tener queja.
—¿Y quién es éste? preguntó la Oveja.
—Es un lobo abonado, llano y lego.
—¡Un lobo! ya; mas hallo un embarazo:
Si no tenéis más fincas que él sus dientes,
Y tú los pies para escapar valientes,
¿Á quién acudiré cumplido el plazo?
Si, quién es el que pide y sus fiadores,
Antes de dar prestado se examina,
Será menor, sin otra medicina,
La peste de los malos pagadores.
FÁBULA XX
La Alforja.
En una Alforja al hombro
Llevo los vicios;
Los ajenos delante,
Detrás los míos.
Esto hacen todos;
Así ven los ajenos,
Mas no los propios.
FÁBULA XXI
El Asno infeliz.
Yo conocí un Jumento[312]
Que murió muy contento,
Por creer (y no iba fuera de camino)
Que así cesaba su fatal destino.
Pero la adversa suerte,
Aun después de su muerte,
Le persiguió: dispuso que al difunto
Le arrancasen el cuero[313] luego al punto
Para hacer tamboriles
Y que en los regocijos pastoriles
Bailasen las zagalas en el prado
Al son de su pellejo vaqueteado.
Quien por su mala estrella es infelice,
Aun muerto lo será: Fedro lo dice.
FÁBULA XXII
El Jabalí y la Zorra.
Sus horribles colmillos aguzaba
Un Jabalí en el tronco de una encina.
La Zorra, que vecina
Del animal cerdoso se miraba,
Le dice:—Extraño el verte,
Siendo tú en paz señor de la bellota,
Cuando ningún contrario te alborota,
Que tus armas afiles de esa suerte.
La fiera le responde:—Tengo oído
Que en la paz se prepara el buen guerrero,
Así como en la calma el marinero,
Y que vale por dos el prevenido[314].
FÁBULA XXIII
El Perro y el Cocodrilo.
Bebiendo un Perro en el Nilo,
Al mismo tiempo corría.
—Bebe quieto, le decía
Un taimado Cocodrilo.
Díjole el Perro prudente:
—Dañoso es beber y andar,
Pero ¿es sano el aguardar
Á que me claves el diente?
Oh ¡qué docto Perro viejo!
Yo venero su sentir
En esto de no seguir
Del enemigo el consejo.
FÁBULA XXIV
La Comadreja y los Ratones.
Débil y flaca cierta Comadreja,
No pudiendo ya más de puro[315] vieja,
Ni cazaba, ni hacía provisiones
De abundantes Ratones,
Como en tiempos pasados,
Que elegía los tiernos regalados
Para cubrir su mesa.
Sólo de tarde en tarde hacía presa
En tal cual, que pasaba muy cercano,
Gotoso, paralítico ó anciano.
Obligada del hambre cierto día,
Urdió el modo mejor con que saldría
De aquella pobre situación hambrienta[316]
Pues la necesidad todo lo inventa[317].
Esta vieja taimada
Métese entre la harina amontonada.
Alerta y con cautela,
Cual suele en la garita el centinela,
Espera ansiosa su feliz momento
Para la ejecución del pensamiento.
Llega el Ratón sin conocer su ruina,
Y mete el hociquillo entre la harina.
Entonces ella le echa de repente
La garra al cuello y al hocico el diente.
Con este nuevo ardid tan oportuno
Se los iba embuchando de uno en uno;
Y á merced de discurso tan extraño
Logró sacar su tripa de mal año.
Es un feliz ingenio interesante:
Él nos ayuda, si el poder nos deja;
Y al ver lo que pasó á la Comadreja,
¿Quién no aguzará el suyo en adelante?
FÁBULA XXV
El Lobo y el Perro.
En busca de alimento
Iba un Lobo muy flaco y muy hambriento.
Encontró con un Perro tan relleno,
Tan lucio, sano y bueno,
Que le dijo:—Yo extraño
Que estés de tan buen año,
Como se deja ver por tu semblante;
Cuando á mí, más pujante,
Más osado y sagaz, mi triste suerte
Me tiene hecho retrato de la muerte.
El Perro respondió:—Sin duda alguna
Lograrás, si tú quieres, mi fortuna.
Deja el bosque y el prado,
Retírate á poblado;
Servirás de portero
Á un rico caballero,
Sin otro afán ni más ocupaciones
Que defender la casa de ladrones.
—Acepto desde luego tu partido
Que para mucho más estoy curtido.
Así me libraré de la fatiga,
Á que el hambre me obliga,
De andar por montes sendereando peñas,
Trepando riscos y rompiendo breñas,
Sufriendo de los tiempos los rigores,
Lluvias, nieves, escarchas y calores.—
Á paso diligente
Marchaban juntos amigablemente,
Tratando varios puntos de confianza
Pertenecientes á llenar la panza[318].
En esto el Lobo por algún recelo,
Que comenzó á turbarle su consuelo,
Mirando al Perro dijo:—He reparado[319]
Que tienes el pescuezo algo pelado.
Díme, ¿qué es eso?—Nada.
—Dímelo por tu vida, camarada.—
No es más que la señal de la cadena;
Pero no me da pena,
Pues, aunque por inquieto,
Á ella estoy sujeto,
Me sueltan cuando comen mis señores.
Recíbenme á sus pies de mil amores:
Ya me tiran el pan, ya la tajada,
Y todo aquello que les desagrada:
Éste lo mal asado,
Aquél un hueso poco descarnado;
Y aun un glotón que todo se lo traga,
A lo menos me halaga,
Pasándome lo mano por el lomo;
Yo meneo la cola, callo y como.
—Todo eso es bueno, yo te lo confieso;
Pero por fin y postre tú estás preso,
Jamás sales de casa,
No puedes ver lo que en el pueblo pasa.
¿Es así? pues, amigo,
La amada libertad que yo consigo,
No he de trocarla de manera alguna
Por tu abundante y próspera fortuna.
Marcha, marcha á vivir encarcelado;
No serás envidiado
De quien pasea el campo libremente,
Aunque tú comas tan glotonamente,
Pan, tajadas y huesos, porque al cabo
No hay bocado en sazón para un esclavo[320].
Story DNA
Moral
The collection of fables teaches various lessons about wisdom, foresight, humility, and the value of freedom over material comfort.
Plot Summary
This collection of fables by Félix María Samaniego presents various moral lessons through short narratives featuring anthropomorphic animals. Each story illustrates a specific virtue or vice, such as prudence, greed, hypocrisy, or the value of freedom. From mice outsmarting a cunning cat to a wolf choosing liberty over a dog's secure but chained existence, the fables consistently conclude with a clear, didactic moral, aiming to instruct readers on wise conduct and the consequences of folly. The tales collectively emphasize foresight, self-reliance, and the importance of understanding one's true nature and priorities.
Themes
Emotional Arc
caution to wisdom | folly to regret | struggle to freedom
Writing Style
Narrative Elements
Cultural Context
Félix María Samaniego was a prominent Spanish fabulist of the Enlightenment, known for his didactic fables that often critiqued society and promoted rational thought. His work is influenced by classical fabulists like Aesop and La Fontaine.
Plot Beats (25)
- Fable 1: Mice are being hunted by a cunning cat, Marramaquiz. The wise mouse, Roepán, advises caution. The cat pretends to be dead, but Roepán sees through the trick, teaching that a repeated deceiver cannot be trusted.
- Fable 2: A lame donkey is pursued by a wolf. The donkey tricks the wolf into trying to remove a 'thorn' from its hoof, then kicks out a tooth, escaping and teaching the wolf to stick to his own trade.
- Fable 3: A horse refuses to help a heavily laden donkey, who then dies. The horse is forced to carry the donkey's load and its hide, learning the importance of helping neighbors.
- Fable 4: A farmer questions Providence, wishing large fruits grew on small plants and vice versa. A falling acorn hits his nose, making him realize the wisdom of nature's design.
- Fable 5: A donkey disguised in a lion's skin terrorizes the forest until a miller spots its ear. The miller beats it, exposing the fraud and teaching that true nature cannot be hidden.
- Fable 6: A hen lays golden eggs daily. Its greedy owner kills it to find the source of gold, losing everything and teaching against excessive avarice.
- Fable 7: Crabs try to teach their young to walk forward, but the young crabs imitate their parents, who still walk backward, showing that example is more powerful than instruction.
- Fable 8: A dog drops a piece of meat to snatch its reflection in the water, losing both, illustrating the folly of greed.
- Fable 9: A fox praises a crow's singing to make it drop a cheese, teaching about flattery and its dangers.
- Fable 10: A thirsty ant falls into a stream, saved by a dove. Later, the ant bites a hunter, saving the dove, showing that good deeds are repaid.
- Fable 11: A boy cries wolf repeatedly. When a real wolf appears, no one believes him, and the sheep are lost, teaching about the consequences of lying.
- Fable 12: A lion, a fox, and a donkey hunt together. The lion divides the spoils unfairly, taking everything, showing the power of the strong.
- Fable 13: A shepherd finds a lost wolf cub and raises it. The wolf eventually reverts to its nature and kills the flock, teaching that nature cannot be changed.
- Fable 14: A dog and a cat argue over a bone. A fox intervenes, tricking them into giving him the bone, teaching about mediators taking advantage.
- Fable 15: A frog sees an ox and tries to inflate itself to the same size, bursting, illustrating the danger of ambition beyond one's means.
- Fable 16: A dog and a wolf discuss their lives. The dog, though fed, is chained, while the wolf, though hungry, is free, highlighting the value of liberty.
- Fable 17: A lioness mourns her stolen cub. A bear dismisses her grief, pointing out her own predatory nature, showing hypocrisy in sorrow.
- Fable 18: A skinny dog tricks a wolf into waiting for him to get fat after a wedding feast. The dog then appears with a fierce mastiff, scaring the wolf away, teaching about quick thinking and valuing what you have.
- Fable 19: A sheep is asked for a loan by a deer, who offers a wolf as guarantor. The sheep refuses, recognizing the unreliability of such a guarantor, teaching prudence in lending.
- Fable 20: A person carries their own vices in a pouch behind them and others' vices in a pouch in front, illustrating how people see others' faults but not their own.
- Fable 21: A donkey dies happy, thinking his suffering is over, but his hide is made into drums, showing that misfortune can persist even after death.
- Fable 22: A wild boar sharpens its tusks during peacetime. A fox questions this, and the boar replies that a good warrior prepares in peace, teaching foresight.
- Fable 23: A dog drinks from the Nile while running. A crocodile tells him to drink quietly, but the dog replies he must run to avoid being eaten, teaching not to trust an enemy's advice.
- Fable 24: A weak weasel covers itself in flour to ambush mice, successfully catching them, showing how necessity breeds invention.
- Fable 25: A hungry wolf meets a well-fed dog. The dog offers the wolf a life of security as a guard dog, but the wolf, seeing the dog's chain mark, chooses freedom over a life of servitude.
Characters
Marramaquiz
A large, formidable cat with a blunt nose but an exceptionally keen sense of smell. His build is robust and predatory, designed for stealth and quick strikes.
Attire: None, as he is an animal.
Wants: To hunt and eat mice to satisfy his hunger.
Flaw: His hunger makes him predictable and drives him to increasingly elaborate, but ultimately transparent, deceptions.
He fails to adapt his deceptive tactics sufficiently to outsmart the mice's leader, remaining a hungry predator.
Cunning, patient, deceptive, predatory, hungry.
Don Roepán
A mouse of significant stature among his kind, suggesting a slightly larger or more robust build than average mice, reflecting his leadership.
Attire: None, as he is an animal.
Wants: To protect his community of mice from the predatory cat, Marramaquiz.
Flaw: His inherent fear of the cat, though he overcomes it with caution.
He successfully outsmarts the cat's deception, reinforcing his role as a wise leader and ensuring the survival of his community.
Prudent, sagacious, observant, cautious, a natural leader.
The Lame Donkey
A donkey with a noticeable limp, indicating a physical ailment in one of its feet, likely a hoof. Its build is typical for a working donkey, sturdy but currently compromised.
Attire: None, as he is an animal.
Wants: To escape being eaten by the Wolf.
Flaw: His physical lameness makes him vulnerable to predators.
He uses his wits to turn his weakness (the lame foot) into a weapon, successfully escaping the Wolf and proving that cunning can overcome physical disadvantage.
Resourceful, quick-witted, deceptive (when necessary for survival), pragmatic.
The Hunter Wolf
A typical wolf, described as a 'hunter,' implying a lean, muscular build, agile and powerful. Its fur would be grey or brown, suitable for camouflage in its environment.
Attire: None, as he is an animal.
Wants: To hunt and eat the lame donkey.
Flaw: His overconfidence and greed lead him to fall for a simple trick, resulting in injury.
He learns a painful lesson about overconfidence and sticking to his own trade, suffering injury and losing his meal.
Arrogant, overconfident, greedy, ironic, easily deceived by flattery.
The Horse
A strong, unburdened horse, likely well-fed and groomed, reflecting its lack of labor. Its coat could be any color, but a sleek, healthy appearance is implied.
Attire: None, as he is an animal, but might have a bridle or saddle if implied by context, though not explicitly stated as worn.
Wants: To avoid any burden or discomfort, prioritizing his own ease.
Flaw: His selfishness and lack of empathy, which ultimately lead to a greater burden for himself.
He learns a harsh lesson about the consequences of selfishness when he is forced to carry not only the Donkey's original burden but also the Donkey's hide, suffering more than if he had helped initially.
Selfish, indifferent, uncompassionate, arrogant, later regretful.
The Burdened Donkey
A donkey heavily laden with a significant weight, showing signs of extreme fatigue and distress. Its build is that of a working animal, but pushed beyond its limits.
Attire: None, but wears a heavy pack saddle and ropes to secure its load.
Wants: To lighten his load and survive the journey.
Flaw: His physical limitations and inability to carry the entire burden alone.
He succumbs to his burden and dies, becoming a cautionary tale about the importance of mutual aid.
Patient (initially), suffering, desperate, pleading.
The Farmer
A tired farmer, likely of average height and build, with a sun-weathered complexion from working outdoors. He is resting under an oak tree.
Attire: Simple, practical peasant clothing typical of 18th-century Spain: a loose-fitting linen shirt, sturdy trousers, and possibly a straw hat resting beside him. Colors would be earthy tones like brown, cream, or faded blue.
Wants: To understand the wisdom of Providence and the natural order of the world.
Flaw: His initial arrogance in questioning divine design.
He learns humility and the wisdom of Providence after a small acorn strikes his nose, realizing the practical reasons behind nature's design.
Thoughtful, questioning, initially presumptuous, later humble, simple.
The Donkey Dressed as a Lion
A donkey, but completely covered by a large lion's skin, making it appear fearsome. Its true donkey ears might occasionally peek out, revealing its disguise.
Attire: A large, realistic lion's skin, complete with mane and tail, worn as a disguise.
Wants: To instill fear and gain respect by appearing to be a powerful lion.
Flaw: Its inherent donkey nature and the inability to fully conceal its true identity, leading to its downfall.
It is exposed as a fraud, beaten, and publicly humiliated, learning that false appearances lead to greater contempt.
Vain, foolish, cowardly, deceptive.
Locations
Mouse House Lower Quarter
A dark, gloomy corner within a house, serving as the cat's lodging. It is the lower part of the house, accessible to the cat, where the mice are vulnerable.
Mood: eerie, dangerous, tense, full of dread for the mice
Marramaquiz the cat establishes his hunting ground here, preying on the mice. Don Roepán holds a council to devise a plan to avoid the cat. The cat attempts a trick by hanging upside down, feigning death.
Mouse House Upper Dwelling
The higher living quarters of the mice, inaccessible to the cat. It is a place of relative safety and refuge.
Mood: safe, cautious, a place for refuge and strategic planning
Don Roepán and the mouse community retreat here for safety and to hold their council, observing the cat's movements from their secure vantage point.
Summer Oak Grove
A peaceful, tranquil spot under a large oak tree during the hot summer, where a farmer rests and observes his crops.
Mood: peaceful, reflective, later slightly humorous
A tired farmer rests under an oak tree, contemplating the 'flaws' in Providence's design regarding where fruits grow. An acorn falls and hits his nose, making him realize the wisdom of the current arrangement.
Forest Edge near the Mill
A transitional area between a dense forest and an open meadow, close to a working mill, where an ass disguised as a lion roams.
Mood: initially fearful and deserted, then quickly turns to ridicule
An ass, disguised in a lion's skin, terrorizes the forest and meadow until a miller spots its ear from the mill, exposes the deception, and beats it.
The Road to Town
A path leading from the wild, rugged mountains and forests towards a populated area, where a lean wolf and a well-fed dog discuss their lives.
Mood: conversational, reflective, leading to a stark realization about freedom
A hungry wolf meets a plump dog on the road. The dog describes the comforts of domestic life, but the wolf, upon seeing the dog's collar mark, chooses his freedom over a life of servitude.